Esta es una nótula que no va a gustar a muchos. Es políticamente incorrecta. Porque hablar mal de un 2 estrellas Michelin puede parecer pretencioso. Pero es que yo soy así: políticamente incorrecta y descarada. Y así me gusta ser. Por mucho que los estómagos entendidos alaben los platos de un chef de prestigio, por mucho que las autoridades del buen paladar publiquen, tuiteen y re-tuiteen las maravillas de un restaurante, si yo voy y no me gusta… ¿me lo he de callar?. Que me caiga la casta encima, lo asumo. My way, que decía el gran Frank Sinatra. Soy solo una humilde sibarita, que diría Baco y Boca.
Comí en el BistreEAU de Ángel León en el Hotel Mandarín de Barcelona. No me gustó. Mis expectativas eran, probablemente, demasiado altas. Sus estrellas Michelin me supieron a cantos de sirena. Un menú degustación de 60€ que no colmó mis expectativas.
Días pasados mi amigo y compañero en la SAFA, Miguel Ángel Berciano Sanz, me recordaba los célebres escaladores que no tenían ninguna dificultad en escalar los ladrillos de la Plaza de Toros y entrar por cualquier de sus ventanales a presenciar gratis las corridas. Estas escenas las vivimos en nuestra infancia cada vez que había corrida de toros. Entre los que trepaban con gran habilidad recuerdo a Manuel Sánchez Guardiola, ‘Chato’ Guardiola, sin duda, el mejor. No le iban a la zaga Antonio Gallardo Sánchez, ‘Caragato’ o Juan Antonio Barcia 'el Gato', ambos marineros de profesión. /Foto: Monclova.
Hubo una vez en El Puerto de Santa María un personaje extravagante y muy querido de los portuenses, que urdió una batalla por las esencias patrias al más puro estilo del tamborilero del Bruch. Posiblemente, todo fue tramado en la cabeza de Alfredo Botello (ver nótula núm. 1.170 en GdP), que así se llamaba el protopatriota localista de El Puerto, mientras miraba con fijeza, aherrojado a la barra del bar La Perdiz, una copa de fino: algo de Osborne, por supuesto, nada de González Byass, Alvear u otras marcas extranjerizantes de más allá de los cerros que separan la vista entre la vecina Jerez y El Puerto.
Hoy evocaremos tres actividades festivas que se celebraron en el Guadalete con el vínculo de que sólo se celebraron en una ocasión, en 1849, 1850 y 1940. Afortunadamente, la ‘corrida de ánsares’ –una bestialidad innecesaria-, por decisión de nuestros convecinos se cortó de cuajo. Presenciar un combate naval simulado desde el Vergel del Conde debió ser una curiosa experiencia digna de que hubiera arraigado, al igual que las fallas marítimas que organizó, en tiempos muy difíciles, la colonia pesquera alicantina asentada en El Puerto. /En la imagen, pesqueros, junto al muelle del vapor, en 1945.
Juan Franco del Valle, propietario del pub Milord (ver nótula núm. 2.387 en Gente del Puerto) que antaño compartiera junto a sus socios Antonio Márquez Mateo y Antonio Villar Garay, es un portuense nacido en la calle San Juan, casado y con dos hijos. A este restaurador, le encanta departir sobre lo divino y lo humano. Además, se considera un apasionado de la música, que engloba desde los grandes éxitos de The Beatles a pasodobles del Carnaval. En sus ratos libres, investiga nuevos combinados de creación propia.
Su música y su manera de sentir lo convierten en uno de los incorruptibles del género. Se trata de Manuel de los Ríos, “El Loco del Puerto” o “Manuel Pititi”. El de El Puerto de Santa María es de esos artistas que si tienes la dicha de coincidir con él en un cuarto, es capaz de transmitirte toda la verdad de un cante. Te hace viajar a esas casas de gitanos donde el flamenco no se transforma en moneda de cambio, donde no se mercantiliza con el arte y donde la autenticidad ritual del acto alcanza cotas máximas de expresión. Canta como siente y esa es su única forma de transmitir. Pocos lo echan el guante en el cante por bulerías, pocos sostienen los tercios como Manuel. Pocos se tragan el cante como lo hace él. Charlamos un poco con Manuel. /En la imagen, Pititi y Rubén a la guitarra. Foto: Rufo.
Elizabeth Zunzunegui, 'Zunzus', es una jóven artista portuense, que ha colaborado con "Gente de El Puerto" creando las cabezas monumentales que a partir de esta nótula acompañarán a nuestra cabecera.
Juan Carlos Arniz Sanz, portuense de 45 años, tuerto por propia voluntad, se desnuda con la mar tatuada por la cara, una decisión tomada en 2013.
--¿Cuando se te pasa por la cabeza la idea de tatuarte la cara?
--La idea de caritatuarme la tenía desde joven, pero soy pobre y esto significa que no siempre se dispone de libertad suficiente: debes trabajar, debes aceptar las órdenes de papá... Si yo hubiese tenido dinero de sobra para vivir a lo grande, me la habría pinchado a los 20 años. Por tanto, mi ilusión de hacerme la cara viene de hace mucho, un deseo que cumplí al fin. La libertad me parece la fruta más dulce, mi verdadero tesoro. Aún así, mi liberación viene, sobre todo, por mi piercing, no por mi tatu facial. Cualquiera puede tener un tatu facial. Pero mi piercing «Tuerto», no. ...continúa leyendo "2.502. Juan Carlos Arniz Sanz. El Tuerto de Santa María."
En agosto de 1919 se instaló en la plaza del Castillo un teatro de los de quita y pon, propio del industrial portuense Manuel García Rodríguez desde que lo construyó en 1909, cuando se estrenó en el paseo del Vergel con el nombre de ‘Salón-Teatro Variedades’.
El Puerto de Santa María, la Ciudad de la Música, que abrirá sus puertas este 2015 los próximos 9, 10 y 11 de octubre, estrena nueva imagen gráfica en colaboración con el artista Daniel Sueiras. La iniciativa de tres emprendedores, Tali Carreto (ver nótula núm. 1.814 en GdP) y los hermanos Jesús y Cesar Guisado (ver nótula núm. 898 en GdP), nos invitan a conocer la Ciudad de la Música, a descubrir hoy las bandas del mañana.
La vida de Anzonini fue una fiesta: un cantaor y bailaor festero cuya biografía y legado reconstruye Andrés González Gómez a través de entrevistas con sus compañeros de juerga. Este singular personaje porteño, Manuel Bermudez Junquera(ver nótula núm. 524 en GdP)cantaor y bailaor, embustero profesional, viajero por medio mundo con su arte, ha sido presentado en diversas localidades sin que, en El Puerto, tengamos noticias de que vayamos a asistir a su puesta de largo, a la presentación del evento biográfico de unos de sus hijos. Ni ayuntamiento ni peñas flamencas parece que lo tengan entre sus planes.
Fue editado en 2013 por ‘El Flamenco Vive’, en Madrid, el año 2013. 384 páginas, incluye CD. Se puede encontrar pulsando aquí.
La estirpe de cantaores-bailaores festeros es un género dentro del mundo de lo jondo. Parece ser que los hubo desde que se inventó la fiesta, y hoy en día, esta faceta jonda goza de excelente salud en las voces y el baile de Luis Peña o Javier Heredia, por señalar dos ejemplos a vuela pluma. Fue un género algo secreto, porque se trata de una forma flamenca de intimidad, aunque en algunas ocasiones se asomó, y se sigue asomando, al tablao y a los festivales. Pero su espacio natural es la fiesta íntima. Fueron, son, maestros del compás y del quiebro bulearo, y sus nombres deben figurar con letras doradas en la historia de lo jondo. Fueron y son, sin ánimo de exhaustividad, Paco Valdepeñas, Ansonini del Puerto, Fernandillo de Morón, Pepito Vargas, El Mono de Jerez, El Funi, El Andorrano, El Marsellés, Enrique Pantoja, etc.
Anzonini, junto a Fernanda de Utrera al día siguiente de algunas de sus innumerables fiestas.
Uno de ellos fue Manuel Bermúdez Junquera (Jerez de la Frontera, 1917 - Sevilla, 1983), conocido artísticamente por Ansonini o Anzonini del Puerto. Andrés González Gómez indaga en esta obra en el origen de este curioso apodo, sin ofrecer una respuesta definitiva. El propio Ansonini afirmaba que era un apellido que se perdió en su árbol genealógico que tenía antecedentes italianos. Por eso González se ha ido a Italia a recabar información pero, como digo, ésta no resulta conclusiva. Lo cierto es que, como uno de los entrevistados en esta obra afirma, Ansonini era un grandísimo embustero. Maestro de la burla y la burlería.
Anzonini del Puerto en la Universidad de Washington en 1982. Estos son algunos detalles de su baile y arte tan genuinos.
La obra se articula como un recorrido biográfico y cronológico. La investigación ha ido a los archivos, aunque se basa en su mayoría en declaraciones de testigos en primera persona de la vida de Ansonini. Son cientos las entrevistas que recoge esta obra, expuestas de forma cronológica: Alfonso Queipo de Llano, Pierre Lefranc, El Monga, Ángel Camacho, Paul Shalmy, Manuel Portela, Juan del Gastor, Paco del Gastor... El libro también incluye entrevistas o testimonios históricos que González ha recabado de publicaciones periódicas o de libros como los firmados Donn Pohren. Asimismo, ha seguido el autor la huella de Ansonini en internet, hasta el punto de ofrecer más de 40 referencias electrónicas, entre ellas, Gente del Puerto.
La fiesta más grande que recuerdo, Fiestas en Málaga, Las fiestas del Casinillo, Fiestas en Seatle o Fiestas en Sevilla son sólo algunos de los títulos de capítulos de esta obra alusivos al flamenco de intimidad que practicaba Ansonini. La vida fue una fiesta para este flamenco con alma lúdica que "nunca fue viejo" al decir del guitarrista Juan del Gastor, que lo acompañó en tantas de estas reuniones nocturnas. Es cierto. Los testimonios gráficos -abundantes- que nos ofrece esta obra lo presentan más estilizado y juvenil conforme pasan los años. Hasta el punto de que muchos se asombraron cuando descubrieron la edad real del personaje el día que murió.
Ansonini, aunque nacido en Jerez, vivió en El Puerto (donde tuvo muchos años una carnicería), en Morón, Madrid y Sevilla, y pasó largas temporadas en la costa californiana, por ese vínculo enorme que tuvo con el flamenco moronense. De hecho, circula un vídeo en iternet que lo presenta como "gitano y carnicero de carne de toro". En todos estos lugares dejó huella, y de todos ellos alimentó su estilo cantaor y bailaor. También pasó en los años 60 por los tablaos de Madrid y la Costa del Sol, así como por los festivales bajo-andaluces de los primeros 70. De hecho el cantaor y bailaor no se inició profesionalmente hasta los 60.
Un sentido lúdico de la vida basado en un compás exacto pero humano, alejado de la cualidad metronómica de muchos de los intérpretes actuales. Con todo, Ansonini tiene muchos seguidores hoy y su escuela no acabará hasta que el flamenco acabe, como demuestran jóvenes intérpretes como los citados más arriba. Eso es lo que menos me interesa del libro, ese carácter de fin de una época, de "cualquier tiempo pasado fue mejor", que es fruto, más que de la intención del autor, del espíritu de la mayor parte de los entrevistados, que ya no son jóvenes, aunque sí lo eran en la época que evocan.
Diego del Gastor y Anzonini del Puerto.
El libro se acompaña, como es norma en las publicaciones de El Flamenco Vive, de un CD con 13 pistas de audio y un vídeo. Los registros sonoros nos presentan a Ansonini acompañado por Diego el del Gastor en fiestas de Morón, Rota, Málaga y Seattle, en este último caso con la guitarra de Keni el Lebrijano, en los años 60, 70 y 80, así como una grabación de Carmen Amaya en la que Ansonini le acompaña a golpes de nudillos y palillos. El repertorio nos lo presenta como cantaor eminentemente festero, obviamente: siete bulerías, dos bulerías por soleá, dos alegrías y una seguiriya. Estas grabaciones, a parte de la voz del cantaor, nos ofrecen el regalo del toque intenso, ensolerado y seguro de Diego del Gastor. La voz de Ansonini era rozada y cálida, visceral, de pura entrega flamenca. Su baile era corto, muy elegante, directo y esencial. Aunque los bailaores y cantaores festeros habitualmente son cortos de repertorio, lo característico de su estilo es que cantan y bailan a un tiempo. Por eso, aunque su repertorio se repite de una fiesta a otra, en realidad es siempre distinto, porque hablamos de un arte de inspiración. Tanto es así que en este disco podemos apreciar la creatividad de Ansonini para improvisar letras sobre la marcha. Otra cosa es la rima, claro, pero ¿a quién le importa? Lo importante es el compás, de ahí que sus bulerías incluyan, de forma abundante, cuplés y canciones populares. Hasta tal punto es original el baile de Ansonini que Mario Maya reconocía haberle cogido su molinete de brazos. También su famoso brazo caído era único.
Este vídeo muestra la intervención de nuestro cantaor y bailaor en la película documental Garlic is as good as ten mothers (1980) de Les Blank sobre la incidencia del ajo en la cultura española y gitana. Allí Anzonini baila y canta al tiempo que aliña y embute un chorizo. /Texto: Juan Verguillos.
Debora Espinel Lara, es hija de Ana Lara Fernández y el médico de orígen colombiano --vino a España con 17 años para estudiar la carrera-- Alberto Espinel Ruiz y nieta de nuestro conocido paisano Jeromo Lara Izquierdo (ver nótula núm. 2.018 en GdP).
Débora es licenciada en Veterinaria por la Universidad Alfonso X El Sabio y especialista en odontología y cirugía maxilofacial veterinarias por la Universidad Complutense de Madrid. Hasta hace dos años ejercía su profesión con normalidad, habiendo trabajado en Sevilla en el hospital veterinario Conde de Bustillo y las prácticas en la Clínica Veterinaria Nueva Andalucía.
El abuelo de Debora, Jeromo Lara y Ana, su madre, en una imagen del 90 aniversario del abuelo de nuestra protagonista, el año 2012.
Una fatalidad, una operación en el quirófano hace dos años la dejó parapléjica y la ha llevado a encarar su vida desde una silla de ruedas. Mientras recupera su profesión, nadie pone en duda su cualificación profesional, trabaja como teleoperadora en la empresa jerezana Sherrytel Soluciones.
Entrevista a Ana Espinel Lara
Es un ejemplo de superación, protagonista del vídeo de promoción del portal de internet de trabajo www.portalento.es. En esta entrevista, como bien dice, los empresarios deben de mirar el currículum profesional por si está o no cualificada para el puesto de trabajo ofertado, y no darle importancia a un grado de discapacidad.
Ana, en silla de ruedas, participa en la campaña ‘Por mil razones 2014’.
Hay quien se levanta cada día dispuesto a ganar la partida. Por ello, FSC Inserta, la entidad de inserción laboral de la Fundación ONCE, ha lanzado la campaña Por Mil Razones, cofinanciada por el Fondo Social Europeo, para dar a conocer portalento.es, su portal de empleo y formación para personas con discapacidad.
Debora, mujer con arte y coraje en la Feria de Sevilla.
Pero el ejemplo de superación que tiene asombrada a media España es el baile que se marcó durante la pasada Feria de Abril de Sevilla, desde su silla de ruedas. Un vídeo que, en apenas una semana, ha alcanzado, en diversas plataformas, más de medio millón de visualizaciones compartido en la red social Facebook, mas de 11.000 veces.
Debora, en una bicicleta adaptada, una 'handbike' --una bicicleta de manos--, le permite hacer deporte, pedaleando con las manos.
Uso de cookies
Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.