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Un profuso grupo de profesionales del periodismo gráfico gaditano son oriundos de El Puerto. Fotógrafos que durante varias décadas han ofrecido testimonio de la realidad informativa.

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De arriba abajo, los fotoperiodistas Fito Carreto y Jorge Roa, David Clares, Juan de Dios Corzo, Pepe Ferrer, Adrián Morillo, Javier Gálvez, Agustín Álvarez y Borja Benjumeda

En el morral que cada periodista gráfico lleva consigo como alma pareja, no solo caben cámaras, objetivos y libretas, también encuentran hueco venturas y desventuras propias de un oficio que tiene un razonable espíritu de ubicuidad. En ese ejercicio de observadores públicos y de la realidad colectiva, los fotógrafos de prensa también son sabedores que un día apremia solaz la noticia y en otro se es testigo irrefutable del duelo ajeno.

No puede entenderse el mundo moderno sin el significado y el acento iconográfico que ha producido el fotoperiodismo en centuria y media de recorrido, desde que los avances técnicos y los mecanismos conceptuales (las rotativas de bobina continua, el fotograbado con semitonos o las transformaciones sociopolíticas), permitieron colocarlo en el epicentro mismo de la información. Un lapso que ha servido, con una voluntad de exploración continuada, para reproducir y crear un gran retablo de ilustraciones del todo. Un baño de imágenes, multiplicado tras la vívida era digital, que los medios de comunicación con más o menos acierto se han encargado de poner en danza.

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Imagen de motociclismo de David Clares, especializado en esta materia

Y en lo que respecta al vedado gaditano, en el que un servidor está incluido, con gran apego y a lo largo de varias décadas un buen número de profesionales han ejercido este género fotográfico. Como David Clares Pozo, que comenzó a publicar a principios de los 90 en el desaparecido semanario El Puerto Información. Actualmente trabaja en los circuitos de velocidad más importantes y difunde sus imágenes en revistas y plataformas especializadas en el deporte de las dos ruedas a través de su agencia Photoclick. Agustín Álvarez Oreni, que comenzó a publicar a finales de los 80 en El Periódico del Guadalete y continuó haciéndolo en los diarios del grupo Publicaciones del Sur, tanto en El Puerto como en Jerez.

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Fotografía de Juan de Dios Corzo del barco Hispania en una de las regatas que habitualmente se desarrollan en la Bahía de Cádiz.

Juan de Dios Corzo Domingo, que también realizó una intensa labor periodística en esos años en las páginas del Información. José Ferrer Morató, colaborador de las páginas del extinto Diario 16, de El Mundo y sus suplementos especiales y hoy metido de lleno en el periodismo gastronómico. Ha viajado intensamente por Europa, América Latina o el Magreb para realizar reportajes de carácter humanista. Javier Ríos Reyes, originario de Málaga, es ingeniero técnico en explotaciones forestales y colaboró algunos años con La Voz de Cádiz para terminar creando la empresa Fotoplanet especializada en publicidad y fotografía aérea a través de un zeppelín teledirigido. Javier Gálvez Castro, polifacético e independiente, ha realizado trabajos para revistas como Parques Empresariales, proyectos editoriales sobre motociclismo, así como cursos a través de su estudio 24x36mm. Jorge Roa Pérez, que desde su posición de funcionario municipal ha nutrido a los medios de las imágenes habituales de la vida política y administrativa de la ciudad como ruedas de prensa, inauguraciones y actos públicos. Asimismo realiza fotografías de los edificios más emblemáticos, la naturaleza, la cultura y las actividades festeras que sirven para ilustrar las distintas plataformas de reclamo turístico e histórico de la localidad; páginas webs, carteles e incluso participa en el proyecto editorial de carácter institucional El Puerto en imágenes.

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Fotografía de Fito Carreto de niños bañándose en el río Guadalete a mediados de los 90

Alfonso Carreto Ruiz, Fito, todo un referente del fotoperiodismo de la baja Andalucía que lleva trabajando ininterrumpidamente más de 30 años en estas lides. Aunque ha colaborado con medios como El País y Cambio 16, es conocido por las imágenes que publica en los periódicos del Grupo Joly, especialmente en DIARIO DE CÁDIZ. Destacan sus trabajos relacionados con las regatas y los toros. Ha expuesto en espacios de arte y galerías su obra más personal y pertenece al colectivo sevillano CoberturaPhoto. Andrés Mora Perles, que comenzó a trabajar en la delegación de El Puerto de DIARIO DE CÁDIZ dos años después de su apertura en 1988 y que aún sigue ilustrando la realidad de la ciudad en esas páginas. Durante unos años también lo hizo como corresponsal gráfico en Puerto Real.

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Dos imágenes de Borja Benjumeda. A la izquierda jugadores de fútbol de Sierra Leona y a la derecha una "Levantá" de atunes en la costa gaditana.

Borja Benjumeda Lobato, estudió en el IES La Granja y comenzó su andadura profesional en el año 2000 en Diario de Sevilla para posteriormente publicar durante un lustro en Diario de Jerez. Paralelamente ha publicado en la revista especializada en surf 3sesenta así como en la deportiva Don Balón. Es socio fundador de El Independiente.

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Imagen de Adrián Morillo del ensayo "Bullfighters from the village"

Existen otras firmas emergentes como Adrián Morillo González, Mauricio Buhígas León o Miguel Ángel Páez Hernández, que han publicado en diversos medios y que cuentan con buena formación académica. Saben combinar sus conocimientos históricos de la fotografía con las técnicas y planteamientos más actuales. Como denominador común están preocupados por la antropología cultural y la sociedad que les rodea tomando imágenes del flamenco, la tauromaquia o los oficios manufactureros. /Texto: José Antonio Tejero.

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El Cádiz tras la explosión en el muelle del Vapor. Detrás, en el centro, el Hotel Vista Alegre.

Ocurrió  a las doce y cuarto de la noche del 9 de julio de 1929. Tenía que haber sido una noche más, pero el destino quiso que para el vapor Cádiz fuera la última. Estando atracado en el muelle del Vapor, su caldera explotó al quedarse sin agua. Tres embarcaciones pesqueras, además del vapor, se fueron a pique, ocasionando el estampido el repentino susto a más de medio Puerto así como graves desperfectos en los tablones y herraje del muelle y la muerte a Joaquín Cano Paz, Carichi, un popular vendedor de coquinas que en la Plaza de Abastos se buscaba la vida y que en el Cádiz acostumbraba pernoctar. Se recogieron trozos de maderas y cristales del vapor a más de 50 metros del muelle. En noviembre una grúa pontona extrajo los restos de la embarcación, costando la operación 3.000 pesetas.

El suceso lo reflejaron los Niños vestidos de corto en el Carnaval de 1930. Así decía  la copla de Joaquín Suano: “Cádiz de mis entrañas, vapor del Puerto, Dios lo tenga en la gloria al pobrecillo que se quedó muerto. Estábamos en el Parque con papá Suano, y venían los tablones, las planchas y los pasamanos. Los pasajeros que ahora se embarcan no se marean, ya no molesta el humo que echa la chimenea. Del mismo susto mamá Gatica se desmayó, se le retiró la leche y nos cría a biberón.

Más allá del funesto percance, la explosión del Cádiz conllevó el fin de un largo periodo y el comienzo de la saga de los Adriano. Después de 89 años surcando la bahía para cubrir ‘la carrera’ (como se llamaba, ya en el siglo XVIII, a la travesía entre El Puerto y Cádiz), los vapores de pasajeros dejaron de cumplir para siempre su tradicional función. Al Cádiz le tocó ser el último vapor. Todo comenzó a fines de 1840…

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El Real Fernando en dibujo de Antonio Fitz, 1819. Museo Naval de la Torre del Oro de Sevilla.

EL BETIS

El 12 de diciembre de 1840 el Ayuntamiento otorgó la primera concesión del ya denominado muelle del Vapor –en el mismo lugar que hoy- a la gaditana Sociedad de Retortillo (promovida por José María Retortillo Imbrech) para el embarque y desembarco de pasajeros y cargamentos de su vapor Betis; que llevaba tras de sí una destacada historia, pues fue, con el nombre de Real Fernando con el que fue bautizado, el primer barco de vapor abanderado en España.

Construido en Triana, en el astillero de Los Remedios, se botó el 30 de mayo de 1817 por la Compañía de Navegación del Guadalquivir  para cubrir la línea entre Sevilla, Sanlúcar y Cádiz. Su casco era de madera, achatado, de poco calado y revestido con planchas de cobre. La máquina, inglesa, impulsada por ruedas de paletas situadas en los costados le permitía navegar a 6 nudos. La chimenea se alzaba en la mitad del casco, y debajo estaba el compartimento de la maquinaria, aislado con una cámara rellena de serrín para disminuir el calor que desprendía la combustión del carbón. El flamante vapor costó 20.000 pesos.

vapores1_3_puertosantamariaAl paso de los años, el Real Fernando o el Fernandino, rebautizado como Betis, cambió las aguas del Guadalquivir por las del Guadalete. En ellas seguía en julio de 1843, cuando en él embarcó un ilustre pasajero: el español más conocido de su tiempo, el general Baldomero Espartero, que alcanzó la más alta instancia del Estado en mayo de 1841, cuando asumió la Regencia. Su gobierno, caracterizado por una decidida política progresista y un talante cesarista, le granjeó en los tres años que duró su mandato la enemistad de muchos. Sublevados al general algunos compañeros de armas (Narváez, Serrano…), comenzó la huida de Espartero hacia el sur…   /En la imagen de la izquierda el general Espartero retratado por José Casado de Alisal. Congreso de los Diputados.

La noche del 29 de julio de 1843, perseguido por una columna militar, entró, a caballo, en El Puerto, siendo aclamado por sus incondicionales en el Café Nuevo, en la calle Larga. Aquí pernoctó, en la casa de doña Manuela del Castillo (la misma en la que en octubre de 1823 se hospedó Fernando VII), y al amanecer, acompañado de sus más fieles seguidores (entre ellos, el alcalde, Francisco Nicolau), en el muelle del Vapor embarcó en el Betis para Cádiz, de donde partiría, en el navío Malabar, rumbo a su destierro en Inglaterra. Lo contó Pérez Galdós en el relato Bodas Reales (cap.V) de sus Episodios Nacionales: “Espartero llegó al Puerto de Santa María sin más ejército que su escolta, sus ayudantes y un grupo de fieles amigos […] Refugiados en el vapor Betis, firmó el Regente su protesta, último resuello de un poder expirante”.

LOS VAPORES DE LASERRA Y DEL CORRAL

vapor1_4_puertosantamariaEl Betis fue remplazado en marzo de 1844 por el Veloz, propio del vecino de Cádiz Rafael Laserra. Pero el negocio no prosperó –los altos impuestos del Ayuntamiento- y a los tres meses el vapor se fue a Sevilla. Lo sustituyeron en agosto del 45 dos vapores de Pedro del Corral, de fabricación inglesa, el Andaluz y el Infante Don Enrique. Éste llegó desde las rías gallegas, donde cubrió la línea La Coruña-Ferrol (la misma que casi un siglo después realizó el Adriano I antes de su arribo al Guadalquivir y a la bahía de Cádiz). En él embarcó, en noviembre de 1846, el autor de Los tres mosqueteros, Alejandro Dumas, de cuya travesía dejó constancia en su libro De París a Cádiz (1847). Ambos fueron sustituidos en 1848 por un tercer vapor del mismo empresario, el Nerea, que continuó haciendo las travesías durante dos años y para el que se construyó una casilla de despacho de los ‘boletines’ al lado del muelle, frente a la recién inaugurada Posada de Vista Alegre.  /En la imagen de la izquierda, Alejandro Dumas (1802-1870).

LOS AÑOS DE GONZÁLEZ DE PEREDO, 1847-1872

vapor1_5_puertosantamariaLa corta permanencia de estos primeros vapores cambió a raíz de la concesión del servicio que el Ayuntamiento le otorgó en junio de 1847 al santanderino, avecindado en Cádiz, Juan González de Peredo. Durante un cuarto de siglo, hasta 1872, sus dos vapores, el Hércules y el Relámpago prestaron la función de forma simultánea e ininterrumpida. Antes, por encontrarse en ruina, Peredo sufragó la construcción de un nuevo muelle a cambio de su uso exclusivo. Y en la calle Puerto Escondido instaló los almacenes y la fragua de su empresa, y enfrente (antes de que se ganara al río el espacio que en 1895 ocuparía el Parque Calderón) en 1854 levantó otro muelle. Este año, en agosto del 54, recaló en El Puerto otro escritor francés, Antoine de Latour, que hizo la travesía en uno de los vapores. Lo contó en su obra La Bahía de Cádiz: “...a cierta distancia de la desembocadura, se eleva el Puerto de Santa María, o, como lo denomina la gente, el Puerto. Se comunica con Cádiz mediante un servicio de vapores que hacen el trayecto varias veces al día, siguiendo el horario de las mareas. El único obstáculo que encuentran es la barra del río cuya movilidad es a veces peligrosa para las barcas pero que sólo constituye un obstáculo y retraso para los vapores. [...] El vapor, cargado de pasajeros hasta zozobrar no es suficiente para tal número de curiosos; [...] Como ya dije, del Puerto de Santa María se va a Cádiz en un vaporcito que hace la travesía en menos de una hora. Cuando el tiempo es bueno y el mar está en calma es un agradable paseo, sobre todo si algún guitarrista quiere amenizarlo con sus canciones.” /En la imagen de la izquierda, Antoine de Latour (1808-1881).

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Y proseguía contando en verso su experiencia de aquella jornada en el Hércules o el Relámpago cuando un joven ciego acompañado de una guitarra cantó algunos romances y coplas de tono picante de las que circulaban por la Baja Andalucía a mediados del XIX. Debió pagar Latour 5 reales si hizo el viaje en popa, o 3 rs. si ocupó la proa, que entonces eran los precios de los boletines.

LA FAMILIA MILLAN, 1872-1929

Recién disuelta la empresa de González de Peredo, el 28 de octubre de 1872 comenzó la que andados los años se convertiría en la etapa más prolongada -57 años continuados- de la historia de los vapores de pasajeros entre El Puerto y Cádiz, por obra del emprendedor y naviero gaditano Antonio Millán Carrasco, fundador de la ‘Línea de vapores Millán’. Primero solo y luego con sus cuatro hijos (Antonio, José María, Salvador y Federico M. Núñez, bajo la sigla comercial ‘Antonio Millán e Hijos’) conformó, desde sus oficinas de la gaditana calle Nueva esquina a San Juan de Dios, una amplia flota de vapores que empleó en distintas rutas: en la bahía, además de la indicada, de Cádiz a Puerto Real, a La Carraca y al Dique de la Trasatlántica; con destino a otros puertos andaluces: Algeciras, Gibraltar, Sanlúcar, Sevilla y Huelva; a otros puertos peninsulares por las rutas del Mediterráneo y del Cantábrico; a las plazas norteafricanas de Ceuta, Tánger, Larache, Mogador y Casablanca; y a las Canarias. Al fallecer el fundador hacia 1916, los hijos continuaron  su labor agrupados en la sociedad ‘Herederos de Antonio Millán’.

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La plaza de las Galeras desde el muelle del Vapor de Millán. La caseta a dos aguas de la derecha era un urinario público.

En 1891 se instaló en la margen izquierda del río, frente a la calle Valdés, un varadero-emparrillado para la reparación y limpieza de los vapores. Y en 1901, tras largos e infructuosos intentos siempre paralizados por la burocracia municipal, consiguió construir un nuevo muelle del Vapor (el que destrozó el Cádiz en 1929) que remplazó al viejo y destartalado que levantara Glez. Peredo en 1848.

Fue tradicional que la llegada de los vapores al Puerto se anunciara con dos pitadas, al pasar por la plaza de la Pescadería y al atracar al muelle. Y cuando partía a Cádiz, con tres sonoras pitadas, tal como lo continuaron haciendo -¿a que las oye todavía?- los Adriano.

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Que me conste, ocho fueron los vapores de la familia Millán que se emplearon en la línea Cádiz-El Puerto. No siendo posible aquí hacer una detallada historia de cada uno, me limitaré a apuntar la relación de los sucesivos vapores que se incorporaron a la travesía, no sin antes decir que en los primeros años, entre 1874 y 1879, la empresa de Antonio Millán tuvo la competencia de la llamada ‘Vapores del Puerto’, del gaditano Simplicio José Navarro –que había sido su socio-, quien puso en servicio el vapor Luisa, expresamente construido para cubrir la travesía y de la que fue patrón el portuense Andrés Montes.

DE EL PUERTO A CÁDIZ. 

El servicio entre El Puerto y Cádiz lo inauguró en octubre de 1872 el San Antonio, cubriéndolo hasta 1883. Ocupado luego en otras líneas en la bahía, continuaba activo en diciembre de 1902, cuando entró en el Guadalete remolcando una balandra cargada con maquinaria para la fábrica de cervezas de los hermanos Tosar de la calle Larga.

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Imagen propiedad del Centro Municipal de Patrimonio Histórico.

El Emilia (el nombre de la esposa de Millán) prestó la función, siendo su patrón el portuense Joaquín Gómez Roldán, entre 1883 y 1895, compartiendo los viajes a partir de 1888 con el Puerto de Santa María, que continuó hasta 1921, cuando dejó de surcar la bahía transportando pasajeros para reconvertirse en una gasolinera mercante.

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El Vapor Cádiz. /Foto: Archivo Luis Suárez Ávila.

En 1895 se incorporó a la flota el Cádiz, acaso el más emblemático de los vapores de los Millán, el del trágico fin en el verano del 29. (Un año antes sucedió en él otro suceso: al acceder al vapor su patrón, Antonio Bruzón, resbaló, se dio un golpe en el vértice de la cabeza y pereció ahogado. El cadáver se recuperó a los tres días, frente a Luja.) El Cádiz se botó en el gaditano astillero de Vea-Murguía el 6 de marzo de 1894, por iniciativa del naviero gaditano Modesto Martínez Escauriaza, pero no pasó a manos de Antonio Millán, por compra al extractor de vinos jerezano Ricardo Ivison, hasta abril del 45. Tenía 30 metros de eslora, 5 de manga y 2 de puntal, desplazando 183 toneladas con motores de 200 caballos. Fue diseñado por la empresa londinense ‘Novelli y Cía’. Al principio tenía capacidad para 210 pasajeros: 150 en dos cámaras (de primera en popa y de segunda a proa) con dobles hileras de bancos, y 60 bajo una toldilla central con bancos corridos. En 1917 fue reformado íntegramente, pasando a tener cabida para 320 (el Adriano III, con 5 metros menos de eslora, podían ocuparlo 200 pasajeros).

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 A bordo del Vapor Cádiz. /Foto: Archivo Luis Suárez Ávila.

vapores_anuncio_1903_puertosantamariaEn marzo de 1901 comenzó a navegar el Puerto Real, también construido en el astillero de Vea-Murguía y con diseño basado en el Cádiz, aunque algo menor: 27 metros de eslora, 5 de manga y 1’88 de puntal, desplazando 100 toneladas. Tenía la particularidad de que los interiores de las cámaras se decoraron con motivos árabes. Muy bonito, sí, pero sus prestaciones dejaron mucho que desear, originando frecuentes quejas de los viajeros, especialmente por su limitada y desesperante velocidad. Al año de botarse, en abril de 1902 se incorporó a la travesía el Mercedes (el nombre de una hija de Millán), hasta entonces dedicado a la línea  Algeciras-Gibraltar, que al contrario que el Puerto Real, por su comodidad y rapidez contó con el beneplácito de los viajeros. Ambos dejaron de hacer la travesía ya mediado los años 10. /En la ilustración de la izquierda, anuncio del Vapor en la Revista Portuense, año 1903.

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El vapor Cádiz. /Foto: Colección Miguel Sánchez Lobato.

En 1914 se sumó a la flota el Violeta, que no era un vapor, sino un barco con motor de explosión alimentado con gasolina, aunque, por la tradición acumulada, se le continuó llamando vapor, como continuaría ocurriendo hasta nuestros días con las motonaves de los Adriano. Aún cubría la travesía en el verano de 1926, al tiempo que las compartía con el Cádiz y, sólo en ocasiones puntuales en la década de los 10, especialmente cuando en el coso portuense se celebraban corridas de toros, con el Cristina.

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El Cádiz, el último vapor. /Colección Manuel Pacheco Albalate.

Tradicionales fueron aquellos auténticos DÍAS de toros de antaño, cuando la bahía se poblaba de todo tipo de embarcaciones para asistir a los espectáculos. En ocasiones, los vapores –por ejemplo el Infante Don Enrique en 1846- remontaban el río –ay, Guadalete- hasta el embarcadero de El Portal para recoger a los aficionados jerezanos, al igual que lo hacían con los isleños en el puente Suazo.

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A bordo del Cádiz con sombrero jipi japa. /Foto Colección Miguel Sánchez Lobato.

Larga historia la de los vapores de pasajeros entre Cádiz y El Puerto, como después fue la de los Adriano, pero no tan dilatada como la de los legendarios ‘barcos del pasaje’, la de los faluchos que cubrieron la carrera antes de los vapores. De ellos escribiré en una próxima entrega. /Texto: Enrique Pérez Fernández. 

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La pastelería y obrador de pasteles y pan ‘Karpatos’ abrió el sábado 26 de octubre. La iniciativa es de Los hermanos Joana y Pablo Nowak, nacidos en Polonia y que han traído hasta El Puerto algunas especialidades de esta país con alternan con las locales. Ella se encarga de atender al público y el, pastelero profesional, un oficio que aprendió en su Polonia nata.

Es un pequeño establecimiento de estilo funcional situado en la zona de La Belleza, al principio de la carretera de Sanlúcar, en la calle Luis Suárez Rodríguez. Cuentan con obrador propio en el que hacen dulces y pastas.  La oferta se centra en dulces tal como los hacían en Polonia. Así tienen hojaldres rellenos con natillas o también con crema. Cuentan con dulces de bizcocho con una original crema de queso fresco y nata y cubiertos con melocotón. Otros llevan cremas y cobertura de chocolate. Realizan un dulce típico en Polonia y que se llama paczki que recuerdan a la masa de los donuts. Por dentro van rellenos de mermelada. Hacen una adaptación del macarrons francés, también merengues y pastas de nueces, una fórmula polaca. Los precios están entre el euro y el euro cincuenta la unidad.

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EL PAN POLACO Y EL PAN NACIONAL.

En un sector en el cada día hay más pan que viene ya hecho y tan sólo se calienta en el punto de venta, la puesta en marcha de un nuevo obrador de panadería artesanal es una buena noticia. La pastelería Karpatos ha puesto en marcha desde el pasado noviembre un obrador de panadería en el que elabora las piezas que venden en el propio despacho. La masa la elaboran ellos mismos y es el  maestro pastelero de la casa Pablo Nowak el que se ocupa de hornearlo.

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A diario elaboran barras tanto de estilo andaluz como de estilo gallego como piezas, también de este último tipo y molletes. Asimismo se pueden encontrar pan payés y pan alemán. Este último, que se hace con cobertura de cereales, se elabora los martes, jueves y sábados, aunque se vende todos los días ya que se mantiene más días en perfectas condiciones.

La idea de Karpatos es ampliar también la oferta a panes realizados con avena. Joana Nowak destaca que se trata de un pan artesano y que realizan cada día, incluidos los domingos. Además cuentan también, además de los dulces, con bollería como bollos de leche o un pan de leche, un bizcocho de grandes dimensiones ques se hace con una masa parecida al brioche.

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En dulces recomendamos el paczki relleno de mermelada, el hojaldre relleno de natillas, la tarta del chef  (hojaldre relleno de crema) y el dulce de queso fresco con melocotón. /Texto: Pepe Monforte.

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dionisiogomezcarvajal_casa_puertosantamariaDomingo López de Carvajal vivió y murió en El Puerto, aunque nace en el pueblo gallego de Santa María de Duancos en 1697, emigra tras la muerte de su padre a México, regresando a finales de la década de los 30, para establecerse en nuestra ciudad, donde desarrolló su actividad comercial como Cargador a Indias.

Ya en El Puerto se casó con Margarita Carrión Benavides, perteneciente a una familia de la nobleza media urbana de caballeros de hábito. Domingo López asciende socialmente y solicita la hidalguía. Pasó la mayor parte de su vida en El Puerto, donde es recibido como 'hijodalgo' por el Cabildo local. En cuanto a su residencia en nuestra ciudad ocupó la casa que se encuentra junto al actual instituto de Santo Domingo, donde hasta hace poco se ubicaban unas oficinas del Área de Bienestar Social del Ayuntamiento. Perteneció a la alta burguesía de negocios, constituida por cargadores a Indias, aunque de una manera peculiar pues se interesa en la inversión en propiedades inmobiliarias y bienes muebles, siendo propietario en El Puerto de un buen número de fincas. /En la imagen, casa blasonada de Domingo López de Carvajal, en la calle Santo Domingo, donde en el siglo XX estuvo la Academia de Bellas Artes, los Juzgados y el Área de Bienestar Social.

Aunque su actividad comercial apenas ha sido investigada, el profesor Juan José Iglesias dice de él que "estaría entre los tres únicos cargadores que superan o igualan la cantidad de 100.000 reales", comparándolo con Diego Vizarrón. De la documentación consultada no parece que Domingo López fuese naviero además de cargador, más bien tienden a corroborar que cargó las mercancías en barcos que no eran de su propiedad.

domingolopezcarvajal_expediente_puertosantamariaFUNDACIÓN DE ALGAR.

López de Carvajal, vizconde de Carrión y marqués de Atalaya Bermeja funda en 1773 la villa de Algar con el nombre de Santa María de Guadalupe. Dicho noble adquirió las tierras al Ayuntamiento de Jerez por 155.000 ducados. Se dice que lo hizo para cumplir una promesa al naufragar durante un viaje desde México a España. La donación se establecía con arreglo al reparto de 25 fanegas de tierra, una yunta de vacas y casa para cada uno de los 90 pobres de solemnidad reclutados entre las poblaciones de Bornos, Ubrique, Benaocaz y Villaluenga del Rosario. Los favorecidos habrían de abonarle al fundador la octava parte del producto anual, incluyendo ganado, y sembrar la mitad cada año. Algar significa cueva en árabe, y es posible que ello derive de las muchas que existen en su dominio. El pueblo de Algar mantiene una relación especial con el virreinato, ya que ostenta el patronato, único en España, de la Virgen de Guadalupe de México. /En la imagen, portadilla de su expediente de nobleza que se conserva en el Archivo Histórico Municipal.

Aunque la leyenda relaciona la creación de Algar con una promesa realizada por su fundador a la Virgen de Guadalupe, lo cierto es que la iniciativa de López de Carvajal coincidió con la política de colonización y explotación de nuevas tierras, emprendida por la administración.

Sea como fuere, decidido López de Carvajal a establecer una nueva población, compró en 1757 las dehesas de Algar y Mesa de Sotogordo al Concejo de Jerez. Poco después, en 1766, solicitó permiso al gobierno para instalar a 90 colonos con sus familias. El proyecto, que contemplaba la cesión de una casa y un lote de tierra a cada colono -que debería entregar a cambio una octava parte de la cosecha-, fue aprobado por Real Provisión de 13 de octubre de 1773.

virgenguadalupe_puertosantamariaEl nombre está compuesto del artículo 'al' y el lexema 'gar' que significa concavidad o cueva en árabe. Este sustantivo puede deberse a la cantidad de cuevas que existen en sus proximidades. En Algar, el proyecto de López de Carvajal fue haciéndose realidad, siendo completado por sus sucesores, que dotaron al pueblo de casas capitulares, pósito, cárcel, carnicería y posada. Desde un primer momento, sus habitantes se dedicaron a tareas agrícolas y ganaderas, actividades que se combinan en la actualidad con otros sectores económicos como la industria de la piel, el trabajo de la madera y las cooperativas agrícolas y ganaderas. Fue artífice también de la fundación del municipio gallego de Castro de Rei, en 1776.

VIRGEN DE GUADALUPE.

López Carvajal dejó la impronta de su viaje a México fundando Algar y extendiendo en la ciudadanía portuense su admiración por la Virgen de Guadalupe azteca. De muestra, las representaciones guadalupanas de los conventos de las Concepcionistas o Capuchinas o los desaparecidos Monasterio de San Miguel Arcángel o de las Madres Agustinas. Octogenario, vital y perseverante, fallece en El Puerto un hombre que se debatió entre sus universos mentales y materiales, dejando a medias el sueño por cumplir, la consolidación del municipio de Algar, buen ejemplo de la aportación portuense al entorno más cercano. /Texto: Enrique Bartolomé.

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Foto en el hall de entrada del Colegio La Salle. Fila superior, de derecha a izquierda, Hermano Francisco, Manuel Vargas Dodero, presidente de la Asociación de Padres de Alumnos, Hermano Manuel en el siglo Hermano Salvador Juan quien fue director del Centro, Miguel Castro Merello alcalde de la Ciudad de El Puerto a finales de los cincuenta del siglo pasado, Hermano desconocido, el Hermano Fernando, el Hermano Miguel y Hermano desconocido.

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Sentados, de izquierda a derecha, Isabel Terry Merello, Hermano Visitador, Isabel Merello, Viuda de Terry, Ignacio Osborne Vázquez, conde de Osborne, Hermano Ignacio Javier fundador del Centro, el Hermano Fulgencio de Andrés, primer director y hermano desconocido.

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Imagen reciente de Guillermo Romero, en su domicilio de 'El Aguila' tomada hace escasamente un par de meses. /Foto: Manolo Morillo.

Guillermo Romero Rivas nacía en el número 9 de la calle Vicario, en la Pensión Bartolo propiedad de su padre el 1 de octubre de 1933 y nos dejaba el día de Nochebuena del 24 de diciembre de 2013 a la edad de 80 años. Hijo de Bartolomé Romero y Josefa Rivas era el octavo vástago de los 11 hermanos que formaban la numerosísima familia, propietaria también del Bar ‘La Bombilla’, en La Placilla.

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 En la fotografía, de izquierda a derecha: Pepe Arjona, Manolo, Joaquín Camacho, Agustín Fernández, Juan Garcelá, José Antonio Lojo, Manolo García (padre de Manolo García Campos, equipado con un gigantesco silbato de árbitro), Guillermo Romero Rivas, Antonio Gil González. Agachados, Manuel Jarque ‘Chicharito’, (ver nótula 262 en GdP) Fernandito Arjona (ver nótula 1.342 en GdP), Carlos Quiñonero Anguiano, Carlos Quevedo Janina, Juan Muñoz Aparicio, Paco Gey Salazar con banderín y Luis Muñoz Cuenca, ayudante de ‘Chicharito’. En el Campo Eduardo Dato, Pepe Morillo (ver nótula núm. 336 en GdP) aparece con un traje oscuro, delante del equipo tras sufrir un infarto relativamente joven, recibió un homenaje de sus compañeros de trabajo de la Caja de Ahorros de Cádiz y amigos. Década de 1960.

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De pie, de izquierda a derecha, José Arjona González, Juan Muñoz Aparicio, María Isabel Morató Payares, Guillermo Romero Rivas, Francisco Bollullos García, Manuel García Sánchez y Jesús Ruiz. Agachado, José Joaquín Camacho, fallecido el pasado 23 de septiembre,  y Antonio Gil González.

Este empleado que fue de la Caja de Ahorros de Cádiz, luego Unicaja, cofundador de la hermandad del Dolor y Sacrificio –formó parte del turno de los cojinetes bajo las Andas de María Santísima del Dolor--, promotor incansable del deporte infantil y juvenil en La Salle era, fundamentalmente, un hombre bueno.

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De izquierda a derecha, Rafael Tejero Gordillo padre del fotógrafo José Antonio Tejero, Miguel Torres (de Puerto Real, quien tenía una escuelita en Valdelagrana), Manuel Colorado Lanzarote portero que fue del Victoria y abuelo de Pinto, actual portero de Barcelona (nótula 1.032 en GdP);Francisco Gómez Ortega, ‘Pacoli’ de la Peña Los Majaras (ver nótula núm. 1.067 en GdP); José Rivera Velázquez, capataz de bodegas Domecq; Guillermo Romero Rivas, empleado de la Caja de Ahorros de Cádiz; Jesús Rodríguez Neto, en representación del Colegio de Árbitros y padre de Vicente Rodríguez Giménez de Sucesores de Ángel Martínez (ver nótula núm. 236 en GdP); Higinio Obregón Agudo, portero que fue del Racing Club Portuense y empleado de la Caja de Ahorros de Cádiz. Agachados, Rafael García Carreto ‘Rafalín’ y Ricardo Palacios Mena, ex jugador del Racing Club Portuense. /Año 1974.

Estaba casado con Lolita Nimo Muñoz, a quién conoció el 14 de diciembre de 1954 en el ensayo de la obra de teatro ‘El Rey Negro’ de Muñoz Seca, representada por un grupo de aficionados al Teatro de El Puerto. Se casaron el 14 de abril de 1961 y tuvo y deja una buena descendencia: 5 hijos, Ramón, Yolanda, Macarena, Begoña, Silvia y 13 nietos. Vivió en la calle Cielos y durante las últimas décadas en la Urbanización ‘El Águila’.

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En la imagen posando hace 45 años, en el centro de la imagen, antes de la comida de la Caja de Ahorros de Cádiz, en el desaparecido Hotel Fuenterrabía. Aparecen delante,  Pepe del Amo, Fernando Arjona Cía, Juan Sepúlveda, Desconocida, y tres desconocidos. En la segunda fila, Pepe Morillo, desconocido, Fernando Arjona González, Carlos Quevedo Janina auditor interno de la antigua Caja de Ahorros de Cádiz, José Luis González-Tánago y Barrera, Desconocido. Tercera fila, Tres desconocidos, Guillermo Romero Rivas, Agustina Pérez, desconocido, Daniel. Moreno, auditor interno Fila superior, Desconocido, Paco Manzano Ortega, Bernardo Ramis, Pepe Arjona, José Antonio Lojo, Desconocido. 26 de junio de 1968.

Ingresó en la Caja de Ahorros de Cádiz, cuando era Agencia y estaba regentada por Fernando Arjona y Cía, como botones a la edad de 16 años, en 1949, prejubilándose como Jefe de 4ª ya en Unicaja a la edad de 62 años el 25 de enero de 1998. Fue director de la Urbana 1, en la Plaza de Colón, donde hoy se encuentran las oficinas de Mapfre. Está en posesión de sendas medallas de Unicaja: la de los 25 y 35 años, siendo presidentes Carlos Bernal y José Ramón del Río, respectivamente, de la entidad bancaria.

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Guillermo, entre Pepe Morillo y el que fuera Jefe de Zona de Unicaja, Fernando Álvarez, cuyo primer destino profesional en Unicaja lo tuvo en El Puerto.

En la Hermandad del Dolor y Sacrificio que ayudó fundar llevaba el Secretariado de Caridad Social. Perteneció a la Junta de Gobierno en diversos mandatos: 1961, 1964, 1996 y 2002. Fue impulsor de la Operación Clavel, de la Campaña de Reyes, de las fiestas que se organizaban para los niños de Apadeni, y siempre estaba junto a los mas necesitados y trabajando por su hermandad. Todos recuerdan la venta de escalones de la Casa del Dolor de la calle Palacios, que si por él hubiera sido, la escalera hubiera llegado al Cielo, del entusiasmo y empuje que le ponía, comprometiendo a amigos y conocidos a “comprarle un escalón”.

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En la entrega a Antonio Marfil de lo recaudado por la Hermandad del Dolor en la III Gala a Beneficio de Apadeni, en presencia del Presidente del Consejo Local de Hermandades y Cofradías, a la sazón, Adolfo Ortega. Año 1996

Precisamente, cuando iba a ingresar en el hospital del que ya no saldría con vida, pidió a su médico que en lugar de hacerlo un viernes, lo pospusieran para el lunes, dado que estaba pendiente de unos asuntos del Belén de la hermandad. En su última cuestación, llegó a vender 50 talonarios de participaciones, siendo incansable hasta el final en buscar apoyos económicos para la entidad religiosa.

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Despedida a cuatro buenos trabajadores de la Caja de Ahorros de Cádiz, Unicaja, Federido, María Luisa, Guillermo Romero y Juan Muñoz (ver nótula núm. 945 en GdP). Año 1998.

Como recuerdan en el Dolor y Sacrificio: “En nuestra hermandad siempre le recordaremos como un niño grande, contándonos mil y una batallitas de su juventud, haciéndonos reir, pero también enseñándonos a trabajar por los demás; porque Guillermo no solo fue una persona muy activa, sino que tenía un gran don de gentes, ofreciéndose siempre el primero para lo que fuera, pero sabiendo arrastrar a todos sus amigos y conocidos para echar una mano en ayudar al prójimo. En su labor siempre ponía a nuestros Santísimos Titulares y al nombre de la hermandad por delante y junto a Ellos, supo llegar a los corazones de todas las personas con quienes trataba”.

La misa por el eterno descanso de su alma se oficiará el próximo viernes día 3 de enero de 2014, a las 20:00 horas en la Parroquia de La Palma.

La sede de la Concejalía de Turismo de El Puerto, ubicada en el Palacio de Araníbar, junto al castillo de San Marcos, acoge un nacimiento impulsado por la asociación de discapacitados físicos La Gaviota. El belén es muy especial, ya que ha sido realizado íntegramente con 'clicks' de Playmobil y piezas de esta línea de juguetes con los que han jugado miles de niños desde los años 70.

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José Miguel Merchante, delante de su obra. 

El artífice del montaje es un profesor portuense, José Miguel Merchante, colaborador de la asociación La Gaviota. Hace ahora dos años su hermana le regaló un pequeño nacimiento de esta marca de juguetes y tras instalarlo en su casa el año pasado, aderezado con otras piezas conseguidas de aquí y de allá, se le ocurrió la idea de montar un gran belén que ahora verá la luz con esta iniciativa.

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Un momento de la inauguración del Nacimiento.

La gracia de este nacimiento no está en la cantidad de piezas que se han utilizado, ni en los metros cuadrados que ocupa -aunque para su montaje se ha necesitado una sala completa del Palacio Araníbar- sino el detalle con el que se han recreado las nueve escenas que lo componen, con las figuras de los clicks que han sido desmontadas una a una para desechar todo lo que pudiera recordar a su aspecto más contemporáneo y customizando los muñecos hasta evocar las escenas más propias de los nacimientos clásicos.

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Un detalle del nacimiento de mas de 9 metros de la marca alemana de Playmobil.

Así, al belén no le faltan escenarios como el mar, un acantilado y una playa, el desierto, el portal de Belén, el campo, una calzada de romana, un mercado y el circo romano. Para el mercado, por ejemplo, se han instalado une veintena de puestos en los que se venden productos típicos de la época de muy pequeño tamaño, que han tenido que ser cuidadosamente pegados y dispuestos. Las piezas, como es lógico, han salido de diversas procedencias. Muchas de ellas José Miguel las ha comprado por E-bay y otras las ha comprado al peso a familias con hijos ya mayores que no sabían qué hacer con ellas.

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Cuando la visita se acaba se puede colaborar con lo que se quiera depositando el dinero en una hucha o comprando algún número para la rifa en la tómbola que aparece en la imagen, donde pueden tocar diferentes premios. 

José Miguel es profesor de Tecnología en el colegio portuense Las Carmelitas y lleva trabajando en este proyecto desde el pasado verano. Para ello ha contado con la ayuda de Ramiro Cerezo, compañero y director de Primaria en el centro educativo, que se ha encargado de las necesarias labores de carpintería. Para ambientar por ejemplo el oasis José Miguel ha 'tuneado' la isla pirata de Playmobil, recuperando las palmeras y modificando parte de las piezas. "Es un belén vivo y esperamos que los niños y sus familias disfruten mucho con él", dice José Miguel.

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Una pancarta invita a los paseantes de la plaza del Castillo a visitar el Nacimiento instalado en la Oficina de Turismo.

Cada una de las planchas que componen el belén se han trazado primero cuidadosamente sobre el papel y después se han montado pieza a pieza, mimando los detalles de cada escena. El sábado por la mañana se terminaban de ensamblar los diferentes pasajes ya sobre el terreno, en el Palacio de Araníbar,  y hasta el próximo 4 de enero se podrá visitar este particular nacimiento. El horario de visitas será de 17:30 a 20:30 de lunes a viernes y los fines de semana también en horario de mañana, de 12:00 a 14:00 horas. Cerrará únicamente los días 24 y 31 de diciembre y los días 25 de diciembre y 1 de enero solo abrirá por la tarde. La entrada será gratuita y como la finalidad es solidaria se instalará una tómbola con regalos que han sido donados por diferentes empresas de El Puerto.

Si la iniciativa tiene éxito José Miguel ya piensa en repetir el año que viene y tiene proyectos como el de añadir al paisaje un campo de girasoles y algunos animales como elefantes y parihuelas para los Reyes Magos. /Texto: Teresa Almendros.

mikelgilcamacho_puertosantamariaMiguel Ángel Gil Camacho --MikeL-- es un portuense nacido en San Sebastián pero que vive con nosotros desde los seis años, y ya tiene 36. Estudió Arquitectura Técnica y lleva ejerciendo esa profesión desde los 25.

El año de su nacimiento, 1977, Rafael Alberti regresaba a España y resultaba elegido diputado al Congreso por el Partido Comunista. Paco Custodio inauguraba el restaurante ‘Los Portales’, en la Ribera del Marisco. José Luis Tejada publicaba el libro de poemas ‘Prosa Española’ dedicado a la Guerra Civil. Abría la tienda de trajes de ceremonia y complementos ‘Sollero’ en la calle Larga. Nacía Indra Castillo Sancho, carpintero de ribera y tripulante de la réplica ‘Nao Victoria’. El pintor de origen porteño, José Manuel Merello, iniciaba su etapa surrealista. Fallecían el ingeniero Juan Gavala Laborde y el pintor Enrique Ochoa.

Mikel siempre ha sido una persona inquieta, que no nerviosa, definiéndose como un ‘vago inquieto’. Desde pequeño le ha gustado el mundo audiovisual y la música, siempre influenciado por su hermano mayor Toni quien, durante muchos años, ha sido una referencia fundamental para él. Desde que se diplomó, estuvo volcado en su trabajo como técnico pero, un gran cambio se produjo en un determinado momento de su vida.

En 2007 empezó a colaborar con otros portuenses de nacimiento y de adopción (Tali Carreto y Jesús y Cesar Guisado) en la organización de un festival de música independiente, el ya consolidado Monkey Week Festival, lo que le hizo tomar la decisión de creer en lo que uno sueña. Lo que le permitió ganar un concurso de anuncios de un año sin hipoteca con la promoción de la leche Pascual.

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PRODUCCIONES VARADAS.

Fundó, junto a Sergio Ceballos, la productora audiovisual  PRODUCCIONES VARADAS, con el que se ha realizado cortos de gran relevancia como el ya famoso “Hablando en plata” y los premiados ‘Cortando la Rutina’ y Pachtwork’ , entre otros. Ahora se lanza a la piscina junto a otros socios entusiastas en la organización en el I Festival de Cortos ‘Shorty Week’, a celebrar en la  tercera semana de enero de 2014. (Ver nótula núm. 1.928 en Gente del Puerto).

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Afirma: «Soy un apasionado de la creación, me identifico con la frase “Hay que crear, si no creo no existo”. Mi condición de pesado creativo hace que lance e inicie muchas ideas en Producciones Varadas; es entonces cuando Sergio me baja de la nube y me ayuda a moldearlas y desarrollarlas. Me gusta estar en todo el proceso, desde el germen hasta el montaje, siendo meticuloso siempre con el resultado. No puedo dejar de realizar otras actividades, por lo que estoy embarcado en el lanzamiento de dos juegos de mesa (rinGames y MEMM) y la creación de un nuevo grupo de música».

JUEGOS DE MESA.

Paralemente a todo ello, se ha lanzado de lleno en otro ilusionante proyecto: un nuevo sistema de juegos de mesa llamado “rinGames”: Ringames Words y Ringame Colors. El concepto de rinGames no es simplemente un juego de mesa circular en el que se ponen fichas con letras o colores y se mueven anillas para combinarlas; es mucho más que eso, que estuvo presente en la Expo Games Birmingham 2013 (Reino Unido) celebrada en mayo pasado. Más información del juego, reglas y demás en: www.ringames.es

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Los juegos ringWords y ringColors.

RinGames es un sistema de juego innovador compuesto por anillas transparentes concéntricas con movimiento circular y un base fija sólida con bandas de colores. Estos elementos crean un conjunto limitado físicamente, pero ilimitado en el momento de crear diferentes combinaciones de letras, colores, números, figuras, iconos, símbolos y un sin fin de elementos que abre un universo de posibilidades para el entretenimiento.

Se puede decir que rinGames es un nuevo estilo de juego de mesa. Un sistema en el que apenas se requiere modificación en el tablero porque cada movimiento de la anilla crea un nuevo espacio de posibilidades, haciendo que el tablero se sienta vivo cada vez que un jugador gira. Un espacio visualmente atractivo y que agudiza el ingenio, la rapidez mental y la visión espacial.

Un video de RingWord. 

Como afirma el propio Mikel: «La versión de colores no está tan pulida como la de letras, pero tiene un sistema mucho más sencillo. Consta en girar las anillas para combinar el mayor número del mismo color (que te toque en un dado) en una misma banda (con un mínimo de 3 fichas del mismo color).  Pero como aposté fuerte en la versión WORDS, la versión COLORS encajaba, por su potencial, para un desarrollo App, por lo que contacté con una empresa de jóvenes desarrolladores granadinos (Everyware Technologies) y, junto con un joven dibujante portuense (Juan Carlos Arniz), estamos creando una historia alrededor del juego».

En otra ocasión les hablaremos de su último invento lúdico: el juego de mesa ‘Memm’, nacido inicialmente como un dominó jugable en en 3D y 6 caras, pero que ha evolucionado hacia algo totalmente diferente. Se ha alzado con el sexto puesto del I Concurso de Ideas de la casa juguetera DISET.

El Niño Jesús dormita en Doñana. ‘Diario de Sevilla' periódico del Grupo Joly, inauguraba el 6 de diciembre su Nacimiento popular, ambientado en la cultura rociera y la ermita de la Blanca Paloma, obra del taller porteño Sucesores de Angel Martínez.

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Vicente Rodríguez, terminando la decoración del Nacimiento rociero.

En su camino por la Raya Real, los peregrinos cantan ataviados con zambombas y panderetas al Niño Jesús, dormido en su pesebre envuelto en un batón de cristianar y ante la atenta mirada de la Virgen del Rocío vestida de Pastora. Esta peculiar escena protagoniza el Nacimiento que se inauguraba en Sevilla, en la sede de Diario de Sevilla, un belén popular compuesto por imágenes del fallecido artesano de El Puerto de Santa María Ángel Martínez, cedidas por Gonzalo Madariaga, y por figuras creadas expresamente para la ocasión por el taller Sucesores de Ángel Martínez.

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"Este año 2013 hemos querido rendir un pequeño homenaje a la Hermandad del Rocío de Triana con motivo del 200 aniversario de su fundación, de ahí la idea de ambientar el nacimiento en la aldea y el entorno de Doñana", explica Vicente Rodríguez, administrador de Sucesores de Ángel Martínez, entidad creada en el año 2000 por los herederos del artesano y el propio Vicente Rodríguez, con el propósito de continuar con la labor de Martínez, que se caracteriza por la cantidad de detalles, sobre todo de la vida cotidiana.

En el belén se pueden apreciar tres planos bien diferenciados. El primero, con figuras de 24 centímetros, destacan dos tradicionales escenas navideñas: la anunciación de los pastores y la natividad, donde destaca una Virgen del Rocío con galas de Pastora. "Son piezas populares, no hebreas. No se trata de un nacimiento histórico", admite Vicente Rodríguez.

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En un segundo plano, con figuras de la talla 16, destacan la caravana de los Reyes Magos y una serie de carretas rocieras y peregrinos que, tras visitar el Misterio, se dirigen hacia la ermita - situada en un tercer plano-, que se vislumbra en la lejanía junto a las casas de la aldea y elementos naturales propio de Doñana, como el arroyo de la Rociana y pinares. "Los coheteros, tamborileros, bueyes, caballos, mulas. Todas estas figuras tienen cabida en este belén", señala el administrador de Sucesores de Ángel Martínez, cuyas figuras también pueden verse y adquirirse en la actual Feria del Belén, concretamente en el puesto de la Antigua Cerería del Salvador sevillana. "Lo difícil ha sido combinar tantos elementos anacrónicos dentro de un nacimiento popular".

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Tampoco faltan los alcornoques y un árbol pajarera, propio de Doñana, poblado de numerosas aves, como cigüeñas y garzas reales.

Para la recreación de las montañas se ha utilizado el tradicional corcho de alcornoque, mientras que la cascada situada junto a la anunciación está hecha a base de corcho barnizo, según el propio Vicente Rodríguez. Este año destaca también la instalación de cuatro ciclos de iluminación y diversos efectos especiales, "como el de una olla con agua hirviendo, niebla real y estrellas que oscilan".

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Detrás de este nacimiento hay más de un mes de trabajo exclusivo en el taller que Sucesores de Ángel Martínez tiene en El Puerto de Santa María (Cádiz), además de los 10 días necesarios para su montaje, en el que han participado cuatro personas, junto con la colaboración de la Hermandad del Rocío de Triana, que, un año más, estará presente con el fin de recaudar fondos para la financiación de sus proyectos sociales. /Texto: Cristina Díaz. Fotos: Juan Carlos Muñoz.

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mercado_capilla_concepcion_puertosantamariaCuando llega la festividad de la Inmaculada Concepción, siempre me retrotraigo a mi adolescencia. Y es que   por el año setenta y uno, un buen día, aparecieron por la tienda, unos hombres --no se bien si eran gente del mercado, o  algún delegado de Fiestas del ayuntamiento-- para anunciarles a mis padres, que se iba a realizar la Fiesta del Mercado. /A la izquierda capilla del Mercado.

Imagino, que le pedirían su colaboración, como al resto de los  comerciantes de la Placilla.. Ese primer año, estuvo muy simpático, los carniceros, disfrazaron a algunos cochinitos y pollos, y adornaron sus puestos con mucho ingenio, así como algunos pescaderos hicieron lo propio, con el pescado. Los fruteros, expusieron  la fruta  de la mejor calidad, con un  gusto y el primor  que fue encomiable. Ese año  supongo que fue más concurrida  la celebración, de  la Santa Misa,  en la Capilla de la Inmaculada, sita en la Plaza de Abastos. Lo digo, porque la novedad de la celebración,  había sido bien acogida entre el gremio, y  se veía buena disposición en que  fuera una fiesta cuanto menos simpática.

Todo marchaba positivamente, las visitas a la Plaza de Abastos fueron muy concurridas, así que para mi opinión fue un éxito. Yo tenía mucha ilusión, porque  la fiesta continuaba por la noche, en plena Placilla, traían a un Conjunto --una Banda-- y habría  por vez primera la elección de Miss Mercado. ¡Ay, que nervios por Dios!, ¿quien se presentaría?  No tenía ni idea, pues al estar todavía en el colegio, no conocía  a  la mayoría de los comerciantes de la Plaza de Abastos, solo a los más cercanos a  nuestra familia y a nuestra tienda.

dolorescairon_1971_missmercado_puertosantamariaHabían colocado un tablao, justo delante, de la Pitilla --actual tienda de lanas y flores, que tan amablemente atienden los hijos de Nena: Mari y Dani--. A la hora convenida, apareció la autoridad, y mira por donde la Placilla, empezó a llenarse de gente. Estaba  atacada, pero no de frío, sino de  tontería, porque el pavo, aunque daba sus últimos coletazos,  no terminaba de irse, ¡que le íbamos a hacer!. fin  se procedió a la elección, una de las chicas claramente no quería presentarse, su padre, poco menos que la empujaba a subir  al tablao, o eso me pareció, la pobre lo tuvo que pasar fatal. Como siempre, aparecieron algunos enteradillos guasones,  que gritaban  que a la que ganara le regalarían una lavadora o algo así. Que monos, y simpáticos  ¿verdad?  Está muy claro, que metepatas hay en todas partes, pero… dejémoslo que le vamos a hacer; estos, ya  ni pavo siquiera,  solo serrín en la sesera y un poquito de malaje. / A la izquierda, Dolores Cairón García, Miss Mercado 1971.

Por fin hicieron la elección, y la verdad es que las chicas estaban muy lindas. Aquel primer año, Mis Mercado fue Dolores Cairón García --hija de Pedro Ventura--, una dama fue la hija de Tobalo... La fiesta naturalmente seguía, con el grupo de músicos,  amenizando la noche, y dando alegría a todos cuantos allí estábamos reunidos. La fiesta terminó, con los  premiados luciendo el diploma acreditativo y  no sé, si una compensación de nuestro Ayuntamiento, pero sobre todo dejando un buen sabor de boca, y  miras de una continuidad en esta entrañable celebración.

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De izquierda a derecha, con el micrófono, Antonio Romero Castro, Jefe de Negociado de Fiestas del Ayuntamiento, Miss Simpatía, Mariana, hija de Luchi Ganaza y nieta de Tete Ganaza; Miss Mercado, Dolores Moreno Figueras –esposa de ‘Lele el Pescaero’–, Manuel García funcionario municipal padre de Manolo García Campos, Carlos ‘Carlangas’ pescadero, asoma la cabeza el concejal Juan Ponce, la siguiente Miss, de la que no conseguimos leer su distinción, es hermana de Antonio e hija de Angelito, quien tenía la frutería junto a la Carnicería Centro, en la calle Ganado y Calzados Ramírez, y Pedro Osborne Domecq. Fiesta del Mercado, el día de la Inmaculada, 8 de diciembre de 1972. /Foto: Rafa. Archivo Municipal.

El siguiente año,  todo marchaba, como las notas  de los alumnos pequeños de ahora…  Progresa, adecuadamente. Los comerciantes se afanaban para que sus puestos, tuvieran mayor calidad si cabe, y mucho  más ingenio  que el año anterior. La velada prometía ser muy agradable,  y ciertamente lo fue. Todos los comerciantes admiraban el trabajo de sus compañeros y en buena hermandad, echaban una mano si alguien se la requería.

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Unos peculiares Tip y Coll, en el mercado. Año 1974. /Foto: Rafa. Archivo Municipal.

Al respetable, debió gustarle la celebración anterior,  pues yo diría que la afluencia, superaba en mucho la  anterior. Pero, incomprensiblemente, esta fiesta se vino abajo. No hace falta ser una ‘lumbreras’ para darse cuenta, de que los comerciantes hacían un gasto considerable al exponer su género, disfrazado o no, pues al estar expuesto, durante varios días en el caso de los productos cárnicos  y de pescados, todo eran pérdidas. En el caso de la fruta, si no toda, casi toda, y naturalmente, no se podía vender por fresca.

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Uno de los puestos, una recova, preparado para la fiesta, en 1972.  /Foto: Rafa. Archivo Municipal.

Los comerciantes debieron sopesar, si el coste y  las gratificaciones, o presupuestos que nuestro Ayuntamiento, aportaba para esta celebración, les merecía la pena, y probablemente se encontraran con: su gozo en un pozo y… ahí, se terminó todo. Claro que es solo una suposición mía, y puede haber otras razones de peso. Los comerciantes,  de la Plaza de Abastos, tuvieron  durante estos días, protagonismo, exponiendo calidad en sus productos, y viviendo esta fiesta con alegría. Aunque, el centro ya no es lo que era, y faltan muchos de los que hicieron posible esta fiesta, mi agradecimiento sincero a todos, los que lo hicieron posible, por su entrega y porque por unos días mi rinconcito del alma  se vistió de mayor alegría si cabe. /Texto: María Jesús Vela Durán.

Cuantas veces habremos dicho y escuchado esta lapidaria y popular frase: «Ya no es lo que era» refiriéndonos a temas gastronómicos,  culturales, etc. y, como no, también a nuestra querida patria chica y su contenido,  comparando  lo que conocimos, degustamos o tuvimos referencias con el momento presente.

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También es verdad que frente a este pensamiento pesimista, los que piensan lo contrario suelen echar mano del socorrido: «Cualquier tiempo pasado… fue peor», frase que precisamente en estos últimos años no puede aplicarse respecto a los inmediatamente anteriores, aunque obviamente, de forma genérica, acierta plenamente en su definición.

Para conocer nuestro pasado lejano, lo que fue y como se desenvolvió la sociedad a la que pertenecieron los habitantes de El Puerto hasta el siglo XVIII, podemos bucear en las páginas de numerosos relatos históricos que nos ilustran al respecto, incluso del primer tercio del siguiente, y ya en el siglo XX, la prensa cubre ampliamente ese campo. Nos queda, sin embargo, un espacio de poco más de medio siglo, entre 1830 y 1890, en que no existe apenas material bibliográfico al que recurrir para enterarnos de nuestras cosas, de las costumbres e incidencias de los habitantes locales, de las ‘gentes de El Puerto’.

Por lo dicho, al tropezarme un buen día con una carta sin firma, anónima, que publicaba el periódico madrileño “El Contemporáneo” en una sección similar a las cartas al director actuales, llamada correspondencia particular, fechada en El Puerto de Santa María el 26 de junio de 1861, leí su contenido con avidez y quedé maravillado del peculiar punto de vista de este paisano, al que no le hacía mucho tilín el ferrocarril.

Quiero compartir con vosotros mi pequeño descubrimiento y a tal fin reproduzco con todos sus puntos y comas, el texto del escrito:

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“Después de veinte años de ausencia he vuelto al Puerto, el pueblo donde pasamos nuestros primeros años, aquellos años que no se olvidan nunca, cuya perdida lloramos como llora una madre la perdida de su hijo, aquellos años cuyo recuerdo conservamos como conserva la memoria las facciones de una mujer amada.

He vuelto al Puerto y en qué día; el 23 de junio, esto es, la víspera del día de San Juan; el día de la alegría, el día cantado por los ciegos, el día notable en la papeleta de los toros, el día pintado en los abanicos de calañas, en una palabra, el Día de los toros del Puerto.

Ni el mismo rey Don Alonso después de ganar la batalla del Salado, vería las orillas del Guadalete con más júbilo del que sintió mi alma cuando pisé, después de tan larga ausencia, las playas de mi patria.

Pero aquella no es ya la ciudad en la que habíamos pasado los años primeros de nuestra juventud; es una ciudad extranjera, pulcra y bella como una dama inglesa, pero sin la gracia de una andaluza, sin aquella gracia cantada tantas veces en los romances. Apenas puse el pie en tierra cuando tropecé con unos caballeros muy almibarados, de continente serio y grave, que iban a los toros como si fueran a una procesión y luego vi señoras con sombreros, y mujeres del pueblo con manteletas (pañuelo sobre el escote) y crinolinas (miriñaques) ahuecadas y pomposas haciendo la caricatura de las cortesanas de la época de Madame Pompadour.

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¡Íbamos a los toros, a los toros del Puerto! Pero ¿Cómo íbamos? ¡Ay, nada quedaba de aquellos toros que yo había visto tantas veces junto a ti!

En vano buscaba sin encontrar mis ojos la graciosa mantilla blanca, las flores del tiempo recogidas en negras trenzas de hermosos cabellos, el pulido pie que sujetaba débilmente el zapato encintado, el pañuelo de blanca espuma, la toquilla grana, el gracioso calañés, la alamarada chupa y el chaleco de rico tisú. Ya no resuenan en mis oído las campanillas y los cascabeles del coche de colleras, ni del ligero calesín. Ni un requiebro, ni casi conozco quien o merezca, ni quien lo sepa decir.

¿Qué se ha hecho del antiguo Puerto, del Puerto de los toreros, de los cantaores, de los caleseros y de la gente de la mar?

¿Por qué no se dicen ya, ni se oyen frases como esta: “¡Bendita sea tu alma; Vaya Usted con Dios, puñao de Gloria, sol de los cielos celestes, pedazo de mi corazón, espumita de mi cariño, entretelas de mi garlochí; alma mía, me comía esos pies encofitaos; quien se quedara enredado en esos cabellos; Ole, que tiene por ojos dos perlas negras!”

¿Cuál es la causa de este cambio? Me preguntaba a mi mismo, y entonces escuché un ruido que me traía la contestación: era el silbido de la locomotora que llegaba hasta mí como si fuese la risa sardónica de un espíritu burlador.

Entré en la plaza de toros triste, como lo está el que ha perdido un objeto querido aunque le den, a cambio, otro que valga más.

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En verdad, yo no sé que es mejor, si esta unidad civilizadora que confunde todos los pueblos y asimila todas las razas, o el antiguo carácter distintivo y la antigua fisonomía nacional. Distraído estaba con estos pensamientos cuando la presencia de la cuadrilla me volvió en mí. Los toros fueron endebles para que el espectáculo estuviera en consonancia con la frialdad de la concurrencia. Esto no quita para que después de la corrida las calles Larga y de Luna, entoldadas y adornadas con multitud de banderas y de ramos de flores, de faroles y de arañas, lucieran como antes. El paseo del Vergel estaba también adornado y se veían allí puestos de turrones, de buñuelos y otras mil golosinas y juguetes, propios todos de una feria.

Se quemaron fuegos artificiales magníficos en la playa del muelle, inmediata al paseo, pero en medio de tanta apariencia de divertimiento se respiraba una frialdad que contrastaba grandemente con la animación de otros tiempos. A la una de la noche no se veía ya ni un alma por las calles, la ciudad se quedó en silencio. Ni una guitarra, ni un cantar, ni una serenata, ni un galán en la reja. Yo me puse a escribirte estas líneas, afligido mi corazón por el recuerdo de pasadas alegrías y oyendo el silbido de la locomotora que me volvía a parecer la risa con la que se burla el egoísmo practico de los utilitarios de los que (como a él) califican de ridículos sentimentales.”

La carta, que parece dirigirla a una tercera persona imaginaria, deja bien claro la importancia y categoría de las corridas de toros en El Puerto, dos décadas antes de que se construyera nuestro coso actual. Ese año, precisamente, se  estrenaba un reglamento de 45 artículos que regulaban el uso de la plaza y las normas a seguir por los todos los que intervenían en la lidia. La plaza estaba regentada en esa fecha por los hermanos Galarza y era alcalde de la ciudad don Luis Aldaz. /Texto Antonio Gutiérrez Ruiz.- A.C. PUERTOGUÍA

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(Continuación). El centro urbano de El Puerto de Santa María se fue quedando sin habitantes. Los grandes palacios se van quedando vacíos. Pero ni la Administración puede, ni debe, retomar todos esos edificios para convertirlos en oficinas y espacios públicos, ni  puede haber tanta demanda de centros oficiales.

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El Palacio de Vizarrón, --la Casa de las Cadenas-- donde se hospedaron en 1729 y 1730, los reyes de España, Felipe V e Isabel de Farnesio, hoy en estado ruinoso y apuntalado. /Foto: V.G.L.

Muchas entidades bancarias han derribado edificios singulares y se han establecido en otros construidos de nueva planta sobre sus solares. El centro sestea entre bancos, bares y algún comercio, pero sin habitantes. Algún palacio se convierte en hotel, en apartotel, o es dividido en apartamentos de uno o dos dormitorios. Nada se ofrece en el centro para una familia con tres o cuatro hijos.

Y, mientras tanto, a nuestras autoridades, se les llena la boca afirmando que El Puerto es Ciudad de Historia y Turismo; que es Conjunto Histórico-Artístico; que es la Ciudad de los Cien Palacios. Y no ponen remedio, ni coto con la Ley de Patrimonio Histórico-Artístico en la mano, que pueden ponerlo legítimamente. A veces hemos tenido a patuleas de inservibles vitaminados por mandatarios y así nos luce el pelo.

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El palacio de los Montes de Oca, en la calle Nevería, restaurado por el arquitecto Rafael Manzano, que fuera restaurado por los Melgarejo-Torrecillas. /Foto: F.R.L.

Alguna iniciativa particular digna de todo elogio, sin embargo, aflora: es el caso de Fernando Melgarejo Osborne y su mujer, mi prima Quiqui Torrecillas (q.e.p.d.), que, luego de haber vendido su finca de Vista Hermosa,  emprenden la labor titánica de restaurar –bajo la batuta de Rafael Manzano--, el palacio que fuera de los Sánchez Montes de Oca, en la calle Nevería. Para ellos mi aplauso.

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Casa Palacio de los O'Ryan, en la calle Larga, propiedad de Tomás Terry, arrendada a unos extranjeros. /Foto: F.R.L.

Tomás Terry mantiene el palacio de O’Ryan, en la calle Larga, aunque lo tiene dado en arrendamiento a unos extranjeros. Palacio, como el único con portada gótica que nos queda, el llamado de Torrejón, en la calle Larga, es restaurado por mis amigos José Mari Lazcaray y su mujer, Gloria Moreno, y lo mantienen espléndidamente amueblado. Pizca Romero Caballero, restaura la gran casa, con torre, que fuera de Eligio Pastor, y la amuebla y alhaja con verdaderas piezas de museo.

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La Casa de Pavón, en Larga, 23, tiene su protagonismo histórico dado que albergó al Duque de Angulema durante la ocupación francesa de 1823 y por la prolongada estancia del Infante Francisco de Paula Antonio y su familia en el verano de 1832. /Foto y pié de foto: AGR - Puertoguía.

El palacio de Pavón, en la misma calle Larga, ha sido restaurado y lo vive Juan Luis Menacho Moscoso; María Soto Osborne ha restaurado con mimo la casa neoclásica que fuera de Don Agustín del Toro, en la calle Cruces.

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Esta casa, esquina de Larga con Ángel Urzáiz fue labrada en los primeros años del siglo XIX en una parcela segregada de la finca colindante de calle Larga por Joseph Bellido, Factor de las Reales Provisiones y Víveres de la ciudad de Cádiz y Comisionado de Guerra de los Reales Ejércitos. A destacar de ella, aparte su armonia y belleza arquitectónica, que fue cuna de Angel Urzaiz. Al que ostentó en varias ocasiones la cartera ministerial, lo parió entre esos muros doña Maria Dolores de la Cuesta Nuñez, una joven viguesa, en 1856. Y la corporación local, sesenta años después,en 1916, coincidiendo con el nombramiento de este portuense de nacimiento Ministro de Hacienda, acordó poner su nombre a la calle donde está ubicada la casa, antes denominada Curtidores, Sarmiento, Puerto Chico y Plata. En 1930, al reestructurarse el callejero se ratificó esta denominación que continúa vigente. /Foto y pié de foto: AGR - Puertoguía.

El americano Mr. Thorpe, ha restaurado y vive la casa de Osborne Tosar, Larga esquina y vuelta a Plata, o Ángel Urzaiz;  Mariano Bobo y su esposa Reyes Aritio viven, han consolidado y restaurado la magnífica casa, con patio de columnas toscanas, lindera a la antigua del Marqués de Arco Hermoso, en la calle Durango; Antonio Sánchez Cortés mantiene con mucha dedicación y exquisito gusto la muy bien pertrechada casa antigua de Bish;  Milagros Osborne Domecq (q.e.p.d.) y su esposo Carlos Martell mantienen la llamada “casa de tía Joaquina”, en la calle Fernán Caballero en perfecto estado de revista y amueblada con exquisito gusto; los hermanos Osborne Domecq, las suyas en Fernán Caballero y Jesús Nazareno que, aunque de nueva planta, han utilizado materiales nobles y están repletas de obras de arte y mobiliario suntuoso; o Serafín Álvarez-Campana y su esposa Elisa Osborne Domecq, con casa en la Plaza de la Iglesia, con patio con columnas toscanas, muy luminosa y llena de objetos artísticos, cuadros y mobiliario  procedentes de sus familias, en particular de los Oneto, los Álvarez-Campana, los Osborne y los Domecq; o Catherine Lacoste, (sí, la de “les chemises Lacoste” del cocodrilo) que se ha labrado en la calle Espíritu Santo su espectacular casa, con torre, donde vive grandes temporadas.

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Patio de la calle San Juan 19, casa del matrimonio Suárez Ávila y Lena Terry. /Foto: F.R.L.

Todos, incluso mi mujer y yo mismo, somos unos pertinaces, empeñados en vivir en el centro, en nuestras casas, como un único lujo; yo, en la que nací y en la que fue de mis bisabuelos, de mis abuelos y de mis padres, como unos “últimos de Filipinas”, empeñados todos en no dejar el centro la ciudad, salir a la calle y dar los buenos días a personas que siempre has visto, o cerrar el portón de la calle y aislarnos del mundanal ruido. /Del Prólogo del Libro de Fátima Ruiz de Lassaleta ‘La Ciudad de los Cien Palacios’, por Luis Suárez Ávila.

Ver nótula núm. 1.831 en GdP del libro de Fátima Ruiz de Lassaleta 'La Ciudad de los Cien Palacios' pulsando aquí.   Palacio.