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Nació Ángel María Dacarrete Hernández, el 14 de noviembre de 1827, en El Puerto de Santa María. Sus padres: José Luis Dacarrete Ramírez, natural de Cádiz, y María Regla Hernández Samaniego, natural de El Puerto. Pocas, por no decir ninguna, son las noticias que tenemos de la estancia de Ángel María en su ciudad natal.

En 1838, cuando el poeta portuense aún no contaba los once años, se inaugura en Cádiz el Colegio San Felipe Neri, en el edificio que perteneció a la Comunidad del Oratorio del mismo titular, y que fue asimismo el histórico lugar donde se reunieron las cortes de 1812. Este colegio fue «el mejor sin duda que se conocía entonces en España y, a decir verdad, el mejor en su género que ha existido después hasta hoy día de la fecha», al decir del eminente cirujano portuense don Federico Rubio en su libro de memorias; asimismo, y refiriendo nuevamente al colegio, añade: «Poblaron el colegio los hijos de la gente acaudalada». /En la imagen, Andel María Dacarrete, pintado por I. Verdeja, donado por su hija al Museo de Cádiz.

Don Alberto Lista regentó el colegio hasta su marcha a Sevilla en marzo de 1844, sustituyéndolo don Antonio Alcalá Galiano quien solo lo dirigió unos meses, al igual que su sucesor don José Joaquín de Mora. La estancia de don Alberto Lista en el colegio gaditano marcó sin duda una huella indeleble en su vida del poeta portuense quien le llega a dedicar hasta dos poemas al maestro. Uno, fechado el 9 de mayo de 1844, cuando contaba 16 años, que es precisamente el primer poema que conocemos de Dacarrete, y que lo escribió con motivo de la marcha de su maestro a Sevilla. Y otro, después de la muerte de éste, acaecida en 1848, y que se publicó en Sevilla algún tiempo después. Es de suponer, aunque no lo hemos podido comprobar, que sus relaciones con don Alberto Lista continuaron en Sevilla, pues el poeta portuense se traslada a la ciudad hispalense un año después que Lista y ahí permanecerá hasta 1852. /Portada del Colegio San Felipe Neri, en Cádiz.

Aunque no se conocen documentos de la posible relación de Dacarrete con Bécquer, es muy posible que ésta date del periodo sevillano. Téngase en cuenta que ya en la Corona poética a Lista intervienen los dos: Gustavo Adolfo escribió una oda titulada «A la muerte de don Alberto Lista», que curiosamente es la composición más antigua que se conoce del poeta sevillano, y que no se publicó entonces. /En la imagen de la izquierda, Gustavo Adolfo Becquer.

En la década de los cincuenta, y ya instalado en Madrid, es cuando Dacarrete dará lo mejor de sí en cuanto a su faceta literaria se refiere, tanto en poesía como en teatro. El motivo de su marcha a Madrid era el de terminar en su universidad la carrera de Derecho que había comenzado en Sevilla.

Dado que al aspecto poético nos referiremos más adelante, bueno será dar un somero repaso a su obra como dramaturgo. En 1855, cuando contaba 27 años, estrena en Madrid su drama en tres actos y en versos «Magdalena». Un año más tarde representa su zarzuela en un acto y en verso «Mentir a tiempo», a la que puso música el maestro Fernández Caballero. En 1857 escribió la comedia en tres actos y en prosa titulada «Poderoso caballero es don dinero». En 1858 escribió otra comedia también en tres actos y en prosa, «La dulzura del poder» así como la pieza «Al cabo de los años mil» y el drama «Una historia del día». /Portada de 'Poderoso Caballero es don Dinero'. Madrid. 1857.,

Realizó asimismo adaptaciones de otras obras, como la comedia del Calderón de la Barca «Bien vengas, mal, si vienes solo». Tradujo del francés y adaptó las comedia «Gaspar, Melchor y Baltasar» y «El ahijado de todo el mundo» original de Emilio Souvestu. Adaptó también la comedia en tres actos y en prosa, «Les femmes terribles», de Dumanoir, y la farsa cómic en tres actos «Este cuarto se alquila» de Cogniard y Leroux arreglada para la escena junto con su amigo Enrique Cisnero. También en 1858 escribió un drama trágico en cuatro actos, basado en el famoso de Shakespeare «Romeo y Julieta», al que Dacarrete tituló invirtiendo el orden de los nombres de los amantes.

En septiembre de 1864, siendo Oficial del Ministerio de la Gobernación, es nombrado por Real Decreto Gobernador Civil de Valladolid. Unos meses después, en febrero de 1865, es cesado en su cargo de Gobernador de Valladolid, para ser nombrado Gobernador de Burgos, cargo que ostentaría hasta junio del mismo año.

Por estas fechas contrajo matrimonio con la vallisoletana doña Valentina Alvarez Unzueta, de cuyo matrimonio tendrían una hija: María, que sería quién años más tarde, y una vez muerto el poeta, donará al Museo de Cádiz el retrato al óleo de su padre, obra de I. Verdejo, que ilustra esta nótula.

En julio de 1879 fue elegido Diputado a Cortes por el Distrito electoral de Aguadilla en la entonces provincia de Puerto Rico. A primeros de marzo de 1881 es nombrado Consejero de Estado con destino en la Sección de Ultramar. Dos años más tardes pasó de esa Sección a lo de lo Contencioso. Y en 1885, a la Sección de Guerra y Marina.

Entre 1886 y 1888, Dacarrete compendió los mejores recuerdos de su tiempo en las dos conferencias que dio en el Ateneo madrileño, entre la serie de las que integraron La España del siglo XIX. La primera de estas conferencias versó sobre «Martínez de la Rosa. El triunfo de las instituciones representativas. La regencia de Doña María Cristina de Borbón. El Estatuto real y la Constitución del 37. Origen de los partidos». Y la segunda sobre: «La Unión Liberal. El Duque de Tetuán. La revolución de 1854.
La transacción de los partidos. Don Antonio de los Ríos y Rojas. La guerra de Africa y de América. Los antecedentes de la revolución de 1868».

En noviembre de 1887 es nuevamente destinado a la Sección de lo Contencioso, para, unos meses después, en septiembre de 1888 y por Real Decreto, ser nombrado Ministro de Tribunal de lo Contencioso Administrativo. También por Real Decreto, de 1899, se le nombra Presidente de la Sección de Hacienda y Ultramar. /En la imagen de la izquierda, 'El Libro del Amor. Antología. Angel María Dacarrete', prologado en 1986 por el poeta José Luis Tejada y el crítico de arte, Francisco M. Arniz.

El 4 de enero de 1900 fue propuesto para ocupar la vacante por fallecimiento de don Antonio María Fabié, del sillón ‘R’, de la Real Academia Española. La propuesta la firmaron los Sres. don Eduardo Saavedra, don Eduardo Benot y don  Francisco Fernández González. Fue elegido el 1 de febrero de ese mismo año, si bien no llegó a ocupar el sillón, ya que murió «cuando había comenzado a escribir el discurso correspondiente, que no pasó de los primeros párrafos».

El 17 de mayo de 1904 es declarado cesante como Consejero de Estado por reforma del cargo. Días después solicita su jubilación que le es concedida en junio de ese mismo año. Apenas cuatro meses después, el 13 de octubre de 1904, a las dos de la tarde, fallecía en su domicilio madrileño de la Plaza de Colón núm. 2, a consecuencia de «úlcera venal», este hombre de «ideas templadas y de carácter muy apacible» que firmaba como Ángel María Dacarrete Hernández.

Francisco M. Arniz y José Luis Tejada, durante la presentación de 'El Libro del Amor. Antotología. Angel María Dacarrete', editado en 1986 por la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía.

En su poesía se puede señalar una línea evolutiva que, arrancando de su formación neoclásica en su primera juventud, se incorpora muy peculiarmente a un cierto romanticismo tardío, asimilando antes que Bécquer los influjos foráneos (de Musset, Byron, Heine) con el consiguiente gusto por la poesía popular y adelantándose a escribir verdaderas «rimas» en la década de los 50, para recaer luego con otros rumbos más trillados, hasta acabar dejando casi por completo la poesía para consagrarse a la actividad política. (Texto y fotos: Francisco M. Arniz Sanz)

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Estas imágenes, testimonio de un pasado reciente, lugares y objetos inexistentes, desaparecidos ya en la primera década de este siglo XXI, son un recordatorio de hacia donde va El Puerto. Y lo de lo poco que va quedando.

Casa situada junto a la extinta Pensión de la Fruta, en la calle Ganado, donde viviían los padres del 'Arropiero', en cuyos bajos había una accesoria en que vendían, por Navidades, figuritas de nacimientos hechas en barro y alambre de un estilo muy primitivo. /Foto: AGR

Una de las salas del desparecido Museo Ramón Bayo, en la calle San Francisco esquina a Santa Lucía. La familia intentó, sin éxito que el Ayuntamiento se hiciera cargo de la colección. Hoy, una parte de la exposición se encuentra en un museo gaditano y otra está a la venta por internet.

Puente de San Alejandro, el otro, gemelo que daba servicio a la línea de tren Madrid-Cádiz, salvado in extremis, espera destino para ser colocado en el río San Pedro, a la altura del Parque de los Toruños.

El Restaurante El Cortijo, en el Paseo de la Victoria, durante la celebración de una boda. /Foto: Colección Carlos Pumar Algaba.

Fotograma de la película 'Fugitivas' donde aparece la recientemente desaparecida Estación de Trenes.

Vapor y pesqueros en el antiguo muelle, cuyo edificio hoy está reconvertido por mor del afán recaudatorio de la Autoridad Portuaria en...

Discoteca Joy Sherry, en el edificio inconcluso del palacete al estilo francés 'Petite Trianón', en la carretera de Sanlúcar. Proyectos para hotel y otros usos no terminan de ver la luz. ¿Acabará destruido?

El Teatro Principal, pasto de las llamas ¿y de la especulación? en 1984.

Tabernón de Merello, en la calle Santa Lucía, uno de los últimos vetigios de las tabernas con solera de El Puerto, hoy desaparecido.

Colegio del Asilo de Huérfanas en la calle Cielos, esquina con Cervantes.

Balneario de Aguas Termales en La Puntilla, desaparecido en 1980.

Dunas, pinares, monte bajo y pinares de la playa de Fuenterrabía.

Selección de imágenes de la Colección de Antonio Gutiérrez Ruiz.

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En la imagen de la izquierda, la niña Carmen López Llopis, con un año, en Elche (Alicante), ciudad donde nació accidentalmente.

Carmen López Llopiz nació en Elche de casualidad, porque su padre —mi abuelo— estaba destinado allí. Enseguida se volvieron a Murcia, de donde se sintió siempre.

Hija única, en todos los sentidos, de padres amantísimos, rodeada, además, de tías y de tíos solteros, tuvo una infancia muy alegre y un tanto mimada, hay que reconocerlo, aunque se lo merecía. Estudió con brillantez en el Colegio de Jesús-María

Notas de sexto curso de Bachillerato en 1956, Murcia.

Hubiese preferido hacer la carrera de Filosofía y Letras, pero su padre la empujó a la de Farmacia (eran otros tiempos), y ella se lo tomó con filosofía (y letras)

Carmen, en sus años universitarios.

Comenzó la carrera en Madrid, viviendo en casa de su tío el psiquiatra Bartolomé Llopis. Aquella era una casa de locos, no porque su tío pasara allí consulta, sino por sus numerosos hijos, súper cultos, hiper cosmopolitas y extravagantes. Hija única y niña de provincias, disfrutó mucho con sus primos madrileños . Y en cuanto pudo, escapó a Granada.

Acto de licenciatura en la Facultad de Farmacia. Universidad de Granada.

No hemos dicho que era muy guapa, pero lo era. Cuando llegó a Granada, el portuense Enrique García Máiquez, entre otros, le echó el ojo. Comentándolo con sus compañeros de Colegio Mayor, fue respondido: «--Más quisiera el gato/ lamer el plato». Sin embargo, aquello le salió bien y se hicieron novios.

Unos jóvenes Carmen y Enrique, en sus primeros tiempos de noviazgo.

El 6 de abril de 1968 en la Iglesia de Nuestro Padre Jesús, delante de la Dolorosa de Salzillo, en Murcia, se casaron Carmen y Enrique.

El estupor de su hazaña no se le quitó a Enrique García Máiquez en 41 años de matrimonio. Tras dos años en Sevilla, se instalaron para siempre en El Puerto.

En una cena con Elito González y Mamen e Ignacio Osborne.

La cosa tuvo su ironía, porque quince años antes, en un viaje por Andalucía con sus padres, Carmen había preferido pasar la mañana leyendo (y fumando) en la playa de Cádiz a ir de excursión al Puerto de Santa María con sus padres (que no le dejaban fumar). A la vuelta, mis abuelos le recriminaron su decisión, diciéndole, literalmente: «--Es un pueblo precioso, hija, y ya no lo conocerás nunca”.

De izquierda a derecha: Jaime, Carmen, Enrique; y en la fila de abajo, Enrique hijo, María y Nicolás.

Desde El Puerto, volvía a Murcia a tener sus hijos, cuatro, al abrigo de su madre. Por entonces se puso gravísima, con una leucemia letal. Los médicos perdieron toda esperanza, pero precisamente eso fue lo único que no perdieron ni ella ni mi padre ni sus amigos. Se curó. En el ínterin se hizo miembro del Opus Dei, demostrándose una vez más que no hay mal que por bien no venga

En Roma, con motivo de la beatificación de Josemaría Escrivá de Balaguer con todos sus hijos, el 17 de mayo de 1992.

Reanudó su vida familiar, profesional —como boticaria y como ama de casa— y social. Tuvo siempre tiempo para todos, y cuando digo todos, es todos, empezando por Dios, eje de su vida, siguiendo por su marido, por mis hermanos y un servidor, y acabando por sus conversaciones inacabables con sus incansables amigas

Carmen, con Cruz Pérez de Eulate.

No creo que ninguno se sintiera desatendido nunca. Cómo lo conseguía, no lo sé. .

Sófocles sentenció que nadie puede considerarse feliz hasta su muerte. A pesar del profundo respeto que debemos sentir por Sófocles, se diría que Carmen fue feliz desde muchísimo antes.

Otra foto de familia con los hijos ya mayores.

Enferma otra vez de cáncer, murió de camino al hospital, cuando pasaba justo por Elche. Habrá quien vea en esto sólo una curiosa coincidencia, aunque a uno más bien le parece el símbolo de una vida redonda, perfecta. (Textos: E.G-M.L.)

LA "SEÑÁ" GABRIELA
«Gabriela Ortega fue, como dijo el poeta, un "molde de fundir toreros". La"señá" Gabriela, bailaora de fuste, de la estirpe gaditano-sevillana de los Ortega, se casó con el torero Fernando Gómez "El Gallo" y fue madre de José Gómez Ortega "Joselito" y de Rafael "El Gallo". O sea que la "señá" Gabriela parió toreros a pares. A más, la "señá" Gabriela fue suegra de Ignacio Sánchez Mejías, torero, dramaturgo y mecenas de la Generación del 27.

Yo tengo una especial admiración por mi amiga Carmen López Llopis. Por eso la vengo apodando cariñosamente la "señá" Gabriela, porque, por derecho propio, se lo tiene merecido. Carmen, además de tener un marido que hace versos, es un molde de fundir poetas y los funde a pares, tal cual la "señá" Gabriela. Despuntó primero Enrique García-Máiquez López, hijo mayor de tan ilustre matrona y copó los premios y puso en la calle dos magníficos libros de poemas. Pero la sorpresa fue mayúscula cuando  nos enteramos de que Jaime García-Máiquez López había obtenido el premio "Luis Cernuda" de poesía y empezaba a ser gente en el mundo de las letras.

Yo todavía no sé por qué llamo a Carmen la "señá" Gabriela, cuando podría haber echado mano de Doña Ana Ruiz, madre de Manuel y Antonio Machado, para ponerle el mote. Pero lo de la "señá" Gabriela es más entrañablemente racial y más gráfico. A mí, la verdad, se me cae la baba viendo a esos dos hijos de mis amigos Enrique y Carmen triunfar y hacerse sitio en el hostil y espinoso campo de minas de los poetas, donde han plantado, con pie firme, sus reales. Y yo no tengo más remedio que acordarme de la madre de "Joselito" y de Rafael "El Gallo", esposa de Fernando Gómez y seguir llamando a mi amiga Carmen López Llopis la "señá" Gabriela, como un timbre de gloria. (Texto: Luis Suárez Ávila).

Carmen, paseando por un parque...

IN MEMORIAM
Ahora entre los muertos una voz
está hablando de mí. Quizá les cuente
mi último artículo o mis memorables
—para ella— poemas del colegio
o les enseñe fotos en smoking,
cuando estaba delgado e iba a fiestas.
Ignoro qué, pero de mí hablará
pintándome mejor de lo que soy,
más ocurrente, listo, guapo, bueno,
más valiente, más hondo, más honrado,
exactamente igual que supo verme.
Les convence seguro —la conozco—
de que vayan haciéndome algún hueco,
de que tenerme allí con ellos les conviene.

[Enrique García-Máiquez López,
Con  el tiempo (Renacimiento, 2010)]

1

Era yo casi un niño. Un niño. Estábamos mis hermanos y yo al amparo y custodia de la tata Manuela, bajo el sombrajo de esparto, en nuestra caseta de la playa de La Puntilla, cuando vi, por primera vez a Augusto Haupold Gay. Ni yo sabía quién era, ni lo supe hasta mucho después. Pero el caso es que vi a un hombre, impecablemente vestido de blanco, bajarse del autobús de Bootello. Su pelo era negro como la endrina; su bigote, cuidado, negro también; su cejas pobladas, negras; y en la mano, un maletín, también negro, de piel. El blanco y el negro fue el contraste que me llamó la atención.

EN BAÑADOR Y CON MALETÍN.
La segunda impresión es que la persona que me llamó la atención siguió llamándomela, porque apareció, desde dentro de una caseta frontera a la nuestra, con enorme un meyba verde y un gorro de baño de goma, sin dejar un solo momento su maletín negro de piel. Sentado en la orilla del canal, por donde había unos letreros de "Prohibido bañarse", "Zona peligrosa", allí aquel hombre sacaba unas hojas de papel y se ponía a escribir. Cuando cesaba de escribir, leía libros pequeños, sin duda de poesía. Porque los libros de poesía son siempre pequeños.

Yo no sé quien ha dictado el tamaño de los libros de poemas. Pero a lo lejos se ve lo que son. A menos que fueran otra cosa: el catecismo Ripalda; la Urbanidad de Edelvives; el libro de mareas; o el Calendario Zaragozano. Definitivamente supe después que lo que aquel hombre sentado en la orilla leía eran necesariamente libros de poemas.Porque aquel hombre era, lo supe mucho después, Augusto Haupold Gay.

¿PRESUMIR DE MADRID O DE EL PUERTO?
De aquellas fechas me enteré que presumía en El Puerto de vivir en Madrid; contaba con gracia y con donosura vida y milagros de las gentes distantes de la capital del Reino, que hacían las delicias de las mujeres, chicas jóvenes, pero mayores que yo, con quienes se trataba. En cambio, supe también, que en Madrid presumía de ser de El Puerto.

POLICÍA SECRETA.
Sorprendía, por otra parte, que Merengue, el guardia municipal, no le llamara la atención a aquel hombre por bañarse en el canal del Guadalete y atravesarlo hasta el coto, llegar al monumento de la Virgen del Carmen, y volverlo a atravesar a nado. Sorprendía, pero tenía su por qué. Y es que aquel hombre enigmático era Policía, de la Policía Secreta, de Madrid. Y, por tanto, un corriente y moliente guardia de la porra se veía como impedido para llamar la atención a todo un Comisario con destino en la capital. Su habla me pareció engolada, como quien pronunciaba las palabras medidas, escogidas y bien pronunciadas, creídas y obradas.

¿Quién aquel hombre, que cuando le parecía, volvía a estar vestido impecablemente de blanco, salía de la caseta con su maletín de piel negra y cogía de nuevo el autobús en la rotonda? Esta es la imagen primera que tuve de este poeta.

A nadie pregunté, me quedé con mis dudas, a veces ni siquiera me acordaba de su imagen y, cada verano, puntualmente, aparecía, por la playa y hacía lo mismo. Leía, escribía, se llevaba de calle a un grupo de muchachas que lo escuchaban atentas, se bañaba en el canal y, acabado el verano, desaparecía.

EN LA CALLE LUNA.
Una vez lo vi salir de una casa, ciertamente señorial de la calle Luna, frente por frente del refino de Lolita Serafina, al lado del estanco llamado de "La Rubia" , más arriba de la Farmacia de Ernesto Jiménez, justo al lado de la casa donde vivió Luichi Alcántara y más abajo de la casa de Luis Cuvillo. Pero no pregunté, por cortedad. Me quedé con mi duda. /Con Mercedes Gay, tía del poeta.

SU VIDA Y MILAGROS.
Hasta muchos años después, luego de haberle visto hacer lo mismo, cíclicamente, en la playa, sin preguntarlo, me enfrenté a Augusto Haupold, poeta. Asistí a un recital suyo y me enteré de su vida y milagros. Abogado, Doctor en Derecho, Comisario del Cuerpo Superior de Policía, y sobre todo poeta.

En aquel recital, ni yo tenía edad para apreciarlo, ni puedo decir qué poemas leyera. Me llevaron. Mi padre lo presentó. Se dijeron que estaban hermanados por el paisanaje, por la fe y la poesía. Salieron a relucir las raíces germánicas de los Haupold, su hombría de bien, de como le fluían los versos como de un manantial inacabable... Pero ni siquiera crucé palabra con él ni yo tenía edad, ni fundamento para poder entablar conversación con un poeta.

Al menos ya sabía algo de la biografía de aquel hombre que todos los años aparecía por la playa. Sin embargo, yo no tenía ni idea de qué era un poeta. Acaso yo había oído, canciones, ensalmos, conjuros, romances en boca de mis tatas, sin saber que eso era poesía. Pero todo va calando y rumiándose, acaba por tener uno, al cabo, un horizonte estético creado, que luego le hará comprender muchas más cosas. Ni siquiera hoy podría decir con propiedad qué es un poeta, ni definir con tino la poesía. Pero es que ni lo voy a intentar.

Augusto Haupold y su primo, Manuel Gay.

LOS LIBROS DE AUGUSTO.
A mi padre le llegaban, de sus amigos poetas, libros y libros escritos, editados que leía con atención. En su biblioteca, vi sin atreverme a cogerlos, libros como "Camarada" o "La Virgen María"... Lo recuerdo, pero nunca los leí. Y no por nada, sino porque no me creí que pudiera comprender lo que decían. Había palabras que eran raras para mí, incapaz de coger un diccionario, o acaso tampoco supiera que existían los diccionarios. Lo mejor era dejarlo.

LAS MIL MEJORES POESÍAS…
Yo no sé cómo terminé por acercarme a la poesía. Pero ya tenía conciencia de que muchos amigos de mi padre eran poetas: José Luis Tejada, Juanín Varela, Augusto Haupold, Manolo Barbadillo... Y yo sin saber qué era ser poeta. En tercero de bachillerato, cuando cayó en mis manos aquella conocidísima antología de "Las mil mejores poesías castellanas", volví a encontrar el nombre de aquel hombre de blanco que conocí en la playa. En esa antología figuraba un impecable soneto de Augusto Haupold Gay, para mayor gloria de las letras portuenses.

Y no sé si por los pacientes y reiterados oficios de mi padre al darnos a mis amigos y a mí clases, los fines de semana, de preceptiva literaria, y de métrica y los siguientes años de comentarios de texto, el caso es que mis amigos y yo comenzamos a tener conciencia de lo que era la poesía y, tímidamente, comenzamos a leer, incluso nos atrevimos a escribir un romance, cuya composición duró todo un verano, y entre tres presuntos alevines de poeta, que publicamos en la revista Cruzados.

CURIOSIDAD E INTERÉS.
Pero fue en "Cruzados", donde pude ver otra vez en letras de molde, a Augusto Haupold. En el anual homenaje poético a la Virgen de los Milagros, la Patrona y Titular de esta Ciudad. Y mientras ello sucedía, Augusto, no era ya para mí un enigmático sujeto que aparecía y desaparecía cada verano, sino que se me iba afirmando como una persona que despertaba en mí muchos más intereses que la mera curiosidad. Mientras tanto, Augusto iba publicando sus libros de poemas y le llegaban a mi padre con puntualidad asombrosa, dedicados; llegaban noticias de sus Premios literarios, de la Flores naturales, de sus éxitos poéticos.

PATRONES DE LA POESÍA.
Augusto, de pronto, promovió una idea en Madrid y su noticia llegó aquí. Y la idea prendió y se hizo realidad. Augusto había propuesto, como Santos Patronos Protectores de los Poetas a Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz, las dos figuras más señeras de nuestra poesía mística. Porque Augusto, que fue poeta de innumerables registros, navegaba por las aguas de la poesía mística y de la poesía religiosa como un pez, con la misma naturalidad con que atravesaba el peligroso canal del Guadalete.

DE LA POESÍA AL DRAMA.
Augusto, desciende a lo mínimo cotidiano, a los "Seres ínfimos", un poemario sobre, las mariposas, las hormigas, los ratones, las cucarachas, los canarios, los grillos, los murciélagos... Y se sube a lo más alto en su "Virgen María" o en "La vida y pasión de Jesús". Vive la nostalgia de EL Puerto en sus muchos poemas que reunió en un libro con el nombre de El Puerto de Santa María. Estrena dramas como su "Dos noches", con gran éxito. Es puntual, oferente y votivo en las fiestas patronales de El Puerto, honrando con un poema anual a la Virgen de los Milagros. /Libro de poesías dedicadas a El Puerto de Santa María.

Nunca negó la limosna de un recital, ni aquí, ni en Madrid, ni donde fuera requerido para ello. Aquel hombre, impecablemente vestido de blanco, me llegó a llamar compañero, por lo de Abogado, me honró con su amistad y sus confidencias, me regaló el poderlo oír muchas veces recitar sus versos, a solas, en su casa, me dedicó todos los libros suyos... Cautivador de la belleza, del ritmo, de la luz, de la eternidad... Espejo de cristal de su corazón es su poesía, limpia, llana, ajustada, transparente.

En la imagen de la izquierda, original de 'Y nació la mujer', propiedad de JMM.

Y una constante: El Puerto. Tanto que se valió de sus versos para quien estaba a su vera a la hora de la muerte, su mujer, María, cayera en la cuenta de aquel poema suyo que comienza:

Si hay alguien que a mí me quiera
me lleve a enterrar al Puerto
el día que yo me muera...

Y hubo esa persona que, piadosamente, lo trajo para que su cuerpo se confundiera con su tierra, hasta parecérsele tanto que fuera la misma tierra. (Texto: Luis Suárez Ávila). (Las fotografías han sido facilitadas por Juan Rodríguez, Juan de Winthuyssen).

Más información de Augusto Haupold en la nótula 1.079 en GdP.

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El 12 de septiembre de 2009 Antonio Arjona Sacaluga, ex propietario de la Finca ‘La Angelita’, publicaba en Diario de Cádiz su versión de los hechos de aquel derribo, uno más, contra el Patrimonio Histórico y Etnográfico --de la memoria visual-- de El Puerto.

«Según consta en los archivos históricos de nuestra Ciudad el “caserío de la Angelita” data de mediados del siglo XVII y desde hace más de 120 años perteneció a la familia Sacaluga. Tanto la familia Sacaluga como el propio caserío, han sido siempre un referente de la ciudad, de ahí que en el argot popular se decía: junto a, o después de, o frente a la Angelita o casa colorá de la Angelita.

En 'La Angelita' entre terneros, de izquierda a derecha, niño desconocido, Carmen Cantera Mesa con el niño Antonio Ojeda Cantera en brazos, dos hijas de los colonos de La Angelita, Mariano y Matilde Cantera Mesa y delante, el niño José Luis Cantera Mesa, que vivían allí en esa época. Año 1933.

El mismo sitio de la foto anterior, en el año 2002, 69 años entre ambas instantáneas.

El caserío de la Angelita era la única edificación prototipo de casa rural que quedaba en El Puerto, cuando en nuestro municipio se vivía de la agricultura. Actualmente el caserío estaba integrado en el núcleo urbano, fue siempre una casa familiar, acogedora, muy alegre, con muchos amigos y conocida por todos los portuenses, que desgraciadamente hoy lamentan su pérdida. Desde la finca de la Angelita, se llevaba con borricos el albero a la plaza de toros y a los diferentes paseos de nuestra ciudad.

Si grande es el dolor que siento por las medidas coactivas utilizadas por el Ayuntamiento contra nuestra familia durante el desalojo, mayor aún es el que percibo por su pérdida y por el daño irreparable que le han hecho a nuestro patrimonio histórico y cultural, porque nuestros ediles deben de saber, que la cultura además de los monumentos, la conforman los modos de vida, las costumbres y el conocimiento que estamos obligados a transmitir a las generaciones que nos preceden.

La Angelita, desde la calle Ganado. Años sesenta del siglo pasado.

El mismo sitio de la instantánea anterior, en el año 2002, avanzando el objetivo sobre la imagen.

El día más triste de mi vida fue el 24 de agosto, cuando el Policía Local número 23, un técnico municipal y dos acompañantes me amenazaron a my y a mi familia en un tono altisonante diciéndonos de manera reiterada que éramos unos ocupa, que nos teníamos que marchar de inmediato y que el recurso interpuesto no valía para nada, que no pensaban contestarnos, que mandarían dos días después al Juez a echarnos a la calle y que ya nos enteraríamos de los millones que tendríamos que pagar por los daños que les estábamos causando. En definitiva amenazas, abuso de autoridad, pero por escrito nada de nada.

El característico color almagra de la casa de 'La Angelita'.

El daño ocasionado ya es desgraciadamente irrecuperable, pero desde esta humilde tribuna sólo le pido a los ediles de nuestro municipio, que estas situaciones de abuso de autoridad y humillación, no se vuelvan a dar con ningún otro ciudadano más y menos aún con gentes de bien. Déjense de mentiras de que la edificación estaba en ruina, déjense de mentiras de que el caserío era incompatible con el planteamiento y digan la verdad. ¿Dónde está el 33, 33% de las viviendas de protección oficial que el Plan General tenía prevista en el PPNO-3 de la Angelita o acaso eso no les preocupa? ¿Por qué han tirado la edificación con tanta prisa y con nocturnidad? ¿Por qué han utilizado la coacción con nuestra familia? ¿Acaso se puede llamar ocupas a una familia que lleva viviendo en el caserío más de setenta años?...

Vista aérea de la zona, a la izquierda, marcada con una cruz, la desaparecida cortijada.

Por favor, tengan un poco más de respeto por sus ciudadanos porque no es grato pasar a la historia por acontecimientos de esta índole, ya que el pueblo siempre les recordará como “aquellos que durante días nos tuvieron incomunicados telefónicamente, no permitiendo el libre acceso al caserío a pesar de ser conocedor de que en su interior estaba mi esposo gravemente enfermo con problemas respiratorios y fundamentalmente por haber atentado contra el caserío de la Angelita y borrar de la historia del Puerto el único caserío emblemático que quedaba integrado en nuestra ciudad”».

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En la calle Larga 77, antes 79, frente a la plaza Peral estaba instalada en la casapuerta la antigua panadería Rosado, donde hoy se encuentra Joyería Marín. Era la gran casa familiar, donde nació Mercedes Máiquez, la última regidora del negocio,  con tres plantas de altura y una gran extensión en metros cuadrados, que daba a la calle Curva.

En la imagen, empleados de la Panadería

La casa de los García Máiquez, en la calle Larga, frente a la Plaza de Isaac Peral. Donde estuvo la Panadería Rosado hoy se encuentra la joyería de Fernando Marín, casado con Consuelo García Máiquez.

En esta imagen, vemos la panadería que tiene delante un coche de caballos.


3

El 9 de septiembre de 1930, hace 81 años llegaba a El Puerto, poco después de las tres y media de la tarde S.A.R. el infante Don Juan de Borbón y Batenberg, procedente de San Fernando, acompañado de su preceptor, José María de Amusátegui. Fue recibido a las puertas del Club Náutio --que por aquel entonces se encontraba en La Otra Banda, junto al puente de San Alejandro-- por el alcalde de El Puerto, Eduardo Ruiz Golluri quien le dio la bienvenida en nombre de la Ciudad.


De izquierda a derecha, el Teniente Coronel Juan García de Diego, S.A.R. don Juan de Borbón y el alcalde, Eduardo Ruiz Golluri.

A continuación le cumplimentaron el Comandante Militar de la Plaza, Teniente Coronel Juan García de Diego, así como por la directiva y socios del Club Náutico que habían acudido al acto, entre los que encontraban su presidente Manuel Muñoz Ávila acompañado de Javier Terry del Cuvillo, José Gabiola, Bernardo Rodríguez Morgado, Carlos Zwiky, Juan Pedro Velázquez-Gaztelu y Caballero-Infante, el marqués de la Candia, Rafael Muñoz Ávila, Juan Osborne Tosar, Manuel Torrecillas, Carlos J. Terry y del Cuvillo.

Entre otros invitados estaban presentes el Ingeniero Director de la Comisión Administrativa del Puerto --el equivalente al Ingeniero Director de la actual Autoridad Portuaria-- Ignacio Moreno Llasera; el director de la Revista Portuense, Luis Pérez Pastor; el director de Diario de Jerez, Luis de la Sierra; el secretario del Ayuntameinto Federico A. Sánchez Pece; el Administrador de Aduanas, Joaquín Calero Cuenca y otras ‘fuerzas vivas’ entre los que se encontraban Mariano López Muñoz, Rafael Benvenuty y José Gamero Cívico, entre otros.

Bernardo Rodriguez Morgado conduciendo la embarcación 'La Pinta' con S.A.R. Fue un piloto de aviación civil que, con el tiempo sufriría un fatal accidente el 18 de Abril de 1934 cuando su avioneta  de desplomó cayendo en barrena sobre el Hotel Cristina de Sevilla, en  cuya azotea se estrelló. De 35 años, estaba casado y tenÌa dos hijos. Vivia en El Puerto de Santa Maria. Antes de practicar la aviación había sido motorista y sufrido un grave accidente del que quedó cojo. Despues compró la avioneta y se dedicó a tirar propaganda desde ella volando a baja altura sobre la ciudad de Sevilla.

Tras el encuentro dieron una vuelta por el río Guadalete, en la canoa-automóvil ‘Pinta’, pilotada por Bernardo Rodríguez Morgado, seguidos por la lancha ‘Tonino’ que les daba escolta, donde iban el alcalde y el preceptor de Don Juan. Además salió la lancha ‘María de los Ángeles’, pilotada por Carlos Zwiky con algunos de los asistentes al acto.

Sentados, de izquierda a derecha, S.A.R. el infante Don Juan de Borbón y Battenberg, Francisco Javier de Terry y del Cuvillo, Bernardo Rodríguez Morgado, de espaldas el teniente coronel, comandante general de la plaza Juan García de Diego, Juan Gavala y Laborde (ver nótula núm. 442 en GdP), Juan Pedro Velázquez-Gaztelu Caballero y Joaquín Calero Cuenca (ver nótula núm. 925 en GdP). De pie, Antonio Osborne Vázquez, Francisco Rodríguez Ceballos (ver nótula núm. 1113 en GdP), dos camareros desconocidos y Manuel Muñoz Ávila, presidente del Club Náutico entidad que visitó Don Juan de Borbón, procedente de San Fernando el 9 de septiembre de 1930, cuando se encontraba en la otra banda del río, junto al desaparecido Puente de San Alejandro.

De regreso al Club, la directiva ofreció una copa de champagne a S.A.R., marchando a continuación a la Plaza de Toros para asistir a la novillada que se celebraba poco después, en la que actuaron Camará, Leopoldo Blanco y Manolo del Pino ‘Niño del Matadero’, quien entusiasmó a sus paisanos.

Las instalaciones del primer Club Náutico, en la Otra Banda del río Guadalete.

Don Juan se encontraba estudiando en la Escuela Naval de San Fernando. Con los años volvería al Club Náutico en varias ocasiones, lugar donde tuvo su última aparición pública antes de ingresar en una clínica en la que no superaría la enfermedad que le aquejaba.

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El 29 de julio de 1968, hace 43 años, se inauguraba el Ambulatorio de la Seguridad Social, ‘Virgen del Carmen’. Ese año, José Luis Tejada publicaba en El Puerto su poemario ‘El cadáver del alba’. Se proyecta en el Teatro Principal ‘El Planeta de los Simios’. Se estrena en la Scala de Milán, un ballet basado en el poemario de Rafael Alberti ‘Sobre los ángeles’, que ese año publica ‘Roma, peligro para caminantes’. El 16 de junio el Racing Club Portuense, campeón de la Temporada 1967/68, jugaba la promoción de ascenso de Tercera División (equivalente a la Segunda B de hoy) a Segunda contra el Alavés, perdiendo 2 a 0. Tenían un gran equipo y una gran directiva. En la Real Plaza de Toros actúan en una corrida nocturna el sábado 20 de julio, los diestros Miguel Mateo ‘Miguelín’, Palomo Linares y Ángel Teruel.  El grupo de teatro ‘Bellas Artes’ representa ‘Mentir a Tiempo’ sainete de Pedro Muñoz Seca. Nace el cantante afincado en El Puerto, Enrique Bunbury.

El presidente de la Diputación, a la izquierda, Fernando Portillo, desconocido, el alcalde Luis Portillo Ruiz, el gobernador civil Santiago Guillén Moreno. Bendecía las instalaciones en la primera planta el párroco de la Prioral, Manuel Salido Gutiérrez.

El alcalde, Luis Portillo Ruiz recibió junto a las autoridades locales al Gobernador Civil, Santiago Guillén Moreno,  el presidente de la Diputación Fernando J. Portillo Scharfhausen, el presidente del Consejo del Instituto Nacional de Previsión, Pedro J. Lahera y de Sobrino así como el director provincial de dicho organismo Agripín de Acevedo, el doctor Martín Alcázar, inspector provincial jefe de los Servicios Sanitarios de la Seguridad Social, el inspector provincial de Sanidad, Pérez Álvarez, el arquitecto provincial Barquín Barón, así como ingenieros, técnicos y contratista de la obra.

Los bungalows del Motel Caballo Blanco, lugar donde recibieron a las autoridades provinciales, visto desde la actual Avda. de la Paz, inaugurada el mismo día con el nombre de XXV Años de Paz. /Foto: Rafa.

A las seis de la tarde el alcalde se concentraba en el Motel ‘El Caballo Blanco’ a la entrada de la Ciudad, junto a los jueces de Instrucción y Municipal, capitán Ayudante de Marina, capitán y teniente de la Guardia Civil y los claveros municipales: secretario, interventor y depositario de fondos, párroco de la Prioral y coadjutores, directores de colegios nacionales y otras representaciones de la vida local.

La azotea del centro inaugurado. A la izquierda podemos ver al coadjutor de la Prioral, Carlos Román Ruiloga, Pbr.

Se inauguraban , además otras realizaciones ‘del régimen’, pero la que nos ocupa, el Ambulatorio de la Seguridad Social tuvo un presupuesto por valor de 13.000.000 de pesetas. Las autoridades fueron cumplimentadas por los facultativos y personal auxiliar del centro sanitario, visitando las instalaciones que ya llevaban utilizándose con varios meses de antelación.

Girando visita a la consulta de Radiología. Las autoridades salen de visitar el laboratorio de revelado de las radiografías que se encontraba dentro de la misma consulta. La enfermera es Conchita Oviedo González, A.T.S. y diplomada en Radiología.

El Instituto Nacional de Previsión (INP), mas tarde Instituto de la Seguridad Social (INSS) y ya con la autonomía el Servicio Andaluz de Salud (SAS), era conocido como el ‘seguro’, el ‘instituto’ o el ‘médico’ a secas. Antes de su traslado a la Avda. de la Constitución, 4 (hoy Eduado Dato), estaba situado en la calle Cielos, con acceso también por la calle Diego Niño, donde se prestaban los servicios médicos y estaban las oficinas, que por aquella época dirigía Manuel Lojo Espinosa, quien también sería concejal del Ayuntamiento.

El Gobernador Civil, acompañado por el director facultativo del Centro. Detrás, cámara en mano, vemos al fotógrafo local, Rafael González 'Rafa', testigo de muchas historias de la vida local durante muchos años como corresponsal de prensa y Diario de Cádiz, fue captado por la cámara del fotógrafo gaditano Juman, autor de las imágenes de esta nótula.

Hoy, el ambulatorio ha sido transformado en Centro Periférico de Especialidades y Urgencias, existiendo otros ambulatorios en la calle Ganado, 20 (con entrada también por Ricardo Alcón); en la calle Manuel Álvarez, en la Plaza Tula Ruiz Golluri (Pinillo Chico), en la Casa del Mar en Avda. Bajamar, 11, en el Paseo Marítimo de Valdelagrana, 13 y Salud Mental que atiende al distrito sanitario que comprende la zona Vejer-Bahía de Cádiz, en la calle Jesús de los Milagros, así como el Hospital concertado ‘Santa María del Puerto’. (Fotos: Archivo Municipal. Juman).

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El Puerto de Santa María, es una localidad que jugó un papel de primer orden en la aventura descubridora y en las relaciones entre Andalucía y el Nuevo Continente. Su posición en la fachada atlántica andaluza, cerca de Cádiz, Sanlúcar y Sevilla y su emplazamiento resguardado a orillas de la desembocadura del Guadalete convirtieron a El Puerto en punto estratégico, naval y comercial.

La Casa-Palacio de Purullena se construye hacia 1.742 por Agustín Ramírez y Ortuño, mas tarde marques de Villarreal y señor de Purullena, sobre una gran extensión de terreno y partiendo de algunas casas existentes, lo que explica el contraste, entre el interior y el exterior. Es decir, los exteriores ó el patio, similares en su concepción a otras casas de comerciantes de Indias del siglo XVIII, no dan idea de la suntuosidad que la caracterizaba por dentro. La Casa contaba con dos pisos comunicados por una majestuosa escalera imperial, amplias habitaciones, una capilla, jardín, una extensa huerta, la decoración de la zona posterior con galería perimetral, era de estilo Luis XV, expresión de la preocupación artística del propietario: muebles, pinturas, cristalerías, cerámica.

En octubre de 1.862 serviría de albergue a la reina Isabel II, durante su estancia en El Puerto de Santa María. /Estado actual de la fachada de la calle de las Cruces, tras la restauración.

Plano de intervención, en la zona sombreada, de la primera fase.

PRIMERA FASE DE ACTUACIÓN.
La 1ª Fase de la Rehabilitación del Palacio, localizada en el edificio orientado a la C/ Cruces es la Sede de la Fundación Luis Goytisolo, que tendrá el uso de edificio visitable como edificio emblemático en El Puerto y el de actividades de carácter literario, servicios de consulta de los fondos de los archivos del Marqués de Villarreal y Purullena (XVIII-XX) y de la familia Goytisolo (siglos XIX-XX), así como una biblioteca especializada en narrativa hispánica contemporánea. Será Sede del Simposio anual de la Fundación.

El abandono llevó paso a la incuria, el saqueo y los progresivos derrumbes en la década de los setenta del siglo XX. (Foto: José Ignacio Delgado Poullet | Archivo JMM).

Otra imagen, ya derrumbado el denominado Salón del Baile. (Foto: José Ignacio Delgado Poullet | Archivo JMM).

ABANDONO Y SAQUEO.
El Palacio en los años setenta del siglo pasado sufrió un gran abandono, combinados con actos de vandalismo y saqueo que lo llevó a una degradación muy acelerada desembocando en una ruina casi total. Se puede entender la intervención también como una obra de reconstrucción. En 1.992 se hicieron obras de urgencia para consolidar el edificio orientado a la Calle Cruces, aún con sus muros en pie, pero sin los entramados horizontales y las cubiertas.

El Salón del Baile en todo su esplendor: muebles, lámparas arañas, cuadros, muebles, puertas con artesonado... Lo que no salió para el expolio fuera de España en camiones en direción a Francia, fue destruido por la incuria y el desinterés tan propio de esta Ciudad. /Foto Archivo JMM.

La zona posterior de los grandes salones, los famosos Salón del Baile, Salón de los Retratos y Salón de las Batallas, así como el comedor y la galería perimetral que asoma al jardín posterior y al huerto estaban materialmente en el suelo incluyendo los muros portantes, es decir, más del 50% del Palacio. Será objeto de una 2ª Fase./En la imagen de la izquierda, acuarela de los jardines del palacio con acceso a la que sería la Huerta de Durango, hoy bloques de viviendas del mismo nombre. Fue pintada por Luis Suárez Rodríguez en 1970.

Los elementos que queremos destacar en la rehabilitación son: la escalera principal o imperial y su espacio abovedado, los nuevos antepechos de forja, las carpinterías talladas siguiendo los dibujos de restos de carpinterías halladas en las ruinas, el patio clásico porticado, el salón principal con su artesonado reconstruido, el lucernario-montera, la torre-mirador,  la fachada de sillería y su balcón con tornapuntas de forja. Los elementos de la intervención que queremos destacar, en cuanto a recuperación de piezas históricas de interés ó procesos de investigación y análisis son loos que siguen.

Escalera Imperial, tras la restauración.

Patio Principal del palacio. Sobre el primer piso se encuentra una montera de nueva factura.

REPRODUCCIÓN DE LA CERAMICA DEL SALON PRINCIPAL
Se trata de la nueva cerámica pintada a mano del entrevigado del salón principal, 1ª planta, a partir de más de 500 fragmentos de la cerámica original del siglo XVIII que se rescataron en las ruinas del Palacio, realizando una reconstrucción informática y completando las perdidas, con datos incluidos dentro del lenguaje de todos los tipos. El resultado ha sido de unos 26 diseños diferentes, compuestos por, ángeles, caballos, caras humanas, ciervos, rosetones de arabescos, pájaros y perros. Se utilizaron para su reproducción 20 tipos.

Azulejos reproducidos del Salón Principal. /Foto: J.J. López Amador.

Los azulejos originales, estaban realizados con barro de pella a baja cocción de 305 x 305 x (40 o 45) mm. La  superficie no es totalmente regular, presentando un color variable en tono marfil. Los dibujos realizados a pincel en tono azul cobalto. Sobre él presenta un esmalte vidriado de brillo no continuo y con burbujas e impurezas. El color no es uniforme, de unos azulejos a otros debido a la diferencia de temperatura de cocción entre ellos por la cocción tradicional, en hornos artesanales. Los nuevos se han realizado con la misma técnica que los originales del Palacio, pintados a mano uno a uno, y por lo tanto únicos como lo fueron los originales.

Tornapuntas de forja en el balcón principal de la fachada de la calle de las Cruces. La tornapunta es un elemento lineal de madera o metal inclinado que une dos piezas, una horizontal y otra vertical, y transmite parte de la carga de la vertical a la horizontal.

CONSOLIDACIÓN TORRE-MIRADOR

Es interesante, como se aborda la intervención de la bóveda encamonada [camones: armazones de cañas o listones] con pinturas del siglo XVIII, ante la imposibilidad inicial de poder realizar una inspección ocular, se realizó una toma de imágenes de video de la parte interior de la cúpula con una microcámara de luz infrarroja, deslizándola por las grietas que presentaba la cúpula desde abajo.

Se ha montado una nueva estructura independiente en acero inoxidable marino, desde la parte superior. El nuevo sistema sustenta los armazones de madera de la cúpula encamonada para evitar su derrumbe y garantizar su estabilidad. /En la imagen, la nueva estructura de acero inoxidable que sustenta la escalera de acceso a la parte superior de la torre y resto de elementos.

RESTAURACIÓN DE LAS PINTURAS DE LA BOVEDA DE LA TORRE-MIRADOR

Son pinturas del siglo XVIII, sobre los 8 gallones [cada uno de los segmentos cóncavos de ciertas bóvedas] de yeso de la cúpula y restos en los paramentos verticales interiores de la Torre-mirador, con motivos vegetales.

El tratamiento ha sido siguiente: Retirada de polvo superficial, con brocha de pelo suave y aspiración; protección de la superficie mediante empapelado con papel japonés [o washi, papel finísimo muy resistente de larga vida útil] y una cola de origen animal; fijación de la policromía y los diferentes estratos pictóricos mediante espátula térmica, papel melinés [película de poliéster aislante]; limpieza de la película pictórica, retirando barnices superficiales envejecidos y protecciones deterioradas; levantamiento de repintes puntuales; estucado y desestucado; reintegración cromática y aplicación de doble capa de protección. /En la imagen de la izquierda Torre Mirador, pinturas, ventanales y escalera de acceso a la misma, tras la restauración.

LUCERNARIO MONTERA

De nueva construcción. Se trata de un vidrio laminar de seguridad transparente, formado por una luna exterior templada de 8 mm. y una luna interior templada de 8 mm., unidas mediante lamina de butiral de polivinilo [PVB, polímero de gran adherencia y durabilidad, utilizado en la industria del vidrio], fijados a la estructura de acero inoxidable mediante grampones [elemento rígido que abraza a las rótulas que fijan el vidrio a la estructura portante para formar estructuras] de chapa de acero inoxidable AISI-316. La estructura, se proyectó por la zona superior. /En la imagen de la izquierda, vista parcial de la montera sobre la primera planta del patio principal del edificio restaurado. (Texto: Antonio Villanueva Fernández) (Fotografías: Javier Reina Gutiérrrez, salvo que se indique lo contrario).

Pío Baroja y Nessi (1872-1956) escribe hasta en cuatro ocasiones de El Puerto de Santa María, en dos de sus novelas en ‘Las inquietudes de Shanti Andía’ (1911) y ‘El mundo es ansí' (1912 ) y en dos biografías incluidas en la colección ‘Vidas Españolas e Hispanoamericanas del Siglo XIX’, de 1931 y 1932.

En esta ocasión traemos de dicha colección la biografía titulada ‘Juan Van Halen, el oficial aventurero’ (1933), personaje que ya presentamos a los lectores de Gente del Puerto en la nótula núm. 748. Baroja, que contaba 61 años de edad cuando la termina y publica, haciendo gala de su ‘sentimiento trágico de la vida’ describe en el Epílogo Egotista (egotismo: prurito de hablar de si mismo) paisajes y escenarios de El Puerto, algunos de los cuales reproducimos aquí.

«Esta bahía de Cádiz es un lugar a propósito para morirse. A mí, al menos, me da esa sensación. Yo recuerdo Cádiz y su bahía de una manera romántica. Es decir, de un modo melancólico y nostálgico. Se me ocurrió ir a Cádiz, hace ya algunos años, convaleciente de unas fiebres, con la idea de buscar una casa donde pasar una temporada tomando el sol. La primera impresión, que me produjo languidez, acabamiento, se me grabó de un modo indeleble. No la pude corregir después, ni modificar siguiera en estancias posteriores. La visión un poco febril del convaleciente fue para mi definitiva.

Estuve en Chiclana, en San Fernando, en Puerto Real; mejor dicho pasé por estos pueblos grandes, blancos, inundados de sol, de calles largas, hermosas, achabacanadas por unos nombres vulgares escritos en azulejos con letras descomunales: calle de Fernández Martínez, de Pedro López, etc.

Luego fui al Puerto de Santa María y paré en el hotel Vista Alegre. El hotel, ya viejo, descuidado, con cierto aire extranjero, tenía gracia. En las paredes de los pasillos colgaban cuadros, estampas con vistas y escenas de los Alpes y un mapa del reino lombardo-vénero.

El hotel, según se decía, había sido fundado en 1846, época de prosperidad del Puerto, por unos italianos caldereros. Por entonces daba la impresión de abandono, las puertas cerraban mal, los suelos estaban alabeados, los pestillos se caían. Todo me parecía ruinoso, desolado y decadente.

En el hotel encontré un vasco, en su juventud fabricante de velas para barcos. Era hombre fuerte, ancho, sonriente y optimista.

A la izquierda el Casino, en la calle Larga, donde hoy está Café di Roma.

El vasco me acompañó en mis andanzas. […] El vasco tenía su centro en un casino, adonde iba a hablar, que a mí me parecía un poco lánguido y aburrido. Yo paseaba por el pueblo, recorría varias veces el Vergel, la Victoria, el parque de María Cristina [?] y la Plaza del Polvorista; contemplaba las paredes de la Prioral y el castillo de San Marcos; iba y venía por las calles anchas, por las casas barrocas, encaladas, con rejas, ventanas y puertas verdes; me acercaba a los miradores donde cosía o bordaba alguna muchachita.

Estas calles de el Puerto de Santa María, desiertas, con sus proporciones de calles de gran ciudad, con casas magníficas, palaciegas, tenían aire de tristeza en los días lluviosos. Cuando me rendía de andar iba al casino a buscar al vasco alegre y sonriente. Este se reunía con algunos amigos del pueblo que celebraban sus frases. Uno de los contertulios, joven entusiasta de Ibsen, que estría en algunos periódicos de Cádiz, recitaba romances antiguos, entre ellos el de Diego Corrientes, que al despedirse de la prisión de El Puerto para ir al patíbulo se lamentaba diciendo: ‘Torre e Santa María,/ ya no te gorveré a ve,/ yo que tanto te quería’.

[…] Me había hablado el vasco de Rota como pueblo en donde sería fácil un cuarto soleado donde poder estar una temporada, él conocía a una mujer que tenía huéspedes, viuda de un marino. Fui al pueblo. /Van Halen, en un grabado de 1830.

Desde el Puerto de Santa María a Rota, la costa es baja, arenosa, con algunos pinos hacia Chipiona. Al marchar en el tren, a la izquierda, aparecía el mar y una tierra baja, amarilla, con viñedos, matas de guisantes muy verdes, frutales, que entonces mostraban sus flores como en una cascada blanca y violácea, pitas y algunos molinos de viento. Por la derecha se veían dehesas verdes con toros, y por el camino pasaban recuas de arrieros.

Dos o tres días más pasé en el Puerto. Una mañana de mucho sol salí hacia la playa de Santa Catalina y me senté en la arena carda de una marisma y de unos montones de sal. A pocos pasos había un caballo muerto, ya seco. Parecía sonreír al sol con sus dientes grandes mientas se iba momificando. No daba su cadáver impresión de corrupción, sino de sequedad de un organismo que se iba convirtiendo en polvo. Quizá había sido un caballo magnífico y brioso. De él no quedaba casi nada. La soledad, el silencio, la esterilidad del alrededor me dio una impresión de quietud, de acabamiento y de muerte. La misma impresión retorna a mí con vaguedad al pensar en este Van Halen, enterrado en el Puerto de Santa María". Madrid, febrero de 1933. Pío Baroja.

Nunca un final tan triste ha podido semejarse tanto, a veces y por momentos, a este El [Gran] Puerto de Santa María.

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| Texto: José María Morillo.
En el lugar conocido como plaza o ‘Cuesta del Carbon’ --quizás porque en este espacio cercano al río se acumulaba el carbón, artículo de primera necesidad como conbustible  para las embarcaciones-- se erigió en 1938 la Plaza de Cristóbal Colón, en memoria del almirante descubridor de las Américas. En la cercana Plaza del Castillo se puede leer en una de las placas adosadas a su fachada: «En memoria de Cristóbal Colón vecino de esta Ciudad y protegido en ella y de sus compañeros en el legendario viaje del Descubrimiento del Nuevo Mundo: Juan de la Cosa y Pedro de Villa, vecino el primero e hijo el segundo de la misma ¡Gloria al Ingenio! El Excmo. Ayuntamiento de 1892, en el Cuarto Centenario».


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En estos días en los que se está hablando de que la Plaza de España de Sevilla ha cambiado su aspecto, que está coronada por unas cúpulas doradas que le dan un aspecto de palacio árabe... ha traído a mi memoria una anécdota ocurrida en El Puerto en los años sesenta.1962, si la memoria no me engaña.

Por aquel entonces se rodaban muchas películas en España, espagueti-western y superproducciones, sobre todo en Almería. Pero, para orgullo de los cinéfilos, nos cabe la honra de que se rodara ‘Lawrence de Arabia’ ganadora de varios Oscars , creo que siete y, con un plantel se artistas maravillosos: Peter O’Toole. Anthony Quinn, Alec Guinnes, Omar Shariff, el español Fernando Sancho entre otros… En 1991 fue incluida entre los filmes que preserva el National Film Registry de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos. La película relata la participación de Thomas Edward Lawrence, en la Rebelión Árabe, durante la Primera Guerra Mundial.

Peter O'Toole y Omar Sharif durante el rodaje.

DE DOÑANA A EL PUERTO.
En principio casi toda la producción iba a ser rodada en Jordania pero no sé exactamente debido a qué, acabó rodándose  en aquel país solo la parte correspondiente al templo de Petra y el resto, entre  el norte de Marruecos y España: Almería y Sevilla y alguna escena en el Parque Nacional de Doñana. De ahí que el plantel de actores viniera a El Puerto.

En Sevilla los escenarios fueron, la Plaza de España, los Reales Alcázares, el Parque de Maria Luisa y el Hotel Alfonso XIII . Allí estaban ubicados en la ficción los palacios, cuarteles, clubes de oficiales etc. que simulaban a El Cairo donde, por problemas con el presidente Nasser, no se pudo rodar nada.

LA LLAMADA DE MAXIMINO.
Debido a estas circunstancia y a que alguna escena se rodó en Doñana, una noche de aquel año de 1962 en que la que, ademas, recuerdo que llovía a mares pasó lo que voy a relatar. ¡Hasta donde tenía fama El Resbaladero! De repente sonó el teléfono en mi casa y era Maximino Sordo, el dueño del restaurante ‘El Resbaladero’. Llamaba para decirnos a mi hermana y a mí que, cenando en el restaurante estaba Anthony Quinn, el  más conocido en España por aquel entonces, con otros actores. Mi hermana y yo, que sabíamos del rodaje salimos corriendo, ante el enfado de mi madre que decía que hacía una noche de perros .

ACTORES, MUCHOS ACTORES.
En el salón, al fondo a la izquierda, había una mesa grande con muchas personas entre las que reconocimos a Peter O´Toole, Anthony Quinn, José Ferrer, Omar Shariff... este último y Anthony encantadores, por cierto. Quinn ademas, como hablaba español, nos atendió de maravilla. Peter O`Toole no estuvo tan simpático y eso que por entonces era conocido, pero no tanto como a partir de esa película. Lo que si estaba era guapísimo, con el pelo muy rubio, creo que algo teñido por exigencias del guión, pero espectacular. Quiero añadir que al director, David Lean, no lo reconocimos pero estaba y, seguramente, otros actores no tan famosos. /Anthony Quinn, caracterizado para la ocasión en la película que nos ocupa.

Fue una de las pocas películas en la historia del cine sin papeles femeninos. Tan sólo al principio muy discretamente durante el entierro de Lawrence y lse vieron fugaces apariciones de mujeres árabes. Por cierto que el papel protagonista se lo ofrecieron a Marlon Brando, quien lo rechazó. /En la imagen de la izquierda, Celia Insua, en 1962.

Luego nos fuimos a casa con nuestros autógrafos y con el disgusto de no ver a Sir Alec Guinnes que en aquel momento era el que a nosotros nos interesaba. Por cierto que recuerdo que allí estaba Chemari Gutierrez Colosía, no se si también por verlos o porque estaba en El Resbaladero. A lo mejor él recuerda algo más. (Texto: Celia Insúa Lavín).