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Gracias al tropiezo casual de un breve documento de solo dos folios en los protocolos notariales de 1809, cuyo texto íntegro reproducimos al final, podemos enjaretar una especie de crónica social en el tiempo de la Guerra de Independencia, descubriendo y dando a conocer la presencia de la nieta de Felipe V, hija del Infante Don Luis de Borbón y XV Condesa de Chinchón en El Puerto de Santa María. / Teresa de Borbón, Condesa de Chinchón, óleo sobre lienzo de Francisco de Goya y Lucientes. ~1800. Museo del Prado.

Hasta febrero de 1810 no se posesionan y acuartelan las tropas francesas en nuestra ciudad. Unos meses antes, en el verano del año anterior, esta dama que tenía tratamiento de Alteza, acompañada de un pequeño séquito de amigos cortesanos y sirvientes residió aquí durante un ‘periodo de tiempo que no hemos conseguido determinar, procedente de Sevilla, ciudad a la que se había trasladado la Junta Central que hacía las veces de gobierno de la nación, desde Aranjuez, donde se constituyó. El grueso del grupo, que había acompañado a Don Luis María de Borbón, arzobispo de Toledo y hermano de la condesa, a la que había cedido su título en 1803, en ese exilio obligado por el imparable avance del ejercito francés, para huir de las calores del verano y poner más distancia de por medio con los invasores, dejaron Sevilla y se repartieron por diversas ciudades de la bahía y Cádiz capital, quedando en Sevilla  los vocales de la Junta y sus colaboradores y asistentes.

S.A. María Teresa de Borbón tenía 28 años cumplidos cuando estuvo en nuestra ciudad, pues había nacido en el palacio de Velada el 26 de noviembre de 1780. A pesar de su juventud, su nobiliaria espalda, había soportado una pesada carga sentimental, llena de sinsabores y desengaños. Huérfana de padre a  los cinco años, su tío, el rey Carlos III, encargó de su educación al obispo Lorenzana que la separó de la madre y la enclaustró en un monasterio cisterciense (a ella y a su hermana María Luisa) con el pretexto de su formación, convento este del que, prácticamente, salió para casarse, Al mismo tiempo,  una pragmática real impedía que ella y sus hermanos pudiesen usar el apellido paterno (Borbón), orientado a su hermano varón a escoger la carrera eclesiástica para anular cualquier posibilidad de acción dinástica.

El Puerto de Santa María a principios del siglo XIX. Recreación de Adrián Ferreras.

El acceso al trono del hijo de Carlos III, que reinó como Carlos IV, primo de ella, supuso un cambio importante. Le propusieron casarse con el todopoderoso primer ministro Godoy, Príncipe de la Paz. Todo parece indicar que para intentar paliar el escándalo de las relaciones de este con la reina María Luisa. Tenía entonces 17 años. Su hermano mayor, que por esos años era arcediano en Talavera, negoció y supo rentabilizar la oferta: recuperación del apellido Borbón para los tres hermanos, elevación al rango de Grandes de España de primera clase, el arzobispado de Sevilla y la mitra toledana para él,  traslado de los restos de su padre al monasterio de El escorial, diez mil pesos de renta para la hermana menor, María Luisa, que carecía de heredamientos, el pago de la dote de María Teresa (que ascendió a 5.000.000 de reales y percibió Godoy) y que el futuro marido se deshiciera de su amante “oficial”, la archipopular Pepita Tudor.

Aceptadas, aparentemente, las condiciones, el enlace entre María Teresa de Vallabriga, ahora María Teresa de Borbón  Vallabriga y Manuel Godoy y Alvarez de Faria, duque de Alcudia y de Sueca se celebró en El escorial el 2 de octubre de 1797. Con esta boda, María Teresa pasó a ocupar la mayor dignidad en la Corte, después de la Reina, cumpliéndose al mismo tiempo las premisas acordadas, ya que su hermano Luis María sería elevado a la púrpura cardenalicia, arzobispo de Toledo y primado de España. Incluso se obtuvieron otros honores y privilegios que podemos calificar de extras: su madre, Dª María Teresa de Vallabriga, de la que dijeron que había desatendido a su esposo en sus años finales y tenido aventuras con los criados, sería reconocida como Infanta y condecorada con la Orden de María Luisa. Bueno, todas las condiciones se cumplieron, excepto una, pues Pepita Tudó se fue también a vivir al domicilio conyugal. /En la imagen, Manuel Godoy.

Godoy, al que se describe como un apuesto varón, alto, fuerte, rubio, de tez clara y sonrosada,  a sus 30 años estaba en plenitud de facultades y mantenía simultáneamente tres frentes: María Luisa, la esposa de Carlos IV, su amante Pepita Tudó y la esposa oficial, a la que según apreciación de algunos cronistas, maltrataba sádicamente para combatir su frigidez.

Así las cosas, después de un aborto, dio a luz por primera y única vez una niña, bautizada como Carlota Luisa, apadrinada por los reyes y, de hecho, criada por ellos ya que la madre nunca ocultó su aborrecimiento hacia la hija que engendrara Godoy, abandonándoles, a ella y a su padre, cuando tenía 7 años, aprovechando el motín de Aranjuez, en marzo de 1808.

Desde esa fecha estuvo siempre al lado de su hermano, acompañándolo a Andalucia y, en este punto, conectamos de nuevo con su presencia, en el verano de 1809, en nuestra ciudad. Preocupada por sus negocios y propiedades, desatendidos al ausentarse el administrador de confianza, dio poderes a  un cargo del gobierno, en Madrid, documento redactado en una escribanía de El Puerto, cuyo texto reproducimos íntegramente:

La serenísima señora doña María Teresa de Borbón, Grande de España de primera clase, condesa de Chinchón, Señora de Boadilla del Monte, su termino y jurisdicción, Alcaide perpetuo de los Reales Alcázares y fortalezas de la ciudad de Segovia, Alférez Mayor, igualmente perpetuo de ella, patrona única y perpetua de la capilla y Cabildo de Nuestra Señora de la Piedad de Chinchón y de la Religión universal de San Francisco...  Su Alteza otorga y da Poder, amplio, facultativo y bastante como de Derecho se requiere y es necesario al Sr. Don Pedro Regalado de Garro, ministro del Tribunal Mayor de Cuentas y Consejo de Hacienda...  en virtud de hallarse ausente de Madrid, por disposición del gobierno francés, su apoderado y administrador general, señor Don Francisco de Campos, se le entregue  cuantos papeles, archivos y demás documentos, pagarés, libranzas y cantidades que correspondan y sean de la pertenencia de dicha Serenísima Señora y correspondiente a sus Estados, Señoríos y administración que tenía a su cargo, sin que ninguna otra persona, aunque manifieste otros poderes pueda oponerse a esta determinación de S.A. por convenir a su servicio y hallarse autorizada para determinar en estos asuntos sin intervención de nadie, mediante tenerlo así mandado nuestro muy amado Soberano, el Señor Fernando Séptimo (Q.D.G.) en su Decreto de 25 de marzo del año próximo pasado de 1808.  Por manera que hasta que S.A. se digne elegir y nombrar Apoderado y administrador general a su voluntad, conserva este destino el ausente y quedará sin uso por ahora el título que se le despachó con fecha 3 de abril del dicho año de 1808 en que nombra al referido Caballero Campo su Apoderado y Administrador General y en calidad de particular comisión, declara al mencionado Sr. de Garzo, encargado de todas las funciones de aquel, como si efectivamente tuviese el título de Apoderado y Administrador General de S.A. que así lo otorgo y firmo.

El documento está fechado en El Puerto de Santa María, el 18 de julio de 1809 y firman como testigos Antonio Iparraguirre, Carlos Manvelli y Domingo Rodríguez del Cantón, criado de S.A. Serenísima, de  quienes da fe conocer el notario. Firman y rubrican: La Condesa de Chinchón y el escribano Cayetano Mauleon Hurtado.

Después pasaría a Cádiz, donde vivió en primera fila los acontecimientos que rodearon a la Constitución cuyo segundo centenario hemos celebrado recientemente y en los que su hermano tuvo un especial protagonismo.  Debido a su vinculación con los constitucionalistas y sus ideas liberales se exilio en París junto con su hermana María Luisa y el esposo de esta, el duque de San Fernando. Allí falleció en 1828, cuando le faltaban dos días para cumplir 48 años de edad, de cáncer de útero.  Después de muerta le concedieron en propiedad la mitad de los bienes confiscados a Godoy, bienes que pasaron por herencia a poder de su hija Carlota Luisa y su esposo, el príncipe italiano Camilo Ruspoli. (Texto: Antonio Gutiérrez Ruiz. A.C. PUERTOGUÍA).

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Sor María Aguilar nació en 1925 en Alborada (Valencia), descubriendo su vocación reliiosa en Madrid, trabajando en una oficina, ocupación de abandonó para tomar los hábitos en la comunidad religiosa de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paul, también conocida como Hermanas de la Caridad o vicencianas.  /En la ilustración, cartel de la convocatoria del I Certamen Escolar de Relatos Cortos 'Memorial Sor María Aguilar' que ya ha alcanzado su décima edición.

Sor Aguilar llegó a El Puerto de Santa María el 15 de julio de 1949 (cuando aún no hacía un año de la profesión de sus votos), queda incorporada de forma activa y plena a la Casa de Huérfanas que las Hijas de la Caridad poseían en esta Ciudad en la calle Cielos esquina con Cervantes y Diego Niño, haciéndose cargo, junto con otras dos hermanas, de 35 niñas huérfanas de padre, madre o ambos, niñas que recibían asistencia, alimentación, educación y todo cuanto precisaban. Fue una discípula aventajada de Sor Bonifacia García.

PROTECCIÓN DE MENORES.
En plena postguerra, y con el progresivo incremento del número de niños acogidos en la Casa, fue necesario firmar un Acuerdo con Protección de Menores, del que fue principal impulsora Sor Aguilar, que señalaba un precio acordado por cada niño acogido. No obstante, dicha asignación resultaba insuficiente para cubrir sus necesidades, por lo que Sor Aguilar tuvo que salir a casas e industrias portuenses, tales como Osborne, Caballero, Terry, 501, Destilerías Rives, etc, quienes, junto al Ayuntamiento, aportaban los recursos materiales y dinerarios requeridos por la Institución de Acogida.

Los Reyes Magos en el colegio de las Hijas de la Caridad, en 1952.

LA SIERRA DE CÁDIZ.
A pesar de todos los esfuerzos desplegados, continuaban siendo crecientes las necesidades asistenciales, por lo que Sor Aguilar extendió su labor a Arcos de la Frontera, en donde, junto con las hermanas de la Casa Hospital de allí, recorrían los cortijos pidiendo grano, el cual repartían luego entre las dos casas; de igual modo, en Jerez y Cádiz obtenían frutas, verduras y hortalizas, teniendo que articular un complicado sistema de transporte, que pasaba, desde el motocarro del Hospital Psiquiátrico de Cádiz, siguiendo por el Vapor del Puerto, hasta otro vehículo desde el muelle de El Puerto para el traslado a la Casa de Acogida, servicios éstos que Sor Aguilar consiguió que se prestaran  de forma desinteresada.

Otra actuación destacada en este ámbito fue la consecución de la ayuda procedente de los EE.UU., con métodos artesanales e ingeniosos para una rápida transformación de leche en polvo a líquida (haciendo uso del centrifugado de una lavadora de ropa, ya que había que preparar grandes cantidades), teniéndola dispuesta para la hora en que presentaban las personas necesitadas, a las que dispensaba la leche, así como quesos y harina igualmente obtenidos en la cuestación.

Sor Bonifacia, superiora de las Hijas de la Caridad, durante la celebración de las Bodas de Oro de permanencia en el Asilo de San José de Niñás Huérfanas de Rosario Estévez, aparecen de izquierda a derecha, Antonia Lerma Meseguer, Sor Bonifacia, Rosario Estévez y Manuel Girón, quien junto a su esposa apadrinaron a Rosarito. 15 de octubre de 1968.

COMEDOR SOCIAL.
En el comedor de la Parroquia, Sor Aguilar, junto con otras dos hermanas, daba de comer a muchas personas necesitadas, al tiempo que se desplazaba a hacer repartos de comida en casas particulares, como a obreros en tiempo de necesidad, cuando realizaban trabajos en las inmediaciones de la Casa de Acogida. Sor Aguilar se prestaba solícita a mediar para conseguir empleos a otras personas, así como a prestar asistencia médica o a realizar las gestiones más variadas en beneficio de quien requería su intervención.

EDUCACIÓN.
En el terreno educativo, Sor Aguilar ha contribuido a la educación de miles de niños portuenses. Primero, en las clases de Párvulos que la Orden tenía en las Calles Cielo y Diego Niño de la Ciudad. Posteriormente, viendo la necesidad de trasladar las instalaciones --entonces Colegio y Orfanato-- a otra zona de El Puerto, promovió la construcción, trabajando de forma activa, central y plena en la construcción y traslado del nuevo centro docente Luisa de Marillac, interviniendo decisivamente en la obtención del suelo necesario y de los recursos financieros indispensables para acometer tan ingente obra. Allí se crearon dos instituciones: el colegio que educaba a los niños de la localidad y la escuela  hogar, que atendía a más de cien niñas de la sierra de Cádiz y de familias desfavorecidas de la ciudad. La obra fue completada en 1997 años con la adaptación del Centro a la LOGSE como Centro de Secundaria.


En la imagen, la iglesia y la casa de la calle Cielos del Asilo de Huérfnas.

TODOTERRENO.
Otras múltiples actividades jalonan la incansable vida de más de 50 años de servicio a los demás, tales como actividades culturales, catequesis, retiros espirituales, integración en instituciones sociales, dando testimonio de su religiosidad, así como su participación directa en tareas manuales: en el arreglo de averías eléctricas, construcción, o fontanería, actividades íntimamente ligadas a las necesidades que se iban presentando en su incesante labor. O transportando niños, enseres, viandas o lo que fuera necesario en su sempiterna furgoneta DKW, cuando la Superiora de la comunidad le decía «--Sor Aguilar, despacio».

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Ramón Jarana Martínez nació en Cádiz el día 1 de septiembre de 1920 en el número 12 de la calle de la Rosa, encima de la célebre tienda Villa de Madrid. Nunca se dedicó profesionalmente a cantar, aunque el arte lo tenía como lo demuestran algunas grabaciones que realizó en reuniones de amigos y familiares, además de estar tocado con una gracia inusitada para decir "apaga y vámonos". Su vida fue difícil. Padre de familia numerosa y trabajador como ayudante en Transportes Cela que por una grave enfermedad en la vista tuvo que dejar quedando a expensas de una mísera pensión. Para buscar alguna ayuda se dedicó a vender lotería. A pesar de todo, nunca lo conocí con tristeza, siempre alegre. Falleció en 1993.

ANÉCDOTA EN CASA FLORES.
Recuerdo que una noche fuimos a la peña flamenca Tomás El Nitri, en El Puerto de Santa María, y antes de volver para Cádiz entramos en un bar de la Ribera del Marisco, en Casa Flores. Íbamos Ramón Jarana, Curro ‘La Gamba’, Paco Lazo, ‘El Aceitunero’ y yo. Al entrar le dice Ramón al camarero: «--Una botella de Fino Quinta. Y si no tiene, nos vamos». Y le dice al Aceitunero -señalando a un expositor- que todo lo que había allí quitaba el sentío: «--Esto es lo que tengo yo en la nevera de mi casa, y no tú, que lo que tienes son dos sardinas arenques y telarañas». De repente, nos sirven una bandeja de caña de lomo y le dice Ramón al camarero: «--Oiga, esto no se lo hemos pedido». El camarero, señaló a un señor que estaba en la barra, quien se acercó a nosotros. Era dueño de Osborne. Como Ramón había dicho que si no había Fino Quinta nos íbamos, y era un vino de su bodega, decidió invitarnos. Venga cante de Ramón y de Curro y bailes de Juan y de Paco Lazo. Otra botella y otra bandeja de langostinos. Y decía Ramón a Curro: «--¿Yo estoy soñando o despierto?». Y empezó a contar chistes y toda la clientela pendiente, y venga cante y baile, y otra de jamón, y nos dice este señor de Osborne: «--No os vayáis todavía». Y le contestó Ramón: «--Yo no me voy de aquí aunque aparezca por esa puerta uno de esos toros que tiene usted por las carreteras». El hombre, con lágrimas en lo ojos, no pudo más que espetar: «--¡Viva Cádiz!». Cuando nos despedimos Ramón, encima, le dijo: «--Aquí tengo todos los números de la lotería de mañana». Y el amable señor se los compró todos. /Texto: Felix Rodríguez Gutiérrez.

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El Convento de Santo Domingo fue destinado a Instituto Laboral, habiendo recibido con posterioridad diferentes denominaciones. (Ver nótula núm. 56 en GdP). Reproducimos aquí sendas imágenes de la bendición del edificio como tal Instituto Laboral, a mediados de la década de los cincuenta del siglo pasado. /Fotos: Colección Vicente González Lechuga.

En la imagen vemos al niños Antonio Ortega Rojas hablando con el ministro de Educación Nacional, Joaquín Ruiz-Jiménez Cortés, y los niños Alejandro Muñiz, José Crespo LLorca, Francisco Ferrer Palacios, Manuel Moreno Romero; el Marqués del Arco Hermoso Alejandro Romero Osborne; a la izquierda de la imagen aparece el Conde de Osborne y a la derecha,  Luis Caballero Noguera y el que fuera director del centro, Manuel Martínez Alfonso.

En la imagen, el arcipreste de la Ciudad, Antonio Cía Moreno bendiciendo las instalaciones del Instituto ante el ministro de Educación, Joaquín Ruiz-Jiménez, en presencia del presidente de la Diputación, Juan Luis Martínez del Cerro y el Gobernador Civil, José María Rodríguez de Valcárcel.

De aquel fatídico 26 de septiembre de 1984, hace tres días se cumplieron 28 años de la trageria. De amanecida y procedente de Logroño, Francisco Rivera Pérez “Paquírri” aunque por separado de su cuadrilla, llegó a Pozo Blanco.

Paquirri (Antonio Velázquez) entra a la plaza de toros de Pozoblanco en una escena de la tv movie 'Paquirri' de Telecinco.

Después de un par de horas de descanso, a la hora prevista, su cuadrilla se dirigió al sorteo. Nada hacia presagiar la tragedia que se encadenaría horas más tarde. Se hicieron los lotes, y se procedió al sorteo. El Toro Avispado, había sido rechazado en nuestra Plaza Real, poca gente sabe, que la camada entera de la Ganadería de Sayalero y Bandrés fue tentada a vara. No digo que esto fuera el desencadenante de la tragedia pero pudo influir? Antes de la Corrida, el ambiente, dentro de lo que cabe, era de alguna manera distendido. Paco de manera inhabitual, jugo unas partidas a las cartas y se congratuló, de haberles ganado alguna que otra partida Camino de la plaza, comentó, con alguna que otra sonrisa.. "--.¡Señores, que serios estáis!" 'El Feíto' --Gregorio Cruz Vélez-- sin poder contenerse le espetó: "--Claro, como te lo has llevado todo!" La carcajada fue sonora, y es que efectivamente, se había llevado la nada desdeñable recaudación de doscientas pesetas. Y es que era como un niño grande, travieso y simpático.

Monumento a Paquirri delante de la Plaza de Toros de El Puerto.

Como ya he dicho todo parecía buenos presagios. La corrida, cerraba el ciclo en España, y podía parecer de –mero trámite-, pero… sobrevino la tragedia. Con la perspectiva de los años, todo parece un cúmulo de despropósitos y muy mala suerte. Ya casi todo esta dicho, pero… tras el telón, quien sabe si quedan muchas preguntas, que desafortunadamente, nadie responderá. Lo que no es justo es el cruce de acusaciones, de por qué a nadie se le ocurrió el traslado en helicóptero. Y yo me pregunto: ¿quien tenia la facultad de decir la gravedad existente? Acaso, esa persona no debería haber evitado el traslado, dada la gravedad? En fin ya no tiene sentido.

Cómo cada tarde de corrida, buscaba ocupación, pues llegada la hora me tendría centrada y dejaría de pensar en los escalofriantes sonidos de los clarines. Esa tarde, elegí el planchado de la ropa, al siempre temido sonido del teléfono, el corazón me dio un vuelco; la plancha cayo de bruces al suelo y casi me lesiono el pie.

La noticia de la cornada me dejó temblando, y solo pude articular: es muy fuerte? "--Y… ¿que ha sido con el capote?" No podía creerlo, mi nerviosismo fue en aumento, busque la emisora de Radio Nacional, pero no dieron nada, hasta que…… otra llamada me heló la sangre. Esta vez, fue Mili mi cuñada, había visto el Telediario, y me preguntaba si me había enterado. Ilusa de mí le dije: "--Sí, ya Gregorio me ha dicho que Paco ha tenido una cornada". La otra me decía: "--Pero ¿ha muerto?" "--Qué dices, no!, ha sido grave, pero…. muerto?" Si me hubieran pinchado, ni lo habría sentido. Efectivamente la Televisión, inmisericorde, daba la noticia del fallecimiento, del diestro. ¡Cómo era posible! Paquirri por su preparación, y por su profesionalidad, era un coloso, y un toro no iba a poder con él. Eso a todas luces era imposible!

Gregorio herrando, junto a Isabel Pantoja y Paquirri, metido a ganadero.

En décimas de segundo, recordé, todos los gratos momentos, vividos en mis visitas a Cantora. Tanto Paco como Isabel, fueron encantadores, y realmente, me siento honrada, de haber asistido a su enlace con Isabel Pantoja, y al bautizo de su hijo Francisco-Kiko-.Siempre le agradeceré, -precisamente en el bautizo-, como rodeándome por los hombros, me dijo: señora, perdóname, que te quite a tu marido tantas veces, pero... es que me hace falta. Esta pareja, tenía arte, a raudales y demostraban, lo grandes que eran con sencillez y sinceridad. Durante días, Gregorio y yo nos sentábamos, sin hablar contemplando su foto, nuestro pesar era hondo, y grande nuestro respeto, admiración y sobre todo agradecimiento. ¡Hasta siempre Maestro! (Texto: María Jesús Vela Durán).

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Penetrar actualmente en e! mundo de! flamenco de los siglos XVIII y XIX es complicadísimo, y mucho más en sus orígenes, debido a la escasez de datos escritos existentes tanto en libros como en la prensa de la época.

Calle de la Rosa en los años sesenta del siglo pasado. A lo largo de la historia fue, junto a las calles Lechería y Rueda, así como Espelete y otras del Barrio Alto, lugar de residencia de familias gitanas.

Las familias gitanas de la provincia de Cáliz se transmitían oralmente, de padres a hijos en la mayoría de los casos, los estilos de cantes de cada clan que guardaban con gran orgullo y recelo, de manera que en algunos casos no cantaban para que no lo copiara alguien que ellos no querían. Este fue e! caso de Tomas e! Nitri1 que según cuentan nunca fue oído por e! gran Silverio Franconetti, ya que no quería que le cogiera el estilo personal de su cante.

Los datos sobre el ‘prehistórico’ cantaor Juan Cortés Monje, apodado ‘Tío Juan, El Cagón’, ha sido el resultado de una labor investigadora a lo largo de varios años, durante los cuales he mantenido muchas conversaciones con artistas y aficionados flamencos de la zona de El Puerto de Santa María, labor que se ha visto facilitada por la circunstancia de haberme criado en el antiguo barrio gitano de El Puerto de Santa María, cuando estaba enclavado en las calles La Rosa, Lechería y Rueda, en las que hoy día quedan pocas familias gitanas. Los datos más significativos y que han podido quedar registrados han sido confirmados, mediante intensa consulta en archivos municipales y parroquiales, unas veces con más suerte que otras.

Los primeros datos sobre este legendario cantaor flamenco son los citados por Demófilo (seudónimo de Antonio Machado y Álvarez, padre de Antonio y Manuel Machado, autor del libro ‘Colección de Cantes Flamencos’ de 1881) quien a su vez los toma de Juanelo de Jerez: cita un cante por toná de Juan Cagón, y en la relación de cantaores que incluye al final de su Colección de Cantes Flamencos lo considera de El Puerto de Santa María. /En la imagen de la izquierda, Antonio Machado y Álvarez, 'Demófilo'.

EL CANTAOR MAS ANTIGUO.
Tío Juan Cortés, El Cagón es el cantaor más antiguo registrado hasta la fecha, su nombre de bautismo era Juan Francisco María de la Paz Cortés Monje y nació en Jerez de la Frontera el día 21 de octubre de 1763, sus padres fueron Manuel Cortés y Luisa Monge, de raza gitana. Su bautismo tuvo lugar seis días más tarde en la iglesia capilla de San Juan de Letrán, según consta en el folio 304 del libro 38 del archivo parroquial.

EL PUERTO.
Desde muy pequeño vivió en El Puerto de Santa María, y a causa de ello, siempre se ha creído que era natural de esta ciudad, en la que contrajo matrimonio según la partida de casamiento existente en el Archivo parroquial de la iglesia Mayor Prioral del Puerto. Se casó con una gitana portuense de nombre María del Rosario Vargas Boneo (1775-1839), hija de Antonio Vargas y Antonia Boneo, el lunes veintiocho de septiembre de 1789. De este matrimonio nacieron cinco hijos, a los cuatro primeros  le pusieron de nombre Bartolomé, Fernando, Fernanda, y Tomasa, según consta en las partidas de nacimiento existentes en el archivo parroquial, no habiéndose encontrado la del último de ellos de nombre Juan, que fue el continuador de los cantes familiares y ha sido confundido con su padre, por muchos aficionados. En el padrón municipal de 1845 aparece registrado como Juan Cortés (hijo) como vecino de El Puerto, viviendo en la calle Muelle Reynoso número siete.

Otra referencia encontrada ha sido en el padrón de la época, en 1823 tenía una fragua en la calle Pescadería número 55, en la que trabajaba de herrero, profesión de gran tradición gitana en esta ciudad, de acuerdo con los datos registrados, junto a él convivían su esposa, su hijo Fernando (fallecido en 1830) y la mujer de éste, Manuela Soto natural de Puerto Real. Fue un hombre respetado y muy querido tanto por los gitanos como por los payos de la ciudad que le vio crecer.

Juan El Cagón falleció en 1833, y fue sepultado en el cementerio campal de la Santa Cruz de El Puerto de Santa María que estaba situado en las inmediaciones del actual cementerio municipal y de la ermita de Santa Clara y la partida de defunción dice textualmente: «En la ciudad de! Puerto de Santa María, el treinta de noviembre de mil ochocientostreinta y tres, se dio sepultura eclesiástica en e! cementerio de Santa Cruz, e! cadáver de Juan Cortés natural de esta ciudad casado con María del Rosario Vargas, recibió e! Santo Óleo, no testó, vivía en la Rivera, su entierro de sesenta reales y para que conste como colector».

LOS CANTES DE ‘EL CAGÓN’.
Sobre los cantes que hacía Juan Cortés hay que decir que se le atribuye ser el creador del cante por martinete, y que cantaba un amplio repertorio de palos flamencos, en contra de Juanelo de Jerez, que aunque no lo conoció, opina que Juan Cortés, El Cagón era cantaor de toná-liviana.

Se le suele considerar uno de los grandes puntales del cante gitano flamenco andaluz y por desgracia hoy olvidado. Estas dos opiniones me la han confirmado en distintas conversaciones algunas familias gitanas, viejos aficionados y cantaores antiguos de esta zona como el Viejo Agujeta, Arana ‘el Viejo’, José Breita y José de los Reyes, ‘el Negro', la idea sobre el origen del martinete en el Puerto de Santa María la mantenían algunos aficionados flamencos entre ellos el que fuera presidente tantos años de la Tertulia Falmenca ‘Tomás El Nitri’, Julio Pérez Flores. /En la imagen de la izquierda, José de los Reyes 'el Negro'.

DIEGO ‘EL GURRINO’.
Sobre la generalidad de los cantes de Juan Cortés hay que volver a los ya citados que junto a Tío Alonso ‘el del Cepillo’ quienes escucharon cantar a Diego ‘el Gurrino’  por seguiriyas y jaleos del Cagón, aunque no recordaban las letras de dichos cantes. Siempre se ha dicho que Diego ‘el Gurrino’ era familia de ‘los Cagones’, debido a su apellido Cortés y al carácter de su apodo, sin embargo lo único que tenía en común con dicha familia era su tipo de cante. No obstante, su hija Isabel ‘la India’ siempre dijo que su padre era descendiente de la dinastía de ‘los Cagones’ y que hacía los cantes de Juan.

Los aficionados y gitanos viejos del Puerto suelen opinar, según relatos antiguos, que todas las letras de cantes que hacen referencia a los malos tratos que han soportado los gitanos son debidas a ‘el Cagón’, a que él conoció la expulsión gitana promulgada por 1783, y que tuvo gran repercusión entre los gitanos que habitaban Jerez, Puerto Real, Sanlúcar de Barrameda, San Fernando, Cádiz y sobre todo los de El Puerto de Santa María, donde se crió, vivió y falleció.

...continúa leyendo "1.505. JUAN CORTÉS MONGE. ‘El Cagón’: 250 años de su nacimiento."

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Foto tomada en el antiguo Tiro de Pichón de la carretera de Jerez, hoy Bodegas el Tiro de Osborne (c.1960). De izquierda a derecha, Pepe Gamero Cívico, Miguel Castro, Conde de Osborne (entonces título Pontificio), Joaquin Osborne Tosar y Alfonso Osborne Vazquez.

La imagen está tomada justo debajo de los eucaliptos que aparecen al fondo de la fotografía del chalet.

 

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menesteo_museomunicipal_puertosantamaria«Supe de ti, primero, magnánimo ateniense,
héroe y divinidad ante los muros
sacrosantos de Troya, frente a la mar de Cádiz,
en las mismas arenas y al pie del mismo río
adonde tú, tal vez patrono y marinero
de las naves de Ulises, llegaste una mañana.»

Menesteo. Fundador y Adivino».
(Rafael Alberti. Ora Marítima)

La Historia del Mundo Antiguo está marcada por celos y venganzas, consecuencias de amores imposibles entre dioses y hombres. Así, para que Menesteo emprendiera la travesía mediterránea que le llevarse a los confines del mundo conocido, sobrepasara la bocana de la bahía de Cádiz y arribara en las benditas costas de nuestro Puerto, junto a río Criso, posteriormente Guadalete, tuvieron que suceder dos historias apasionantes: La de Teseo, rey de Atenas, y la de Paris, príncipe de Troya; ambos enamorados de una mujer marcada por la fatalidad, Helena. /En la imagen de la izquierda, imagen del rey ateniense Menesteo en la Guerra de Troya, procedente de un vaso griego de figuras rojas del 450 a.C. (LIMC VI.1, 1992, s.v. Menestheus. París, Louvre G 341). Identificación y pie de foto del Museo Municipal.

MENESTEO, REY DE ATENAS.
Tras 30 años de reinado, en el 1204 a.C, Teseo, bisnieto de Erecteo II de Atenas, tras el rapto de Helena, pierde el trono que lo usurpa su primo Menesteo, hijo de Péteo. [Greves, Robert: "Los mitos griegos", Ariel, 2007, pág 127). El fin de Teseo, ya lo sabemos, murió a manos de Licomedes. Según unas versiones, fue empujado al precipicio cuando contemplaba la ciudad desde un acantilado; según otras, la caída fue accidental. El reinado de Menesteo fue despótica y demagoga. Pensando que los dióscuros le ayudarían a obtener los favores de Helena de Troya, convenció a los atenienses para que acogieran a los dióscuros como benefactores y libertadores de la ciudad, algo que enfadó a príncipes y duques.


PROLEGÓMENOS DE LA GUERRA DE TROYA.
Nunca pudo imaginar el rey de Troya que el reclamo de Helena atrajera a lo más selecto de la Hélade. Temiendo Tindáreo que su decisión acarreara enemistades entre ellos, determinó aceptar el consejo de Ulises que, a cambio, obtuvo la ayuda de Tindáreo para casarse con Penélope. El consejo consistía en organizar pruebas que ayudasen a Helena en la elección. Antes debían aceptar la decisión de la joven y juraron sobre los restos de un caballo descuartizado que acudirían en auxilio del elegido si alguien la raptaba (algo sabría Ulises de las maquinaciones entre Paris y Afrodita).

La primera prueba consistió en una carrera de barcos de remos entre Menesteo, Sergesto, Cloanto y Gias. Al toque de trompeta, se lanzaron al mar y remaron. Gias iba el primero, pero se topó con un peñasco y no pudo continuar. Enfadado con su timonel, lo arrojó al mar. Cloanto tomó la delantera y se proclamó vencedor. Menesteo llegó después, por delante de Sergesto. En la prueba del tiro con arco, que consistía en acertar a un ave que pendía de un mastil, Menesteo cortó la cuerda, pero fue Acestes quien venció. Tras las pruebas, Helena eligió a Menelao, hermano de Agamenón que, a su vez, se casó con Clitemnestra.

MENESTEO, COMANDANTE ATENIENSE.
Heinrich Schliemann, Ilíada en mano, exploró la costa de los Dardanelos buscando el emplazamiento de la ciudad de Troya. Tras un tiempo analizando diversas colinas, dedujo que sólo podía hallarse en la de Hissarlik. El rico alemán la compró, e inmediatamente comenzó a excavar. No descubrió una Troya, sino nueve, una encima de otra. La duda sobre cuál de ellas había sido la destruida por los griegos surgió entre Troya 6 y 7. La sexta, fue destruida por un terremoto y la séptima por un incendio hacia 1200 a.C., después de diez años de sitio, aunque en el relato homérico el sitio sólo había durado cincuenta y un días. Los combates se produjeron a pie, cuerpo a cuerpo, y utilizando lanzas, picas, arcos y espadas. Uno de los comandantes de la vanguardia fue Menesteo.

Sobre el caudillaje de Menesteo algunos investigadores [Malcolm M. Willcock: "Iliada"; Hardcover, Nelson Thornes Limited) lo dudan, por tratarse de un personaje desconocido. El que debía figurar como caudillo de los atenienses es Demofonte, al que Homero desconoce.  Para Quinto de Esmirna, en cambio, en el sitio de Troya participaron ambos: Demofonte y Menesteo ["Posthoméricas", editorial Gredos, Madrid, 2004). No obstante, Menesteo aparece en diversos pasajes de la obra de Homero: «Después de oír sus palabras, el Atrida, muy complacido, siguió revistando a sus caudillos y encontró al egregio caballero Menesteo, hijo de Peteo, erguido entre los atenienses, duchos en el arte de la guerra, y cerca del prudente Ulises y los aguerridos cefalenios, que no habían oído los gritos del combate ni podían adivinar que hubieran sido rotos los juramentos.» [“Ilíada”, Edaf, 2001; pág. 97)

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Esta fotografía se hizo el 23 de Junio en la puerta de el bar "La Perdiz" donde estaba nuestro cuartel general y centro de reuniones durante muchos años, muchísimos. Siempre tenía esa sonrisa en los labios, gracias Antonio.

Hace unos días, concretamente el domingo día 26 de Agosto de este año 2012, nos abandonó un buen, gran y querido de todos los Portuenses, su nombre Antonio Castejón, Antonio ‘el Cartero’, que vivía en una casa que había acondicionado estupendamente en la calle Cielos. Siempre alegre, agradable con todos, jamás le escuché hablar mal de nadie, siempre tenía una sonrisa en la cara, hasta cuando estaba bastante mal. Anécdotas de él muchas para escribir un libro, muchas copas, tertulias, excursiones, comidas, playas, veranos, inviernos, momentos buenos con él siempre.

Antonio donde quieras que estés, desde aquí tus amigos te echaremos de menos, te tendremos siempre entre nosotros, comentando y riéndonos de tus cosas y de esos momentos inolvidables, siempre te querremos como lo hicimos como cuando estabas con nosotros. Que Dios te tenga en su gloria. Descansa en Paz. /Texto y Foto: Vicente Ferrer Martí.

Se han cumplido estos días 310 años: la noticia de la declaración de guerra, junto con el rumor del posible arribo de una escuadra enemiga, provocó el temor en las localidades de la bahía gaditana, entre ellas El Puerto de Santa María, algunos de cuyos vecinos comenzaron éxodo hacia otras poblaciones menos expuesta al peligro.

La Bahía de Cádiz en 1700. Grabado.

El saqueo tuvo unas graves consecuencias, pero hay algunos puntos oscuros sobre él. El primero se refiere a lo extraño de que, apareciendo la flota angloholandesa en la Bahía el 24 de agosto, produciéndose el desembarco el 26 y la toma de Rota el 27, los vecinos de El Puerto no hubieron puesto a salvo, con antelación sus pertenencias. Según los testimonios recogidos, se dice que nunca pensaron que se iba a ocupar la localidad, pues el objetivo de los enemigos era la ciudad de Cádiz, tomarían el castillo de Santa Catalina para tener la entrada franca en la Bahía de Cádiz.

Se suele indicar que faltaban carruajes para el transporte de los enseres, el ejército había procedido a su embargo para usarlos en las operaciones militares. Los únicos prevenidos fuero los eclesiásticos de las iglesias parroquiales de Rota y El Puerto, que trasladaron los preciosos ornamentos sagrados desde sus localidades hasta la vecina ciudad de Jerez, y la plata de la iglesia portuense, por lo que pudiera pasar, fue llevada, hasta Arcos de la Frontera. Se supone que gran parte de los caudales, plata y joyas que tenían los particulares se pondrían a salvo junto con sus propietarios, muchos de los cuales se habrían marchado de El Puerto algunos días antes de ser ocupado la localidad.

Un segundo aspecto, según las fuentes consultadas, es que la mayor responsabilidad en la autoría del mismo se debe a las tropas invasoras, pero no totalmente. Se realizó en tres fases sucesivas: la primera por los mismos vecinos que se quedaron, porque suponiéndolo todo perdido, no dejaron casa sin registrar y robar; la segunda por los ingleses, aunque al principio se obtuvieron de hacer daño, lo ejecutaron después que vinieron de El Puerto a embarcarse, y la tercera por nuestros soldados y miqueletes, que acabaron de barrer lo que había quedado.


LOS ACONTECIMIENTOS DE FINALES DEL VERANO DE 1702.
Desde meses antes de iniciarse el conflicto se venía organizando por los ingleses y holandeses una expedición que asentara un duro golpe sobre el tráfico comercial entre la península y las Indias. La declaración de guerra a mediados del mes de mayo de 1702 no hizo sino acelerar los preparativos, por lo que el 12 de julio la flota estaba dispuesta para partir hacia su objetivo, la expedición debería servir para apoderarse de algunas plazas del sur de la península.

Ocupada esta porción meridional de España y con la aceptación de sus naturales del archiduque Carlos como rey, se podría producir, tal como ciertos rumores difundían, una reacción en cadena, con múltiples y sonadas adhesiones, que terminaría adjudicando la  Corona de España al pretendiente de la Casa de Austria. Por otro lado, ingleses y holandeses perseguían objetivos más prácticos y concreto. Así, se pensaba interceptar la flota que se sabía regresaba de las Indias y apoderarse de todo su cargamento.

Con ello se conseguiría no sólo provocar un colapso económico en las finanzas de Felipe V sino, de paso coadyuvar con el botín a sufragar los cuantiosos gastos de la empresa. En el caso de no apoderarse de la flotas de Indias, no se descartaba la posibilidad de conquistar alguna población importante, siendo la ciudad de Cádiz, origen y destino de las flotas de Indias, la señalaba en los planes.

En esta línea, los ingleses no hacían sino reincidir en un objetivo clásico de sus ataques contra la monarquía española. Además de las múltiples veces que escuadras inglesas se acercaron o bloquearon la  Bahía gaditana, son célebres los asaltos de Cádiz que se llevaron a cabo en los años 1587, 1596, 1625, destacando el segundo de ellos, cuando el duque de Essex logró apoderarse de la ciudad y obtener un fabuloso botín.

La armada aliada anglo-holandesa se componía por parte de la británica de 30 navíos, 6 fragatas, 2 corbetas, 5 bombardas con 2578 cañones y 9 brulotes 16440 hombres de tripulación y por parte holandesa, 20 navíos, 3 fragatas, 3 bombardas y 3 brulotes, con 1585 cañones y 10855 tripulantes. Además, se contabilizaban múltiples naves auxiliares. A ello habría que añadir el cuerpo expedicionario que actuaría en tierra. La flota inglesa la mandaba el almirante sir George Rooke y la holandesa el teniente almirante Philip van Almonde.

Frente a esta enorme contingente naval y terrestre las defensas de la Bahía de Cádiz no eran numerosas ni las mejores. Desde el mismo momento que Felipe V accedió al trono de España eran concientes los ministros de la monarquía de que la guerra sería inevitable y, por ello, comenzaron pronto los preparativos para la misma. En fecha tan temprana como junio de 1701, recibió el cabildo de El Puerto una carta del marqués de Leganés, Capitán General de la Mar Océano, costas y ejército de Andalucía, en que ordenaba buscar alojamiento para una compañía de caballería. Del mismo modo, a comienzos del mes de diciembre de 1701, algunas galeras de Francia ya se encontraban, junto con otras españolas, en la Bahía, concretamente fondeadas en el río Guadalete, tenían planes de pasar allí todo el invierno.

En cuanto al estado de las fortificaciones y baluartes se detectan luces y sombras. La ciudad de Cádiz, tras sufrir las consecuencias del estado inglés de 1596, había llevado a cabo durante el siglo XVII diversas obras con el objeto de rodear el perímetro urbano de un sistema de murallas y defensas artilladas. El último tramo de la muralla, el que correspondía al Campo del Sur, junto con una renovación general de las piezas de artillería de la plaza, se había realizado tan sólo dos años antes del ataque de 1702. Del mismo, los fuertes de Matagorda y Puntales, bien pertrechados, impedían el acceso franco de los buques al segundo e interior seno de la  Bahía, lugar donde el posible desembarco de las tropas, por las mejores condiciones del terreno y de la mar, se podría haber realizado más fácilmente permitiendo un ataque directo por tierra sobre Cádiz.

El fuerte de Santa Catalina en la playa del mismo nombre. /Foto: Javier de Lucas.

EL PUERTO, INDEFENSO.
La ciudad gaditana se encontraba convenientemente protegida no ocurría lo mismo con el resto de la Bahía. El desarrollo demográfico originó una expansión urbana fuera de los recintos amurallados. Localidades como El Puerto, Rota o Jerez había perdido, por estas causas, toda su capacidad defensiva.

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El 20 de enero de 1961 se reunían unos amigos y clientes coincidentes en el desaparecido Tabernón Sánchez, en la confluencia de las calles Ganado y Melero, mientras degustaban los vinos de la Bodega González Rico, cuya solera hoy mantienen en la calle Misericordia la familia Basteiro. /Foto: Colección V.G.L.

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Agustín Merello del Cuvillo (ver nótula núm. 262 en GdP) escribía en Diario de Cádiz en 1989 unas declaraciones del pintor en un suplemento de Feria: «Yo pinto y me da igual que me califiquen. Yo pinto porque lo deseo y ahora tengo la misma afición que al principio. El día que no pinto o no hablo de pintura, me pongo de mal humor. Gracias a Dios, puedo pintar y hablar de pintura siempre… hasta que Dios quiera; porque yo digo que ya tengo hecho balance, estoy muy agradecido a todos, las cosas me han ido muy bien y Dios ya puede disponer de mí».

El pintor de la luz y de ‘tanto Puerto’, murió una mañana clara de levantera para dejar de sufrir, tras 10 meses de enfermedad con 73 años, el miércoles 22 de marzo de 1995, hace 17 años, siendo declarado por el Ayuntamiento Día de Luto, proponiendo en pleno que se le declarase ‘Hijo Predilecto a título póstumo’ y otorgarle la Medalla de Oro de la Ciudad, así como darle su nombre al quinto Instituto de Enseñanza Secundaria de El Puerto, que se estaba construyendo por aquel entonces en la zona de Pinar Alto. /Foto: Fito Carreto.