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«El Puerto es el pueblo más bonito de España», asegura este nieto de Felipe Fuentes, un comerciante que era representante de automóviles y que probó suerte por Barcelona allá por los 50, para buscar las oportunidades que por El Puerto no encontraba. Ese Puerto al que tantas veces ha visitado el periodista y presentador, Manel Fuentes, El Puerto que le hace brillar los recuerdos junto a la sonrisa. El nieto de Felipe es la voz matinal de la radio pública catalana, ‘El matí de Catalunya Radio’, encargo que recibió en 2009 y que de ser la tercera opción entre los oyentes catalanes se ha impuesto como liderazgo.

Manel, licenciado en Periodismo por la Autónoma de Barcelona, fue conocido por el gran público por la faceta del entretenimiento, a raíz de sus imitaciones en ‘Crónicas marcianas’, formando parte de la primera tripulación del comandante Javier Sardá. El público lo descubrió como el alter ego del Rey, de Jordi Pujol o de Luis María Anson, entonces director de ABC. Se presentaba como El Hombre sin Personalidad. Precisamente, él, que le sobra personalidad y una voz de cantante de postín heredada de sus antepasados del Sur.  Alumno aventajado, aquel colaborador de Sardá tuvo su programa propio de entrevistas y humor en  TV3 y en Telecinco, La noche con Fuentes y Cía, que comenzó en 2001 y se extendió durante cuatro temporadas en las  nocturnidades del domingo, consiguiendo un premio Ondas. Manel ya contaba con otros dos caballos alados por su trayectoria radiofónica. Uno de ellos por ‘Problemes domèstics’, también en Catalunya Radio. En la televisión, en Telecinco, llegó a comandar un clásico como ‘Caiga quien caiga’. /En la imagen, ‘Los Encantes Viejos’, mercadillo de Barcelona. /Foto: Eugenio Forcano.

Barcelona en la década de los cincuenta del siglo pasado: Comedia, Avenida Palace y Coliseo.

Es barcelonés de segunda generación, pero su simpatía por El Puerto salta a la primera frase cuando se encuentra con un andaluz.  Su abuelo Felipe  --del que guarda un recuerdo muy especial ya que fue la primera muerte dura que recuerda, con tan solo 10 años-- después de los coches se dedicó a la representación de productos textiles, «y siempre se acordaba de su ciudad natal», como evoca con todo su cariño. Enarbola con orgullo el apellido «Fuentes, de los Fuentes venidos desde El Puerto». Manel tiene el día ocupado con sus mañanas radiofónicas, pero como le sobra algún ratillo, también presenta desde hace dos semanas el programa de imitadores-imitados ‘Tu cara me suena’, en las noches de los miércoles de Antena 3, siendo la pasada edición el programa más visto a nivel nacional.

La calle Larga de El Puerto en la década de los cincuenta del siglo pasado.

Su voz de imitaciones también se puede oír en el cine, lo pueden encontrar como Nígel, uno d elos pelícanos de 'Buscando a Nemo'; como el pingüino  Skipper en 'Madagascar' y aparece como camarero en 'Torrente 2'. He aquí la otra biografía del nieto de Felipe Fuentes, de Manel, cuando representaba en el teatro los monólogos de ‘El Club de la Comedia’…

«…Soy hijo de quien dicen ser mis padres, personas respetables cuyas profesiones nada tienen que ver con la actividad remunerada que realiza un servidor. Sigue siendo un misterio cómo he llegado a dedicarme a esto, y sobre todo, que alguien me pague por ello. Desde la infancia arrastro problemas de identidad. Hasta los 7 años no descubrí que no me llamaba 'Estátequieto', hasta los 10 que los Reyes no eran mis padres (...sino los de Felipe, Elena y Cristina) y hasta los 17 que iba a suspender matemáticas. Eran tantos los problemas de identidad, que en el carné la foto salió borrosa. Fui a la Universidad y estudié Periodismo, y claro, la cosa empeoró. Me refugié de mi inseguridad imitando las voces de otros, pero en vez de ayudarme, a mi costa iban medrando hasta convertirse en cantantes de éxito, futbolistas, alcaldes, presidentes ¡y hasta a Rey, ha llegado alguno! Ninguno me lo agradeció nunca y además, el orden protocolario hacía que para expresarme con mi propia voz tuviera que pasar, por lo menos, media hora.??

Manel Fuentes, con el equipo primigenio de Crónicas Marcianas.

Fue entonces cuando decidí cambiar mi vida. Sacar a la luz mi verdadero yo y relacionarme con todo el mundo. No me costó mucho. Debajo de casa hay un bar con espejos por cristales y con un timbre rojo en la entrada, que está lleno de señoritas muy simpáticas y comunicativas. De todos modos, sale caro.??

Manel en La Noche de Fuentes y Cía, con Santi Rodríguez y Ana Rosa Quintana.

Con el tiempo, he aprendido a negociar, y ahora por ejemplo, para contarles a ustedes mi historia en el teatro, he conseguido incluso ¡no tener que pagar! Eso sí, a cambio de limpiar el patio de butacas al final de cada función. En la actualidad subvenciono gimnasios, en donde no aparezco, me peleo con una guitarra eléctrica que no consigo dominar y comparto piso con el Banco Hipotecario, cosa que voy a seguir haciendo durante los próximos veinte años, porque el Banco ha demostrado tener interés muy alto conmigo, y a los amigos hay que cuidarlos, que tampoco hay tantos. De ustedes ¿Qué puedo decir? Que me fascina que tengan el tiempo libre suficiente para perderlo junto a mí. Quiero que me quieran y que me ayuden a dejar atrás mi timidez. Yo, sólo por escucharme ya les quiero a ustedes. ¡Muchas gracias amigos!». (Texto: Francisco Andrés Gallardo).

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Alfredo Bootello Reyes nació el 25 de abril de 1939 --afirmaba que con él vino la Paz, tras la Guerra Civil, aunque en su carné de identidad decía que había nacido el 1 de Mayo, justificando así la Fiesta del Trabajo--. Fueron sus padres Luis Bootello Campo y Victoria Reyes González, natural de Orense. Alfredo era el cuarto hijo del matrimonio: Juan Luis (ver nótula núm. 682 en GdP), José, Emilio, Alfredo y Fernando. Casi toda su vida vivió en el número 32 de la calle Palacios, --actualmente Papelera Portuense-- y mas tarde y hasta su fallecimiento, en el Edificio Bellavista en el número 7 de la calle Micaela Aramburu.

Entre sus amistades más cercanas se encontraba su propio hermano Fernando, Antonio Gil de Reboleño Insúa, Gil Jiménez, Antonio Gil González de Quevedo, José Joaquín Muñoz Manzanera, Ángel Ferrer Zamacola, aunque para él todo portuense era su amigo.

Arriba Juan Luis, José y Emilio, abajo a la izquierda Alfredo y en brazos, Fernando Bootello Reyes, con sus padres, Luis y Victoria, en una foto de familia numerosa.

Alfredo, en la foto oficial del Colegio La Pescadería.

ESTUDIOS.
De pequeño estudió en el colegio de Alfonso Cárdenas en la calle Luna y mas tarde en el de la Pescadería, (ver nótula 107 en GdP), estudiando el 2º de bachillerato en el Colegio San Juan Bautista de los Hermanos Marianistas de Jerez, coincidiendo allí con su amigo Antonio Gil de Reboleño Insúa (ver nótula núm. 373 en GdP) y la carrera de Graduado Social, en Granada.

De pie, José María Arjona y Manuel Rascón Roselló. Agachados: Alfredo Bootello Reyes, Luís Ortega García el 30 de octubre de 1954.

Su afición principal fue la tauromaquia, aunque desde muy joven, antes de empezar a ponerse grueso jugaba mucho y bien al fútbol, principalmente en el equipo de ‘El Portátil’.

BRILLANTES CALIFICACIONES.
Debido a su enfermedad (Trastorno Bipolar), tenía muchos altibajos, con momentos de euforia y otros de depresión. Cuando tenía 15 años los estudiantes de El Puerto se examinaban de bachillerato en el Instituto ‘Padre Luis Coloma’ de Jerez. Esa mañana, cuando fue despertado por sus padres dijo que no se encontraba con ánimos para ir a Jerez, que no estaba preparado para afrontar los exámenes finales de 6º de bachillerato. A fuerza de la insistencia de padres y hermanos consiguieron convencerlo para que se presentara  a los exámenes, y tuvo que llevarlo su padre ya que, por el retraso no consiguió ir en el autobús que el Colegio de la Pescadería ponía a los examinandos de dicho centro. Al tiempo tuvo que ir al colegio para recoger las notas y cual sería su sorpresa que el resultado de las mismas fueron 5 sobresalientes, 4 notables y 2 aprobados.

En el campo, de pié Federico Romero Andicoverri, Jesús 'el Chulo' que fue paracaidista y murió en Canarias en un accidente de automóvil, José Joaquín Muñoz Manzanera; agachados, Alfredo Bootello y Antonio Gil de Reboleño.

Alfredo con un grupo de amigos en una tasca, en el suelo, en el centro de la imagen.

MEMORIA PRODIGIOSA.
El curso de preuniversitario lo hará en Sevilla, coincidiendo con el cambio de Plan de Estudios, también con su amigo Antonio Gil de Reboleño. Gran aficionado a la Historia y con una memoria prodigiosa, se daba la circunstancia que Alfredo no asistía nunca a dicha clase y cada vez que el profesor pasaba lista, Alfredo estaba ausente. Un día su amigo Antonio lo convenció para que asistiera al menos una vez a clase ya que, caso contrario, le darían de baja y no podría presentarse al examen. Cuando por fin accedió a asistir y en el momento de pasar lista el profesor dijo que «como siempre Alfredo Bootello Reyes está ausente».

Alfredo Bootello, sentado en el centro de la imagen, en los Sanfermines.

Y cual fue su sorpresa que estaba en el aula. Una vez pasada la lista el profesor se dirigió a él y le pidió que le hablara sobre el tema que estaban tratando, ‘La Dinastía de los Avis en Portugal’. De nuevo la sorpresa del profesor fue mayúscula pues Alfredo estuvo hablando todo el tiempo que duró la clase sobre la materia. Finalizada esta el docente le preguntó que como estaba tan preparado sobre ‘La Casa de Avis’, a lo que Alfredo, con el humor suyo característico le contestó: «--Pues que como a mí me gusta mucho la Historia y mi padre tiene en casa la Enciclopedia de Historia Universal, me la he leído entera». A lo que, maravillado, el profesor le dijo: «--Ahora me explico por que no asistía usted a clase». Si bien era un estudiante de Letras destacado, para las matemáticas no tenía dotes y se consideraba nulo en las materias de Ciencias.

EN GRANADA.
Estudiando para Graduado Social en Granada --fue compañero de otros porteños como Antonio Gil de Reboleño y Enrique García Máiquez (ver nótula 821 en GdP), aunque estos estudiaron Farmacia en dicha capital--. Allí se aprendió la historia del Reino Nazarí y los lugares típicos e históricos de la ciudad de la Alhambra. Así, se daba la circunstancia de que cuando un matrimonio de El Puerto mostraba su intención de visitarla, Alfredo se ofrecía como Guía Turístico y con aquella memoria prodigiosa que le caracterizaba, los dejaba muy satisfechos dada la profusión de datos e información que les facilitaba. También los llevaba a un buen restaurante donde le acababan invitando a comer y entonces, el doblemente satisfecho, era él.

Con Francisco Bernal 'Caco' (nótula num. 004 en GdP)  y Conchita Bautista, haciendo claqué en un Festival celebrado en Bodegas Terry a beneficio de la Cruz Roja.

SU AFICIÓN A LA COMIDA.
Alfredo, como se ha dicho no estuvo siempre grueso, de hecho estaba excepcionalmente delgado a pesar de comer de forma desaforada por lo que su padre decidió hacerle un reconocimiento médico para ver donde estaba el problema. Y resultó que el problema se llamaba ‘tenia solitaria’. Su padre cuando la vio dijo que aquella era la ‘solitaria’ mejor alimentada que había visto.

De hecho cuando de joven llegaba a deshoras a la casa paterna en verano, la madre les dejaba preparado a él y a su hermano Fernando la cena; pero como este último llegara más tarde que Alfredo, se quedaba sin cena lo que, con el tiempo hizo que Fernando aprendiera --y lo hace bastante bien-- a cocinar si quería comer algo antes de acostarse.

Debido a su peso y edad estuvo a régimen alimenticio en varias ocasiones. En una de éstas lo encontró un amigo por la calle con un pescado enorme. «--Alfredo, ¿a donde vas con ese pescado tan grande?», le preguntó, siendo su respuesta: «--A mi casa, a que mi madre me prepare el pescado. Es que estoy a régimen y el médico me ha dicho que tome una pieza de pescado y hoy me toca». Otro día se le vió con un melón y una sandía, y era que ese día le tocaba comer dos frutas al día.

Fiesta de Disfraces en el Club Náutico. De izquierda a derecha, José Joaquín Muñoz Manzanera, Milagros Roselló, Fernando Bootello Reyes, una amiga de Huelva, Mariví Jiménez González-Nandín, Alfredo Bootello, Esperanza Jiménez Ruiz y Antonio Gil González de Quevedo. 6 de septiembre de 1966. /Foto: Rafa.

En cierta ocasión se apostó con un amigo a ver quien acababa antes una generosa bandeja de gambas y, viendo que iba perdiendo la apuesta, empezó a comerse las gambas con cáscaras y así le ganó. En otra, en el Bar La Galera, Luis Rivas Acal, Lucky (ver nótula núm. 002 en GdP) le ofreció que si se comía una fuente de huevas recién cocidas entera --no podía dejar nada--, no se la cobraría. Y terminó con la fuente.

El sentido del humor fue una constante de Alfredo, en esta ocasión durante unos Carnavales cuando estalló el caso 'Juan Guerra'.

Alfredo y su hermano Fernando, con sus primas en una playa de Cádiz.

VALDELAGRANA, DE EL PUERTO.
La anécdota más conocida de Alfredo Bootello es cuando quiso poner un Kiosko en la playa de Valdelagrana, o al menos eso se fue a preguntar al Ayuntamiento de Jerez. En la puerta del Ayuntamiento jerezano, en Madre de Dios, le preguntó al ordenanza que donde podía solicitar un permiso para poner un chiringuito y éste le envió al negociado correspondiente de licencias. Una vez allí le preguntó al funcionario que había que hacer para obtener un permiso para poner un Kiosko en Valdelagrana a lo que, la persona que lo atendió le dijo: «--Vd. se ha equivocado de Ayuntamiento, ya que esa playa corresponde a El Puerto de Santa María, y era allí a donde tenía que dirigirse». Entonces Alfredo, con su potente y atronadora voz dijo a todo el que quiso escuchar: «--¡¡Eso es lo que yo quería oírles decir a ustedes, que la playa de Valdelagrana es de El Puerto de Santa María!!».

Alfredo Bootello de jovencito,  en un tentadero el 26 de mayo de 1957.

AFICIONADO A LOS TOROS.
Como se ha dicho, su principal afición fue la tauromaquia. Como premio al día que aprobó con nota los exámenes de bachillerato, su padre, que estaba invitado a una tienta en el Cortijo de Bolaños, se lo llevó consigo coincidiendo con el maestro isleño Rafael Ortega, habitual de dicha finca para sus entrenamientos. En un momento, Alfredo le dijo al Maestro que le gustaría dar unos pases a la vaquilla, a lo que accedió éste y por lo visto no lo hizo nada mal, animándole Ortega. Ahí empezó a soñar con ser torero.

Poniendo un par de banderillas en un Festival celebrado en la Plaza de Toros el 9 de diciembre de 1958.

Con el empresario taurino Enrique Barrilaro, en el centro, el pintor Juan Lara.

Toreó en festivales a beneficio de la Hermandad del Dolor y Sacrificio de la que fue hermano fundador y era inconfundible cuando iba por el centro de la procesión de penitencia rezando el Rosario. Como buen aficionado a los toros fue varias veces a San Fermín y a ver al diestro local José Luis Galloso (ver nótula núm. 368 en GdP), entre otros desplazamientos por mor de los toros.

Alfredo a la izquierda, con el poeta José Luis Tejada. A la derecha los concejales Manuel Lojo, Enrique Pedregal y Rafael Sevilla en la Feria del Libro.

MEDUSA.
Aficionado a participar y colaborar en cuantos eventos culturales, exposiciones, presentaciones, Feria del Libro, festivales, era como se ha dicho una persona con una gran formación en el mundo de las letras y de la historia, ganando algún certamen de relato y de poesía, llegando a ser, en 1971, presidente de la Asociación Cultural ‘Medusa’ que, en aquellos años, contaba con más de 250 socios. Le acompañaban en la directiva como Secretario, Jose Ignacio Buhigas; Tesorero, Miguel León Ortega y Vocales, Pedro Salvatierra Velázquez, Ramón Sánchez Pina (ver nótula 481 en GdP), J.M. Estaban Poullet, Javier Renedo Varela, Teodoro Lavilla Valimaña y Antonio Moreno Basallote.

De izquierda a derecha, Eligio Pastor, Camacho, Juan Lara, Serafín Álvarez-Campana y Alfredo Bootello, durante la inauguración del Aula de Pintura 'Juan Lara', en la actual sede de la Academia de Bellas Artes 'Santa Cecilia'.

VIAJERO.
Debido a que su hermano Fernando estaba trabajando en Madrid, en diversas ocasiones hacía una escapada a la capital de España donde vivían sus tíos Fernando, Alfredo y Juan y, lógicamente, sus primos; solía parar en un bar en la calle de la Victoria, frecuentado por toreros y aficionados taurinos. Hizo algún que otro viaje a Roma, donde vivían sus primas, siendo como era un erudito del que poder disfrutar de sus conocimiento en sus periodos grandes periodos de lucidez en medio de otros de depresión alternados con periodos de euforia. Debido a su enfermedad no tuvo trabajo fijo conocido, aunque en tiempos ayudó a su hermano José, en Algeciras. Se jactaba de vivir bien y, dicho sea en honor a la verdad, fue un trabajador de las cosas de la cultura, algo que fue una constante en su vida. Alfredo nos dejaba para siempre en una fecha señalada, el 25 de diciembre de 1996. Sus amigos le recordaron en su primer aniversario organizando una exposición homenaje a su persona.

Nuestro agradecimiento a Vicente González Lechuga por su especial colaboración en la elaboración de esta nótula.

Hoy se cumplen 90 años de la entrega por parte de la Ciudad de un estandarte al III Batallón Pesado de Artillería, siendo la madrina SAR la infanta Doña María Luisa de Orleans, a la que acompañaba su esposo Don Carlos de Borbon. Curiosamente aquel 16 de octubre cayó también en domingo.

En la imagen de la izquierda, SS AA en el antiguo Hospital Municipal.

La estación de ferrocarril estaba muy concurrida a la llegada del primer tren procedente de Cádiz en el que, además de un importante contingente de viajeros espectadores espontáneos, conducía a los numerosos invitados de otros municipios al evento, además de las Bandas de los Regimientos de Cádiz núm. 67 e Infantería de Marina, con sus secciones de cornetas y tambores, desfilando hasta el crucero de Larga con Luna, interpretando pasacalles. Muchos jerezanos se acercaron a presenciar el acto en El Puerto.

Llegada de los Infantes al Ayuntamiento en la Plaza de Isaac Peral.

A las 11 de la mañana llegan al Ayuntamiento situado en la Plaza de Isaac Peral SS.AA, rindiéndole honores una batería del III Regimiento de Artillería Pesada, al mando del Capitán Cerón, siendo recibidos por el alcalde, Manuel Ruiz-Calderón y los concejales, José Izaguirre Obeso, Antonio Gutiérrez Gómez, Rufino Bononato, Manuel Maraver, Francisco Gutiérrrez Mercier y y Luis Benítez Gómez. Desde Peral se encaminan al Paseo de la Victoria para asistir al solemne acto interpretando la Banda de Música, dirigida por el maestro Rocafull, la Marcha Real a la entrada y salida de SS AA del Palacio Municipal.

Llegan las unidades militares al Paseo de la Victoria: el batallón de Infantería Base Naval del Ferrol, el de Villaviciosa, el grupo de baterías del XII Ligero y el Regimiento de Artillería Pesada. Eran muchos los invitados, representaciones civiles, militares, políticas, sociales, que estuvieron en el acto y los lugares destacados que ocupaban en el Paseo, dándose el caso de que se instaló una tribuna para que presenciaran la ceremonia los alumnos del colegio de San Luis Gonzaga.

Los infantes llegando al Paseo de la Victoria, con el estandarte portado por el alcalde Ruiz-Calderón.

La llegada de los Infantes produjo nuevamente la expectación del público. El estandarte era portado por el alcalde, Ruiz-Calderón, cuyo acto de entrega se haría con una ceremonia religiosa de por medio, con el Arcipreste Francisco Núñez Galván, entregado por el alcalde a la infanta y es recibido por el coronel jefe del Regimiento que aceptaba la oferta de El Puerto. Tras la ceremonia se celebró un desfile por la calle Larga.

Los infantes, por las calles engalanadas y a coche descubierto, se dirigieron al antiguo Hospital Municipal.

Terminado el desfile la comitiva con SSAA a la cabeza se dirigieron a visitar el Hospital Municipal, donde fueron recibidos por el director facultativo Plácido Navas Villascieras; a continuación visitaran el Hospital de Sangre de la Cruz Roja, donde son recibidos por las Juntas de la Cruz Roja, con la presidenta de Damas, Mercedes Peñasco y la de Caballeros una nutrida representación a cuyo frente se encontraba Manuel Ordóñez Garabito.

Banquete ofrecido en el Ayuntamiento.

A continuación se ofreció un banquete en los salones del Ayuntamiento para sesenta comensales, pasadas las dos de la tarde, amenizado por la Banda Municipal, donde se sirvió consomé de ave, crema perigod parisien, timbal de langostinos, solomillos emperatriz, jamón york a la americana, pavi-pollo rotti, bizcocho helado a la veneciana y postres. Los vinos fueron M. Riscal, Maruja, Jerez Solera 1800, Fino Palma, Champagne, Cognac y Crema de Cacao.

Como se echaba el tiempo encima y no se podía completar el apretado programa de visitas, cancelaron la visita prevista a los alojamientos de las fuerzas armadas, cuyo menú extraordinario fue entremeses, paella de arroz a la valenciana, merluza en salsa, bisteak empanado, Frutas, Vinos, Pasteles, Licores y Cigarros puros.

El acuartelamiento en la Plaza del Polvorista.

Los infantes, después del banquete, se dirigieron a continuación al Colegio San Luis Gonzaga. A las cuatro en punto de la tarde se celebró un festival taurino en la Plaza de Toros a cuyo comienzo  no llegaron los infantes hasta bien entrado éste, por lo que se alteró el orden previsto en el mismo, corriéndose en primer lugar los becerros y, ya con los infantes, se celebró un carrusel con jinetes, formaciones, música, … que encandiló a los asistentes. Al finalizar el espectáculo SS.AA fueron despedidos en la puerta de la Plaza a pie del auto que les condujo a Sevilla, por las autoridades civiles y militares que formaron la comitiva, rindiendo honores fuerzas de Artillería.

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En la imagen, instantánea de Fito Carreto en el Parque Caldereón, del Chiringuito ‘Baobab’ que, durante años, gestionado por Fernando Durán Rey --en la actualidad, locutor de radio--, atendió a la gente moderna de El Puerto en la década de los ochenta. A la derecha de la imagen, el malogrado periodista de Diario de Cádiz, Diego Mora Perles, a quien con tanto cariño recordamos.

Entre 1979 y 1989 Fernando Durán trabajó en la hostelería en el Parque Calderón, en un kiosko novedoso para la época: el Baobab, donde conoce a gente muy interesante y hace muy buenas amistades. De allí, recuerda, salieron muchas parejas y amantes. Aunque el bar no era suyo, lo defendió como si lo fuera: fue una concesión del emprendedor Juan Ruiz-Herrera. El derecho al descanso de los vecinos de la zona, dado el movimiento y los horarios que mantenía el exitoso establecimiento, acabó cerrándolo.

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El Adriano III en el dique, tras ser rescatado luego de su hundimiento.

Benito, más que de pueblo,
es un zoquete integral
que no entiende el palabrero
que suelen utilizar
los que gozan del llamado
estado del bienestar,
y se queda boquiabierto,
"boquitonto", al escuchar
esa terminología tan frecuente,
y tan normal
que recoge, entre otras cosas,
el transporte intermodal,
la expresión alucinante
de entorno medioambiental,
y, el modernísimo invento
del Consorcio Provincial
del Transporte, que no sabe
cuántos enchufes creará
con sueldos muy superiores,
como cosa natural,
a ese mediocre salario:
el interprofesional.

También ignora Benito,
y preocupa ese ignorar,
para qué demonios sirve,
cual es el fin primordial
del ente al que se conoce
como Mancomunidad.

De lo que entiende Benito,
por ser un pobre patán,
es de vergüenza torera,
de gratitud y lealtad,
de nobleza, de sentimientos
y de generosidad.

Que de todo ello carecen
los que van a jubilar,
puesto lo exige el progreso,
por decreto y sin piedad,
al Tercero de esa saga
entrañable y singular,
cuyo nombre es Adriano,
y además de familiar,
es desde tiempos pasados
emblema de la Ciudad.

Es una muerte anunciada,
puesto que un catamarán,
dos mejor dicho, han venido
al Vapor a reemplazar
en sus idas y venidas
del Puerto a la capital.

Pero lo que clama al cielo,
lo sangrante de verdad,
es la negación rotunda,
dada por la autoridad
de antemano, a toda ayuda
de nuestra Comunidad.

¡Las subvenciones son todas
del nuevo catamarán!
Y si desea sostenerse,
si quiere continuar viviendo,
pues que se busque sin demoras,
sin tardar, una nueva ocupación
distinta de la actual.

Así premian su conducta
abnegada y ejemplar,
los esfuerzos cotidianos
en su honrado navegar
con Poniente, con Levante,
Sur o vendaval,
siempre señor en sus actos,
siempre amigo servicial,
viviendo con lo justito
sin la ayuda material
de quien echarle una mano
era obligación moral.

Pero ¿a dónde irá el Vapor?
¿Qué ocupación buscará?,
dice Benito enfadado.
¿Habrá llegado a pensar
algún listo se dedique
a coger muergos quizás?
¿O se vaya al algodón
y en septiembre a vendimiar?
¿Se irá a la fresa a Moguer?
¿O se ocupa en transportar a 'guiris'
a la Sierra del Pinar,
y en Grazalema les muestra
el hermoso pinsapar?

¿De qué sirvió te nombraran
Bien de Interés Cultural?
Bien ¿para quién, Adriano?
¿Quién se pudo colocar
a tu costa otra medalla
de la chaqueta en su ojal,
y ahora, desagradecido,
te niega el pan y la sal?
Preguntas a las que nadie
quiere o puede contestar.

Benito no se aventura,
no quiere pronosticar
en qué acabará la cosa;
pero le ruega no deje
firmemente de luchar,
defendiendo los derechos
que ganó sobre la mar,
y, aunque lo vejen y humillen,
no pierda su dignidad.

Por eso cuando se cruce
con algún catamarán
no se achique y siga airoso
su seguro caminar,
y en el momento preciso
le dé tres largas "pitás "
que demuestren los bemoles
y la clase señorial de esa saga
inolvidable de los Fernández Sanjuán .

Paco del Castillo.

Parece que el poeta escribió hoy estas letrillas, pero fue en Diario de Cádiz, en la columna de opinión ‘Bienteveo’, ajustado al formato de prosa, el 25 de enero de 2006. Tiene plena vigencia.

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Cada cierto tiempo, como si lo aprendido de pequeño tuviese su espacio en la memoria más entrañable, suelo sacar esa caja de latón donde conservo las fotos antiguas de la familia. Y miren ustedes por donde me tropiezo con una instantánea de singulares características. Determinada calidad y entrañable composición. Es la imagen que tienen ustedes delante.

La playa de La Costilla en Rota sirve de soporte a dos parejas de recién casados. Corría el año 1.956 cuando los matrimonios conformados por los profesores del Instituto Laboral portuense, Enrique Bartolomé López-Somoza (con nótula 222 en GdP) y Elisa López Quevedo y Manuel Martínez Alfonso (con nótula 1.051 en GdP) y María de los Ángeles Pérez Sánchez viajaban a la localidad vecina y eran inmortalizados por un amigo común.

La memoria es el único paraíso del que no podemos ser expulsados, escribía el escritor alemán Jean Paul Friedrich Richter, mientras saboreo la fotografía que cuelga en el salón de mi casa familiar. Enrique y Manolo; Elisa y Mari eran algo más que compañeros. Amigas inseparables, ellas habían decidido vivir siempre cercanas y de esa primera casa compartida en el Egido de San Juan,  junto a la finca del Manco Guindate, en la casa conocida como de Santa Ana, propiedad de D. Manuel Rubín de Celis, pasaron a ocupar un par de chalecitos de los profesores del Instituto de la Rotonda de La Puntilla. Hasta que en la última década, a excepción de Elisa, nos dejaron para siempre.

Don Manuel y Don Enrique, desde esa barandilla algodonosa de las nubes, contemplan esa ciudad que les vio crecer como profesores. Ellos ya abandonaron este mundo. Se marcharon, como decían esas bellas estrofas de Antonio Machado:

Y cuando llegue el día del último viaje
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar
me encontraréis a bordo ligero de equipaje
casi desnudo, como los hijos de la mar.

Para muchos, el año de la instantánea –que bien podría servir de cartel anunciador de alguna película de la época-, fue importante. España y Marruecos firman un acuerdo sobre transferencia del territorio marroquí que hasta entonces era Protectorado español; la actriz Grace Kelly contrae matrimonio con el príncipe Rainero III de Mónaco; Marilyn Monroe contrae matrimonio con el dramaturgo Arthur Miller; en la Capilla de la casa palacio de los Marqueses de Arco Hermoso (calle Durango) se celebraba en octubre la boda entre Lupe Romero Laffite, hija de los marqueses y el gaditano Antonio Grosso Burham, bendecida por el obispo de Córdoba, fray Albino Menéndez Reigada; se celebran Juegos Olímpicos en Australia, o Juan Ramón Jiménez obtiene el premio Nobel de literatura. Para los familiares y amigos nos resulta emocionante y placentero contemplar con detenimiento imágenes desgastadas con el tiempo, pero vivas.

Y en el recuerdo de esos dos entrañables profesores de muchas generaciones de portuenses, nos anudamos a esa otra frase del poeta latino Marco Valerio Marcial, cuando afirmaba que 'poder disfrutar de los recuerdos de la vida es vivir dos veces'. (Texto: Enrique Bartolomé , Jr.)

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Federico Rubio y Galy había nacido en El Puerto de Santa María el 30 de agosto de 1827, de familia de escasísimos medios económicos más que nada por el talante liberal inquebrantable que sostuvo su padre, precisamente durante el periodo absolutista. Era hijo de un abogado que había sido compañero de Riego y pinta en sus memorias los años niños de su vida empañados por persecuciones políticas y destierros que sufre su padre por mor de su ideología liberal exaltada.

Sus primeros estudios los realiza en ‘amigas’ y escuelas portuenses, alguna, como la de la Aurora, que daba títulos válidos ‘ante el Rey y ante el Papa’. Cuando decide ser médico, tropieza con la estrechez económica que agobia a su familia, y no duda en costearse su carrera dando clases de esgrima --era especialista en florete-- en el colegio gaditano San Felipe Neri.

DE LA DISECCIÓN A SU PRIMER LIBRO.
De estudiante, destacó pronto como disector. [Persona que diseca y realiza las operaciones anatómicas] Todas las horas que podía las dedicaba al anfiteatro, donde pasaba muchas noches a la luz de una vela, descuartizando cadáveres y preparando lecciones de anatomía para sus compañeros. En 1850 termina su carrera. Un año antes había publicado su primer libro: ‘Manual de Clínica Quirúrgica’. Prepara enseguida oposiciones a la cátedra del Hospital Central de Sevilla que no consigue, por causa de su ideología política, a pesar de sus brillantísimos ejercicios. /En la imagen de la izquierda, segundo cuaderno de su primer libro editado en la gaditana Plaza de las Viudad de Cádiz en 1850. Figura su autor como Bachiller en medicina y cirugía, ayudante de disector de la Facultad de Medicina establecida en Cádiz de la Universidad Literaria de Sevilla.

Vista parcial del Hospital de las Cinco Llagas, hoy Parlamento de Andalucía. Los alumnos de la Escuela Libre de Medicina y Cirugía recibían sus lecciones en sus dependencias.

ESCUELA LIBRE DE MEDICINA Y CIRUGÍA.
Ejerce su profesión durante algún tiempo en Sevilla y funda, en 1865, la Sociedad de Medicina y en 1868, al margen de toda oficialidad, la Escuela Libre de Medicina y Cirugía, donde imprimió a sus enseñanzas tal carácter práctico y objetivo que resultaron verdaderamente innovadoras sus maneras pedagógicas.

EMBAJADOR EN LONDRES.
Al poco tiempo, marcha a Inglaterra como Embajador de España. En Londres, asistió a los cursos del célebre Ferguson y allí lució más como médico que como político el ilustre portuense. En el campo de la política, aparte de Embajador, fue Senador, Presidente de la Comisión de Reformas Sociales y Diputado a Cortes. /En la imagen de la izquierda, cartel anunciador del Congreso celebrado en nuestra Ciudad en septiembre de 2002.

A su vuelta a España, Federico Rubio se reveló genial operador, rompiendo antiguas prácticas y viejas y tradicionales teorías. Realizó, por primera vez en España, operaciones tales como la ovariotomía y la extirpación de la matriz. Fue el primero que, en todo el mundo, extirpó un riñón con feliz resultado y espectaculares logros consiguió operando laringes cancerosas.

RAMÓN Y CAJAL.
Ramón y Cajal dijo de Federico Rubio que «se adelantó a todos en disipar el supersticioso temor que inspiraban las cavidades orgánicas, sobro todo el peritoneo, arca santa ante cuyas paredes se detenía miedoso el bisturí». De estos atrevimientos quirúrgicos fueron aventajados seguidores los doctores Salado, en Sevilla; Creus, en Granada; Toro y Díaz Rocafull, en Cádiz y luego, un sin fin de cirujanos.

RENUNCIA AL MARQUESADO DEL PUERTO.
Lo nombraron Académico de la Real de Medicina, Miembro Honorario del Real Colegio de Cirujanos de Londres, fue Director-fundador de la ‘Revista Iberoamericana de Ciencias Médicas’,  la más avanzada publicación de este carácter que contribuyó en su tiempo a crear un verdadero estilo quirúrgico español. Recibió las Grandes Cruces de Alfonso XII y del Cristo de Portugal. La Reina Regente, Cristina, le ofreció el título de Marqués del Puerto de Santa María, que rehusó cortésmente, fiel a sus ideas políticas.

ESCUELA PRÁCTICA DE ENFERMERAS.
Comprendió que la sola vocación religiosa no facultaba para atender debidamente a los enfermos, entonces confiados a manos monacales. Se propuso capacitar a las mujeres, monjas o no, para llevar a cabo tan delicada misión. Para ello fundó la Escuela Práctica de Enfermeras de Santa Isabel de Hungría. Su idea fue mal interpretada por la opinión pública ya que se pensó que lo que don Federico pretendía era eliminar y sustituir a las monjas en esta labor. Nada más opuesto a su sentir, ya que si era católico ferviente, no era peor amigo de los enfermos. /En la imagen, sello conmemorativo del 175 Aniversario de su nacimiento, celebrando su primer día de circulación el 8 de mayo de 2002.

Instituto Rubio. Pabellón de Dispensarios. /Foto: Laurent.

INSTITUTO RUBIO.
Pero su obra cumbre, en la que más empeño puso, fue la creación del Instituto Quirúrgico que llevó su nombre. El Instituto Rubio fue fundado para cumplir, por un lado, fines humanitarios y, por otro, docentes. Se atendían en él gratuitamente a los enfermos y se impartían enseñanzas de cirugía. El 4 de julio la Reina Regente ponía la primera piedra del Instituto Rubio, construcción que costeara don Federico. Tenía en su fundación un presupuesto anual de sostenimiento de 120.000 pesetas de las que sólo 50.000 eran aportadas por el Estado. El resto, se cubría con dotaciones que para camas hacían varios particulares.

En 1897,después de varios años en los sótanos del Hospital de la Princesa,el Instituto Rubio inauguró nueva sede en los altos de la Moncloa.Su estructura de pabellones por especialidades (Urología,Cardiología,Oftalmología y Ginecología) funcionaba como centro docente,asistencial y de investigación.Y la ubicación fue paradigmática,pues situándose junto al asilo de Santa Cristina anunciaba la emergencia del futuro polo sanitario de la Moncloa,luego completado con el Instituto de Higiene Alfonso XIII y el futuro Hospital Clínico,además de las facultades de medicina,farmacia y odontología.

Como dato curioso en la junta administrativa del Instituto formaban parte un enfermo y una enferma, con voz y voto con que el doctor hacía verdad su idea directriz: ‘Hacer de un hospital una familia de enfermos atendidos y cuidados por una familia de sanos’. 

PINTOR Y COLECCIONISTA.
Fue Federico Rubio pintor de exquisito gusto y esmerado coleccionista de pinturas. En lienzos poseía, entre otros, cuatro Murillos de sus dos épocas y un Greco y su colección ocupaba varios salones de su vivienda.  El deporte de la caza fue una de sus aficiones favoritas. Había adiestrado para ello a su perro ‘Gante’, fiel compañero de sus correrías cinegéticas.

Monumento a Federico Rubio en el Parque Oeste, de Madrid, obra de Miguel Blay.

CALLES EN EL PUERTO, SEVILLA Y MADRID.
Murió Federico Rubio el 31 de agosto de 1902, a causa de los estragos que una arterioesclerosis reumática había hecho en su organismo. Fue enterrado en la capilla del Instituto que fundara y su epitafio redactado por Menéndez y Pelayo. Al finalizar la última guerra civil, los restos del Instituto Rubio yacían entre obuses y bombas. Los nietos de don Federico, con paciencia reverencial, lograron rescatar sus huesos que reposaban en las ruinas de la Capilla.

A Federico Rubio se le dedicaron calles en El Puerto [la antigua calle Pozuelo y el ambulatorio de la Seguridad Social de la calle Ganado que aparece en la imagen de la izquierda], en Sevilla [donde también tiene un busto sin rotular en el dintel de una puerta en la calle Madre de Dios], en Madrid donde tiene una avenida y plaza [y un colegio público en la zona de Cuatro Caminos] y donde, en el Parque del Oeste, se le erigió un monumento obra de Miguel Blay. [También tiene calle en Torrelavega (Cantbria) y en otros municipios españoles]. (Texto: Luis Suárez Ávila).

FRAGMENTO DE SUS MEMORIAS.
«Nosotros continuamos hasta la calle de las Neverías, apeándonos ante un portal oscuro de una casa de la acera de la derecha. Esa casa era de mi abuela materna, o por mejor decir, de su tía doña Francisca Gil. Abierto el portón, tirando de un cordelillo que por el zaguán levantaba el picaporte, entramos en un patio enchinado y limpio, si no lo afeara un caño descubierto que, siguiendo el zaguán, corría a morir en otro caño mayor que iba por la calle. El patio, cerrado por sus cuatro frentes, en cada uno ofrecía una puerta: la de entrada, que pasamos; la frontera, al lado opuesto, y en los muros de izquierda y derecha otra puerta, respectivamente, y una ventana de reja a uno y otro lado de ellas. El patio carecía de corredores y arriates: la planta baja solo».

1

Acceso al antiguo Penal de El Puerto.

Hace ahora 120 años que se nombró a José Millán Astray, un abogado gallego perteneciente al cuerpo de funcionarios estatales y aspirante a escritor –así lo definen algunos biógrafos-,  director de la Penitenciaria Hospital de El Puerto de Santa María, una institución recién creada por el gobierno central en el antiguo convento de Santa María de la Victoria, expropiado a los franciscanos Mínimos en la época de la desamortización de Mendizábal, un par de décadas antes.

Este centro, que está considerado como el primer psiquiátrico penitenciario español, nació después de un estudio estadístico de locos criminales y dementes que cumplían penas de prisión, encarcelados en hospitales y manicomios de diversos puntos de la península. La encuesta, realizada por el Ministerio de la Gobernación en 1886, según unos autores o en 1888, según otros, arrojó un total de 238 reclusos enfermos, de los cuales tan solo 18 eran mujeres y el resto varones.

Para poder darnos una idea de la improvisación, falta de organización material y jurídica con la que se llevó a cabo el establecimiento del penal, nos basta conocer la prolongación de las obras de acondicionamiento que duraron hasta 1896, obras que no evitaron ni eludieron la insalubridad y falta de higiene de las instalaciones o el Reglamento provisional con que fue dotado: Real Orden 20 de marzo de 1894,  tres años después de nombrado Millán Astray como director.

Debió tener pues, bastante trabajo para organizar aquello, más parecido a un “cotarro” que a un centro penitenciario. Y no lo hizo mal, dividiendo a los enfermos internados en cinco secciones: ancianos, inútiles (supongo serian inválidos) enfermos crónicos, enfermos agudos o graves y, simplemente, enfermos. A esta quinta sección, la más numerosa, la subdividió, a su vez, en varios apartados, según sus características: tranquilos, semitranquilos, agitados, sucios, epilépticos y enfermos en observación, grupos a los que colocaba en salas y dependencias diferentes.

El joven Millán Astray, al que definió Perez Galdós como “hombre simpático e instruido, prestando servicios importantes en la averiguación de diferentes delitos, habiendo demostrado inteligencia y buena voluntad como funcionario” no nos cabe duda recibió este nombramiento más como un castigo que como un premio, después de formar parte como imputado en la trama del escandaloso y popular “Crimen de Fuencarral”. Cuando este suceso tuvo lugar, el asesinato y robo de una rica viuda que vivía en dicha calle, ejercía como director interino de la cárcel Modelo madrileña, “enchufado” al decir de alguna prensa de la época por su amigo y paisano Eugenio Montero Ríos, flamante presidente del Tribunal Supremo (al que el escándalo le costó el puesto) y también por Manuel Alonso Martínez, titular de la cartera de Gracia y Justicia, ministerio en el que Millán Astray había ocupado diversos cargos. .Finalmente fue exonerado, y no prosperaron los cargos de infidelidad en la custodia de presos e inducir falso testimonio .  /En la imagen de la izquierda Pérez Galdós.

En la imagen de la izquierda, periódico La Vanguardia que relata el 'Crimen de Fuencarral'.

Lejos de su familia, que había quedado en la capital, Millán Astray sentía nostalgia, recordando a su esposa Pilar Terreros y a los dos hijos habido en el matrimonio, especialmente cuando acabada la jornada laboral y realizaba largos paseos las noches de verano por los alrededores del penal. El día 5 de julio de 1891 en que sus hijos María Pilar y José, que debían de ser mellizos o gemelos, cumplieron los doce años les escribió este poema que tituló “La Noche”:

Cuando llega la noche/ la brisa aspiro,/sentado en la ribera,/cerca del río;/mirando al cielo/por si llevaros quiere/de mí el recuerdo.
El viento en la arboleda/mueve los pinos,/parecen sus rumores/tristes suspiros,/y mi alma enferma/llora al son de sus ecos/por vuestra ausencia.
Los rayos de la luna/refleja el agua,/mueven los marineros/la frágil barca,/y cruza el puente/un tren, que a monstruo informe/se le parece.
El puente se estremece,/retiembla el suelo,/el silbido se escucha/lejos… muy lejos…/El tren que pasa/donde están mis pequeños/su ruta acaba.
Solo con mis recuerdos/sin paz ni calma,/en andar silencioso/dejo la playa,/y ya dormido/un beso hay en mis labios/para mis hijos.

Desconozco el tiempo que permaneció como director de la penitenciaria portuense. En 1916 ejercía como director del penal de La Coruña, en un retorno a su tierra natal y continuaba escribiendo, olvidados sus pleitos con la prensa madrileña. El Imparcial, periódico capitalino, publicó en 1918 un fragmento de sus memorias, en las que refiere las numerosas experiencias vividas profesionalmente. La que publica “El Imparcial” se titula “Visión de Sangre” y era su protagonista un sanguinario salteador maño apodado “Cucaracha” que le hizo en una ocasión una depuración con saninjuelas, en la enfermería de un penal, cuyo nombre deja en puntos suspensivos, aunque todo parece indicar que fue en el penal portuense donde ocurrió, contándole el preso sus macabras anécdotas.    /El claustro del Penal, ocupado por los internos como taller.

En 1920 su hijo José Millán Terreros, funda la Legión y nace el mítico militar Millán Astray, tomando los dos apellidos paternos, héroe para unos, monstruo cruel para otros, según la ideología y sensibilidad del analista. Su hermana Maria Pilar Millán Terreros, heredó la vocación literaria paterna y fue una prolífica escritora de sainetes y obras teatrales, algunas pasadas al cine como ‘La Tonta del Bote’. (Texto: Antonio Gutiérrez Ruiz. A.C. Puertoguía).

«Este hombre del casino provinciano/ que vio a Carancha recibir un día»

Antonio Machado,

En el inicio del retrato satírico de un señorito andaluz ‘Del pasado efímero’.

Toreaba ‘Cara’ en nuestra Plaza. Habría la natural expectación en la ciudad, animada como siempre con la presencia de tantos forasteros que aunque nunca dejan de acudir a la tradicional llamada de los toros en El Puerto. Faltaba poco para la hora de comenzar el espectáculo, y ya el cordón de la multitud se deslizaba en animados comentarios por la calle Santa Lucía, camino del bizarro coso taurino, cuando el coche de la cuadrilla de José Sánchez del Campo, que había desviado ligeramente su itinerario, camino de la Plaza, se detenía de pronto  ante la fachada de una noble casa de la calle de las Cruces. Vivía allí D. Agustín del Toro, un ilustre y conocido portuense, a la sazón Teniente de Alcalde de su municipio, y que en funciones de tal debía presidir la corrida de aquella tarde.

«--Venía, D. Agustín, a pedirle a usted un favor…» --comenzó, grave y azorado el maestro, con esa timidez que los toreros tienen siempre delante de las personas de consideración. El caballero le infundió ánimos con una sonrisa de amabilidad. «--Tu dirás…». Y ‘Cara-Ancha’, mal que bien, se expresó: el caso era que el hombre deseaba lucirse aquella tarde ante los espectadores portuenses. Quizás --repetimos que ignoramos fecha y circunstancia-- la espinilla de alguna actuación reciente, no de su completo agrado; tal vez el deseo de afianzar su cartel en El Puerto, Plaza reconocida como de prestigio por toda la torería contemporánea; o acaso la intención de levantar su nombre en aquella competencia que durante tanto tiempo la afición trataba de establecer nada menos con con ‘Lagartijo’.

Lo que fuera. Pero ‘Cara-Ancha’ quería lucirse en aquella tarde torera del Puerto. Y, con todos los respetos, venía a pedirle el Sr. Presidente que, si a bien lo tenía, abreviase en lo posible el tercio de varas, para que el toro llegase enterito y con bríos a la faena de muerte. Ahí era nada: lidiar uno de aquellos bisontes de entonces, con seis años bien cumplidos y muchas arrobas de peso, sin que los piqueros detuvieran apenas con su vara el empuje y la fuerza del animal.

Sonrió D. Agustín del Toro. Y despidió al espada con nuevas palabras amables y la promesa de acceder con gusto a su petición. En efecto. Cuando ya en el transcurso de la corrida llegó el momento esperado por el matador, se oyó, ante el asombro de toda la Plaza, el agudo toque de clarín que señalaba el cambio a la suerte de banderillas. Se armó la marimorena. El público, indignado, protestaba del pronto cambio de suerte e increpaba con furia a la presidencia. Y entre el clamor colectivo que pedía: «¡Caballos, más caballos!», se escuchaban individuales y airadas voces que dirigían recuerdos nada expresivos para los antepasados, vivos y difuntos, de la ilustre presidencia.

Pero nada alteró el estado de las cosas. Se pusieron los tres reglamentarios pares de banderillas, si bien en medio d e una auténtica tempestad de protestas, que poco a poco, y por el natural cansancio, iba bajando de tono. Después sonó de nuevo el clarín, y José Sánchez del Campo, tras el brindis de ritual, se dirigió hacia la fiera, aún con el último eco de las protestas sonando en los tendidos, y realizó tal faena de muleta, culminara con una gran estocada recibiendo, que los espectadores se olvidaron por completo del reciente escándalo y trocaron las ya acalladas voces iracundas por la más firme y unánime salva de aplausos. ‘Cara-Ancha’ había logrado sus propósitos.

Grabado de 'Cara-Ancha' en plena faena.

Poco después, y cuando el público se dispersaba, abandonado ya el resonare coso, y con el comentario de la gran faena de ‘Cara-Anda’ como tema principal y casi único de sus conversaciones, la calesa de los toreros se detenía de nuevo ante la residencia de don Agustín del Toro. Descendió el espada y penetró en la casas, siendo en seguida recibido por su dueño. «--Don Agustín…»-- y de nuevo le dio las gracias, esta vez con una mayor y lógica expresividad. Y con ella, sus excusas. Puesto que por complacer su petición se había levantado aquel alboroto y el presidente se había visto obligado a escuchar los piropos de la enfurecida multitud.

Quitó importancia don Agustín a la cosa. Y llano y natural, introdujo a su visitante, a través del jardín, en la grata penumbra de la bodega. Charlaron cordialmente, y probaron distintas muestras de los ricos caldos que en ella, silenciosamente, se iban haciendo año tras año, con el incomparable saber hacer de la madre naturaleza. Así iba transcurriendo los minutos, cuando el Sr. Presidente notó que el torero parecía ocultar algo entre los pliegues del capotillo de paseo que, según tradición de entonces --y ello además, parece ser la justificación lógica de esta prenda-- llevaba echado sobre los hombros. /'Cara-Ancha' se retiró del toreo en 1894. En la localidad sevillana de Aznalcázar, se dedicó la vida pública ocupando la  alcaldía durante varios años, donde murió el 31 de marzo de 1925.

«--¿Que llevas ahí?»-- no pudo evitar la pregunta. Y ‘Cara-Ancha’, con una amplia sonrisa de hombre bueno y tímido, abrió el vuelo del capote mientras decía: «--Por tocar a banderillas antes de tiempo ha tenido usted, D. Agustín, el sofoco de esta tarde. Yo, en agradecimiento, le traigo esto como recuerdo». Y le mostraba el palo forrado de rizados papelillos, manchado con sangre aún fresca del morrillo del toro. Celebró D. Agustín el obsequio. Y ya con la banderilla en su mano siguieron coloquialmente sobre diversos puntos. Hasta que al ir a venenciar de nuevo sobre unas copas, el anfitrión se quedó un momento indeciso con las banderilla en la mano, sin saber, de momento, donde soltarla.

La banderilla que clavó 'Cara-Ancha' en el techo de la bodega de D. Agustín del Toro, más tarde de la firma Cuvillo y Cía. /Foto: Rasero.

«--Deme usted, D. Agustín --dijo sonriente el matador-- que aquí hay un precioso sitio para ella». Y tomándola de la mano del otro, báscula fuertemente su brazo y la lanzó con fuerza al techo de la bodega, donde quedó fuertemente clavada por su arponcito, en una de las vigas de la escuadra de la techumbre. Tiempo ha pasado desde entonces. Las personas y las cosas se han ido sucediendo en el transcurso evolutivo de los tiempos. Pero el techo de aquella bodega --que luego sería de la firma Cuvillo y Compañía-- seguía clavada [hace 43 años cuando se escribe este artículo] desafiando a la ley de la gravedad y al paso de los años, la banderilla de José Sánchez del Campo ‘Cara-Ancha’. (Texto: Manuel Martínez Alfonso).

El 3 de octubre se cumplen 149 años de la visita de la reina Isabel II y parte de la familia real a la ciudad en 1862, donde estuvieron en la Iglesia Mayor Prioral y en el Palacio de Purullena, entre otros emplazamientos

Esta visita de Isabel II de Borbón (1830-1904) a El Puerto de Santa María se inscribe en el viaje que la reina realizó por todas las provincias andaluzas (excepto Huelva) y por Murcia en el otoño de 1862. Viajaban con ella el rey consorte Francisco de Asís (1822-1902) y dos de sus hijos: la infanta Isabel (La Chata) y el príncipe de Asturias (luego Alfonso XII), de 10 y 4 años, respectivamente. En el amplio séquito que acompañaba a la familia real destacaba el general Leopoldo O'Donnell, presidente del conocido como Gobierno Largo (1858-1863) de la Unión Liberal, el más duradero de todo el convulso siglo XIX español. Fue un quinquenio relativamente próspero y apacible, si bien el deterioro de la situación política y social en el campo andaluz -revuelta de Loja (Granada) en 1861- aconsejaba que la reina visitara la región.

La estación de ferrocarril en 1853

El tren real llegó a El Puerto de Santa María el viernes 3 de octubre de 1862, hacia las 9:30 de la mañana. Poco antes había cruzado el puente de hierro de San Alejandro, sobre el río Guadalete, que quedó inaugurado ese mismo día. En la estación, que -según los cronistas Arístides Pongilioni y Francisco de P. Hidalgo- "se hallaba pobremente adornada", son recibidos los regios viajeros por la corporación municipal bajo mazas de rigurosa etiqueta (con el alcalde Juan Luis Aldaz Barrera a la cabeza), el juzgado de primera instancia y un buen número de notables. Fuerzas de carabineros y de artillería de Marina con dos bandas de música hacen los honores de ordenanza.

Boceto del Arco de Triunfo instalado a la entrada de la calle Larga.

El mismo espacio anterior, con mayor perspectiva, sin arco.

Isabel II y su familia suben a una carretela descubierta tirada por cuatro caballos negros, a la que preceden batidores de la guardia municipal, clarineros a caballo y flanqueadores de la Guardia Civil. La comitiva ocupa otras 20 carrozas. El tránsito hasta la plaza de los Jazmines está adornado por doble fila de mástiles con gallardetes. A la entrada de la calle Larga se ha levantado un arco de triunfo, de 13 m de altura, que alegoriza la reciente victoria militar en la guerra de África. "El gentío era inmenso. El entusiasmo grande", recuerda el escritor Francisco Tubino. Llama la atención el exorno de la residencia del vicecónsul de Gran Bretaña, Carlos S. Campbell. El cronista J. L. A. B. (que debe ser el propio alcalde) observó que en la planta baja de la casa -actual nº 23 de la calle Larga- se habían improvisado dos palcos, "desde donde los lindos y simpáticos niños del [vice]cónsul saludaban a las reales personas, desplegando pequeñas banderas de seda con delicadas y atentas dedicatorias."

El abundante público apenas deja transitar al cortejo por la calle Palacios, en cuyos balcones ondean vistosas banderas nacionales. Una vez en la plaza de la Constitución, donde se había levantado un templete con una columna corintia, Isabel II es recibida en las gradas de la Iglesia Mayor Prioral por el clero bajo palio. Pasan después Sus Majestades al interior del templo y rezan en el altar mayor mientras oficia monseñor Claret, confesor de la reina.

Salón de baile del Palacio de Purullena, fotografiado en los años 30 del siglo XX.

Por las calles San Sebastián y Cruces se dirigen los reyes a la casa-palacio del marqués de Purullena. Allí les esperaban ya las autoridades municipales, el diputado a Cortes Francisco Barca y el marqués propietario, Miguel Iribarren Ortuño. Con la ayuda de algunos vecinos pudientes, el Ayuntamiento había restaurado las estancias y el mobiliario del palacio dieciochesco que se ofrecía como hospedaje a la familia real: "Nadie hubiera podido creer que en El Puerto de Santa María se encontrasen reunidas tantas bellezas antiguas dentro de un edificio que por su exterior no aparentaba ciertamente lo que dentro se encierra." (Pongilioni e Hidalgo). /En la imagen, la desaparecida capilla del Palacio de Purullena.

En el patio, unas niñas ofrecen ramos de flores a Isabel II y a la infanta. Los ilustres viajeros recorren varias veces los salones de la planta noble del palacio. Admiran también la cúpula y las paredes de la capilla, adornadas de talla, y oran brevemente. Pasan luego a la prolongada galería acristalada, que mira al espacioso jardín. En esta galería se había preparado un buffet para 50 comensales, "por si SS. MM. se dignaban almorzar y querían invitar a algunas personas", puntualiza "J. L. A. B. "Tras comer un refrigerio con su consorte e hijos, Isabel II toma asiento en el trono del soberbio salón de baile, donde -a petición del alcalde- se improvisa un besamanos al que concurren numerosas personas. Concluido éste, manifiesta la reina su agradecimiento al marqués y al municipio.

La calle Larga exhornada de día de fiesta. concretamente del año 1921, formando parte del exhorno con que se recibieron a SS.AA. los Infantes Don Carlos y Dª Maria Luisa que entregaron un banderín al batallón acuartelado en esa fecha en nuestra ciudad.

Las afectuosas aclamaciones del vecindario se repiten durante el recorrido de vuelta a la estación. Además de la corporación municipal, despide a los reyes en el andén el obispo de Cádiz, Dr. Juan José Arbolí. Hacia las 11.45 de la mañana partió el tren real en dirección a Jerez de la Frontera, almorzando Sus Majestades en el alcázar y visitando dos establecimientos bodegueros antes de continuar viaje a Sevilla. Para celebrar el acontecimiento, el Ayuntamiento portuense dispuso que el mismo día 3 de octubre de 1862 se repartieran mil limosnas de 4 reales y una hogaza de pan a otros tantos pobres de la ciudad, cuya población era entonces de unas 21.000 personas. Por su parte, Isabel II aportó de su peculio 15.300 reales en calidad de limosna para los necesitados. (Texto: Bernardo Rodríguez Caparrini).

1

A mi amigo Paco  Viseras,
que me “ordenó” le escri-
biese un soneto.
I

Un soneto me manda hacer Visera(s),
Don Francisco, y debo diligente
ponerme en ello, aunque torpemente
llegar a su final no consiguiera.

¿Qué diré en el soneto? No quisiera
resultar atrevido ni insolente;
pero es arduo callar lo que uno siente,
sin poderlo decir a su manera.

Ya van de mi soneto por delante
los cuartetos en rima consonante,
medidos de manera demostrada;

mas habré de escribirle otro soneto,
pues ando por el último terceto,
y, por miedo a decir, no dije nada.

II

Don Francisco Viseras, que fue otrora
ginecólogo insigne, noble brazo
do se apoyó tantísimo embarazo,
sostén de la sufrida “paridora”,

ha querido, sin más, en esta hora
de homilía con hechuras de latazo,
descubrirnos de golpe y de porrazo
su escondida aptitud de ave canora.

Canta el Sr. Viseras... Gorjea y canta,
cual si hubiese un jilguero en su garganta,
con el que fuera Hermano de La Salle,

niño cantor de Viena, sevillano
seise de andar por casa... Ni en verano
¡tenemos la alegría de que se calle!

5 de agosto 2003.
Francisco del Castillo

4

El sábado pasado, un accidente de caza acabó con la vida del empresario sevillano Pedro Bores. Ocurrió en su finca de caza de El Pedrique, entre las localidades cordobesas de Espiel y Obejo, donde estaba llevando a cabo un descaste. Un traspié inoportuno provocó un disparo fortuito que provocó el fatal desenlace. La mala suerte ponía fin a los 61 años a los días de este conocido apellido de la sociedad andaluza, que ha sido incinerado en Córdoba y honrado con una misa funeral en Sevilla.

Relegado a un discreto segundo plano por propia voluntad, Bores atesoraba una dilatada y brillante trayectoria profesional a sus espaldas. Nacido en el barrio de Heliópolis en el seno de una conocida familia sevillana, compartió pupitre en los Claretianos con la élite de la sociedad andaluza. Junto a sus ocho hermanos, quedó pronto huérfano de padre, un acontecimiento que marcó su vida y su determinación para sacudirse los vestigios aristocráticos de su apellido.

Pedro Bores, con el desaparecido Club de Opinión de Directores de Hotel en el Hotel Bodega Real.

Formado como economista en la Universidad de Málaga, el joven sevillano rechazó encaminar sus prometedores pasos a la docencia. Probó fortuna en Londres, en el corazón del mundo financiero, cuando el salto a la City no era moneda de cambio, y regresó para iniciarse en el mundo de las materias primas en la entonces pujante Río Tinto, para pasar luego a desarrollar su potencial como economista y financiero en la tesorería del gigante Citibank.

Este bagaje profesional permite a Bores terminar trabajando para Marc Rich, uno de los inversores en materias primas más relevantes del mercado. Los más de cinco años que trabajó a su lado fueron el trampolín que permitió a este sevillano amasar el origen de su fortuna. El mismo lo contaba con naturalidad cuando recordaba la cantidad de millones que el inversor belga le ofreció un año a modo de aguinaldo para que siguiera trabajando en su compañía.

Con esa tarjeta de presentación y su natural desparpajo, el economista llamó la atención de parte de la élite que se aglutinaba en torno al Banco de España. A pesar de su juventud, formó parte de las tertulias que Luis Angel Rojo articulaba desde el supervisor bancario, donde asomaban la cabeza figuras emergentes como Mariano Rubio, futuro gobernador, y Carlos Solchaga, todopoderoso ministro de Economía durante los primeros gobiernos socialistas. /De izquierda a derecha, Enrique Moresco, alcalde de El Puerto, José Luis Tejada, director general de Puerto Sherry, Rafael Barra, director de Autoridad Portuaria y Pedro Bores.

Precisamente, su condición de sevillano le permitió estar también muy ligado con algunos dirigentes socialistas que han hecho carrera en la política. Por su hermano, el prestigioso abogado Jesús Bores, íntimo de Felipe González, cultivó trato personal con el expresidente del Gobierno y con algunas personas de peso en la Junta de Andalucía, como Amparo Rubiales o Manuel Chaves, aunque estas relaciones supusieran con el tiempo más problemas que ventajas.

EL SUEÑO DE PUERTO SHERRY.
Convertido ya en un inversor por cuenta propia tras haber pasado por compañías como Transmediterránea o Española de Zinc, Perico Bores, como le llamaban sus amigos, recaló en el sector inmobiliario, donde terminó cruzándose en su camino el jerezano Joaquín Rivero. Junto al fundador de Bami (Metrovacesa) se embarcó en su última aventura, el rescate del gaditano Puerto Sherry, el complejo náutico de El Puerto de Santa María, una empresa que deja a medio hacer.

De carácter figurón y exuberante, bonachón y caprichoso a partes iguales, coleccionista de arte y amante de las fincas de campo, durante una temporada fue habitual del rincón gaditano de Sotogrande. Amable y cariñoso con sus más íntimos, fue también objeto de críticas y envidias, en ocasiones por su desmedida franqueza y en otras por el mal carácter que desarrollaba con aquellas personas con las que no empatizaba. No pretendía dejar indiferente.

Fotomontaje de Cinco Días de Pedro Bores con el  puerto deportivo.

Durante el pasado FITUR 2011, en el Stand de la provincia de Cádiz, presentando los productos turísticos de El Puerto.

A su muerte, Bores deja cuatro hijos. En la actualidad esta casado en segundas nupcias con María del Valle de la Riva, hija del conocido jurista cordobés Antonio de la Riva, abogado del Estado de la misma promoción que el gaditano José María Amusátegui, el que fuera presidente del Banco Central Hispano. A partir de ahora sólo quedará el recuerdo de este emprendedor sevillano, considerado por algunos como un adelantado a su tiempo. (Texto: Carlos Hernanz).