En lo anecdótico, cuentan que Fosco Valimaña y Paco Marin, hace 40 años, en el primer taller “La Rinconada” en Puerto Escondido, estaban desesperados al no encontrar la avería de un coche Simca 1000 que perdía aceite, fundamentalmente por las noches.

El taller 'La Rinconada', en Puerto Escondido.
El cliente, una persona muy trabajadora y sería, pero algo exigente que se llevaba y traía todos los días el coche del taller, andaba muy preocupado, preguntándose que le podía ocurrir a su vehículo pues apenas tenia un año y, a todo esto, los mecánicos no daban con la avería. Los días iban avanzando y el nerviosismo del cliente aumentando ya que pensaba que su coche no iba a tener solución.
Pero la cosa se pasaba de castaño oscuro, hasta tal extremo que a las ocho días habida cuenta que no daban con el problema, tanto Fosco Valimaña como Paco Marin, recomendaron al cliente que colocara por las noches, debajo del motor del coche, un pequeño recipiente o lata para conocer la cantidad de aceite perdida ya que miraban el nivel de aceite y no apreciaban que descendiera. Sin embargo, si observaban manchas de aceite dispersada por el motor.
Así estuvieron una semana, hasta que un viernes, que casualmente coincida con el día de los inocentes, 28 de diciembre de 1973, Paco Marin apreció que el aceite vertido en la lata era comestible. A partir de ese momento cuando el cliente fue informado de que había sido objeto durante 15 días de una pesada broma estalló, profiriendo insultos a quienes osaron mofarse de él, disculpándose a la vez, ante Fosco, Marin y los empleados, por su salida de tono en algún momento. Refieren que, una vez finalizado el calvario, tanto los dueños, como los mecánicos del taller llevaron a cabo algunas averiguaciones, con el fin de conocer al autor o autores de la disparatada broma, desconociéndose, en la actualidad, si las pesquisas fructificaron.

Fosco Valimaña y Paco Marín, los dueños de 'La Rinconada'.
ANTECEDENTES.
Lo cierto es que la broma comenzó a fraguase frente al muelle del Vapor, en el Bar Liba. Uno de los integrantes de un grupo de amigos, clientes habituales por aquel entonces del bar, apuntó la posibilidad de gastar una broma a una persona bastante suspicaz, conocida de los presentes, sugiriendo que reunía todos los requisitos para ello, tanto que conocía sus puntos débiles y fuertes, así como su domicilio. Reveló que observaba lo cuidadoso que era con su coche. Un vehículo de apenas un año que parecía que estrenaba diariamente. Lo vieron fácil, no dudaron e idearon que el coche era el motivo perfecto para gastarle la broma.
Entonces, conociendo al dedillo las costumbres del cliente del taller de Fosco y Paco Marin, maquinaron un plan que, llevaba consigo, además de cierta constancia, cierto riesgo, ya que si eran descubiertos, no solo podrían dar al traste con todo lo planeado, sino que, sabiendo de buena tinta como se la gastaba ‘la víctima’, el asunto acabaría en el Juzgado. De ahí que fuera necesario mantener un mutismo absoluto para que todo saliera tal como lo habían concebido.
Relatan que, una de noches que estaban perfilando los detalles, el cliente irrumpió en el Bar Liba buscando a uno de los ‘saboteadores’ para hacerle una consulta. En aquel momento, mientras aclaraba sus dudas, más de uno del grupo se sintió contra las cuerdas, creyendo que alguien había dado el chivatazo.
LA TRAMA.
Pero no fue así. Estaba todo calculado, teniendo a buen recaudo el bidón de aceite que, aprovechado de un cambio de unos de los coches del grupo de maquiavélicos bromistas, había que ir consumiendo lentamente. Para ello, le largaron las primeras gotas de aceite en el mismo centro de trabajo y había que indicarle que su coche perdía aceite. Precisamente, fue el cabecilla de la trama, que trabajaba a escasa distancia de la víctima, quién le informó, con bastante delicadeza que su coche perdía aceite. Pues nada, respondió, lo llevaré al taller ‘La Rinconada’, en Puerto Escondido. Como era de esperar no encontraron ninguna avería por lo que de nuevo el cliente salió con su vehículo del taller.

Un Simca 1000 parecido a este, objeto de la pesada broma.
Aquello funcionó y, a partir de aquella noche, ya entrada la madrugada, también comenzaron a visitar el lugar donde el cliente, muy metódico siempre, dejaba el vehículo, próximo a una de las ventanas de su domicilio, siendo preciso tener precaución, mucha precaución.
Lo cierto, dicen, es que todo estaba saliendo a pedir de boca pues, por una parte, en cuanto al centro de trabajo, el dirigente del grupo, se la ingeniaba a las mil maravillas para arrojar el aceite debajo del motor y además impregnarlo y, por otra parte, en su domicilio lo llevaban a la práctica el resto del grupo y, lo más importante, que en el taller no daban con la avería.
Refieren que, desde el segundo día de ‘autos’, la víctima colocó por las noches un plato debajo del motor para asegurase que, efectivamente, el coche perdía aceite, argumentado por ello los ‘saboteadores’, que estaban al tanto de todo lo que iba sucediendo, que no fue sincero con los responsables del taller, cuando estos, Fosco y Paco Marin, después de más de una semana de acudir el cliente al taller, le sugirieron que pusiera un pequeño recipiente o lata para conocer la cantidad de aceite que perdía el coche.
Comentan que, al menos, el cliente debió decir lo del plato, si bien, conociendo que iba ser objeto de cachondeo por parte del personal del taller, prefirió callar y llevarse la lata vacía que Paco Marin le ofreció. Mostrando, a partir del siguiente día la supuesta perdida de aceite de su vehículo y que se apreciaba perfectamente en el recipiente.
Dos semanas después de haber comenzado la broma, pasada ya la medianoche, madrugada del viernes 28 de diciembre de 1973, el grueso del grupo no acudió al domicilio por razones que aún a estas alturas no se sabe a ciencia cierta que fue lo que ocurrió, y el único que pudo hacerlo no encontró el bidón de aceite para depositar la cantidad prevista en el recipiente que seguía minuciosamente colocado debajo del motor. El asunto demandaba pronta solución, no ocurriéndosele, al que estaba solo ante el peligro, otra idea, sino la de acudir al Restaurante ‘El Resbaladero’ y pedir a Manuel de la Cruz Santilario, Jefe Maître, un poco de aceite de una de las freidoras del restaurante que, a la postre, fue la que depositó en el recipiente. Lo que supuso consecuentemente que al día siguiente Paco Marin descubriera que el aceite que el cliente llevaba en la lata era comestible.

Antonio, camarero del Bar Manolo en 1973, sabía ver, oir y callar.
Rememoran, que el grupo fue alertado el mismo día del hallazgo, quedando concluida la aventura. Fue la víctima inocente quien casualmente por la tarde, estando en el Bar Manolo, en la calle Larga y Plaza Peral, se encontró al conocido que trabajaba a escasos metros de su centro de trabajo, concretamente al promotor de la broma, relatándole lo sucedido, preguntándole, a la vez, si había visto a alguien en las últimas semanas merodeando junto a su coche…
Según fuentes de toda solvencia, después de 40 años que acontecieran los hechos, todavía está preguntándose el cliente del taller ‘La Rinconada’, quién o quiénes fueron los responsables del ‘sabotaje’. Feliz día de los Santos Inocentes. /Texto: Enrique López.














Unos, heredaron las notables casas y fincas de recreo que fueron, por ejemplo, del hispanista Juan Nicolás Bölh de Faber, e incluso adquirieron otras muchas; otros, fueron comprando palacios y fincas que tuvieron, en otro tiempo, gran lustre. Criadores y exportadores de vinos generosos, también fueron generosos con sus conciudadanos. El empleo de una gran mano de obra y la benéfica influencia que tuvieron en todos los órdenes de la vida, los hizo gente singular. Brillaron, unos, en el mundo de la diplomacia, de la literatura, de la arqueología, del toro –no sólo como ganaderos de bravo, sino siendo los promotores de la construcción en 1880, de la Real Plaza de Toros, sociedad que presidió Don Tomás Osborne Bölh de Faber--, y, otros, en el mundo de las relaciones humanas, de la historia, el arte, de los caballos y los enganches: entre los primeros, los Osborne; entre los segundos, los Cuesta, los Sancho de Sopranis, los Jiménez Loma, los Merello, los Terry y los Caballero. Y, todos en la beneficencia. /En la imagen de la izquierda, Tomás Osborne Bölh de Faber, presidente de la sociedad promotora de la Plaza de Toros.
Si en el XVIII y en el XIX, los palacios de don Juan Vizarrón acogieron durante dos veranos (1729 y 1730) a Felipe V y a toda su fastuosa corte, con los infantes que después fueron Luis I, Carlos III y Fernando VI; o el del Marqués del Castillo de San Felipe, al felón Fernando VII, que allí, en 1823, derogó la Constitución de Cádiz; o el Marqués de Villarreal de Purullena, en 1862, recibió, en su palacio a Isabel II y al infante Don Alfonso, luego Alfonso XII; no se quedaron atrás, Don José Moreno de Mora, que acogió en el suyo, de la calle de los Moros, a los Duques de Montpensier; ni los Pavón recibiendo en su palacio de la calle Larga (luego de Tosar) al Infante Don Francisco de Paula de Borbón y a sus hijos, en 1832, para tomar baños de mar por prescripción de los médicos de la Corte; ni los Osborne, recibiendo a mucha nobleza de la Baja Andalucía con la que entroncó y, desde Bölh de Faber, dando cobijo y amistad a toda la intelectualidad de la Ilustración y el Romanticismo.
O los Caballero --sobrino-nietos de Juan Ramón Jiménez, el poeta de Moguer, Premio Nóbel de Literatura--, que mantuvieron los lazos con la monarquía destronada y eran sus huéspedes los Infantes de Sanlúcar, Don Alfonso y Doña Beatriz y realizan una gran labor de mecenazgo con el castillo de San Marcos—el Santuario alfonsí de Santa María do Porto la de las Cantigas--, con la Cátedra Alfonso X y con las publicaciones sobre el Rey Sabio que van poblando los anaqueles de las universidades españolas y extranjeras; o los Terry, que hicieron ejercicio del mecenazgo y del apoyo de las bellas artes, enriqueciendo sus fincas y casas con la dirección de Don Juan José Bottaro y Palmer (ver nótula núm. cxx en Gente del Puerto) pintor, escultor orfebre, jinete, preceptor, fotógrafo, cámara aficionado y un verdadero hombre del Renacimiento, y tuvieron sus puertas y sus caballerizas abiertas a toda la nobleza de la zona y, en las grandes batidas de perdices, en El Pedroso, o en El Montañez, o en La Micona, a Ministros del Reino y al anterior Jefe del Estado… /En la imagen de la izquierda, José Cabaleiro do Lago, fundador de Bodegas Caballero.
También la gente de la farándula, la aristocracia o la de papel couché. Me vienen a la memoria Jacqueline Kennedy, la Duquesa de Alba o Bo Derek montando los caballos del hierro del bocado de los Terry, o los toreros, que se vestían de luces en las casas portuenses. Recuérdense a Currro Romero que se vestía en el Cerrillo de Rafael Osborne Macpherson o a Luis Miguel Dominguín en el palacio de Oneto, cuando lo vivió Miguel Castro Merello.






Domingo Monge nació en El Puerto de Santa María el cuatro de Marzo de 1912 en el seno de una familia humilde, hijo de Domingo y de Concepción vecinos del Puerto. Falleció en 1999. Estudió en el colegio hasta la edad de catorce años y luego comenzó a trabajar de recadero y más tarde de aprendiz de boticario en la Farmacia de Fernández Pernia, hoy de Viqueira, situada en la esquina de las calle Palacios esquina y vuelta con Larga.

JUAN GAVALA Y LABORDE
Su nombre hacía referencia, no a la inmediata sacristía de la Prioral, como tal vez podría suponerse, sino al lugar específico de una bodega –su ‘sancta sanctorum’- en donde se conservan, como auténticas reliquias, las soleras más antiguas. /En la imagen de la izquierda, el que fuera propietario de la hostería en 1873 y alcalde en 1895, Severiano Ruiz Calderón.
Esta es la imagen que he elegido para la portada del libro ‘Tabernas y bares con solera’ cuya segunda edición actualmente preparo (la primera, ed. Hospor, 1999). Recientemente he tenido ocasión de consultar un inventario de los enseres con los que contaba la taberna en 1926, facilitado por Antonio Gil de Reboleño Insúa. Algunos de sus elementos (los tipos de mesas, de sillas, la ubicación del salón con sus ocho camarotes…) me hacen dudar si el establecimiento en verdad se corresponde con La Sacristía. Sigo creyendo que sí, pero no tengo la certeza, y no quiero errar en un elemento importante como la portada de un libro. Por ello, si algún amable lector tuviera la convicción de su identificación o no con La Sacristía, le agradecería que lo hiciera constar en un comentario en esta nótula. /Portada de la primera edición de 'Tabernas y Bares con Solera'.
Hijo de Macario el del cine, y hermano de Merche, la cantante del trío ‘La,la,lá”, este aficionado a las motos, por profesión y devoción, piensa que nuestro sentido del humor y de acogida conquista a quienes nos visitan.






