
Félix Tejada Prieto nació en la calle Nevería --en una casa ya inexistente-- el 19 de diciembre de 1933, segundo de los tres hijos (Pepe, Felix y Jesús) habidos en el matrimonio formado por Eduardo Tejada e Inés Prieto. Felix estudió en La Divina Pastora, con doña Lola, en el Colegio del Carmen en el Colegio existentes en Santo Domingo, hoy Instituto, conocido como ‘Bellas Artes’, al encontrarse allí también la Academia de ‘Santa Cecilia’ en aquel tiempo.
«Discurría el verano de 1946, eran tiempos difíciles y muy duros pues estábamos en la posguerra. Un día me encontraba jugando en la calle Santa María con otros niños al boli --canicas--, cuando escuché a mi madre que me llamaba a voces desde la altura de El Cafetín. Me dijo había hablado con su tío José Gallego Peinado --el maestro Rubio--, dueño de un Taller de Fragua, para trabajar en sus dependencias donde ya trabajaba mi hermano mayor, Pepe. Con los bolis en el bolsillo, a las dos de la tarde, ya estaba en la puerta del taller para empezar mi aprendizaje en la cerrajería y en tareas de forja. Pensé con apenas 12 años cumplidos: ‘Ya soy otro, estoy trabajando’ y es que de pequeño quería trabajar de cerrajero al igual que mi hermano Pepe, quizás también influido por el recuerdo a mi abuelo materno, que había sido cerrajero».

Felix recuerda que no le dio tiempo a despedirse de su maestro D. Antonio de la Torre. Desde las ventanas del Taller que se encontraba frente al Colegio, se escuchaban los ruidos y el murmullo de una clase llena de niños, su antigua clase, desde el que era ya su trabajo.
EL APRENDIZ.
«Para mi este taller era un Templo de Arte, de buenos trabajos. Ver a mi maestro, al Maestro Rubio, trabajar era la perfección en la fragua». Las primeras faenas que hace un aprendiz son acarrear agua para el personal, recoger las herramientas, barrer el taller, partir el carbón de fragua puesto que venia en tacos muy grandes, llenar el pilón de agua sacada del pozo para mojar el carbon, templar la herramienta y ayudar a los oficiales.

Premio otorgado por Patrimonio Histórico en el año 2007
A primera hora se encendían las dos fraguas y allí se hacía de todo: cortar, taladrar, soldar, empalmar, machacar, pegar, … de todo. Luego ayudaban a los oficiales, sobre todo en la fragua y aprendió a machacar (que es quien usa el ‘macho’ gordo que acompaña al Oficial o ‘Bocafragua’. Existe un dialecto a base de martillazos entre el Bocafragua y el Machacador que te va marcando la pauta en la faena. Al finalizar la larga jornada el aprendiz recogía las herramientas, las colgaba en el tablero, barría los bancos de trabajo y el suelo del taller.

Con un año aproximado de taller, la faenas eran más duras pero mas gratificantes para el meritorio. Ya empezaba a hacer cosas, chapuzas: paletas para el carbón de la copa o brasero, tenacillas para la cocina de carbón, reparación de planchas de hierro, estañar los peroles, lo que le suponía un suplemento al sueldo de una peseta diaria que cobraba.
LA JORNADA DE TRABAJO.
Las jornadas de trabajo no eran intensivas, antes al contrario eran ‘extensivas’. Entraban a las 8:00 de la mañana hasta las 13:00 horas. Regresaban a las 14:00 hasta las 19:00 y una tercera franja entre las 20:00 y las 00:00 horas cuando había mucho trabajo. Osea, un mínimo de 10 horas diarias que a veces se convertían en 14 horas de jornada laboral. También se trabajaba los sábados y domingos, pero con horarios mas reducidos. «Era tan cruel como bonito. A los tres años de estar trabajando me dieron de alta y ya ganaba tres pesetas diarias», recuerda.

Luego vendrá el taller de José Gallego Huerta --hijo del Maestro Rubio-- en la calle de la Palma y un poco más adelante a la calle Puerto Escondido, en el Taller de Manuel Paz. «Recuerdo la primera faena, hacer unas anillas pegadas 'a fragua' para las vagonetas de la explotación de Las Salinas»
OTROS TALLERES.
Con posterioridad Felix entrará a trabajar en el Taller del primo de su madre: Domingo Prieto Cressi; también en la Plaza de Toros, en el Taller de Altaraz y, cuando contrae matrimonio con Consuelo Pérez Ramírez se instala en Jerez pues prestará sus servicios profesionales en un taller en la calle Zaragoza, donde llevaban el servicio técnico de tractores Hanomag. De ese matrimonio Felix y Consuelo tienen cuatro hijos, Felix: Jesús, Consuelo y Pedro, llevando los tres varones en la actualidad el taller que se encuentra en la finca ‘El Martillo’ en el Pago de la Valenciana, siendo el taller mas antiguo que se encuentra en activo.

Jesús, Pedro, Felix padre y Felix hijo. Sus descendientes varones, los hermanos Tejada Pérez se han hecho cargo del taller tras la jubilación de nuestro protagonista, hace 12 años, aunque todavía visita y supervisa algún trabajo.
BASE DE ROTA.
Pero volviendo a la cronología de su vida laboral, Felix cambia de empleo y entrará a trabajar en la Compañía Pittsburgh para la Base de Rota, como soldador de autógena y eléctrica especializado en soldaduras de alta presión, donde acabará ocupando el cargo de Inspector, algo que no le satisface pues no hacía nada físicamente con sus manos --solo dirigir e inspeccionar-- y pide la cuenta y se marcha para establecerse por su cuenta y montar su propio taller.

Flotilla de helicópteros en la Base de Rota en 1961.
CALLE CONEJITOS.
Nos encontramos en 1964 cuando Felix, por mediación de Vicente Pérez de la Lastra alquila un corral en la calle Conejitos sin agua, sin luz, techo ni puertas y, por medio de la constructora de éste ‘El Látigo Negro’ acaba acondicionando para taller aquellas cuatro paredes. «Allí empezó mi primera y humilde empresa, ya vivían mis cuatro hijos y sin ingresos ninguno empecé a comprar las primeras herramientas, máquinas y acometer mis primeros trabajos como autónomo». Hace 39 años, en 1972 se trasladaron a la Finca ‘El Martillo’, en La Valenciana, a una nave que fue propiedad del que fuera alcalde de El Puerto, Francisco Javier Merello Gaztelu donde éste tuvo una imprenta.

El Toro de Osborne en La Muela /Foto: Levijo.
EL TORO DE OSBORNE.
Como ya se ha dicho, Felix estaba acostumbrado a una larga jornada de vida laboral. Al finalizar su jornada durante su etapa en la Base de Rota ayudaba a su hermano Pepe en el Taller, que era quien recibió el encargo de parte de Rafael Osborne Macpherson e Ignacio Osborne Vázquez para realizar la figura del Toro en 1961. «El toro, como casi todas las cosas importantes, nacen casi de casualidad», afirma.
Antes, en 1954 la agencia de publicidad Azor realiza para Osborne un símbolo que serviría para representar al brandy Veterano, y que con el tiempo ha simbolizado al Grupo Osborne y a la imagen de España en el mundo. El artista local, Manolo Prieto, tío de Felix Tejada (con nótula núm. 863 en GdP) Director Artístico y Jefe de Estudio de aquella agencia será el autor de la figura del toro bravo «valla que no es aceptada con mucho entusiasmo por el cliente» según llegaría a afirmar el propio Manolo Prieto. En 1958 se empiezan a colocar las primeras figuras fabricadas en madera, que medían cuatro metros, tenían los cuernos pintado de blanco y un rótulo que anunciaban el producto. /En la imagen de la izquierda, uno de los bocetos primeros de Manolo Prieto.
En 1961, dado que la madera se estropeaba con frecuencia se empezará a hacer de metal midiendo ya siete metros y, al año siguiente, al cambiar la normativa, los 14 metros de altura actuales. Tienen que hacer los cálculos, el despiece, el estudio para el transporte y los camiones… El primer toro lo recortó a cincel, trazado en tres partes pues no cabía en el taller de su hermano en la calle San Bartolomé. Se colocó en la Cuesta de Matajaca, en la carretera de Jerez.

Vista parcial del taller donde se fabrican los elementos que conformarán la sobria figura del toro: diversas plantillas y formas.
En este ínterin, el hermano Pepe sufre una enfermedad que le obliga a abandonar los encargos, haciéndose cargo Felix de la realización y montaje de los mismos por la geografía española. En verano, iba con sus hijos en el camión quienes le acompañaban en unas improvisadas vacaciones, algo que, con el tiempo se convertiría en su propio trabajo.

Felix Tejada en su tallere contemplando una maqueta a escala del famoso toro.
EL TORO EN CIFRAS.
En el taller se realiza esta figura de peso y medidas excepcionales: 4.000 kilos de peso, una altura cercana a los 14 metros --algo así como un edificio de cuatro pisos--. Felix Tejada ha dado explicaciones en mas de una ocasión a ingenieros y arquitectos ya que su instalación viene a ser una obra de ingeniería y de ingenio: se prepara el anclaje de las 4 torretas metálicas que sostienen el toro con un basamento de 4 zapatas de 6 metros cúbicos de hormigón cada una, con un peso total de unos 50.000 kilos.

La familia Tejada en el montaje de uno de los Toros de Osborne.

El toro en su emplazamiento. Las condiciones de luz solar ponen de manifiesto el entramado de planchas que conforman la figura.
EL GANADERO DEL TORO DE HIERRO.
Para montar las piezas que conforman una superficie aproximada de 150 metros cuadros, compuesto por 70 chapas de 90x190 cms. y 2 mm. de espesor, se realizan más de 1.000 taladros para fijar tornillos de doble tuerca. La figura necesitará 50 kilos de pintura para que adopte el color negro característico del Toro de Osborne. Existen 91 toros distribuidos por España, todos realizados en el Taller de Felix Tejadas e Hijos, con una concentración especial en las provincias de Cádiz y Sevilla. Últimamente se ha instalado uno en el continente Africano, en la Ciudad Autónoma de Sevilla.

Felix con con su hijo Pedro, sujetando una de las piezas de la figura del cornúpeta.
Después de más de medio siglo realizándolos, existen toros de varias medidas y formatos: el gigante con 13,80 metros de alto, el novillo, con 6,50 y muchas medidas pequeñas, grandes y medianas. Como dato curioso, señalar que la inmensa mayoría de los toros que se encuentran en las carreteras están datados en 1957 por la Dirección General de Bienes Culturales, por el que se sometía a información pública el expediente para la inscripción específica, en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz, a favor de los Toros Osborne.

Felix Tejada en las escaleras del Palacio de Purullena.
RESTAURACIÓN
Félix Tejada e Hijos, se encarga también de la restauración de edificios antiguos. La fotografia inferior se corresponde, con los trabajos de restauración de la cerrajería del Palacio de Purullena, en El Puerto de Santa María (edificio que data del siglo XVIII).

En la imagen superior vemos es un arcón con cerradura de once puntos de seguridad. Data de la época de Juan de la Cosa (siglo XV aproximadamente). Fue restaurado en su totalidad y se exhibe en el Museo de Arquelogía y Bellas Artes de El Puerto de Santa María.

Otro de los señalados edificios en los que ha trabajado para su restauración, ha sido la Torre del Oro de Sevilla. En ella, entre otros trabajo, Felix y sus hijos restauraron las puertas, y los cañones. Y para estos últimos construyeron sus soportes.

Ojo de buey de Bodegas Lustau (Jerez), realizado por el Taller de Tejada e Hijos.
Felix Tejada, jubilado desde hace 12 años, está orgulloso del Taller de Fragua, del que afirma que «no se debe perder y recoger sus conocimientos; de ahí nacen muchas cosas del taller de hierro, la creatividad, donde el hombre hace y crea». No es de extrañar tanta sensibilidad pues nuestro protagonista es primo de los desaparecidos poeta José Luis Tejada y el escultor y pintor Javier Tejada.






Pero como las ventas de carbón siguen bajando, de ‘La Cuña’ se pasa a ‘La Ele’, pues será esta la forma que adquirirá el despacho de vinos con la ampliación, reduciendo a la mínima expresión la carbonería que ya solo despachará desde la cale La Palma. Entran los vinos de Osborne, ya embotellados: Fino Quinta, Bailén, Oloroso 10RF, Amontillado Fino Coquinero, …



«Este hombre del casino provinciano/ que vio a Carancha recibir un día»
Lo que fuera. Pero ‘Cara-Ancha’ quería lucirse en aquella tarde torera del Puerto. Y, con todos los respetos, venía a pedirle el Sr. Presidente que, si a bien lo tenía, abreviase en lo posible el tercio de varas, para que el toro llegase enterito y con bríos a la faena de muerte. Ahí era nada: lidiar uno de aquellos bisontes de entonces, con seis años bien cumplidos y muchas arrobas de peso, sin que los piqueros detuvieran apenas con su vara el empuje y la fuerza del animal.
Quitó importancia don Agustín a la cosa. Y llano y natural, introdujo a su visitante, a través del jardín, en la grata penumbra de la bodega. Charlaron cordialmente, y probaron distintas muestras de los ricos caldos que en ella, silenciosamente, se iban haciendo año tras año, con el incomparable saber hacer de la madre naturaleza. Así iba transcurriendo los minutos, cuando el Sr. Presidente notó que el torero parecía ocultar algo entre los pliegues del capotillo de paseo que, según tradición de entonces --y ello además, parece ser la justificación lógica de esta prenda-- llevaba echado sobre los hombros. /'Cara-Ancha' se retiró del toreo en 1894. En la localidad sevillana de Aznalcázar, se dedicó la vida pública ocupando la alcaldía durante varios años, donde murió el 31 de marzo de 1925.





















Esta es la historia de un porteño que vivió entre los ríos Besaya y Guadalete, del que hoy se cumplen 110 años de su muerte.
Sobre sus primeros pasos en El Puerto de Santa María no sabemos mucho, aparte lo indicado y la información que nos facilita él mismo en un testamento que realizó el 4 de Septiembre de 1854 en la notaría portuense de don José Miguel Pau. En esa fecha declara tener 33 años, estar soltero y tener por bienes “un establecimiento de género de mercadería en la calle Larga de esta ciudad, unas tierras de labor en su país de origen –Cantabria- y las ropas de su uso”. En las disposiciones, mandaba se distribuyesen cinco mil reales de limosna a los pobres necesitados el mismo día de su entierro y, en otra manda aparte, legaba algunos bienes a su tío materno Juan Antonio López Seco y a su hermano Manuel, designando por única y universal heredera a su madre, doña Maria López. /Emilia Seytre Enriquez de Guzman, esposa de nuestro protagonista
Volviendo al momento de la vida de Domingo José Morante, que se hace llamar e incluso firma como José solamente, hemos visto como en los días postreros del verano de 1854 establece su voluntad en previsión de un fatal desenlace. Aunque el negocio le absorbe gran parte de su tiempo, cultiva buenas amistades, integrándose plenamente en la sociedad local. Deducimos que Juan Bautista Marichalar y Antonio Honorato Seytre, ambas personas nombradas sus albaceas en el testamento antes citado fuesen dos buenos amigos. El primero, conocido industrial y comerciante, “especulador de vinos”, es decir, exportador y vendedor a mayoristas, con una fábrica de aguardiente en la Ribera del Río y un talante liberal que le llevaría a formar parte, años después, del primer Ayuntamiento Revolucionario Provisional tras la insurrección militar de 1868, la denominada popularmente “La Gloriosa”.


Por esas fechas José Morante había ya comprado un espléndido inmueble, situado en otra de las arterias mas céntricas y comerciales de la ciudad, la calle Luna, a menos de cincuenta metros de su tienda de tejidos. a las hermanas María del Carmen y Trinidad Ortiz Veristani, que vemos en la imagen de la izquierda.

En 1869 estaban instalados en ella, posiblemente desde hacía varios años, el matrimonio, cuatro hijos y su madre, doña María López Seco, que en esa fecha contaba 69 años de edad, que se había trasladado en la década anterior desde Cañeda, de donde era natural y donde residía hasta entonces, para incorporarse al núcleo familiar. Le acompañaban en estos años tres sirvientes cántabros de bastante edad, de los de entonces, es decir de los que durante toda su vida, desde la juventud hasta la senectud que ahora empezaban a desarrollar habían estado al servicio de la familia y en él continuaban hasta la muerte, bien del que servían, o la suya propia, integrándose en el “cuerpo de casa” –así denominaban al servicio interno- que completaba una joven doncella de la localidad. /Imagen de la vivienda que adquirió, reedificó y ocupó en la calle Luna, junto a calzados Noel.
Así fueron transcurriendo los años, los lustros, las décadas, desarrollando una vida laboriosa y familiar, entregado en cuerpo y alma a sus negocios y aficiones, viendo crecer a sus hijos, a los que proporcionó una esmerada educación. Dos de los varones siguieron la carrera militar y el tercero y mas pequeño de ellos le ayudo y acompañó en la tienda de tejidos. Algunos se casaron, comenzaron a florecer los nietos y celebró con felicidad sus bodas de plata matrimoniales. Sería esta la primera generación portuense de los Morante Seytre. /La nieta de Morante, María Febrés Morante, con los Ruiz Golluri, en la casa de la calle Cielos.







DEL COMERCIO CON AMÉRICA AL MERCADO EUROPEO.


En la imagen superior, personal del escritorio de Hijos de Jiménez Varela. De izquierda a derecha, Arias, desconocido, José Lojo Espinosa, José Luis González Obregón capataz de la bodega, Juan Manuel Brea Vila, Luque que era suegro de Vera Palmer, Bernardo Zayas, Francisco Martín Repollet, Felix Ochoa 'Ochíta' primo del pintor y el niño Manolo Fernández Lores, hermano de Francisco el del Bar 'Paquito'. Sentados, de izquierda a derecha, Victor Unzueta Gabiola, Guillero Siloniz, Victor Unzueta padre, González Bruzón, dos desconocidos y Victor Moriñas. /Foto: Pantoja.

HIERRO DE LA PALMA.


Es un vino perfecto para beber como aperitivo, o a media tarde, aunque los devotos del Vino Amontillado dicen que «sirve para compartir y departir a cualquier hora». La temperatura ideal para degustarlo es entre 10º y 14º, siempre en relación con la temperatura del ambiente. /En la imagen, un aprendiz, de nombre José Raposo Rasuelo, jarreando sobre la canoa y la bota de Jiménez Varela.
RELATO EL BARRIL DE AMONTILLADO.

Hijo de Casimiro Gª de Valdeavellano y García Gastón y de Dolores Larraondo, nació en 1840 en Cádiz, adonde llegó su padre procedente de la provincia de Soria (Montenegro de Cameros), por mediación de su hermano arcediano titular del cabildo eclesiástico de la catedral de Cádiz. Tuvo otro hermano menor, Francisco Javier. En 1842 la familia se trasladó a vivir a El Puerto, a la casa de su propiedad --dote de la familia materna-- en la Ribera del Río, 47. El cabeza de familia se dedicaba al comercio y a la elaboración y envejecimiento de vinos en las bodegas, también de la dote de su mujer, que tenían en Puerto Escondido con entrada por calle Mayorga, señalada con el nº 3 antiguo y 6 moderno que lindaban con otras bodegas propiedad de Angel Aramburu. /En la imagen, ilustración de Miguel Ángel Pantoja, que recrea la época a la que se refiere esta nótula.
ADVENIMIENTO DE LA I REPÚBLICA.
LIMOSNAS PARA LAS CLASES POBRES.
ALCADE EN LA I REPÚBLICA.
EL ÓBITO, EN LA REVISTA PORTUENSE.
Ángel Medinilla Medinilla, segundo hijo del matrimonio formado por Ángel Medinilla Ducrós y Milagros Medinilla Martínez-Santizo, nació el 24 de diciembre de 1916, en la calle San Sebastián. Fueron ilustres antepasados suyos Manuel Medinilla Zamorano (1820-1870), médico; Joaquín Medinilla Bela (1839-1926), médico; y Ángel Medinilla Bela, Juez de Primera Instancia, los tres investigaron y dejaron escritos sobre diferentes temas portuenses, algo que acaso influiría desde muy joven en nuestro protagonista, inoculándole su interés y afición por las cosas de El Puerto. /En la imagen, Ángel Medinilla en 1988, un año antes de su fallecimiento.



Precisamente su hija María del Carmen organizó dicho material fotográfico que, en el año 2004, formó parte de una exposición auspiciada por el Centro Municipal de Patrimonio Histórico en la que la propia María del Carmen ejerció de Comisaria de la Muestra, con la coordinación de












Juan Ignacio Varela Gilabert, nació en El Puerto de Santa María el 10 de Agosto de 1924 y falleció en Cádiz el 16 de Enero de 1997. Fue concejal del ayuntamiento de El Puerto en la década de los sesenta del siglo pasado y, a finales de la misma, en junio de 1969, fue nombrado Jefe Local del Movimiento, representando al anterior régimen político en la Ciudad.
De Juanín Varela o de Juan Ig. como a él le gustaba escribir se refería así en 1962 Manuel Martínez Alfonso: “No podía haber nacido más que en El Puerto. Y en efecto, así ocurrió el hehco un día del año 24. Aquí estudió por libre el bachillerato, con exámenes en Jerez de la Frontera. Su actividad literaria ha sido más para sí mismo que para los demás; un desahogo poético, sin afán ninguno de notoriedad. […] Ha publicado algunas cosas en la revita ‘Cauce’ por los años 44 y 45. Charlas –eso que tan bien sabe hacer—ha dado sobre poesía popular andaluza en RNE en Madrid. Y recitales poéticos de su propia obra en esta misma emisora, en el Aula Manuel Machado, donde fue presentado por Josita Hernán”. /En la imagen, Manuel Martínez Alfonso en 1962.
En la imagen de la izquierda, el poeta arcense Julio Mariscal de Montes, con quien colaboró en varias ocasiones.




