298. LA SAGA FAMILIAR DE LOS TOSAR (I).
31 05 2009
En Semana Santa, mediado el siglo XIX, dejó de existir el fundador del linaje portuense de los Tosar, don Juan Antonio Tosar Hernández, al que habitualmente llamaron y conocieron como Antonio Tosar. (1) Falleció en nuestra ciudad el 12 de abril de 1850. Era hijo de Antonio Tossar, de ascendencia italiana y gaditano como él, y de Beatriz Hernández. Familia, como tantas otras de las asentadas en la bahía, dedicada al comercio, venidas a menos al decaer el tráfico con el continente americano. Intentó rehacer su economía, iniciándose en la extracción de vinos, instalándose con su amplia prole de muy corta edad en El Puerto en el primer cuarto del XIX. Negocios que, posteriormente, continuarían sus hijos varones y ampliarían algunos de sus nietos (1) En los documentos consultados figura el apellido con una sola “s”, mientras que una tía suya, hermana de su padre, llamada Isabel Tossar, figura en algunos padrones con la doble “s”. Concretamente en los padrones vecinales de 1836 y 1856 se indica de esta forma. Parece que sus sobrinos adoptaron de forma unánime el apellido “Tosar” con una sola “s”. (En la imagen, Antonio Tosar Hernández, en la tarjeta que tiene en la mano aparece la leyenda: ‘Tosar en Cádiz’. Miniatura propiedad de Adolfo Blanco Osborne. Foto Camilo González Selma, autor de la donación).
A don Antonio, lo encontramos en 1838 dado de alta como extractor, con una pequeña bodega en la calle Espíritu Santo número 19 antiguo y 11 moderno, junto a unas casas de calle de la Rosa que había heredado de su madre. Estas instalaciones serian ampliadas por dos de sus hijos: Manuel, el mayor y Francisco Javier Tosar Martínez, los cuales formaron una compañía que respondía a las siglas “M. y F. TOSAR”, construyendo un trabajadero en una parcela de “terreno yermo al extremo que sale al campo de la calle Espíritu Santo…” cuyo proyecto fue presentado al ayuntamiento en 1845, comenzándose a construir al siguiente año. (En la ilustración, escudo de El Puerto de Santa María en en el año de 1864).

Traslado de botas en carros tirados por bestias.
Estamos adelantando acontecimientos. Debemos antes presentar a la familia de Antonio Tosar. Se había casado con una dama de alcurnia: Bárbara Martínez García Enriles, hija de la aristócrata Juana Enriles y Jomati, que le proporcionó una extensa prole, nada menos que ocho hijos que sepamos, aunque parece existió un noveno, llamado Jerónimo que falleció “en estado de soltería” con anterioridad a la muerte de la madre, hecho cuya fecha no hemos podido precisar, conociendo tan solo que en el año 1835, en el que Antonio Tosar redactó su testamento, estaba ya viudo.

Embarque de botas desde el cantil del muelle del Parque Calderón.
Los hijos, apellidados Tosar Martínez, fueron: Manuel, que permaneció soltero hasta su muerte, continuador, como antes hemos dicho de los negocios familiares, encabezando sociedades con otros hermanos; Mª Natividad, que contrajo matrimonio con José Vinuesa, falleciendo antes que su padre; Francisco Javier, el cual también falleció soltero en 1864, compartiendo con su hermano mayor la dirección de “M. y F. Tosar”; Amalia, casada con José Bayo, el cual colaboraba laboralmente gestionando la administración de la sociedad familiar; Adolfo, que se instaló en Inglaterra, ocupándose de las gestiones comerciales de la empresa en aquel país y del que nos ocuparemos especialmente mas adelante, al ser él y sus sucesores los continuadores del negocio vinícola. A estos cinco hijos mencionados hay que añadir tres varones más, de nombres: José, Antonio y Federico sobre los que apenas tenemos noticias.
M. Y F. TOSAR, UNA EMPRESA IMPORTANTE
La sociedad mercantil formada por los hermanos Tosar Martínez es un trípode que se asienta con firmeza en el mercado vinícola. Laboriosos, eficaces, organizados, esmerados en la calidad de sus productos y con probada seriedad para los negocios, en la década de los sesenta del XIX alcanzan un puesto importante entre los extractores de la zona, colocándose en el grupo de cabeza, a pesar de la modestia de sus instalaciones. En una línea de clara expansión, abren una Casa en Londres, que regenta Adolfo y adquieren para la compañía la casa de calle de la Plata, 6 en cuyo bajo instalan un cuarto para degustación y venta de sus vinos, oficinas y gabinetes para reuniones de negocios, instalándose en el piso principal Manuel Tosar y el dependiente y hombre de confianza, Antonio José de los Reyes, también soltero.
A medida que fueron pasando los años, el empresario y su empleado, uno a punto cumplir los sesenta años y el otro veinte años menor, fueron mejorando su calidad de vida en la vivienda, amueblándola y… compartiéndola, huyendo posiblemente de la tediosa soledad que abruma a las personas mayores. Inicialmente tenían a su servicio a un mozo gallego, recién llegado al Puerto y en 1870, además de un sirviente gallego, figuran censadas dos señoras: Aurora Ortiz Larrañaga, gaditana, de 40 años, casada y separada que suponemos pareja del dependiente y la joven jerezana María Gálvez Sánchez, de 29 años, soltera, que debió alegrarle la vejez a don Manuel, a tenor del importante legado de 140.000 reales que dejó señalado en su testamento ológrafo, realizado con todas las formalidades exigidas.

Interior de un trabajadero de bodega.
Antes de continuar relatando los últimos años del mayor de los hermanos Tosar Martínez y las incidencias ocurridas tras su muerte, debemos dar referencia de la primera liquidación de la sociedad “M. y F. Tosar” que se llevó a efecto en el verano de 1865, al fallecer uno de los socios, Francisco Javier Tosar Martínez, hecho que ocurrió el 28 de noviembre de dicho año. En el mismo acto, celebrado en la notaría de don Miguel Raventos tuvo lugar la partición de bienes del finado, que falleció soltero, de acuerdo con su última voluntad, expresada en testamento que había realizado en 1851, en el cual instituía por herederos a sus hermanos Manuel, Adolfo y Amalia en la proporción de 3/6, 2/6 y 1/6, respectivamente. Al haber fallecido doña Amalia, de acuerdo con las condiciones previstas en dicho documento, su parte pasó a engrosar la de los otros dos hermanos, correspondiendo un 58,33% de los bienes a Manuel y el 41,66% a Adolfo, en esas fechas avecindado en Londres y también soltero.
Después del reparto de bienes, Manuel y Adolfo volvieron a formalizar una sociedad con las mismas siglas y fines, siendo bastante complicado determinar la participación o la propiedad de cada uno, expresada incluso en milésimas, de los bienes raíces de la compañía.
Esta nueva reedición de “M. y F. Tosar” duró una década, el tiempo que vivió Manuel. Cuando esto ocurrió, la empresa había alcanzado su punto máximo de desarrollo, con una plantilla de veinte empleados, incluidos el encargado del trabajadero, capataz y administrador. En ese momento las existencias de vinos se aproximaban a las cinco mil arrobas, de dos docenas de marcas o tipos, finos y dulces, aguardiente y vinagre. Todo se desmembraría al disolverse la sociedad y repartirse los bienes entre varios herederos, de lo que hablaremos mas adelante, desapareciendo una empresa consolidada y prestigiosa que durante una veintena de años se mantuvo entre las mejores del sector como tantas otras lo hicieron antes y continuaría sucediendo después. (Continuará) (Textos: Antonio Gutiérrez Ruiz).
“Las tres primeras generaciones de la saga familiar de los Tosar» es un fragmento del trabajo inédito de Antonio Gutiérrez Ruiz: «LINAJES DE FAMILIAS BODEGUERAS PORTUENSES» que da a conocer en Gente de El Puerto.
Categorias : Antiguos, Emprendedores, bodegueros
Antonio Romero García, ‘Antoñón’, nació a finales de la década de los años 20 del siglo pasado y vivió en la Casa de la Aduana (antigua Fábrica de Arguardientes y Licores), teniendo su cuartel general instalado en el restaurante Guadalete; precisamente su puerta trasera daba al patio de su casa, todo ello próximo al muelle y Lonja Pesquera de esta banda. Fue un hombre honesto muy querido por la marinería que durante la época de esplendor de la flota llegó a tener bajo su dirección como guardián, al grupo más numeroso de unidades pesqueras. Falleció a la edad de 61 años, a finales de los años 80 del siglo pasado, casi al mismo tiempo que comenzaba a perder unidades la flota pesquera porteña. Pero su impronta y su boina todavía se recuerdan por la Bajamar de El Puerto. Al recordarlo, nos viene a la memoria, igualmente, otro gran experto guardián, Joselito “Baltasar”.






Eugenio Pedregal Valenzuela, conocido emprendedor local, era Perito industrial. Siendo muy joven, recién terminados sus estudios, tras una etapa en el Banco Hispano Americano, Eugenio se fue a trabajar a Barcelona, ciudad en la que pasó muchos años y conoció a la que sería su mujer, María Antonia Viou Pradas, con quien tuvo dos hijas, Eva y Esther. En la Ciudad Condal trabajo un tiempo en empresas como Campsa, antes de regresar a El Puerto, donde comenzó trabajando en el negocio familiar, Muebles Pedregal, y realizando proyectos para numerosas empresas como perito industrial. Fue uno de los socios fundadores del céntrico Hotel Los Cántaros en el año 1984, todo un referente para el sector turístico porteño que animó a la instalación de otros establecimientos hoteleros en el centro de la ciudad. Persona inquieta y comprometida con El Puerto, formó parte de numerosas asociaciones y colectivos, ocupando cargos destacados en las directivas de la Asociación de Comerciantes del Centro (Acocen), la Asociación de Empresarios de El Puerto (AE) de la que fue su vicepresidente, y la Comunidad de Propietarios de Vistahermosa. Nos dejaba el 23 de octubre del pasado año 2008. (En la imagen, superior Eugenio Pedregal en una fotografía tomada poco antes de su fallecimiento. En la inferior, la fachada del Hotel Los Cántaros, en la Plaza de la Cárcel).
INTERESES RESIDUALES.
A Eugenio le podía El Puerto. Y le podía más el desinterés de los responsables políticos de la Ciudad cuando, a su juicio, dejaban escapar oportunidades para nuestra población, sea cual fuera el motivo o el color político. Era un luchador para la ciudad que lo vio nacer, y ahí andaba entre asociaciones empresariales, escribiendo cartas, entrevistándose con quien procediera para ayudar a empujar la locomotora de El Puerto. En esas, en esos ‘intereses residuales’ andaba Eugenio. Dejándonos un buen recuerdo, un buen sabor en la boca de las palabras, unos buenos sentimientos en la memoria de nuestros Puerto. (En la fotografía pequeña, Eugenio con poco más de 20 años, cuando trabajaba en el Banco Hispano Americano).
Soy hombre extraordinariamente sensible al lugar en que vivo. La geografía, las tradiciones, las costumbres de las poblaciones por donde paso, me impresionan profundamente y dejan
La prensa local no recogió el acontecimiento nupcial, aunque sí la firma de esponsales, en los que se anunciaba la boda para la primera quincena de octubre, que se retrasó finalmente. La segunda de las ocasiones fue para asistir y apadrinar en el bautismo a su sobrina Ana Eulalia María de las Mercedes, fruto del matrimonio de su hermano Francisco y de su cuñada María de las Mercedes. Este tuvo lugar el 21 de mayo de 1917,y el nacimiento de la pequeña un día antes. La madrina de la ceremonia fue su madre, doña Ana Ruiz Hernández, Vda. de Machado, la que le acompañó hasta sus últimos días, en Colloure, sur de Francia. (En la fotografía perteneciente a la colección de LSA, Francisco Machado, hermano de Antonio, con el uniforme de funcionario de prisiones, profesión que ejerció aquí, en El Puerto). Un año y medio más tarde regresa de nuevo a nuestra Ciudad:
Su segunda estancia en nuestra ciudad se prolongó algo más de un mes, como hemos podido comprobar por la prensa de la época, que aprovechó para visitar poblaciones cercanas como Jerez el mismo día del bautizo de su sobrina, y el 14 de junio, en que viajó acompañado de su hermano Francisco; dos días más tarde se registra otro viaje a Cádiz, cuna de su abuelo don Antonio Machado Núñez (Cádiz, 1815-Madrid, 1896. Médico, geólogo y antropólogo. Introdujo en España la teoría de Darwin. Tradujo importantes obras científicas. Catedrático de Historia Natural en la Universidad de Sevilla. y de Zoografía en la Universidad Central. Fue Rector de la Universidad hispalense y Gobernador Civil de Sevilla. En 1875, cuando Francisco Giner de los Ríos es detenido y trasladado al Castillo de Santa Catalina en Cádiz, la protesta del profesor Machado Núñez fue una de las numerosas que se levantaron. En octubre de 1876, cuando Giner de los Ríos crea la Institución Libre de Enseñanza, Machado se cuenta entre sus primeros colaboradores). (En la ilustración, certificado de partida de bautismo de la Parroquia de San Joaquín, donde se cristianó la sobrina de don Antonio Machado).


José Álvarez Juan -el novillero Pepe Álvarez- es un porteño nacido en Las Pajanosas (Sevilla) hijo de Silvestre Álvarez Sánchez, tratatante de ganado y de Asunción Juan Cabeza, el día 2 de octubre de 1933. Cerca de su casa pace la ganadería de José Soto de la Fuente, anteriormente de López Plata y el conocedor de la misma le facilita algunas oportunidades para torear.















CHICHARITO Y EL RÁCING.
EL BINGO DE RC PORTUENSE.
LA CASETA MI CHICHARITO.






















































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