
El sábado día 30 de marzo, hace escasamente una semana, se cumplió el vigésimo quinto aniversario de la desaparición del pesquero portuense “Calpe Quintans” en las costas de Marruecos, al noroeste de las Islas Canarias. Nueve desaparecidos, un muerto y dos supervivientes es el triste balance del naufragio sufrido por el pesquero, tragedia que aún se recuerda en El Puerto. El alcalde de El Puerto, a la sazón Juan Manuel Torres Ramírez (con nótula num. 827 en GdP), declaraba la jornada del martes 31 de marzo de 1987 ‘Día de Luto’ por la tragedia. En la imagen, naufragio de Pesuta. /Foto Gary Nylander.
En 1987 el penúltimo día de marzo era un lunes. Al norte de Marruecos a bastantes millas de Casablanca, naufragó y se hundió el pesquero “Calpe Quintans” del que sobrevivieron dos, de los doce tripulantes que iban enrolados. No es nada agradable rememorar el naufragio de una embarcación y todavía menos cuando lleva implícito la perdida de 10 vidas humanas. En naufragio del pesquero portuense “Calpe Quintans”, hizo emerger una frontera a partir de la cual la seguridad fue un factor a tener en cuenta. Tras el tiempo transcurrido desde aquel siniestro y a pesar de la cantidad de medios desplegados en materia de seguridad, las tragedias marítimas continúan sucediéndose en nuestra geografía. La perdida irreparable de los 10 tripulantes del Calpe Quintans” no ha servido para evitarlas…

IN MEMORIAM
El ‘Calpe Quintans’ era un motopesquero de madera, de cien toneladas de registro bruto, construido en 1972. Los armadores, Hermanos Morató Martínez, llevaban enrolado en la tripulación a Pedro Morató Blanquer, hijo de Francisco Morató Martinez, siendo el otro socio armador el patrón de Pesca, Miguel Navarro. Este es el rol de la embarcación:
Miguel Navarro Moran, "Fanguito", patrón de Pesca
Pedro Morato Blanquer, técnico de Pesca
José Adán López, "Gordito", segundo Mecánico
Antonio Robles Cairon, engrasador
Manuel Calatayud Ojeda, contramaestre
Eduardo Jiménez Ruiz, cocinero
José Borga Pérez, nevero
José Luis Lara Rodríguez, nevero
Ángel Anaya Pecho, nevero
Ramón Arana Pino, marinero
Supervivientes: El primer mecánico, Manuel Julián Sempere, "Santapolero" y el marinero Ángel Pedro García Serrano, que luego trabajaría como marinero en Puerto Sherry. Curiosamente los tripulantes de mayor y menor edad de la embarcación.



O el que relata la muerte, en El Puerto, de José Cándido, el 24 de junio de 1771, primer torero de a pie que sucumbió de una cornada. O la canción “Toros en El Puerto” de Don Luis González Bravo, estrenada en 1841 y, desde entonces, la canción más repetida y famosa de todo el siglo XIX... /En la imagen, anuncio de la zarzuela de ambiente portuense 'El Tío Caniyitas'.


Su madre, Lola, que se quedó ciega después del parto de su último hijo, regentaba la panadería que había en la calle Cielos frente a la iglesia de San Joaquín y su padre, Manuel, tenía en la calle Durango esquina calle Cruces una carpintería donde hacía y arreglaba las ruedas de los carruajes y aperos de labranza. /En la imagen de la izquierda, un joven José Luis Palomo Abadía.
TABERNA CASA PALOMO.
En 1774 marchó Gregorio de Urruela a bordo de la fragata “San Juan Bautista” a Guatemala, estableciéndose en la Nueva Guatemala de la Asunción, donde desempeñó, entre otros más o menos importantes cargos, el de regidor del ayuntamiento en 1779, año en el que, además, contrajo matrimonio el 26 de abril en la parroquia de la Ermita, con María Josefa de Casares y Olaberrieta, madre de Julián, nacida el 23 de noviembre de 1756 en la ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala (actualmente Antigua Guatemala). /En la iamgen, Gregorio Ignacio de Urruela y Angulo.
En 1802 y como ya mencioné en mi anterior 
Francisco Javier Merello Gaztelu nació en El Puerto el 23 de noviembre de 1928, único hijo del matrimonio formado por Francisco Javier Merello Docavo y Dolores Gaztelu Tirado. Siendo sus abuelos paternos Eduardo Merello Alberti y Ramona Docavo Alberti. Los fundadores de la saga familiar de este apellido fueron Julio Vicente Merello Cherisola, natural de Génova y Catalina Alberti Ravina, gaditana, que se casan en El Puerto en 1839 y aquí se instalan, dedicándose al negocio vinícola. Han sido estudiados por el investigador Antonio Gutiérrez Ruiz y podemos ver dicha genealogía explicada en la nótula núm. 


El nombre antiguo de la calle Federico Rubio es Pozuelo. Tiene una extensión aproximada de 830 metros de longitud, naciendo en la calle Santa Fe y terminando en la calle Micaela Aramburu de Mora, aunque, en realidad, continúa hasta el río Guadalete con la denominación de calle Domingo Veneroni.
NOMBRES.
Lo primero que nos llama la atención de la calle, es que, llamándose Federico Rubio, no aparezca ninguna placa conmemorativa en toda ella, llegando a pensar que el insigne Doctor, no habría nacido en la citada vía urbana. Para el grupo ha supuesto un autentico descubrimiento, tanto la biografía como la calidad humana de Federico Rubio y Gali, del que sólo teníamos una vaga referencia, sorprendiéndonos favorablemente la importancia de sus actuaciones en los campos político, social, literario, científico, etc. /En la imagen, dibujo de Federico Rubio.







De pequeño estuvo en la 'amiga' de Conchita Romero, un piso de una casa aneja a la bodega de José de la Cuesta en la calle San Bartolomé, con entrada por la calle Palacios, donde fue condiscípulo del polifacético artista local, Manuel Bejarano Armario. Después "fui al colegio de la Aurora, cuando ya, naturalmente, no pertenecía a ningún Patronato Parroquial o de otro tipo. Era Escuela Nacional, y tuve como maestro a don Remigio Peñalver, persona de extraordinaria bondad, de cariño a sus discípulos, muy paciente quien estimuló mucho para que me aplicase en el dibujo. Del Colegio de la Aurora me quedan muchos y buenos amigos y aunque no fue una etapa muy larga, sí muy feliz, por don Remigio, por sus auxiliares don Eduardo Ciria y don Juan Díaz, y mis compañeros los Sucino, Buhigas, Enrique Pérez, Manolín y otros, que siento mucho no recordar sus nombres". /En la imagen de la izquierda, la sede de las Escuelas Pías de la Aurora, luego Colegio Nacional, obra pictórica de Lara.



La presencia del ejército invasor va a llevar consigo la ocupación de edificios y casas para soldados y oficiales: la requisa de caballerías y efectos; la imposición de tributos y gravámenes para el mantenimiento de dichas tropas. Así la contribución que se realizó desde febrero a diciembre de 1810 fué de 4.602.403 reales, superior a los cálculos previstos en el Padrón General de Enero de 1812, que escendía a 4.007.009 reales. La diferencia entre presupuestos y gastos reales, su compensaban con exacciones extraordinarias. Claro está que frente a las imposiciones contributivas de la administración ‘intrusa’ --terminología de la época-- sólo cabía la ocultación de bienes y la resistencia pasiva que se hizo a pesar de las amenzas y conminaciones de los jefes franceses. / En la imagen, documento de contribuciones especiales que debían satisfacer ciudadanos de El Puerto para cubrir los gastos de aprovisionamiento del ejército imperial francés. /Archivo Municipal de El Puerto de Santa María, Actas Capitulares 1812. Legajo 73, Tomo I, pág. 639.


Supóngase el lector que se dirige cómodamente en el tren a Cádiz, por ejemplo, y que pasa por mi pueblo, por el Puerto de Santa María que es el pueblo más bonito de España ¿Hay quien diga que no? ¡Hombre, que salga y verá…!




De las vicisitudes por las que pasa la familia a raíz de la separación deberán ser otros estudiosos de la historia de éstos quienes pongan negro sobre blanco el amplio anecdotario existente sobre la vida del 'marquesito' que, en cualquier caso marcará la historia de sus vástagos y, entre ellos, Eduardo. Baste señalar que al morir la abuela de nuestro protagonista, el padre de Eduardo accede a toda la fortuna familiar que 'invertirá' o dilapidará de forma muy curiosa. Lo cierto es que Eduardo y Concha recibieron una superior formación académica, no así Luis y Paco cuya preparación fue desigual en relación a sus hermanos precedentes.