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Es de El Puerto. De El Puerto de Santa María pero se recrió en Sevilla.  En Barcelona estudió danza clásica en el Estudio Fankhanel, escuela bolera y clásico español con Alicia Calado --primera bailarina del Teatre LLiceu de Barcelona-- y Felipe Sánchez. En Sevilla y en Jerez, se especializó en flamenco con Manolo Marín, Merche Esmeralda, Carmen Cortés, Angelita Gómez, Farruco y otros grandes. /Foto: Guillermo Rivas.

ALEMANIA.

Se trasladó a vivir en 1981 a Alemania, en Wuppertal donde conoce a Hans, su marido. Wuppertal es la ciudad de Pina Bausch y su 'Cafe Müller', donde se haya uno de los principales centros para el estudio del clima en la Unión Europea. Es un municipio perteneciente al Bundesland de Renania del Norte-Westfalia, donde estudió Canto con el Maestro Herr Gillessen. Pero no sólo estudió canto sino que impartió clases de flamenco en la Volkshochschule de Wuppertal y en el Tanz-Studio Katia Krüger.

Allí actuará en Jaus der Jugend (Casa de la Juventud),  en el Folklorefest Internacional en la Stadhalle de Wuppertal, en el Junges Theather de Góttingen, y en 1985 al fundarse el grupo ‘Flamenco Vivo’, actuará por toda Alemania. El 24 de Enero 1.986, con motivo del 50 aniversario de la muerte de Federico García Lorca se representa en la Opernhaus (Teatro de la Ópera) de Wuppertal la obra de teatro danza flamenco ‘Alboreá’ dirigida, coreografiada e interpretada por Ángela Cruces y su hermana Charo.

Charo y Ángela Cruces, interpretando 'Alboreá' en el Teatro de la Ópera de Wuppertal (Alemania), en 1986.

El tranvía por debajo de el puente, en Wuppertal (Alemania).

Participa también en ele  Stadhalle y en el Flamenco-Abend e la Musikschule de Bochum. En Dusseldorf  en el Nordrhein-Wesfalen-Fest y participará, en 1987 en la coreografía de la ópera ‘Carmen’ para la Opernhaus. Ese año y el siguiente actuará en Essen, Leverkusen, Bremen, Witten. Unna, Duisburg, Wilhelmshaven y Ludwigshafen. 

REGRESO A ESPAÑA: SAN SEBASTIÁN.

En 1988 regresará a España, estableciéndose en San Sebastián en 1995, impartiendo clases de Flamenco en Temis-Circulo de Actividades Culturales de la capital donostiarra. En 1998 estrena la obra ‘Lorca, poeta en soledad’, dirigida, interpretada y coreografiada por Ángela en la Casa de Cultura Lugaritz de San Sebastián. En 2003 coreografía un fragmento de la zarzuela “La Revoltosa” para la Asociación Lírica ‘Sasibill’ donostiarra. En 2004, estrena la obra “Poesía y Flamenco”, dirigida, coreografiada e interpretada por nuestra protagonista, siendo representada también ese año y el siguiente en la Casa de la Cultura de Egía, en San Sebastián, en el Teatro Amaya de Irún, en Lasarte-Oria y en Andoaín. /El Peine de los Vientos, en San Sebastián.

En Gazteszena (San Sebastián)

ESCUELA TALLER.

Su escuela taller escenario está en un sótano en el número 12 de la calle Carlos I, de la capital vasca, Allí está su academia de baile, de clases de flamenco, sevillana, castañuelas, coreografía… En San Sebastián ha rendido homenaje en distintos espectáculos, como bailaora y coreógrafa además de a Lorca, a la txalaparta, la percusión senegalesa y la poesía. Ha colaborado con Localia TV.

Ángela Cruces, durante una actuación en Rabat (Marruecos).

ENCUENTROS.

El pasado viernes estrenaba en San Sebastián el espectáculo flamenco ‘Encuentros’, donde muestra el rumbo del flamenco que se hace en Guipuzcoa. «El flamenco y el jazz, son primos, como dirían en mi tierra». Y hablando de fusión, «En cuanto llegué a San Sebastián pregunté cuál era la forma de percusión vasca y me encontré con la txalaparta. La incorporé a una coreografía, lógico»

Ángela, en un espectáculo de fusión entre el flamenco y la txalaparta.

LA TXALAPARTA.

La txalaparta es un instrumento de percusión tradicional del País Vasco que, generalmente consta de dos soportes (cestos, sillas, banquetas, etc.), sobre estos algún material aislante (hoja de maíz, sacos viejos enrollados, hierba seca, etc.) y sobre esto un tablón que es golpeado con cuatro palos (dos cada Txalapartari). Aunque tradicionalmente cada txalaparta solía tener dos o tres tablas de madera, recientemente es habitual encontrar txalapartas formadas por una docena de tablas.

En el Teatro Amaya (Irún).

EL FLAMENCO EN LA DISTANCIA.

Ángela explica como vive en flamenco tan lejos de su cuna: «Todos lo que lo vivimos --no se trata de decir 'lo practicamos', el flamenco es una manera de vivir-- estamos siempre en contacto. Nos vemos, nos oímos, nos contamos. Bajo mucho al Sur a inyectarme flamenco en vena. Y cuando estás allá, en Triana o en Jerez, en la Bienal o en un café las horas pasan en un vuelo. Porque puede que aquello que te vaya a entusiasmar, maravillar, enloquecer no suceda ni a las nueve ni a las diez ni a las once de la noche sino a las cuatro de la madrugada, a las seis de la mañana».

LA FUSIÓN.

En cuanto a la fusión entre diferentes estilos y técnicas afirma: «Es ley de vida. Al fin y al cabo, el cajón, que hoy parece algo consustancial al flamenco se lo trajo Paco de Lucía, de Perú. Y es la percusión perfecta. Tú puedes fusionar siempre y cuando tengas muy claro dónde están las raíces, la pureza. Porque si no, tu mezcla, tu baile, tu cante, tendrán los pies de barro». /Cartel de su último espectáculo 'Encuentros'.

EL AGUJETAS.

Recuerda el punto de soberbia de ‘El Agujetas’: «Tenía un cante ancestral. Había trabajado en la fragua, origen del martinete (ay el compás del martillo sobre el yunque...) y vivió mucho en Estados Unidos. Un día dijo: 'Yo puedo cantar 'My Way', a mi manera pero Sinatra nunca podrá cantar flamenco. Ni a la suya'». Y prosigue: «Aprenderás la métrica, la técnica pero sin ‘quejío’, sin 'jipío' nunca cantarás flamenco. El flamenco no cuenta historias en sus letras, sentencia: 'La luna tenía cerco, era noche de muerte'. En cómo dices esa frase está el secreto del cante. Esa pureza suya tan dura».

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Jose Pecho es el nombre artístico y por el que es por todos conocido, José Manuel Pecho Martín. Nace el 5 de junio de 1968 en Cádiz, en el hospital de la Misericordia y San Juan de Dios del barrio Santa María, aunque de siempre ha vivido en El Puerto. Es de una familia humilde y trabajadora. Su padre Manuel es patrón de barco  y su madre Soledad, ama de casa, ambos de El Puerto. Jose siempre se ha sentido muy orgulloso de sus padres y de la educación que le dieron. Tiene tres hermanos, Yolanda, Antonio y Silvia, siendo él el mayor.

1968.
Era alcalde de la Ciudad, Luis Portillo Ruiz. En junio se celebraba en El Puerto un pleno de la Diputación Provincial que se pronunciaba sobre la expansión universitaria en la provincia, algo de lo que El Puerto no se vería beneficiado y que produjo, por su desacuerdo que, un año después Luis Portillo abandonara la alcaldía al no verse apoyado para tal empresa. José Luis Tejada publica ‘El cadáver del alba’. Se proyecta en el Teatro Principal ‘El Planeta de los Simios’. Se estrena en la Scala de Milán, un ballet basado en el poemario de Rafael Alberti ‘Sobre los ángeles’, que ese año publica ‘Roma, peligro para caminantes’.

Se inauguraba el ambulatorio de la Seguridad Social ‘Virgen del Carmen’. En 1968 los cofrades de la Veracruz incorporaban la imagen de María Santísima de Consolación y Lágrimas, empezando a procesionar ese mismo año. Desde entonces en la procesión de la hermandad de la Veracruz desfilan delante del paso un grupo de mujeres ataviadas con la mantilla española.  Nace el cantante afincado en El Puerto Enrique Bunbury. /En la imagen, José Pecho, con su abuela en el Parque Calderón.

Son muchas las casas en las que ha vivido nuestro protagonista a lo largo de su vida en El Puerto, en Madrid, en La Pineda (Tarragona) y en Tenerife. Su primera infancia la pasa entre una casa palacio, convertida en casa de vecinos, situada en el número 8 de la calle Santa Lucía, junto a la iglesia Mayor Prioral en pleno centro, y la casa de sus abuelos maternos en una barriada ya desaparecida, la barriada ‘18 de Julio’  que estaba situada junto a la plaza de toros al comienzo de la Avenida del Ejército. De ambos lugares conserva recuerdos inolvidables a pesar de la edad que tenía cuando vivió allí. Posteriormente y de forma definitiva se traslada la familia, ya con los tres primeros hermanos, a un piso en la recién construida barriada Juan Melgarejo Osborne, conocida como barriada Sericícola, donde vivirá su infancia y juventud. Años más tarde se irán a vivir a una casa unifamiliar en el barrio de La Palma donde, en la actualidad, siguen viviendo sus padres.

CANARIAS.
Trabajando ya profesionalmente como actor, en unas mini vacaciones que se toma en Tenerife, después de acabar contrato en una producción teatral, se presenta a un casting para un espectáculo y lo eligen para un papel. Por ello se traslada a vivir a las Islas Canarias donde permanecerá durante casi tres años, tiempo que dura el espectáculo, viviendo en distintas casas. En la actualidad vive en su casa de la calle Palacios, en el centro histórico de El Puerto.

José Pecho con su padre y hermanas, su hermano Antonio es el que hace la fotografía.

OREJAS DE BURRO.
Comienza su aventura escolar en la guardería donde lo matricula su madre, de la que no recuerda el nombre pero sí que estaba situada en la calle Bolos. De allí recuerda la vez que la profesora, la que era muy mayor, por no saber responder correctamente una pregunta, le obliga a colocarse unas orejas de burro y a ir por todas las clases diciendo “soy un burro”. Por supuesto los otros niños se reían a carcajada limpia. Y, aunque no fue un buen momento, no lo recuerda con desagrado. Siempre ha dicho que esa fue su primera actuación ante el público. Era otra época.

José Pecho ha colaborado desinteresadamente en dos campañas de captación de socios para el Racing Club Portuense.

SUS INICIOS EN EL TEATRO.
Su relación con el teatro comienza muy temprano. Estando en quinto curso asiste en el colegio donde está a la función de la obra “Los cuatro Robinsones” de Pedro Muñoz Seca, realizada por compañeros del mismo centro. La primera obra de teatro que ve en su vida. Le llama tanto la atención que desde entonces busca la oportunidad de poder participar en algún montaje; algo que consigue al siguiente curso cuando preparan una obra pero que no llegan a representar.

Estando estudiando en el Instituto Pedro Muñoz Seca, la profesora de literatura crea grupos de trabajo y Jose Pecho decide participar en el de teatro. A lo largo del curso van ensayando varias escenas de “La Celestina” y la representan para los compañeros de clase a final de curso. Al curso siguiente entre los compañeros que participaron en la obra anterior deciden preparar fuera del horario de clase la obra “Amor al prójimo” y consiguen representarla en el salón de actos del centro para todos los estudiantes del Instituto.

Animado, junto con los compañeros de montaje, se apunta a la primera edición de Escuela Municipal de Teatro que crea el Ayuntamiento de El Puerto ese año. Aquí estará durante dos cursos representando las obras “Los Gemelos” de Plauto y “Tres sombreros de copa” de Miura. Al final del primer curso de la Escuela Municipal de Teatro, se incorpora al recién creado grupo de teatro municipal que más tarde sería conocido por T.E.J.A. (Teatro Estable Juvenil Andaluz) cuyo responsable sería durante unos años Paco Teja (ver nótula núm. 785 en GdP). Con este grupo representa “La Voz de su Amo” de Pedro Muñoz Seca y “Los Caciques” de Carlos Arniches. Obras con las que actúa por varios municipios de las provincias de Cádiz y Sevilla.

CODIRECTOR DEL TEJA.
Años más tarde, y ya desaparecido el creador del grupo, asume la dirección del mismo junto a su amigo y compañero Joaquín Perles (ver nótula 190 en GdP) y montan la obra “Camino de Plata” de Ana Diosdado. Con posterioridad, cuando ya vive en Madrid y está estudiando en la Escuela de Arte Dramático y ya como director único del grupo, monta el espectáculo “Historias de siempre”, recopilación de textos de varios autores del momento y donde empieza a crear su método de trabajo en la creación y composición de personajes y en el montaje de espectáculos.

INICIOS DEL GRUPO BALBO.
Formando parte del grupo TEJA, como actor, es tal sus ansias por hacer teatro que compagina su presencia en ese grupo con su incorporación al grupo de Emilio Flor, que por aquella época se llamaba ‘Antinoe’, con el que representa la comedia “Los Gemelos” de Plauto y luego la tragedia “Coéforas” de Esquilo. Al finalizar las representaciones de esta obra el grupo pasa a llamarse Balbo por lo que se puede decir que forma parte del mismo desde sus orígenes. /En la imagen de la izquierda, primera función con el Grupo Balbo.

En el periodo en el que representan estas dos obra, se produce una anécdota muy curiosa. En unas actuaciones en Vejer de la Frontera, a pesar de la proximidad de este pueblo con El Puerto, se decide que el grupo pernocte allí para de esa forma facilitar las labores propias del montaje y desmontaje del decorado de las obras. Pues bien, resulta que el lugar elegido por los organizadores de las funciones para dormir, es la cárcel del pueblo. Les dan como excusa que las dependencias están vacías y no hay intención de meter a nadie allí. En aquel momento bromearon con el hecho de que los habían “arrestado” porque no había gustado la función

Con el también actor Germán Arjona.

Su presencia en el grupo Balbo podemos establecerla en dos etapas. Una durante los primeros años de existencia del grupo donde participa como actor y una segunda, cuando regresa a El Puerto, y asume las labores de director y dramaturgo.

En la primera etapa representa las obras “Los Gemelos”, “Mostelaria” y “Miles Gloriosus” las tres de Plauto, “Electra” de Sófocles y “Coéforas” de Esquilo. Con estas obras el grupo va a actuar a innumerables ciudades y centros de enseñanza. Es el grupo de teatro Balbo el único que participa en el 1º Festival de Teatro Grecolatino para estudiantes que se organiza en España.

ESTUDIOS DE ARTE DRAMÁTICO.
Con treinta años y a pesar de saber que con esa edad puede resultar muy difícil su admisión, decide preparar las pruebas de ingreso en la R.E.S.A.D. (Real Escuela Superior de Arte Dramático) de Madrid. En setiembre se traslada a la capital del Reino a realizar dichas pruebas que supera a pesar de contar con más edad que todos los que junto a él las realizan aquel curso. A partir de entonces se va a vivir a Madrid y allí comienza posteriormente su actividad profesional.

¿QUIEN VIVE AQUÍ?
Cuando se traslada a Madrid a estudiar Arte Dramático, Jose Pecho comparte piso con compañeros y su pareja en el barrio de Antón Martín muy cerca de la plaza de Lavapiés.

De esta época siempre le gusta recordar una anécdota. En aquel momento compartía piso con un amigo italiano que estaba en España completando su formación. Un día regresa a casa después de terminar las clases en la Escuela y cuando abre la puerta de la calle comprueba que la casa está llena de gente, música y mucho bullicio. Sin llegar a entrar un hombre le pregunta «--¿Qué quiere?» y contesta «--Vivo aquí»; el otro lo mira de arriba abajo, se da media vuelta y se va. Una vez dentro comprueba que no conoce a nadie y que parece que están celebrando una fiesta. De pronto aparece su amigo italiano y le dice que invitó a unos amigos porque terminó lo que vino a hacer a España y quería celebrarlo con sus compañeros de estudios. Pero todo esto no le sorprendió a Jose porque su casa en Madrid siempre fue un punto de encuentro entre todos los compañeros, amigos y conocidos o desconocidos, lo que siempre le gustó. Sirvió para que amigos de El Puerto durmieran allí el tiempo que estuvieran en Madrid.

OTROS CURSOS.
Simultanea los estudios en la Escuela con otros cursos para completar más aun su formación. Entre los que realiza destacan los de “Dirección de actores” impartido por Ramón Simó, director del Teatro Nacional de Cataluña, el de "Producción Musical y el método de interpretación estadounidense" a cargo de Keith Nagy y Karen Gigly de la Universidad de John Carroll en EE.UU., "Creatividad teatral" a cargo de Alfonso Zurro, "El actor sinfónico" impartido por el director italiano Mateo Belli o el de "El verso y su mundo sonoro" impartido por Enrique Silva, maestro de maestros.

Teatro Pavón,  Compañía Teatro Clásico de Madrid.

ACTOR EN MADRID.
Estando en Madrid estudiando en la ya citada Real Escuela de Arte Dramático, comienza a trabajar como actor, primero en pequeñas producciones teatrales como: “El Arcón del Comediante” o “La familia Adams” con la compañía Pequeño Teatro de Madrid o “Totum Revolutum Cabaret” con la compañía Los Tres pies del Gato. Luego comienza a trabajar en algunas de las obras de más repercusión en la capital, como son: “Misericordia” de Pérez Galdos y versión de Alfredo Mañas, dirigida por Manuel Canseco y José Luis Alonso, “La Faroles” de Joaquín Calvo Sotelo dirigida por Ramón Ballesteros, “Amadeus” de Peter Shaffer dirigida por Nacho de Diego, “El Día y La Bruma, Becker” de Manuel Muñoz Hidalgo dirigida por Ramón Ballesteros, “Los Cuernos de Don Friolera” de Valle Inclán con la compañía Teatro Clásico de Madrid, “Los Emigrados” de Slawomir Mrozeck y “El Avaro” de Moliere ambas con dirección de Luis Vijuesca.

En algunas de ellas conoce y trabaja con algunos de los actores y actrices más destacados del teatro español. Mencionaremos entre ellos a Luisa María Payán,  María Fernanda d'Ocón, Paco Hernández, Carmen Segarra o Pepe Regueira. Con estos montajes visita gran parte de la geografía nacional, actuando en los principales teatros de las grandes capitales españolas. Ha estado sobre el escenario de los teatros de Madrid (donde hace en dos ocasiones temporada), Barcelona, Valencia, Bilbao, Coruña, Vigo, Santander, Pontevedra, Lugo, Salamanca, Burgos, Las Palmas de Gran Canarias, Ceuta, Melilla, Toledo, Jaén, Huelva, Jerez de la Frontera, Guadalajara, Logroño, Palencia, Cartagena, Murcia… /En la imagen, María Fernanda d'Ocón.

También estudiando en Madrid, pasa unos meses en Tarragona a donde va para trabajar en el Parque de Atracciones Port Aventura. En su etapa en Tenerife representa “La Tempestad” de W. Shakespeare con la que actúa en las siete islas que forman el archipiélago.

Emilio Flor, José Pecho y Paco Crespo entrevistados por Rafa Tardío en el Salón de Actos del Instituto Santo Domingo.

BALBO PROFESIONAL.
Después de un periodo de ausencia en el grupo, Jose Pecho vuelve al mismo cuando regresa a vivir a El Puerto tras su etapa en Madrid y Tenerife. Así, después de un encuentro con Emilio Flor, decide volver al grupo y poner en práctica la idea de éste de crear una compañía de teatro profesional. La compañía llevaría el mismo nombre que el grupo: “Balbo teatro” y junto a cuatro componentes del mismo  producen la obra “Miles Gloriosus” de Plauto versionado por José Luís Alonso de Santos. La obra la dirigirá Jose Pecho junto a Emilio Flor y con ella actuará en el Festival de Teatro de Comedias de El Puerto en el espacio de la Bodega Mora de Osborne, en el Festival Internacional de Teatro Mimarte de Braga (Portugal) o en el Festival Capvespres de Guissona en Lleida. Tras un periodo de dos años deciden que la empresa no puede seguir adelante y dan de baja a la compañía.

Paco Crespo y José Pecho recogiendo el Primer Premio del VI Concurso Nacional de grupos de Teatro Grecolatino de Segóbriga, organizado por el Ministerio de Educación, este año 2011.

Con posterioridad a esto, ya en 2008, toma de forma definitiva las riendas del grupo Balbo junto con Emilio Flor, Sara Nanpéh y Paco Crespo --equipo que sigue en la actualidad siendo, además, el equipo de dirección del grupo--. Aquí pone en práctica su método de trabajo que ya está completamente definido. En estos últimos años dirige Antígona de Sófocles, Aulularia y Rudens de Plauto de la que es el autor de la versión del texto y con la que el grupo consigue ganar el Primer Premio del Concurso de Teatro Grecolatino de Segóbriga en 2011, el premio ‘Buero’ de Teatro Joven en Andalucía y el de mejor vestuario y mejor escenografía en Madrid. También es autor de la dramaturgia “La Mujer en la Tragedia” montaje que igualmente dirige y donde hace un compendio y comparativa de la obra de García Lorca y la tragedia griega. Este texto está publicado por una editorial en España y otra en Portugal. Actualmente ha terminado la versión del texto de Plauto “Epídico” y de “Ifigenia” de Eurípides, esta última junto a Sara Nanpéh, obras que representará Balbo a partir de 2012.

LANCE PRODUCCIONES
En 2007 decide junto a Sara Nanpéh crear una compañía propia. Tras estudiar los pros y los contras deciden arriesgar y formar una productora a la que dan el nombre de LANCE producciones. Bajo este nombre producen un primer espectáculo llamado “En la pecera” de Jaime Salom. Al año siguiente producen “Off Comedia”, una disparatada comedia a base de esketchs que rozaban el absurdo. Con este participan en el Festival de Teatro de Comedias de El Puerto y en el Circuito de Teatro de Castilla-León. Después de este montaje se hacen cargo de “El Militar Fanfarrón” una versión de José Luís Alonso de Santos de la obra de Plauto y un montaje de pequeño formato para estudiantes que denominaron “Encuentros con el teatro” escrito por Sara Nanpéh y donde hacían un recorrido por el teatro, desde sus orígenes hasta la actualidad.

Paco Crespo, José Pecho y Sara Nanpéh en el espectáculo 'Off Comedia'.

El último espectáculo producido, hasta el momento, por LANCE producciones es “Julio Verne, un libro una aventura” de Sara Nanpéh. Esta obra está inspirada en la vida de Julio Verne y hace un pequeño recorrido por algunas de sus novelas más emblemáticas. En la actualidad sigue con la distribución de los espectáculos que tiene en cartel con LANCE producciones.

José Pecho y Sara Nanpéh en el espectáculo 'La Pecera'.

LA TELEVISIÓN.
Conjuntamente con su participación en los montajes teatrales, se introduce poco a poco en televisión, al comienzo con pequeñas apariciones en capítulos de las series que había en el momento, para ir haciéndose un hueco en el panorama televisivo e intervenir con personajes destacados, en algunas de las series más reconocidas por el gran público. Podemos verlo en las series: “Cuéntame cómo pasó” de TVE, donde conoce a Imanol Arias y coincide con Ana Duato y Alicia Hermida, “Yo soy Bea” de Tele 5, “Desaparecida” de TVE donde trabaja junto a Carlos Hipólito, “Como el perro y el gato” de TVE trabajando con Arturo Fernández, Quique Camoiras y Silvia Tortosa o en “Bendito Polonio” serie de producción española que se difundió en un canal de Miami.

También para televisión apareció en distintos spots publicitarios, entre ellos uno sobre los JJ.OO. de Sidney para TVE otro sobre el mundial de rugby para Canal + y la colaboración desinteresada en dos campañas de captación de socios del Racing Club Portuense.

En el rodaje de 'La decisión de los Lupano', dirigida por Nersas Ferrera y producida por Lou Degirogi y la sociedad Film Canary Islands. 

EL CINE.
En cine desarrolla su faceta como actor, en los últimos años. Comienza interpretando personajes para cortos como en “Tomates La Pastora” de Ricardo Pérez y Miguel Arias o en “Cautivos del mal” corto de Jonay Alonso. Ya en otro metraje participa en las películas “La Corbata Colombiana” de Miguel A. Macarrón y “Mirada perdida” de David Pareja; aquí crea un personaje inquietante y aterrador que le sirve para ser nominado como mejor actor por su interpretación en el Festival Jameson.

LA DECISIÓN DE LOS LUPANO.
Su último trabajo por el momento para el cine es el largometraje “La decisión de los Lupano” dirigida por Nersas Ferrera. Es una producción donde Jose Pecho interpreta a Nicola Pagnuzzi, un hombre tranquilo, sereno e implacable, mano derecha y hombre de confianza del Don de la familia Lupano. Con él Jose Pecho se ha enfrentado a uno de los personajes más interesantes de su carrera profesional. Esta película se estrena en el 2012.

Una escena de 'La decisión de los Lupano'.

AFICIONES Y PROYECTOS.
A nivel personal señalaremos que a Jose Pecho le gusta mucho la lectura. Lee especialmente teatro y novela histórica. Que es un hombre que vive por y para el teatro, cuando tiene tiempo libre lo dedica a ver, escribir o leer teatro y conocer autores nuevos. Le apasionan los móviles y todo su mundo al respecto de su tecnología y características. Pero especialmente, y causa principal de que viva en El Puerto, es que le gusta pasear por las calles de El Puerto. Redescubrió ese placer a su regreso de Madrid y fue lo que le decidió a dejar el bullicio y estrés de la capital y cambiarlo por el ambiente, la luz y la tranquilidad de su ciudad. Con la ventaja de que en Madrid está su representante.

Con un grupo de amigos, algunos también del Teatro, en la cafetería Larga, 70, la pasada Semana Santa.

Por el momento Jose Pecho seguirá viviendo en El Puerto y desde ahí se trasladará para realizar los rodajes correspondientes y las funciones que toquen. Sobre la mesa tiene varios proyectos de teatro, cine y televisión que se irán desarrollando a partir de mediados de 2012 y a lo largo de 2013. Esto sin contar que seguirá escribiendo y dirigiendo para el grupo Balbo.

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Joaquín Ruiz Golluri, nació en 1888 en El Puerto de Santa María, en la primera casa de calle Cielos, donde actualmente se ubica el Hotel Duques de Medinaceli. Es uno de los “gurús” de la radiodifusión española, con una dilatada vida profesional de más de medio siglo. Jefe técnico de la segunda emisora montada en España:“Unión Radio” que se reconvertiría en la Sociedad Española de Radiodifusión (SER) y responsable de la puesta en funcionamientos de las emisoras de Sevilla, Valencia, Barcelona… así podríamos completar varios folios con el brillante currículo profesional de este pionero de la radio, paisano nuestro.  Pero queremos dar a conocer solamente en esta nótula una pequeña parte de su vida,  vivencias llenas de intensidad, emoción y tragedia en el verano de 1914, contadas por su protagonista. (No disponemos de una imagen de mayor resolución de nuestro protagonista, Joaquín Ruiz Golluri. Esperamos de la comprensión de los lectores de GdP, disculpando la baja calidad de la misma).

El 17 de junio de 1925 se constituía en Madrid la Sociedad Anónima 'Unión Radio' cuyo objetivo era dar un impulso decisivo a la radiodifusión española. S. M. el Rey Alfonso XIII inauguraba la estación dirigiéndose ante el micrófono a los radioyentes españoles.

Hace unos días llegaron a mis manos 29 folios mecanografiados con el siguiente encabezamiento: ’Relato de mi vida profesional y de los hechos más salientes durante la misma’ una memoria autobiográfica inédita, confeccionada por don Joaquín a la edad de 82 años, escrita en Barcelona donde vivía, y finalizada la víspera del día de la patrona portuense, la Virgen de los Milagros, el 7 de septiembre de 1967, de la que reproducimos la  parte de la narración  en la que relata los curiosos incidentes en los que se vio envuelto.

Transporte de heridos por la Cruz Roja, en triciclos, durante la I Guerra Mundial.

Joaquín Ruiz Golluri estudió la carrera de ingeniería, especialidad de radio telegrafía en la Universidad Católica de Lovaina,  terminando la carrera en junio de  1914.  A los pocos días –el 28 de julio-  se inició la que conocemos como 'I  Guerra Mundial', sorprendiéndole en Agen. Así lo cuenta: «… pude salir de allí (de Agen) con intención de regresar a España vía Bélgica y Francia, pero en Lieja quedé bloqueado y, al segundo día de guerra, durante un bombardeo, fui alcanzado por un obús del calibre 28, cuya metralla me produjo muchas heridas, entre ellas, la más grande, una en el bajo vientre. El camillero que iba conmigo tuvo peor suerte, ya que uno de los cascos de metralla le entró en el corazón y quedo muerto a mi lado. Yo fui recogido por una ambulancia y trasladado a un puesto de socorro; pero los alemanes habían amenazado con bombardear la ciudad desde el zepelín si no se rendía en un plazo de dos horas. Ello asustó a los médicos y a la mayor parte de las enfermeras, que se marcharon dejándonos abandonados y, gracias a que, en una ambulancia que llegó, me llevaron a la estación de Guillemens y me colocaron en el último tren de heridos que salió para Bruselas, donde me internaron en el hospital civil de Escarlec. En ese hospital, y nada más llegar, me operaron de la herida en el vientre y en la de la mano derecha».

En la imagen, Rodrigo de Saavedra y Vinent, II marqués de Villalobar (1864-1926), enviado extraordinario y ministro plenipotenciario en la legación de España.en Bruselas cuya actuación durante la Primera Guerra Mundial en aquel país aún recuerda y agradece el pueblo Belga.

Continúa Joaquín Ruiz Golluri, que en esa fecha tenía 29 años, relatando las peripecias por las que atravesó, en las que la fortuna le fue propicia hasta que, finalmente, y padeciendo numerosos percances, consiguió llegar a su casa: «Al día siguiente los alemanes entraban en Bruselas y se presentaron en el hospital con la pretensión de evacuarnos a Alemania ya que allí todos los heridos eran militares. Yo alegaba mi condición de español, pero como estaba desnudo y sin documentación alguna, no me querían creer y, gracias a que permitieron que por teléfono se avisase al ministro español en Bruselas, marqués de Villalobar, el cual inmediatamente se personó en el hospital, me reconoció (porque era amigo de mi familia) y en su propio coche los alemanes permitieron que me sacara de allí y me llevara a la casa del barón Empain, presidente accionista del banco más fuerte de Bélgica, e incluso de los tranvías de Madrid y Barcelona. (…) A requerimiento de mi padre, el ministro marqués de Villalobar logró del General Jefe de los Ejércitos de ocupación de Bélgica un documento en el que se me facilitaba la salida de Bélgica a través de la frontera con Holanda, por Maestric, para mi regreso a España. El marqués me facilitó dinero y billetes de ferrocarril, desde Maestric a Rotterdam y el pasaje de Rotterdam hasta La Coruña en el gran buque de pasaje ‘Gloria’».

Gran Plaza de Bruselas, con la Casa de las Corporaciones al fondo, hace 100 años.

Sin embargo no fue gratuita la ayuda, pues el ministro español le encomendó a cambio del favor otorgado, dos “peligrosas misiones” según él mismo califica: «la primera, recoger en Lieja información detallada del fusilamiento de una familia española, que tenía un comercio de venta de frutas en la plaza de la universidad, frente a la misma. Los alemanes habían establecido, en la universidad, unas oficinas militares y colocaron en la puerta sus centinelas, los cuales fueron tiroteados por unos pocos desde los edificios de enfrente. A consecuencia de ello, y al no conseguir que los vecinos de enfrente de la plaza entregaran  al culpable, sacaron a todas las docenas de vecinos y los colocaron en línea contra la fachada de la Universidad y, con ametralladoras, los mataron a todos: viejos, mujeres, hombres y niños. La segunda comisión que me encomendó el marqués de Villalobar fue recoger en Lieja a una señora francesa, esposa de un médico militar francés que estaba en Marruecos y, con sus tres hijas, acompañarlos hasta España, haciéndoles pasar por españoles».

Nuevamente la buena suerte de nuestro protagonista, de la que sin duda estaba tocado, hizo su oportuna aparición en el momento adecuado para esquivar las dificultades finales. Así narra Joaquín Ruiz Golluri su salida del territorio ocupado: «Los alemanes nos trasladaron en un tren militar, en un vagón cerrado, desde Bruselas a Lieja, en donde nos dejaron para presentarnos en la Comandancia militar para obtener el medio de ir hacia la frontera holandesa y pasar la misma. Ya en Lieja, y en la misma entrada del Palacio de Justicia donde habían establecido la Comandancia, tuve la enorme y útil sorpresa de ser parado por un oficial alemán montado en bicicleta. Lo reconocí en el acto, pues era, nada menos, que el propietario del piso en el que tuve yo alquiladas dos habitaciones durante mi época de estudios. A mí me apreciaba bastante, así como su esposa, y me explicó que había estado viviendo en Bélgica, en calidad de espía, siguiendo órdenes superiores. Gracias a este oficial fui introducido inmediatamente en el despacho del General Gobernador Militar de la plaza, el cual puso a mi disposición un automóvil, ordenando a mi antiguo patrono que me acompañara hasta la frontera holandesa, lo que realizamos sin dificultad, pasando con facilidad la frontera, gracias al oficial que nos acompañaba». /En la imagen el general alemán Von Emmich entrando en Lieja

Foto realizada en la primera década del pasado siglo en los jardines de la Casa-Quinta de la Familia Ruiz López (actual Hotel Duques de Medinaceli). De pie, en cuarto lugar de izquierda a derecha,  nuestro protagonista, rodeado de su padre y hermanos.

Posteriormente se trasladaron en ferrocarril a Rotterdam, embarcando en un buque de pasaje con destino a Lisboa, con escala en La Coruña, barco que cuando atravesó el Canal de la Mancha fue interceptado por la marina inglesa que, después de comprobar la identidad de pasaje, escoltó con dos destructores al “Gloria” hasta la salida del canal. Desembarcó en La Coruña y desde allí, por ferrocarril hasta El Puerto, donde cicatrizaron sus heridas. (Texto: Antonio Gutiérrez Ruiz. A.C. Puertoguía).


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“...hartos estamos de decirnos y escucharnos que ‘en El Puerto no podrá nunca hacerse nada’, que ‘la gente de aquí somos así’. Pues bien no seamos más ‘así’, no seamos ‘gente’, sino personas, señores de nosotros mismos, capaces de asociarnos para alzarnos, apoyados los unos en los otros, en defensa de nuestra mejor parte…” (Del Manifiesto fundacional de la Agrupación Cultural Portuense MEDUSA).

De izquierda a derecha, Rafael Rodicio Lanzarote, desconocido cuya familia tenía un puesto en la Placilla donde vivían, desconocido, Juan Luis Rodríguez, los hermanos Zaccagnini, Ramón Lobo, Manolo Muñoz Bellvís, desconocido y el poeta José Luis Tejada Pleuffo presidente de Medusa, el poeta Jesús María Serrano Romero y el colaborador de Gente del Puerto Antonio Gutiérrez Ruiz. Entrega de Premios del Trofeo Social de Tenis de Mesa de Medusa. Año 1968.

Más información de Medusa en GdP.
181. MEDUSA. Agrupación Cultural Portuense

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Vista de El Puerto. Anton van Wyngaerden. Detalle. /Foto: Fito Carreto.

Durante cuatrocientos años aproximadamente, estuvo oculta en Viena una ilustración de El Puerto de Santa María fechada en 1567, y llevada a cabo por el especialista en vistas urbanas: el belga Anton Van den Wyngaerden, quién con una precisión a caballo entre la topografía y el arte del fotógrafo, recorrió la España de Felipe II con el real encargo de realizar grabados de las principales poblaciones del país para editar un Atlas que nunca vio la luz.

Este dibujante recorrió El Puerto del Siglo de Oro. Conoció distintas vistas de la Ciudad y las plasmó en sus obras: El Puerto desde el camino de Sanlucar, desde la otra banda del río Guadalete, desde la Bahía de Cádiz. Se hospedó en pensiones de la época: ¿quizás la de la calle Ganado, por aquel entonces llamada calle de la Zangarriana?.

Wyngaerden recrea El Puerto del último tercio del S. XVI. Recoge en su Vista desde el Sureste detalles de naos en el río Guadalete, algunas como la réplica de La Niña que en breve surcará la Bahía. Esboza “Las Ruynas de puente antyque que solía essre? por porte Real”. Nos deja unas vistas inéditas del Castillo y la Iglesia Mayor, sin sus actuales reformas aquel, o antes de la reconstrucción de ésta. Coloca en lugar preponderante las montañas de sal y la explotación de las salinas porque estas “producían tanta sal que acontece muchas veces cargarse juntas 50 o 60 naos, y varcas de sal para Flandes, Ingalaterra, y otras partes”, según se recoge en crónicas de la época. O vistas de la desaparecida Ermita de Guía en la desembocadura del Guadalete, junto a la Playa de la Puntilla, con un molino de viento al lado.

La vida que se refleja en el grabado --que muy pocos conocían aunque fue editado hace varios años en sendas publicaciones por Richard L. Kagan en su libro Ciudades del Siglo de Oro (1986) y reproducido como cartel promocional por la concejalía de Turismo (2002) y estudiado por el historiador Miguel Angel Caballero (2008)--, es la que hemos imaginado muchas veces oyendo a los especialistas en historia hablar de un El Puerto dinámico, que se empezó a hacer a sí mismo hace 730 años, aunque llevando en su interior lo aprendido con acierto desde la época de los fenicios. La reproducción es de uno de varios bocetos ya que el original pereció en un incendio.

Reproducción completa de uno de los bocetos, el editado por la Concejalía de Turismo. /Foto: Archivo de Oronoz.

Otros autores, con posterioridad, han dibujado El Puerto con la poesía, la literatura, la música, la escultura, la investigación, la gestión política, o la iniciativa empresarial, creando instantáneas de una Ciudad en que siempre ha estado en constante movimiento, que hacía que quienes la habitan y la visitan -no solo en verano- quedaran prendados de su calidad de puerto acogedor. Ahora El Puerto que pintara Wyngaerden reclama otra instantánea, otra fotografía. Esperemos que ésta no quede oculta otros 400 años. (Texto: José María Morillo).

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Yo no sé si Vd. se piensa morir, pero, por lo general, todo el mundo se muere, a menos que Vd. haya concluido que se va a quedar para simiente de rábano o siga a algún Guru que le haya metido en el caletre que se va a reencarnar. A todo el mundo le llega su día, como a todo cerdo le llega su San Martín, que dice el refrán. Dicho de otro modo, o "expressione latina", que diría el Papa: "Hodie mihi, cras tibi", que era el letrero que campeaba en la puerta del cementerio de esta Ciudad y que una tata Antonia que hubo en mi casa traducía libremente: "Por aguantar un peo, aquí me veo".

"Este está para Santa Clara" o "Este está para que se lo lleve Carrurra" son dos frases que indican lo mismo: que se está en las últimas. Porque Santa Clara es el barrio donde está el cementerio de Santa Cruz--que así se llama el de nuestra Ciudad-- y Carrura un sepulturero portuense, que ha quedado en los dichos populares. Pero, además, el barrio de Santa Clara, siempre se ha conocido como "El Otro Mundo". Así, si Vd. recuerda, cuando se llegaba a la aserradora de Pastor, que estaba en la calle Misericordia, y preguntaba por alguien, seguro que se sorprendería, porque le dijeran que ese alguien estaba "en el otro mundo". Y es que "el otro mundo" era el almacén de maderas que tenían en una nave de bodega frontera con la carretera del cementerio "en el quartel de Santa Clara" que dicen los padrones, que es lo mismo que el barrio de "el otro mundo".

Así que si Vd. tiene tragado que se va a morir como todo bicho viviente, no ha pensado quedarse para simiente de rábano, ni cree en la reencarnación, debe saber, también, que, para el caso, está totalmente contraindicado comer carne de grulla. La carne de grulla produce una larga y penosa agonía en quienes la han comido alguna vez en su vida y exhalar el espíritu supone un largo proceso, a menos que sus deudos y familiares caigan en la cuenta y llamen a especialistas, que los ha habido--no sé si ahora los hay-- que, en la escalera de la casa donde se encuentra el moribundo, imite a la perfección el canto de la grulla, con cuya armonía, muere placidamente el agonizante.

Lo de toda la vida, en las familias de orden y de concierto, ha sido llamar al cura. No debe dejarse para el final, porque el moribundo debe ir bien preparado. Eso de ir simplemente "aliñado", esto es, con el "Santólio", aun con ser loable, no es lo más conveniente. El enfermo debe confesar y recibir el viático, recoméndarsele el alma y, finalmente, ser responseado con los convenientes hisopazos y gori-goris.

Ser un Don Guido --el de Antonio Machado-- y tener, al final, "un punto de contrición", cono Don Juan Tenorio, no está mal tampoco. Pero lo de cajón, para poder ponerlo en las esquelas y, en particular para la salvación del alma, es irse al otro barrio "después de haber recibido los Santos Sacramentos y la bendición apostólica de S.S.". Porque, si no, solo se puede poner "auxiliado con los Santos Sacramentos", lo que es lo mismo que bien "aliñado".

Santos óleos.

Por cierto, que caso de ocurrir el fatal desenlace, lo mejor, si es que no disponía de sillería, ni isabelina, ni imperio, ni chipendale, ni victoriana, ni tan siquiera de Benamahoma, es acudir , como toda la vida, a alquilarlas a Pasaje, que las tenía almacenadas en la antigua capilla de Jesús de los Milagros; hacer una buena olla de caldo, tener previsto el aguardiente y, sobre todo, el agua de azahar, por si ocurriera, que casi siempre ocurre, que alguna señora se priva, en pleno duelo, con la aflicción de la pena.

Temible es, en estos casos, la presencia de alicantinas, que se ponen, con la mejor intención y en aras de la salvación del alma del difunto, a entonar padrenuestros por cada clavo del Señor, por las cinco llagas y hasta por los pelos que le arrancaron de la barba, con una vehemencia y tenacidad encomiables, pero también tocantes a la risa. Ya se sabe que los mejores chistes del mundo se cuentan en los velatorios y duelos.

Velatorio. /Foto: Eugene Smith

Pero, atención, mucha atención, muy saludable y de particular interés es echar, de cuando en cuando, una miradita al muerto. Con el parpadeo de la llama de los cirios, con el reflejo del cristal de la tapa del ataúd, y con la sugestión que cada uno tenga, a veces, parece que el difunto ha movido los párpados o la boca. Casos se han dado, que el muerto no era tal. Así, quien tenga edad que lo recuerde, Carmen Vila, la portera de Acción Católica, pudo haber sido enterrada hasta dos veces viva. Sucedió que con la entonación de los latines del cura y del sochantre se reanimó, ante el pasmo general. A la tercera, fue la vencida. Y es que  algunos humanos, por la razón que sea, hacen lo que yo llamo "el ensayo general" para comprobar cómo se portarían, en ese trance, los herederos y parientes.

Lo normal, es que llegado el caso, en la casa doliente, lo primero que ocurría era la entrada de Luis Muñoz, diligente agente funerario, que tomaba cartas en el asunto. Lo segundo, la entrada de Ruperto, para tomar medidas. Lo tercero, el encargo de la caja a Enrique , el de los Muertos (aunque es de notar que si el entierro era en el hospital, de caridad, o en en Asilo de las Hermanitas de los Pobres, el ataúd lo hacía, de pino, teñido de nogalina y con una cruz de cinta morada, Teodomiro Alcántara, que tenía su taller frente por frente al Hospital y, era ,además, un gran ebanista).

Gente prevenida, como Angelito Martínez García, el artesano de los muñequitos de nacimiento, ha habido pocos. Ángel Martínez tenía, hecho de su propia mano --pues era, también, carpintero--, su ataúd, de madera de ciprés, colocado bajo la cama y, con su diseño, un panteón, en el primer patio del cementerio, ejecutado por el célebre marmolista sevillano Rovayo.

Curiosa inscripción en una lápida del cementerio.

Dispuesto todo eso que digo, hora era de ponerse los lutos. El luto riguroso, consistía en todo negro y, en las mujeres, además, las medias y el velo, el corto y el largo, llamado "la pena". Se revolvían armarios, roperos y arcas en busca de ropas de ese color y, caso de no hallarlas, se recurría a los consabidos tintes "Iberia" o a que familiares y amigos la proporcionaran.

Acto seguido, alguien allegado, se dirigiría a los balcones de la casa, si los hubiera, y alzaría los rodapiés, signo inequívoco de que la familia habitante estaba de luto. Otro que tal, se encargaría de poner en la casapuerta, cerrada a media hoja, una mesa con una bandeja, para las tarjetas y pliegos para las firmas de pésame. Fulanita de cual, proporcionaría el hábito de San Francisco para amortajar al difunto, el cordón y el escapulario de la Orden Tercera, la cera para sellarle los ojos y el pañuelo para forzarle a apretar la boca, de tal manera que algún recién fallecido parecía más padecer de un flemón que ser un verdadero muerto.

Los amigos le dedicaron una original esquela a su presidente.

Conviene que alguien, con buena caligrafía, rellene los nombres, apellidos y direcciones en las esquelas, de acuerdo con la lista que entre todos los circunstantes se preparaba, no bien llegaran las esquelas de la imprenta de Pérez, porque, del temprano y buen reparto, dependía la afluencia de gente a la casa y, luego al entierro. Y un entierro, bien poblado, es signo del singular afecto que el difunto y la familia gozan en la ciudad y fuera de ella.

Así que, durante toda una noche y, una mañana, discurría el velatorio, entre entradas y salidas, llamadas telefónicas, telegramas, rezos, ayes de dolor, llantos incontenibles, palabras de pesar, chistes verdes y marrones, más rezos, tazas de caldo, de café y copas de aguardiente, según los casos, pero siempre, ante el cuerpo presente del muerto, beatíficamente quietecito, con el crucifijo y el rosario en las manos entrelazadas, y, por lo que se oye comúnmente, el más bueno de la tierra, porque no hace falta más que morirse para ser bueno.

Monumento funerario de Enrique O'Neale Ybray, entrando en el cementerio, a mano izquierda.

A la hora señalada, a la vez que de la Iglesia sale el clero, con la cruz alzada, el sochantre, para dirigirse a la casa mortuoria, en la propia casa se organiza la cabecera del duelo. En la habitación más capaz, o en el patio, se forman los hombres más allegados, como en media luna y van recibiendo la "cabezada" de todo aquel que, por curiosidad, o por cariño al difunto o a la familia va entrando y saliendo. En la calle se forma un grupo, grande o pequeño --que, escrito quede-- hay entierros que dan pena verlos de poco público, y al poco se ve llegar al clero, con uno dos, tres y hasta ocho caperos revestidos con ornamentos negros, (según fuera de primera, de segunda o de tercera) con la Cruz alzada, los ciriales, el sochantre, el monaguillo con el libro , el acetre y el hisopo, y todos entonando, por lo alto o por lo bajo, latinajos, más o menos familiares para los asiduos a estas manifestaciones, de los que se pegan al oído, lo de"A porta inferi, erue, Domine, anima eius", y "Requiescant in pace, Amén", aparte de alguna otra palabra suelta de cuyo significado no queda constancia, y "Pater noster", al rociar de agua bendita, con el hisopo, el cadáver que, a manos de los más próximos, se acerca a la casapuerta, ante escenas de dolor. Luego, una dos, tres cuatro... posas, es decir paradas, desde la casa al cementerio, según se haya concertado, y en cada posa, un responso: otra vez latines inteligibles con la voz perruna del Padre Lobo, cánticos de Dueñas, agua bendita, y andando.

Traslado a pie de los féretros de las víctimas del accidente de la calle San Juan, ocurrido en febrero de 1963, desde la Iglesia Mayor al Cementerio Campal.

Por lo común, cualquiera que fuera el domicilio de donde partiera el entierro, a hombros --porque aún no se había establecido la moda del coche-- siempre se subía la cuesta de la calle Santa Clara hasta el cementerio. Al entrar, recibido por Carrurra, por Cándido, el Conserje, y por don Tomás o don Anastasio, sacerdotes capellanes de la Ciudad, se procedía a la cristiana sepultura del cadáver.

Tapia derruida del antiguo Cementerio Inglés. (Foto: AGR).

Si el difunto era disidente, moro, suicida o cosa parecida, nada de esto es aplicable. Para eso había un cementerio contiguo, detrás, con un letrero de caracteres arábigos, en donde se enterraban, además del llamado cementerio de los ingleses, que estaba justo donde el "CARREFOUR" [antes PRYCA y mas antes HIPER)], que acogió a muchos de los primeros bodegueros que se instalaron en la zona.

Y, aunque lo que valen son las oraciones y sufragios por los difuntos, había quienes le encargaban coronas de flores a Antonio "Carabina", a Macías, el de la "Cerería" o a "Paco Teleras" que hacían verdaderas obras de arte y le añadían perifollos y cintas con letreros laudatorios y recordatorios del difunto.

Curioso enunciado en la esquela de Doña Petra XX XX.

Dije antes que por la calle Santa Clara pasaban todos los entierros. No he dicho que, inmediatamente detrás del féretro iba la cabecera de duelo. Pues lo digo. Y quiero recordar a aquel hijo doliente que, calle Santa Clara arriba, detrás del cadáver de su padre se quejaba: «Ya lo llevan a donde no se vive; ya lo llevan a donde no se come; ya lo llevan a donde no se bebe…» Y "Saldiguera" que, borracho, estaba apoyado en una ventana exclamó: «--Vamos, a que lo llevan a mi casa». (Texto: Luis Suárez Ávila).

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De izquierda a derecha: Salvador Navarro Marquina , Miguel Sibón Pantoja, Manuel Julbes Cuellar, Aurelio Sellés Nomdedeu, Juan Vargas (cantaor y propietario de la Venta de Vargas) y José Brea “Breíta”. Más a la derecha y al fondo está Rafael de Jerez (tocaor de guitarra).

Frente al número 7 de la calle Capillera -- mi casa--  conocida en aquel tiempo por ‘la Casa del Cabo Mulero’, tenía José Brea ‘Breíta’, una Gallera de pollos ingleses de peleas, que exportaba a Sudamérica. Este hombre, nacido en Cádiz, fue una enciclopedia viviente del flamenco; conocía todos  los cantes, bailes y artistas de este género. Era cuñado del insigne cantaor gaditano Manolo Vargas, contertulio de Agustín 'el Melu' en el gaditano Bar Andalucía y del bailaor Antonio Vargas, apodado ‘el Cojo Peroche’. De este simpático artista --se quejaba su cuñado ‘Breíta’--, cuando venía de Cádiz a El Puerto de visita, «ese día me quedaba sin habanos y sin whisky».

Era la calle Capillera una calle con mucho ambiente, junto a mi casa había una tonelería de dos socios: ‘El Torero’ y Agustín Álvarez, padre del que llegaría a ser alcalde comunista, Antonio Álvarez. En la esquina estaba la tienda de comestibles de Joselito ‘el Gallego’ que con el tiempo sería conocida como Bar Jamón y cuyo hijo Pepe Fernández ha levantado ese hermoso restaurante en la rotonda del Molino Platero.

Pero volviendo a esa gallera, en ella trabajaba un matrimonio de raza gitana, ‘la Jeroma’ y Curro Canales, gran entendedor en cuidar y poner a punto los pollos, para las peleas. Cuando tenían mucho trabajo venía Paco Gatica, persona conocedora en gallos de esta especie.

LOS FLAMENCOS DE ‘BREÍTA’.
Gran aficionado al flamenco y a los toros, 'Breíta' había sido novillero, por su casa pasaron: Antonio Ordoñez, Rafael Ortega, ‘Limeño’, Miguel Báez ‘Litri’, Juan Antonio Romero ‘Ciclón de Jerez’,  Manolo Caracol, Lola Flores, Pericón, ‘Beni de Cádiz’, ‘Paquera de Jerez’, Amor Rodríguez, Aurelio Sellés ‘el Tuerto’, Manolito Barrera ‘el Soldao’, Fernando ‘Terremoto’, ‘Sordera Jerez’, ‘Sernita , ‘La Perla de Cádiz’, Manuel Bermúdez Junquera ‘Anzonini’ (ver nótula núm. 524 en GdP), Manuel Parrilla, Fernando Gatica, Pepa Campos, Félix de Utrera y Roberto Iglesias, un buen guitarrista, portuense. /En la imagen de la izquierda, Manuel Bermúdez Junquera, 'Anzonini de El Puerto'.

Me comentó el guitarrista Félix de Utrera que cuando José ‘Breíta’ iba a Madrid, tenía asegurado dos meses de supervivencia, dada la cantidad de amistades y conocimientos que tenía en la capital, en aquellos años de los sesenta que fueron también muy duros. Le agradezco a José Brea, al que yo considero amigo,  la extensa  información  y datos que aportó al flamenco. (Texto: Antonio Cristo Ruiz).

 

 

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Manolo Figueroa, retratado delante del Mercado de Abastos en 2004.

Manuel Figueroa Rueda, nació en 1918 perteneciente a una familia con una larga raigambre en nuestra Ciudad, por mas de 10 generaciones. Muy conocido en los ambientes taurinos y cofrades, fue un trabajador incansable para sacar adelante a una familia muy prolífica con 12 hijos. Fue herido en la Guerra, que le cogió con 18 años y le dejó metralla en el cuerpo. Tenía los pies curtidos de trabajar en las Salinas, en la Fábrica de Harina, arrumbador en Bodegas Terry… y por afición o por religiosidad popular, arrimaba a su casa unas pesetas como capataz de pasos de Semana Santa cuando las cuadrillas de costaleros se ganaban un jornal llevando la carga de los pasos, entre copa y chicotá, por las calles de El Puerto.

Pero su afición estaba en el planeta de los toros. De todo hizo en la Plaza Real, responsable de la cuadra de caballos, aunque especialmente prestó sus servicios auxiliares ‘con la camisa roja’, como monosabio ayudando y socorriendo a los picadores o varilargueros, llegando a pertenecer a las cuadras de caballos de Belmonte, Romualdo y José Almodóvar y también a la de Antonio Peña. Colaboró con muchas figuras del toreo que pasaron por la Plaza, entre ellas el mítico Manuel Rodríguez ‘Manolete’. Preocupado por ‘sus’ caballos, llegó a pasar noches con ellos para no dejarlos solos o si alguno andaba enfermo. /En la imagen de la izquierda, estudio que hizo Arturo Michelena del monosabio para su pintura 'La Vara Rota'.

En el año 2000, la Tertulia Taurina ‘La Garrocha’ le tributó un mas que justo homenaje por su dilatada labor,  en el mundo del toro, setenta años ligado a la Plaza, donde su sabiduría de años, su intuición, y sus consejos eran bien recibidos de cuantos participaban en la Fiesta. En aquel homenaje el veterinario Antonio Ruiz le dedicó entre otras, estas cariñosas palabras: «Y gracias al final Manolo, de ‘Jardinero’ tordo vinoso, por aguantar a su lado cuando la vida se le escapaba durante cuatro días y cuatro noches de vela, insomnio y vigilia cuando Guardiola traicionero, de astas certeras y afiladas, le echó las tripas afuera. Nunca olvidaré la expresión de tu cara quebrada por el dolor y las lágrimas de los ojos agotados, cuando al final ‘Jardinero’ se te fue para siempre. Y gracias Don Manuel, de cinco generaciones de afición a los toros, porque sin ti la grandeza y emoción de la suerte de picar en esta Real Plaza, ya no será igual». /Junto al cronista taurino Manolo Herrera, de 'En el Albero'. 

 Manolo nos dejó con 84 años, el 18 octubre de 2002. Muchos recordamos su figura con su gorra y su puro. Previamente a su sepelio, la comitiva fúnebre pisó, con el féretro a hombros, el albero de la Real Plaza, en póstumo homenaje.

Manolo Figueroa, flanqueado por dos picadores, Guillermo Rosales y Romualdo Almodóvar el día de su homenaje celebrado en Bodegas Osborne.

Su nieto, Jesús Ramírez Figueroa, portuense en la diáspora y director de una boutique de lujo en Londres, en la zona de Mayfair recuerda que «Mi abuelo era un porteño cabal, de los pies a la cabeza y reconocido en El Puerto por muchas cosas. De herencia no nos dejó ni una gorda, pero la sabiduría taurina, de nuestra Semana Santa, de trabajar a destajo, … era herencia vale mas para mí que todas las gordas y perras chicas que pueda cualquiera juntar. Recuerdo un caballo de las cuadras de Sevilla de nombre ‘Fregená’ con el que perdía el sentío; era un percheron cruzado de al menos 400 kilos con un pecho como un armario empotrado, pero tan dócil como un borrego. De muy chico me llevaba a La Burra (ver nótula núm. 489 en GdP) y entre aroma de puro habano, Ponche Caballero, coñac y vino porteño, yo absorbía la cultura de El Puerto».  El nieto de Figueroa, además de hablar castellano, inglés, griego, francés, portugués e italiano y defenderse en árabe, intenta con todo su afán conservar y defender el habla de El Puerto que practica siempre que puede.

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En un inocente ejercicio de política ficción, si los portuenses mañana se liaran la manta a la cabeza y, emulando al cantonalismo decimonónico, se proclamaran nación independiente, El Puerto ocuparía el puesto 183 en población y 191 en extensión de la clasificación mundial. Sería más grande que 17 países independientes y colonias del mundo y tendría más población que 31 naciones y territorios.

En esta “microgeografía” abundan los pararisos fiscales y muchos vecinos estarían encantados con la idea, haciendo la competencia a Andorra y Gibraltar, dos cercanos ejemplos de estos edenes del “duty free”, la evasión de divisas y el cartón piedra empresarial. En extensión, el término municipal portuense, con 159,4 kilómetros cuadrados, es casi similar al del principado centroeuropeo de Liechtenstein, cuna de Tatiana, frustada pretendiente del príncipe Felipe. En población con un enorme ascenso en el último quinquenio alcanzando los 88.000 habitantes, El Puerto está parejo con las índicas Seychelles, uno de los destinos más pujantes para las lunas de miel.

Los micropaises en general, o son reductos de la Historia o archipiélagos casi perdidos. En Europa encontramos San Marino, que fundaron unos eremitas en siglo IV; Andorra, superviviente feudal; o Mónaco, recuerdo de los enclaves piratas mediterráneos. El anacronismo colonial de Gibraltar lo tenemos presente los españoles. En Asia sólo se registra la colonia lusa de Macao, que pasó a China. El resto, en África, América y Oceanía, en la “microgeografía” se hallan simpáticos archipiélagos como las Marshall o las Marianas, de origen colonial español tomadas por Estados Unidos y Alemania en el siglo XIX, o islas que salpican al mapa como Naurú, todo un fortín de fosfatos, o la volcánica Montserrat. /En la imagen de la izquierda, Pendón de El Puerto de Santa María, reverso, que, propiedad de Don Guillermo Tirry, Marqués de la Cañada,  enarboló  a caballo, en las fiestas que se celebraron en esta Ciudad con motivo de la proclamación del Rey Fernando VI. Esta cara del pendón repite, en las cuatro esquinas, bordado, el escudo de El Puerto. El anverso tiene las Armas de la corona de España completas. Este pendón se quemó en el incendio que hubo en el palacio del Marqués de la Cañada en Madrid.

La independencia tiene sus ventajas pero también sus inconvenientes en materia de defensa, representación diplomática o administración monetaria, que suponen un alto coste. Por eso, en 1955, los habitantes de las Islas Bermudas mediante referéndum rechazaron separarse de Gran Bretaña. Lo del estratégico islote de Pitcairn tiene su gracia, la Commonwealth británica lo tiene “catalogado” pomposamente como colonia, cuando alberga a 50 ciudadanos perdidos en el Pacífico.

1,4 PORTUENSES.
De cada 100.000 habitantes en el mundo, 1,4 son portuenses. Si distribuyéramos equitativamente en estadios como el Bernabéu la población mundial, cerca de 6.000 millones de almas, 21.000 espectadores serán chinos, 16.000 hindúes, y 760 españolaes, con un atestimonial representación de El Puerto. En el último censo la ciudad registra un total de 88.203 habitantes, repartidos casi por igual, entre hombre y mujeres, con un ligerísimo predominio de las féminas. La densidad del término municipal es de 454,57 habitantes por kilómetro cuadrado, que quintuplica la media española.


PAISES Y COLONIAS MAS PEQUEÑOS QUE EL PUERTO.
Lichtenstein (Europa) 159,9 Km² (sólo cinco hectáreas más grande). Islas Vírgenes Británicas (RU) (América) 152 km². Santa Elena (RU) (Africa) 121 Km². Islas Caimán (RU) (Am) 120  Km². Montserrat (RU) (Am) 102 Km². Anguila (Am) 96 Km². República de San Marino (Eu). Bermudas (RU) /Am) 53 Km². Niue (NZ) (Oceanía) 30Km². Tuvalu (Oc) 26 Km². Naurú (oc) 21 Km². Macao (P) (Asia) 16,9 Km². Tokelau (NZ) (Oceanía) 10,2 Km². Gibraltar (RU) (Eu) 6 Km². Pitcairn (RU) (Oc) 4,7 Km². Mónaco (Eu) 1,2 Km². Ciudad del Vaticano (Eu) 0,44 Km²


PAÍSES Y COLONIAS MENOS POBLADAS QUE EL PUERTO.
Rastreando la “microgeografía”, El Puerto tiene más habitantes que 31 países y colonias del orbe mundial. En Europa: Andorra 58.000 habitantes. Islas Feroe (D) 47.000. Gibraltar (RU) 31.000. Liechstenstein 28.000. Mónaco 27.000. San Marino 23.000. Vaticano 1.100. En África: Seychelles 70.000. Santa Elena (RU) 7.500. En América: Aruba (H) 62.000. Bermudas (RU) 60.000. Groenlandia (D) 57.000. San Cristóbal  y Nevis 42.000. Islas Caimán (RU) 29.000. Islas Vírgenes Británicas (RU) 17.000. Turcas y Caicos (RU) 13.000. Montserrat (RU) 11.000. Anguila 8.000. San Pedro y Miguelón (F) 6.000. Malvinas(RU) 2.000. En Oceanía: Samoa Americana (EU) 50.000. Islas Marshall 49.000. Marianas 47.000. Cook (NZ) 17.000. Palaos(EU) 16.000. Wallis y Futuna (F) 14.000. Tuvalu 12.000. Naurú 10.000. Niue (NZ) 2.000. Tokelau (NZ) 2.000. Pitcairn (RU) 50.

Pero, a fin de cuentas, esto sólo ha sido una suposición geográfica. El Puerto, con más de 700 años de fidelidad castellana, se siente orgulloso y feliz de ser andaluz y español. Aunque, a quién no le gustaría ver jugar la Liga de Campeones al Rácing Portuense. (Texto: Francisco Andrés Gallardo).

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Excelentemente dotado para el metro y la retórica, José Luis Tejada es poeta de un amor desarbolado y carnal, correlato de tormentas psíquicas y desgarrones existenciales. El clasicismo del verso endecasílabo (Lope al fondo) se combina con el popularismo del octosílabo, aflamencado y de raíz andalusí (al fondo Alberti). Ambas tendencias se conjuntan en la obra de un autor proteico, versátil, de varios tonos y diversas máscaras, en quien la poesía queda prendida en los encajes de un manierismo de asombrosa realización técnica. (B.V. Miguel de Cervantes).

José Luis Tejada (El Puerto de Santa María, 1927-Cádiz, 1988) tuvo una aparición relativamente tardía, pues publicó su primer libro en 1962: Para andar conmigo (Homenaje a Lope de Vega).

Claro que el propio poeta advierte al inicio del mismo que "casi todos estos poemas, cuya sujeción a los metros y temas tradicionales el autor juzga hoy excesiva, fueron escritos entre 1945 y 1955".

Lope de Vega le brindaba alguna de sus máscaras para poetizar sobre esto o aquello, pero también el metro -Tejada demuestra ser un excepcional sonetista- y la retórica, aunque en según qué casos los motivos poetizados pudieran cuestionar el procedimiento elegido: en el poema "Receta para rellenar sonetos", o en "Pide el poeta perdón por tanta rima", avisa contra los peligros de una actitud mimética y neoclasicista a la que se había él abrazado.

Cinco años después de la publicación de ese primer libro, dio a las prensas Razón de ser (1967), una prueba de fuego para un escritor que había fiado todo al admirable artificio urdido a la sombra de los clásicos. El nuevo libro no descuidaba este aspecto -hay en él excelentes sonetos-, pero asomaba el verso libre, esta vez para dar curso a pasiones desarboladas y tormentas psíquicas que conectaban con la poesía tremendista de los años cuarenta, en poemas que por lo común bandeaban entre la sustancia amorosa y la expresión del desarraigo existencial. El poeta, que había velado sus armas en la tradición literaria, incorporaba en ese momento una tópica amorosa de carácter erótico, pasional y sensual hasta donde no es frecuente en la poesía de su tiempo. La compulsión de los cuerpos, los estertores expresivos y la zozobra erótica arrancaban de cuajo el poema de los encajes manieristas de su primer libro.

José Luis Tejada volvió decididamente a los sonetos en El cadáver del alba (1968), cuya primera parte es un compendio de situaciones amorosas donde el poeta alcanza una de sus cimas artísticas, toda vez que encuentra la mayor naturalidad en la estructura de ese soneto que para otros autores es una cárcel de la que no logran salir estéticamente indemnes.

En el libro, el amor pierde alguna vez el empaque de pasión desaforada, y agacha la cerviz para adaptarse a los humildes requerimientos de la vida de todos los días: una suerte de cotidianeísmo en que la grisura del mundo referido va de la mano de una alta intensidad expresiva.

Su siguiente libro, Prosa española (1977), sorprende por diversos conceptos, el primero de todos su adscripción, externa al menos, a la poesía social. Resulta curioso que su publicación se produjera en un momento en que se estaba asentando la democracia en España, y, desaparecida la censura, los testimonios sociales ya no necesitaban canalizarse a través de la poesía. Si su primer volumen planteaba la guerra contra la corriente comunicativa entonces dominante, ahora parecía que el autor se asimilaba a ella, a efectos al menos retóricos ya que no siempre temáticos, cuando se había cancelado su tiempo histórico. He aquí los contrapuestos márgenes a que es expulsado el poeta desde la centralidad de la poesía dominante: formalista neoclásico cuando estaba vigente la poesía social, poeta "social" (sólo o con preferencia en el lenguaje) cuando la poesía social ya había periclitado. Ello no era óbice, sin embargo, para que, utilizando el decir popularista que tantas veces le sirve de cauce expresivo, volviera a arremeter contra la identificación de la poesía -el canto- con la proclama insurgente. Si excluimos el territorio del lenguaje (comunicativo, transitivo, alejado de ensimismamientos), el tono del libro parece encubrir vacilaciones de lo que llamaríamos el lugar del sujeto, como lo muestra el ocasional repudio de los temas sociales y del decir "colectivo" ("un madrigal colectivo / no sirve de madrigal").

Del río de mi olvido (1978) constituye una muestra de la entonación folclórica, de raíz popularista y albertiana, a la busca del núcleo de lo flamenco que ocuparía el aprendizaje del autor.

El conjunto que presentaba era, en realidad, anterior en la escritura a su primer libro, y bien podría considerarse como una manifestación de su prehistoria poética: útil sobre todo para registrar el proceso de aprendizaje, así como el de fusión entre lo heredado y lo adquirido.

Un último volumen exento -recopilaciones antológicas al margen- puede considerarse como el testamento poético del autor: Aprendiz de amante (1986).

José Luis Tejada es un poeta del amor, motivo éste al que se supeditan todos los otros. Pero frente a lo que sucedía en su primer libro, donde la tradición barroca era omnipresente, aquí el autor consigue poner la tradición al servicio de unas orientaciones temáticas propias. Abre así un amplio abanico de subtemas eróticos y de las respectivas actitudes psíquicas adecuadas a los mismos, entre las que predomina la simbiosis entre el amor, por lado, y la maceración y el desgaste existencial, por otro. Nos enfrentamos aquí a un amor menos literaturizado que en otras ocasiones, vinculado a los avatares de una determinada biografía, y que estilísticamente incorpora señales de una desvertebración lingüística extraña a los libros anteriores del poeta. Los poemas de expresión violenta y de quevediano desgarrón afectivo llaman la atención en razón de los inicios manieristas del poeta, pero los hay también acomodados a los efectos de la edad con la consiguiente declinación vital, en una hermosa actualización del ubi sunt? aplicado al envejecimiento de la amada.

Cuidemos este son (1997) se publicó años después de su muerte y responde a una vindicación de lo flamenco. Como sucediera con su admirado y estudiado Rafael Alberti, Tejada fue un poeta que osciló entre vertientes estéticas contrapuestas: la hiperculta (basada en el endecasílabo), por un lado, la neopopularista (basada en el octasílabo), por otro. Esta última es la que predomina aquí. El libro en cuestión cierra la imagen de un poeta versátil, irregular, retóricamente muy bien dotado, cuya voz quiso amoldarse a las pautas de una tradición poderosa, estrictamente literaria o de carácter oral, en la que nunca deja de escucharse, empero, lo singular de su timbre. (Texto: Ángel L. Prieto de Paula).

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Ángel Lara ha editado una tirada limitada a 100 carpetas con 3 reproducciones de obras del artista portuense, numeradas y firmadas por el autor. La temática no puede estar mas de actualidad: una imagen del Castillito, en la playa de La Puntilla y dos del Vapor, una de ellas del cartel que anunció su reciente exposición en el Club Náutico. Precisamente de dicha exposición es la presentación que hicimos del pintor y que reproducimos a continuación.

EXPOSICIÓN VERANO 2011.
«A Ángel Lara lo conocía de referencias, por la amistad que tenían su padre y el mío. Admiré de siempre a Angelito –como le gustaba llamarlo a su padre— porque sabía comunicar muchas cosas con líneas, formas y colores. A Ángel lo que le gusta, lo que sabe hacer, de lo que vive, es de la ejecución  de esas líneas, formas y colores. No frecuentábamos los mismos ambientes pero en la distancia esa admiración crecía. Tuve el atrevimiento de acercarme a él con motivo de su cartel anunciador de la Feria de Primavera del pasado año, y ahí empecé a confirmar lo que ya imaginaba. Descubrí secretos de su obra, su pensamiento, su forma de entender la vida cuando accedió a ser inmortalizado en el lienzo efímero de Internet, a través de la web Gente del Puerto. Tuve ocasión de bucear en su obra, en unos casos lienzos y tablas, en otros fotografías y descubrí a un entusiasta amante de esta ciudad muchas veces ingrata. Ahí está la primera de las claves de su esencia de pintor: El Puerto.

 

Los interesados en la carpeta pueden obtenerla llamando a los teléfonos 669324546 o 606842363, o bien en el correo electrónico: pintorangellara@gmail.com

Decía su padre, que Dios iba repartiendo bolitas al azar sobre los hombres, con diferentes dones, talentos y habilidades. Y al que le tocaba le tocaba. A Angelito, le tocó la bolita del arte, del arte de los pinceles, de ser pintor. Sería en la casa del ‘pintor de la luz’ –del que poco pudo aprender por estar cumpliendo éste con sus compromisos profesionales en el extranjero—donde desde pequeño, empezó a sentirse embriagado por los olores de los óleos, aceites, disolventes, telas encoladas y maderas nobles que sirvieron para que muchas obras de su progenitor hayan pasado a la historia de la pintura no solo de El Puerto. Como él, gusta de enviar cartas manuscritas donde no se leen palabras, se perciben sentimientos muy profundos. Y como él, posiblemente se marche de El Puerto una temporada a mostrar su arte fuera del territorio patrio. Ahí tienen pues la segunda de las claves de este pintor: su padre.

Tengo la suerte, poco cultivada la verdad, de ser vecino en horario de trabajo de nuestro protagonista. En la plaza del Castillo, la ventana de mi despacho da frente por frente al balcón de su estudio. De por medio, la plaza y a un lado el edificio mas antiguo que se conserva en El Puerto: el Castillo. Desde una Casa de Cargadores a Indias construida en 1660, la de Aranibar, puedo divisar sin gafas ni anteojos el balcón siempre abierto de su sala de pintura. Instalado en la primera planta de una casa de vecinos más típica no la hay, Angelito se inspira, a veces con incienso, otras con un amontillado de la tierra y las más con el espíritu que impregna la historia vivida en esa Plaza, desde que El Puerto lo fundara como tal Alfonso X el Sabio hace 730 años. La tercera clave de su oficio, no me cabe la menor duda, es su gran sensibilidad.

Y quizás ese sea el rasgo más característico de la personalidad de nuestro pintor: la sensibilidad. Tiene una capacidad como muy pocos para percibir cosas que nos están negadas al común de los mortales. Hablar con él cuando está a gusto es escuchar a un poeta –y eso que él afirma que solo sabe pintar--.  Angelito escucha los colores como si fueran sinfonías y luego los plasma en un lienzo. Le habla a las paletas para que se organicen, se transformen en  una mezcla ordenada de colores y lugares de El Puerto. Los colores le hablan de tu, le conocen como si él fuera uno más de la caja de acrílicos. Siente el sabor punzante y acre de la arena cuando pinta algún rincón de la playa de la Muralla. Percibe el frío de las aguas del canal, cuando recrea la desembocadura del Guadalete y sabe pintarlo como lo siente, con la piel en carne de gallina. Tiembla cuando reproduce algún rincón de El Puerto porque está congelando, pincelada a pincelada, capa a capa, color tras color, una nueva dimensión cuántica en el espacio tiempo de nuestra Ciudad. Su mujer, su compañera vital, María José sabe de lo que hablo. 

Ángel Lara y José María Morillo, durante la presentación de la exposición en el Club Náutico de este verano, a cuyo acto pertenecen estas líneas.

Mientras, yo he recibido el don de poder emocionarme con Ángel y me apena que muchos paisanos o turistas accidentales no hayan visto aún lo que se pierden al no contemplar, ayudar, organizar o comprar alguna de sus creaciones, momentos llenos de vida de El Puerto. Aunque es una pena breve, fácilmente solucionable porque, a partir de esta noche, porteños y quienes nos visitan tienen la oportunidad de beneficiarse del bálsamo para el espíritu que supone su obra. Enhorabuena Ángel». (Texto: José María Morillo).

Más información de Ángel Lara en GdP.
615. Ángel Lara. El pintor figurativo.
753. Ángel Lara expone en el centro.

El cocinero Angel León logra aplicando técnicas de Física Cuántica que sus platos tengan movimiento y una sopa “se mueva” al compás de la música. A partir del próximo año el restaurante de El Puerto contará con una mesa especial para dos en la que servirán platos que simulan el movimiento de las olas del mar.

 

El cocinero Angel León. / Foto: Restaurante Aponiente

Los platos hasta ahora se olían y se comían, pero a partir de principios del próximo año también habrá que dejar unos instantes para comprobar como se mueven porque en 'la mesa mágica',  una nueva experiencia que pondrá en marcha el  cocinero Ángel León (1 estrella Michelín) en su restaurante Aponiente de El Puerto de Santa María, algunos de sus platos también tendrán movimiento, se moverán al compás de la música recordando el vaivén de las olas del mar.

León señala que ha dedicado varios meses a estudiar como hacerlo. «--Era una vieja obsesión que tenía, la de lograr representar en un plato el movimiento del mar, las olas. Por fin este año he logrado encontrar la solución y ya estamos finalizando los trabajos para que a principios del año que viene en Aponiente se sirvan platos con movimiento. Será algo totalmente innovador, una nueva sensación».

El cocinero portuense, una vez más se ha aliado con los científicos para conseguir su objetivo. En esta ocasión han sido las universidades andaluzas las que le han apoyado y le han ayudado a buscar técnicas con las que desarrollar su idea. La solución la han encontrado en algo tan lejano a la cocina como la Física Cuántica, una ciencia que estudia el movimiento de las partículas. El equipo de Angel León, en colaboración con los científicos andaluces, han logrado conseguir que el contenido de un plato se mueva al compás de la música.

La técnica consiste en la construcción de una mesa especial que tendrá dos platos fijos, uno por cada comensal,  sobre los que se colocarán los platos que lleguen desde la cocina. Gracias a un sistema basado en las vibraciones que produce la música sobre este plato especial, se conseguirá que el contenido de este se mueva al compás simulando movimientos que irán variando mientras el comensal consume el plato. «--La idea -señala León- es que simulemos lo más exactamente posible el movimiento del mar. Se verán sus diversos estados, los vientos, el oleaje…». En principio el sistema se aplicará a dos platos. Uno será una sopa marinera con muchos matices que recuerden en olores y sabores al mar, señala el cocinero y otro será un postre.

En principio el sistema tan sólo se aplicará en una mesa del restaurante que habrá que reservar previamente y que se bautizará con el nombre de ‘mesa mágica’ y en la que el cocinero servirá un menú especial «donde habrá muchas sensaciones. Comer será algo más».

Esta nueva innovación del cocinero portuense se inscribe dentro de su idea de acercar cada día su cocina más al mundo marino. De hecho el menú que ha estrenado en 2011 (pulsar aquí para conocer la carta) recorre toda la cadena trófica, el ciclo de vida marino, por lo que comienza ofreciendo platos con placton, las pequeñas partículas con las que se alimentan los animales más pequeños y termina con los pescados más grandes. El cocinero defiende además el uso de los pescados humildes que se pescan en las costas gaditanas en la alta cocina. Así en su nueva carta figuran especies como el sapo, la pijota, la caballa, el tapaculo o la sardina, especies que hasta ahora han sido muy poco usadas en la alta cocina.

Angel León con sus novedosos chorizos hechos con lisas de estero. /Foto: Restaurante A Poniente

La colaboración con los científicos para desarrollar nuevos conceptos de cocina es una constante en el cocinero gaditano. Así muchos de sus platos han sido desarrollados con equipos de investigadores. Fruto de estas colaboraciones han salido el uso de huesos de aceituna como material de combustión para asar pescados, el uso de concentrados a base de vinos de Jerez, la creación de un concentrado de placton marino para aromatizar platos o el desarrollo de embutidos marineros a base de carne de lisa de estero o albur. (Texto: Pepe Monforte).