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Convivencia de los antiguos alumnos en San José del Valle.

«Volver a los 17 después de vivir un siglo…»,  cantaba Violeta Parra…. Volver atrás reencontrando rostros queridos que hacía en muchos casos más de 30 años que no veíamos. Treinta años después nos reencontrábamos con aquellos compañeros y compañeras de clase con la que compartíamos aquellos primeros años en que abríamos los ojos a la vida y en muchos casos no habíamos terminado de dejar atrás la adolescencia y abrazábamos los primeros albores de la juventud. Nos reencontrábamos con aquellos y aquellas con las que empezamos a estudiar la que sería en muchos casos nuestra profesiones, electricistas, administrativos, delineantes… en otros, la profesión que ejercemos poco tiene que ver con lo que estudiamos, aunque sin duda aquellos estudios en la SAFA de El Puerto Santa María sería la base de todo nuestro desarrollo posterior.

Varios nos empezamos a encontrar  hace poco más de tres meses cuando una foto colectiva de aquella época de siete roteños en la SAFA se publicó en la web Habitantes y Gente de Rota. Aquella foto y el posterior reencuentro de los siete de la foto sería el detonante de esta preciosa aventura que comenzó entonces y que ha culminado, de momento,  en la I Convivencia de Antiguos Alumnos de la SAFA de la Promoción 1976-1981. Celebrábamos el 30 Aniversario del fin de la carrera. /En la imagen, el grupo de roteños en el colegio de Formación Profesional Sagrada Familia (SAFA) de El Puerto de Santa María en el año 1976. Arriba de izquierda a derecha: Juan José Sanchez Alonso, Sergio Hermida, Gallardo  y Juan Segarra. Abajo:  Javier Ros, Antonio Helices “El Bolita”, y Francisco Pulido

Fue el pasado domingo, 5 de Junio. Desde Rota salía un autobús con 16 roteños a las 9 y media de  la mañana. Media hora después estábamos en El Puerto recogiendo a otros 24 compañeros y compañeras portuenses. Y otro tanto después llegábamos a Chiclana y se subían al autobús 6 compañeras. En total partíamos para San José del Valle, el sitio que habíamos elegido para la convivencia, 46 ex alumnos de la SAFA. Allí se  nos sumarían 4 de nuestros antiguos profesores.

En total éramos cincuenta. Otros muchos con los que contactamos  no pudieron venir por problemas de trabajo, familiares, por encontrarse viviendo lejos… Y otras dos compañeras y compañero, Mariajo, Chari y Cárdenas, no pudieron venir porque fallecieron, ya no están con nosotros físicamente pero estuvieron muy presentes en la convivencia.

Una vista aérea del Colegio en aquellos años.

Los besos y abrazos, las risas, el torbellino de emociones, las miles de anécdotas de la época mezcladas con las de los avatares de la vida de cada uno a lo largo de todo estos años estuvieron presentes durante de toda la jornada que pasamos juntos. Se llevaron más de un centenar de fotos en blanco y negro de la época, una treintena estaban ampliadas en tamaño A-3, donde nos veíamos con humor del paso de los años, unos muy cambiados, casi irreconocibles, otros mantenían la pinta y era fácil reconocer en aquella foto juvenil el rostro y la imagen del compañero o la de la compañera.

Un pañuelo amarillo con el logo de la convivencia creado para el evento adornaba el cuello o la muñeca de todos y cada uno de los asistentes. El amarillo era el color de las camisetas de la SAFA de entonces que todos lucíamos aquellos años,  particularmente en los eventos deportivos. /En la imagen, una camiseta amarilla de SAFA.

Tras la comida donde nos seguíamos poniendo al día de la vida de uno y otros y se recordaban anécdotas de entonces, empezó a sonar la música de  la época. Un compañero había seleccionado y grabado los éxitos musicales de aquellos años, aquellos con los que crecimos, aquellos con los que bailamos, con los que dimos el primer beso…

Pero antes de que la gente se pusiese a bailar, que en realidad sólo se animaron unos cuantos…, se apagaron las luces y un foco direccional apuntó a una puerta por la que entraba un compañero con una gran tarta de cumpleaños, que para sorpresa de la cumpleañera, se dirigía a una de las mesas mientras los demás cantábamos el cumpleaños feliz. La sorpresa dio paso a la emoción cuando Maripé, que así se llama la cumpleañera, se vio con la tarta enfrente y soltó sorprendida  un ¿cómo os habéis enterado?…

PREMIOS.
Otro de los detalles que se organizó fueron   los premios ‘Sardina en lata’ y ‘Boquerón en Vinagre’. Con humor había que elegir mediante votación a la mujer y al hombre que mejor se había conservado en estos años. Los elegidos fueron  Mari Carmen Tejedor, del Puerto, y José Luis,  Selu , de Rota. La profesora María y  su marido, el profesor Rafael, fueron los encargados de entregar las copas.

Una reunión de los padres y el profesorado. En primer plano, sentado a la derecha, vemos a Antonio Nogués Ropero.

Las horas se fueron muy rápidas, cuando nos dimos cuenta ya eran las 8 de la tarde, hora que habíamos acordado para la vuelta. Al día siguiente había que trabajar y en muchos casos preparar las cosas para  el colegio de los niños. Las últimas fotos colectivas antes de montar en el autobús y a subir. Se hizo corto, muy corto, era el comentario general en el viaje de vuelta.

Los hilos del recuerdo y las emociones que nos unen, hasta ahora invisibles por tantos años, han salido a la luz y  sin duda van a seguir visibles y serán guías para seguir en contacto y para nuevos encuentros a los que esperamos que se sigan sumando nuevos compañeros y compañeras. Nos vemos en la próxima! (Texto: Javier Ros).

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María Soledad Ibáñez Gándara nace siendo la tercera y última de tres hermanos en una casa de vecinos de la calle Santo Domingo, el número 5, de nuestra Ciudad en 1959, falleciendo en Cádiz el día 20 de agosto de 2006, a consecuencia de un cáncer.

En 1959 era alcalde de El Puerto Miguel Castro Merello y, mientras en Buenos Aires Rafal Alberti publicaba las partes I y II de ‘La Arboleda Perdida’, en El Puerto el poeta José Luis Tejada pregonaba la Semana Santa y se refundaba la Hermandad del Rocío. Santiago Montoto sacaba a la luz una edición limitada ‘El Puerto de Santa María en la liberación de Fernando VII’ y se ponía, por parte del cardenal arzobispo de Sevilla, Dr. Bueno Monrreal, la primera piedra del que sería el Colegio de La Salle. Abría en la calle Misericordia el Bar ‘er Beti’.

SIGÜENZA (Guadalajara).
Con poco más de un año, en 1960/1, sus padres, Eduardo de El Puerto y Josefa de Jerez, y sus hermanos José Manuel y Eduardo Juan, emigran por causas de trabajo a Sigüenza (Guadalajara). Trabajó en talleres mecánicos --y nunca tuvo coche, aunque si una moto marca Montesa, donde viajaban primero madre e hija de paquete, y luego los dos hijos en el segundo viaje--; también trabajó en las fraguas como herrero, la última de ellas de su propiedad en la calle Durango. Será contratado luego como mecánico de vehículos y maquinaria en la empresa Ferrovial.

Vista de Sigüenza (Guadalajara).

En Sigüenza, que según sus habitantes, ‘es mucho Sigüenza’ -y en honor a su historia es verdad, desde el doncel Enrique ‘el Doliente’, al encuentro entre Javier Pérez con Javier Khrae, pasando por su Obispado-- vivirán hasta los cinco años en la calle Hospital número 1, iniciando su periplo de colegios desde aquellos párvulos de la época en el colegio público, alternativa al Colegio Episcopal de la Sagrada Familia.

VIVERO (Lugo).
Sobre 1965 se trasladan a Vivero --hoy Viveiro--, en la provincia de Lugo, donde vive su infancia hasta en una casita de la estación del ferrocarril Ferrol-Ribadeo en construcción. Estos años los vive en plena naturaleza combinado su infancia, la ría de Vivero, sus bosques y pazos. Asiste al colegio público Landro, río que desemboca y forma la ría.

Vista aérea de Viveiro (Lugo).

En 1967 se trasladan a vivir a Zorroza, un barrio de Bilbao; dos años mas tarde, en 1969 el destino será Eibar (Guipúzcoa), para volver a Guadalajara en 1971 y regresar la familia, definitivamente a El Puerto en 1974.

DE NUEVO EN EL PUERTO.
Una de las personas que mejor la conoció, la portuense Isabel Pérez Sánchez,  licenciada en Historia, escribe para Gente del Puerto: «En la época del Instituto Sole llamaba la atención. Su forma de hablar y de expresarse eran muy correctas y su acento, debido a los muchos lugares en los que había vivido, no le hacía parecer de El Puerto. Su madurez e inteligencia en su manera de comportarse daba la impresión de ser una persona muy segura. Tenía las ideas muy claras sobre lo que quería y las exponía con contundencia y de una forma que a todos nos encandilaba. Su visión crítica, su modo de escribir y la lectura de multitud de libros le hacían estar muy por delante de todos los de su misma edad. Participaba en todas las actividades que se realizaban en el Centro: en el periódico, en el teatro, en los libro-fórum, cantando con su guitarra, etc.

EL INSTITUTO.
En 1975 inició 1º de B.U.P. y fue el comienzo de muchas cosas; el despertar de lo que después llegó a ser en la vida. La juventud lo marca todo y desde ese año hasta el verano de 1980 fue una etapa determinante. Participó en manifestaciones y asistió a mítines, reuniones... pero el proceso de la Transición no bastaba, parecía hueco, parecía que con ese cambio no se iban a conseguir las verdaderas libertades, ni se iba a acabar con las injusticias de todo tipo que iba descubriendo. Hablaba con los compañeros y las compañeras del Instituto, analizaba la situación política, y poco a poco, fue descubriendo los ideales que se ajustaban a su forma de pensar.

ACTIVISTA
Decidió que tenía que ser consecuente con sus ideas y no quedarse agazapada sin luchar. Esa conciencia política estaba muy arraigada en Sole. La lucha siempre plantea contradicciones de seguridad personal, de relaciones de familia, de amigos, de futuro... El miedo hay que esquivarlo: hacer pintadas, buzonar octavillas, reuniones, prensa prohibida... En todo te estás exponiendo por unos ideales quizás lejanos, pero en aquellos años todo se concebía posible; uniendo las fuerzas se podía cambiar el mundo y pequeños aciertos iban agrandando ese ideal por poder llegar a conseguir el deseado fin. Entonces, las palabras solidaridad, lucha de clases, conciencia política, cambio social, revolución... tenían sentido, y muchas personas y colectivos luchaban por hacerlas realidad (valga el dato de que a las primeras elecciones de 1977 se presentaron 82 agrupaciones políticas y en las últimas de 2008 sólo 8 contando las regionales).

LA CLANDESTINIDAD.
Pero la Transición y los cauces legales que se estaban imponiendo no satisfacían a muchas personas, entre ellas, Sole (era pan para hoy y hambre para mañana –de libertades-), y decidió dar un paso adelante para seguir luchando. Pasó a la clandestinidad en el verano de 1980. Su lucha fue muy arriesgada pero quería ser consecuente con lo que pensaba y era necesario hacer. Esa exigencia personal le llevó a dar ese importante paso.

PRIMERA DETENCIÓN.
En octubre, tres meses después, la detuvieron en Madrid y fue salvajemente torturada, aplicándosele la Ley Antiterrorista sólo por asociación ilícita, aunque se le inculpó de haber participado en otras acciones. Ingresó en la cárcel de Yeserías, allí estuvo arropada por otras compañeras y muchas presas políticas cuyo único delito fue haber militado en un partido político ilegal.

MUERE SU PADRE.
Salió de la cárcel a primeros de 1981. Su padre murió. Con él mantenía una relación muy estrecha; era un referente y un apoyo muy importante en su vida, por lo que también fue un duro golpe. Quiso continuar estudiando en Cádiz pero no se lo permitieron porque ya el curso había comenzado; la realidad fue que no le quisieron hacer las gestiones pertinentes.

VUELTA A LOS ESTUDIOS.
Sole se matriculó en la Facultad de Filosofía y Letras de Sevilla para continuar la carrera de Geografía e Historia (ya había realizado el primer curso en Cádiz en 1979-80) y rehizo su vida con sus estudios y su pareja, alejándose totalmente de cualquier organización política. A pesar de que iba preguntando en el juzgado si había algo pendiente por su causa condenatoria, no le dijeron nada y el 27 de enero de 1985 la detuvieron sorpresivamente en medio de la calle sin poder avisar a nadie.

Cárcel de Sevilla.

CÁRCEL EN SEVILLA.
En la cárcel de mujeres de Sevilla lo pasó muy mal; compartía con las presas comunes la galería (entonces todas estaban juntas, no existían celdas) y su soledad fue terrible. Sole buscó en los estudios y en la lectura (siempre decía que los libros eran sus salvadores) la fuerza para seguir adelante.

En El Puerto la noticia fue muy dolorosa. Las calles estaban llenas de pintadas ¡SOLE IBÁÑEZ LIBERTAD! y fue la manera de que se hablara de ella, denunciando la injusticia cometida.

REGRESO A EL PUERTO.
Cuando salió de la cárcel y terminada la licenciatura, volvió a vivir en El Puerto. Estuvo trabajando [para el Ayuntamiento] en uno de los contratos de Andalucía Joven en 1987, desarrollando proyectos de investigación de carácter etnográfico sobre las salinas, las casas de campo, las viñas, las bodegas, etc. Trabajó en la casa de la Cultura de administrativa. Sus dotes de buena redactora le permitieron conseguir un trabajo en Diario de Jerez, siendo muy admirada por sus compañeros. Daba clases particulares; participó en la Revista de Historia de El Puerto, etc.

TELEFÓNICA EN MADRID.
En 1991 se presentó a unas oposiciones de telefónica y las aprobó; con ello debía trasladarse a Madrid. Allí se estabilizó y conoció a Jincho, el hombre que le acompañará el resto de su vida. La muerte de su hermano José Manuel vuelve a romperla. Estaban muy unidos y cada vez que venía de Madrid se quedaba en su casa. Él y su cuñada Milagros le ayudaron mucho.

En 1997 consiguió el traslado a Cádiz y continuó trabajando en el famoso “pirulí” de telefónica, estableciendo definitivamente su domicilio en El Puerto.

REFLEXIONES DE UNA AMISTAD
Desde su regreso de Madrid, nos volvimos a ver, pero sólo de vez en cuando. Va a ser a partir de su operación, a primeros de 2003, cuando ya nuestra relación será continuada y asidua. Habían pasado prácticamente 20 años pero un hilo invisible nos unió a esa juventud pasada que compartimos como grandes amigas. Rescatamos el tiempo, y los periodos buenos que le fue dejando su enfermedad lo fuimos aprovechando hasta agosto de 2006 en que falleció con tan sólo 47 años.
Sole fue una mujer muy luchadora, personalmente y a nivel social. Heredera de una familia con tradición de lucha política, tenía una visión del mundo donde lo que podemos conseguir está en nuestras manos, pero han de ser unas manos unidas y solidarias. Su visión marxista le hizo ver la posibilidad de una lucha de clases para alcanzar un régimen igualitario tanto económico como social y cultural, y actuó en consecuencia. Se tragó sus miedos y sus inseguridades y aportó su grano de arena. Su valentía, su afinado espíritu crítico, su sinceridad (decía siempre lo que pensaba, sin dobleces), le hacían ser una persona íntegra. Hoy, donde los ideales parecen haber sucumbido al desencanto y a la frustración, rescatar en este espacio a esta mujer portuense significa que valoramos las luchas pasadas en cualquiera de los aspectos, y que no debemos olvidar que muchas personas dieron su tiempo, sus palabras, sus vidas… por mirar hacia delante y luchar y confiar a pesar de todo.

OTRA DIMENSIÓN.
Para mí Sole tiene además otra dimensión. Tuve la gran fortuna de conocerla desde la juventud y de compartir sus últimos años en los que aprendí tantas cosas; en los que vi a una persona sabia, madura, muy culta, devoradora de libros y de conocimientos hasta el final, incansable pensadora, muy ordenada, activa, inquieta y trabajadora, alegre (a pesar de las difíciles circunstancias) y con una risa fuerte y peculiar, como una marca anunciadora de su presencia. Templadora de mis agobios y malestares, conversadora hasta el amanecer, acompañante, respetuosa, agradecida... y me sigo preguntando si se puede llegar a ser esa mujer plena que fue, sin pasar por una grave enfermedad, sin tener esa espada de Damocles anunciando otra posible caída. Mi inmensa suerte, no me cansaré de repetirlo, es que esa mujer, Sole, era mi amiga. Sé que ella quería pasar desapercibida, no aparecer ni siquiera en estas líneas, pero para todas las personas que la conocimos, Sole siempre estará presente en nuestras vidas.

Estas palabras suyas, encontradas por Jincho en un trozo de papel, son ahora un regalo para todas las personas que se acerquen a conocer a Sole: ‘Alguien que leyó muchísimo, también estudió mucho. Vivió muchas cosas (quizá demasiadas para una sola vida) y en muchas ciudades. Moró en incontables casas... Con los años va perdiendo la memoria, las lecturas, las vivencias, los nombres de las personas... Y un buen día lo recuerda todo de golpe: nombres, casas, libros, cárcel, madre, novios, partido, clases, sueños, clandestinidad, trabajos, amigos, deseos, conocimientos,... y se ahoga de vida en la enfermedad’. », finaliza Isabel Pérez Sánchez, su amiga.

LA CAMPAÑA: SOLE IBAÑEZ, LIBERTAD.
Esto escribe Juan Rincón Ares, sobre la campaña que se organizaó para pedir la libertad de Sole, cuando fue detenida en Sevilla en 1985: «De ‘Sole Ibañez, Libertad’ hubo muchísimas pintadas alrededor del IES Pedro Muñoz Seca y de la Plaza de Abastos.  Justo donde esta la calle San Bartolomé o el que sería el Apartahotel Casa de Los Leones de la tienda de ultramarinos que había enfrente, pusimos una pancarta que fue de vida efímera con el mismo texto. Hubo octavillas pegatinas y hasta un pequeño festival en el parque de la Victoria. Lo que no hubo fue un solo gesto municipal que no fuera el de retirar la pancarta. /Pegatina de la campaña pro libertad de Sole Ibáñez, en 1984.

NOCHE DE PINTADAS.
Aquella noche en la que supimos de la detención de Sole, volvimos a usar los sprays: ¡Sole Ibañez, libertad!. Yo organicé un par de piquetes pero en los días sucesivos salió mucha más gente a pintar lo mismo sin que supiéramos a quién atribuir la firma. A pesar de llevar varios años ausentes de El Puerto, Sole era una persona muy conocida sobre todo en los medios estudiantiles de principios de los 80 tanto del instituto como de la Facultad y tuvimos muchas ocasiones de comprobarlo.

En los días que siguieron a su detención, mucha gente había sido o era amiga suya se puso en contacto conmigo y todo el mundo se ofrecía a ayudar en la manera que pudiera. Algunas daban dinero, otras su teléfono para “lo que hiciera falta…” y otras venían a las reuniones con miedo pero con dignidad.

ASAMBLEA POR LA LIBERTAD DE SOLE IBÁÑEZ.
Formamos la “Asamblea por la libertad de Sole Ibáñez”, una plataforma  que tuvo mucha vida y agitó mucho la tranquila sociedad de la transición y al recién estrenado gobierno socialista local apoyado por AP, que en ningún momento se interesó por su vecina detenida. Tampoco se preocupó de ella la oposición comunista, recién desplazada del ayuntamiento por el pacto PSOE- AP. En su familia, su hermano José y su cuñada Milagros estuvieron muy  implicados. Su tío Paco Ibáñez, a la sazón secretario de de la Unión Local de CCOO, me dejaba hacer --entre yo y él-- los panfletos en la multicopista del sindicato lo que no era poco implicarse en los tiempos tan traidores que corrían. Gracias, Paco.

PARQUE DE LA VICTORIA.
La primera fase de la campaña “Sole Ibáñez, libertad” acabó en un festival que hicimos un sábado por la mañana en un atril de cemento que había en el Parque de la Victoria y fue un éxito de público, aunque siempre hubiéramos deseado más. Nos habíamos empleado a fondo para  que las paredes recordarán a nuestra amiga con pintadas, carteles, pancartas y pegatinas y no dejábamos que pasara una manifestación sin que nuestra reivindicación se hiciera presente, mientras recogíamos fondos para su defensa y una posible fianza futura».

Este soneto del profesor Juan Rincón, la recuerda:

Para Sole.
(Igual se cae de la silla cuando lo lea)

Tú y yo siempre pensábamos – ¡qué herida,
hablar de ti en continuo pasado!-
que una vez este tránsito acabado
ya no habría otro mundo ni otra vida.

Hoy  me sorprendo, la vista perdida,
ora arriba , en  el cielo, ora al costado,
busco donde dejar  este recado
póstumo, esta – supongo– despedida.

Y es que hoy todo mi ser agnóstico,
ateo, racional, se me rebela
porque estás y no estás, y me reboto,

me peleo, por ti, contra el pronóstico
que envía al muerto al hoyo; me consuela
saber que estarás siempre entre nosotros

Agradecemos a Eduardo Ibáñez 'Epi', su hermano, a Isabel Pérez, su amiga, y a su compañero de militancia Juan Rincón, los testimonios y datos facilitados para la confección de esta nótula.

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Hace 80 años España se levantó republicana, tras el  resultado electoral de las  municipales del 31 de mayo de 1931, donde las  formaciones de izquierda vencieron en los  grandes municipales. El  nuevo régimen apareció por sorpresa en El Puerto , donde un partido localista independiente, de carácter conservador, había ganado los  comicios. Al cabo de un mes se repitieron aquellas elecciones locales y los  independientes desaparecieron, dando paso al gobierno del PSOE.

Estamos hablando de historia, de hace poco más de tres cuartos de siglo. Al hallarse El Puerto  en la  periferia, la  confirmación de los  cambios del 14 de abril llegaron tarde, a la  hora de la  merienda. Sin globalización, los  acontecimientos políticos eran vividos de forma más distante, y la  efervescencia social era menor. En la  localidad, durante la  víspera ni siquiera se atisba sospecha alguna del cambio.

La  Revista Portuense, testigo histórico, se autofelicitaba en el  número del 14 de abril por el  resultado de la  Candidatura Popular Administrativa, a la  que apoyaba abiertamente, y de que la  candidatura comunista "no hubiera obtenido concejal alguno". El  15 de abril, en un editorial, no puede evitar su sorpresa ante la  noticia de la  instauración republicana.

DATOS ELECTORALES.
El Puerto  de entonces contaba con 19.714 habitantes.
De ellos, 273 se encontraban en el  paro.
3.341 vecinos, hombres mayores de 25 años, pudieron ejercer su derecho al voto.

Las  anteriores elecciones municipales databan de 1923 y los  candidatos se presentaban en algunos de los  cuatro distritos de las  dos circunscripciones en que se dividía la  población.

NO HABÍA JORNADA DE REFLEXIÓN.
La  Revista Portuense se permitió, incluso el  mismo día de elecciones del 12 de abril, sugerir el  voto con adagios como "da prueba de decencia el  que no vende su conciencia".

A los  portuenses les pilló de sorpresa la  proclamación republicana. Entrada la  tarde miembros de los  partidos de izquierda se presentan en el  Palacio Municipal con la  bandera tricolor que ondeó al atardecer en la  plaza Peral, ante el  júbilo de unos y el  estupor de otros. El  alcalde, Eduardo Ruiz Golluri, pese a la  victoria local, dimitió días después.

DE LOS POPULARES A LOS SOCIALISTAS.
El  programa de la  Candidatura Popular Administrativa, la  ganadora de los  comicios portuense del 31 de mayo y liderada por Ruiz-Golluri, establecía en su programa una serie de propuestas que mantenían la  línea de preocupación constante del pasado siglo en la  Bahía: solución al abastecimiento de agua, lucha contra el  paro y estimular el  protagonismo comercial del puerto  local. Las  dos fuerzas conservadoras, los  populares locales y la  candidatura de los  monárquicos, obtuvieron en abril todas las  plazas de concejales. Los  empresarios que dominaban la  vida la  ciudad, sobre todo bodegueros, fueron los  aspirantes que recibieron el  solícito apoyo. /En la imagen, Eduardo Ruiz Golluri.

La  escena cambiará ostensiblemente sólo un mes después, y la  tendencia oscilará hacia las  candidaturas de izquierda. El  12 de abril se repartieron los  24 escaños de concejales entre los  16 electos de la  candidatura popular y los  8 de la  Candidatura Monárquica, con Manuel Ruiz-Calderón al frente. /En la imagen, Francisco Cossi Ochoa.

En las  elecciones del 31 de mayo de 1931, Francisco  Cossi (el  gobernador civil en julio de 1936), quien ocupaba de forma interina la  Alcaldía desde la  dimisión de Ruiz-Golluri, venció con los  21 concejales de la  Conjunción Republicana (PSOE y Partido Republicano). (Texto: Francisco Andrés Gallardo).

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El ambiente bullicioso de la Placilla. En el centro de la imagen, Isabel Oreni Mayi, esposa que fue de Antonio Álvarez Herrera. Al fondo, la tienda de Nicanor y el Bazar de Loza y Cristal, en la calle Ricardo Alcón, antigua calle Correo o Muro.

Añoro a la que fuiste; a esa, a la bulliciosa; a la que a las claritas del día me despertaba con el eco de los pregoneros. Puñeteros, no me dejaban dormir. Unos te ofrecían las mejores frutas;  otros las mejores lozas, las mejores macetas,  juguetes,  flores, 'tajaítas', churros y hasta bragas, etc... --¡Ya lo habían conseguido! --refunfuñaba-- ¡aquí no hay quien duerma! Pero qué alegría tenía mi Placilla, daba gloria  ver  como se esmeraban los comerciantes preparando su género.

Era un trasiego de mercancías, algunos como Paco 'el Jerezano', la acarreaban desde  la desaparecida Posada de la  Fruta en la calle Ganado. Era todo un espectáculo. Las señoras con sus canastos, las había que rebuscaban por todos los puestos; no eran buenos tiempos y había que apañarse bien con lo que se tenía pues  eran muchas las bocas que alimentar y había que hacer virguerías con los  escasos recursos de que se disponía. Otras, en cambio, eran fieles a sus proveedores, eso  les garantizaba un trato deferente.

El puesto de frutas y verduras de Manuel Raposo Ruso 'Carrizales' y su señora Manuela López, en la esquina de la fachada del Mercado de Abastos, frente al Bar Vicente.

Imangen la misma esquina, vemos que a la derecha, la puerta del Mercado es de rejas de madera.

La clientela, posando para el fotógrafo, ante unas frutas perfectamente alieadas, amén de las que penden de sendos clavos en la pared del Mercado de Abastos.


Otra visión del mismo espacio expositivo y de ventas. Los puestos tenían toldos para proteger las mercancías de las inclemencias del tiempo. Todas estas imágenes son del puesto de 'Carrizales'.

Los puestos de fruta ocupaban gran parte de la Placilla. Tenían una estructura de madera que les permitía exponer con armonía los diferentes artículos. Estaban Agustín Vela y Carmela Durán --mis padres--, Juan Malete y su esposa María, tenían una perrita --Estrella-- que me dejaban pasear y eso me encantaba. Tobálo, Santiago Martín-Arroyo, Manuel Raposo Ruso 'Carrizales' y su señora Manuela López; María y 'el Toto' cuñado de Antonio López 'Veneno' que tenía una Pescadería  junto a la Alpargatería de José Ramírez.

En la imagen, con delantal, Carmen, tenía su puesto de frutas junto al Alpargatero.

Junto a ellos tenía su puesto la señora Carmen --creo que tenía dos hijas: Carmelita, a la otra siento no recordarla--. No era la única Pescadería de la Placilla; estaba el puesto de Manolito 'el Cochino' que por las tardes lo abría su hermana Carmelita y que era muy graciosa, a la que más tarde reemplazó su esposa, Milagros, una gran señora.

Otros muchos comerciantes utilizaban una especie de tenderetes, que les resultaba fácil recoger cuando terminaba la jornada laboral. Así era mi Placilla, un hervidero de gente, cada uno a lo suyo, ganándose el pan como buenamente podían.

En la imagen, un isocarro con publicidad de Fino Quinta, en el que Juan Pérez, el repartidor, está dejando una caja de madera con botellas de cerveza de vidrio no retornable, vacías. Vemos los puestos del exterior del Mercado, plegados. La bicilceta era el vehículo por antonomasia de los pobres.

En esa época las bicicletas eran los vehículos de los pobres. Los hombres  hacían muchos kilómetros  para traer a El Puerto alguna caja de frutas ¿Se imaginan ir hasta Chiclana y, a la vuelta, venir cargados con una o dos cajas de Damascos? Pues eso era casi a diario y, conociendo a mi padre, seguro que traía una más, no por vanidad sino por su gran fortaleza. Había quien se ganaba la vida con aquellos inolvidables Isocarros, muy útiles para reparto.

En el Café Moderno, actual Cafetín, detrás de la barra Juan Pérez, repartidor de cervezas con Isocarro, Ángel Sordo propietario del establecimiento y Luis Jurado. Fuera del mostrador, a la izquierda, Luichi Alcántara Torrent y a la derecha, Enrique Gago, propietario del Bar ‘El Pescaíto’.

Si algo bueno tenía mi Placilla era la solidaridad ante algún contratiempo de uno de  los nuestros, que eso éramos: como una gran familia. No todo era perfecto, como no; había quien tenía más guasa... y los que refunfuñaban. Los había encantadores como  Ángel Sordo del bar Moderno: era como un tío para mi; aguantaba que le cantara y bailara y siempre tenía algún gesto de cariño para todos los niños del barrio. Vicente, su hermano del Bar los Dos Pepes. Remedios la portera del Teatro Principal que nos dejaba ver películas en un proscenio junto al escenario. La señora Pilar Lagunas, de 'los Maños', Fermin 'el Carbonero, 'el Boli' que era recadero, junto a Antoñito 'el del Penal', otro recadero; José y Lele, barberos; Enrique el del 'Refino de los Muertos'. Encarna su hermana, tenía una taberna 'Las 3 B', que si no me equivoco, hacía  la  mejor sangre encebollada de El Puerto; Miguel Salguero 'el Bollero', siempre amable y risueño. Bartolo, Pepín, María y Conchita y  Cuqui de Ultramarinos 'La Giralda'.


El trajín de la Plaza, con puestos, toldos, cajas y vendedores y mozos de todas las edades.

Los había con todo el salero del mundo  como María la del 'Toto'; Pepa, hermana de 'Kiliki' y 'Kunini', éste último casi nos dejaba sordos a todos con ese vozarrón que Dios le ha dado. Y Pepe 'el de los Dos Pepes' se paseaba en un seiscientos con una muñeca  hinchable; era todo un espectáculo por  su personalidad tan peculiar y esa gracia innata de la gente de Cádiz. Como no, los despistados como Leopoldo, que tenía la mejor carne membrillo de tres colores que yo haya probado nunca; los  preguntones como... mejor lo dejamos; los cocinillas como: Tete Ganaza que hacía un ajo caliente buenísimo a ojos de una niña de pocos años.

Juan González Herrera y sus hijos Juan y Ana González Borrás, en  el puesto de  carnicería del Mercado.

La Placilla se me antojaba enorme, era como un gran patio de vecinos, en los que todos estábamos bien avenidos o casi todos. Recuerdo como en ocasiones me llamaban Servando y José 'el Barbero': los dos me pedían que les barriera; uno me daba las mijitas de las galletas, el otro me  montaba en la silla de trabajo y me daba vueltas porque era giratoria. Lo hacían porque les encantaba los niños, no había ninguna maldad, José comenzó  a llamarme Marusela --decía que me parecía a una cantante de ese nombre-- y a día de hoy para él sigo siendo Marusela.

En la calle Sierpes, Dolores Dosal, Manolo Picazo, con pantalón de peto  y Manolo Martín-Arroyo, con sombrero blanco y mandil, delante del puesto de fruta y verduras.

Recuerdo  cómo íbamos a comprar  la leche con nuestras lecheras de aluminio, unas veces a la calle Luna, otras creo a la calle Vicario, a Santa María en casa Carmina. Y  lo mismo pasaba con el aceite: lo comprábamos a Genaro que tenía su almacén entre  Placilla y Luna. Y nada de un litro, un cuarto, o medio litro como mucho: había para más.  Era época de colas para la leche, el aceite, el picón, carbón, parar las sillas de la Iglesia Mayor; todavía recuerdo a la señora Juana, creo, repartiéndolas; ella sabía a quién  pertenecían y rara vez se equivocaba.

Paquito y Pedro Álvarez Herrera, hermano de Antonio Álvarez, primer alcalde constitucional del periodo de los ayuntamientos democráticos.

Y no digamos para en cine, sobre todo si  había algún espectáculo. Y de cambiar los tebeos en el Liberato en la calle Vicario. Por la tarde, los niños éramos los reyes de la Placilla; las niñas jugábamos a la china, al elástico, a la comba, a la pelota, al pañuelo, al  diábolo, al  coger, al esconder, etc. Los niños también jugaban con nosotras, pero  los juegos eran más en grupos. La mayoría de los niños éramos nacidos en la Placilla y alrededores. Muchas de las cancioncillas de la época todavía las recuerdo y, en ocasiones, me han servido para distraer a mis hijos y ahora a mi nieta.

En la desaparecida recientemente tienda de Genaro, vemos a su madre, Ramona Salas.

En mi adolescencia se reunían en la Placilla muchos jóvenes a los que se les llamó  'placilleros'; supongo que se hicieron  conocidos por el gran numero de ellos; yo lo que recuerdo es que, en una ocasión de apuro, eran los días de la fiesta del Mercado,  agradecí que vinieran en mi ayuda. Eran 'el Bestia', Eloy, los hermanos Rojas, los Crespo, los Ojeda, 'el Pesca', 'el Carlangas', Ernesto, etc.

De izquierda a derecha, con el micrófono, Antonio Romero Castro, Jefe de Negociado de Fiestas del Ayuntamiento, Miss Simpatía, Mariana, hija de Luchi Ganaza y nieta de Tete Ganaza; Miss Mercado, Dolores Moreno Figueras --esposa de ‘Lele el Pescaero’--, Manuel García funcionario municipal padre de Manolo García Campos, Carlos ‘Carlangas’ pescadero, asoma la cabeza el concejal Juan Ponce, la siguiente Miss, de la que no conseguimos leer su distinción, es hermana de de Antonio e hija de Angelito, quien tenía la frutería junto a la Carnicería Centro, en la calle Ganado y Calzados Ramírez, y Pedro Osborne Domecq. Fiesta del Mercado, el día de la Inmaculada, 8 de diciembre de 1972. /Foto: Rafa. Archivo Municipal.

Esta era  mi Placilla, la del olor a café  recién tostado, a pan tierno, a suspiros de La  Pastora, a fruta, a bollos, a huesos para el puchero, a pescado fresco, a carne de toro, a aceitunas, a aceite, a manteca colorá, a  flores, ...  En definitiva a vida, a sacrificios, a amistades sinceras y a mucho, mucho respeto. Gracias a todos,  siempre seréis mis buenas  y entrañables  gentes de La Placilla. (Texto: María Jesús Vela Durán). (Fotos: Colección A.F.G.).

Más nótulas de la Placilla en Gente del Puerto:
366. La Placilla en la década de 1950.
684. Motes en la Placilla.

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Fotografía  tomada en la priméra década del siglo pasado, en la que aparece José Caro Izquierdo, con bigote y una banda negra en el brazo en señal de luto, a la izquierda de la imagen; la taberna estaba situada donde hoy se encuentra el bar 'Bugatti'.

Mi abuelo paterno, José Caro Izquierdo, era de Cádiz y conoció a mi abuela, María Ahumada Lino en la capital. Vivieron en El Puerto y regentaron un par de bares y tabernas, uno en la esquina de la plaza de Juan de la Cosa (antigua de Bizcocheros), otra donde se encuentra hoy el bar ‘Bugatti’ y, creo, fue cocinero en un acuartelamiento que hubo en la calle San Bartolomé.  falleciendo mi abuelo al poco de acabar la Guerra Civil.

José Caro Izquierdo, en el centro de la imagen sentado y con bigote, en una fotografía tomada en la calle San Bartolomé, cerca de Federico Rubio. El tercero por la izquierda de la fila superior, pudiera ser Pedro Muñoz Seca.

En la imagen solo se reconoce, sentado en el centro, a José Caro Izquierdo. La foto está fechada el 21 de junio de 1928, delante del Restaurante 'La Puntilla', que aparece al fondo  la izquierda.

Mi padre, José Caro Ahumada conocido como ‘Carito’ pasó la campaña de la guerra  en en el llamado ‘Bando Nacional’ mientras  mis abuelos seguían viviendo en El Puerto. Cuando mi padre volvió de la Guerra retomó  el noviazgo con la que sería su mujer: mi madre, Carmen López Pérez, quien en aquellos difíciles años entre 1936-1939 estuvo trabajando de operadora en Telefónica.

Domingo de Ramos de 1940. Cinco jóvenes amigas pasean por el Parque Calderón; la del centro es Carmen López Pérez.

Luego entraría a trabajar de administrativa en la Imprenta de Carmen Pérez Pastor, en la calle Larga, casa hoy desaparecida, junto a la actual tienda de copistería y artículos de oficina, HIVA. Mi madre, era una mujer adelantada a su época, con un buen nivel académico para aquellos tiempos. Se casaron en 1946 fecha en la que deja  de trabajar para dedicarse a la familia que acababan de construir. Era hija de Carmen Pérez Gómez,  hermanas de Soledad, María y cinco hermanas más. Mis tías fueron ‘de toda la vida’ las porteras del Hospitalito (Hospital de Mujeres).

La fotografía está tomada en Trebujena en 1955, el 1 de enero, recibiendo y celebrando  --se nota el buen ambiente-- el Año Nuevo, José Caro Ahumada está en la fila de atrás.

En las gradas del campo de fútbol Eduardo Dato, de izquierda a derecha, el niño Manuel Caro López, su padre, José Caro Ahumada, Ramón López Pérez y Manuel Baena Carracedo, de Suministros de la Base Naval de Rota.

De paseo por el Parque Calderón, con familiares y compañeros de Vidrieras Palma. De izquierda a derecha, Vicente, desconocido familiar del siguiente, Jaime Bonet, José Caro Ahumada, Manuel  y Ramón López Pérez, cuñados ambos del anterior. Vicente, Jaime y José trabajaban en la antigua fábrica de vidrios VIPA, donde hoy se encuentra la Comisaría de Policía y sendas promociones de viviendas que llegan hasta el colegio 'José Luis Poullet'. /Foto: Cuellar.

Verano en la playa de 'La Puntilla', antes o después de pasar la barca a la de 'Valdelagrana' atravesando 'el canal', es decir, la desembocadura del río Guadalete. De izquierda a derecha, fila superior, desconocida, Ana Baena, Pilar López que es prima de Carmen Caro; María Baena; debajo, de izquierda a derecha, Paca Baena, desconocida, la niña Carmen Caro López y Luisa, amiga de las hermanas Baena.

Mi padre, como conocía el gremio de la hostelería por tradición familiar, puso un bar que se llamaba ‘El Continental’, en la calle Larga, que cerraron al tiempo colocándose como operarrio en VIPA (Vidrieras Palma), hasta que se jubiló en el año 1981, tres meses antes de que cerraran dicha fábrica. Su hermano Luis Caro Ahumada, fue funcionario municipal y muy conocido también en El Puerto. (Textos: Carmen Caro López).

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... y todo siguió gracias  al testigo recogido por Rafael Rivero, que mantuvo la llama encendida.

Acostumbrados que solo aparezcan en la historia escrita los líderes o los que los historiadores quieren, es hora de que se conozcan y se les reconozca el mérito a los verdaderos artífices de la democracia. Nombres de hombres y mujeres, en su mayoría anónimos, que con su esfuerzo plasmaron la utopía de la libertad convirtiéndola en realidad, sin importarle perder la suya personal. Desde aquí, el reconocimiento a los que aun están y el recuerdo a los que se fueron. /En la foto, Rafael Rivero.

Día del Trabajo de 1979. Entre los manifestantes, se puede ver a José Marroquín “Alicate” y a la derecha de la fotografía, al padre de Isabel Oreni Mayi, suegro de Antonio Álvarez Herrera, Fernando Oreni. Miguel Marroquín y su mujer, Maruja. La fotografía está tomada en la calle Luna, a la altura del antiguo Banco Hispano Americano, esquina con la calle Larga. Ya se habían celebrado las primeras elecciones democráticas a los ayuntamientos, consiguiendo el PC la alcaldía, gracias al pacto de la izquierda, gobernando conjuntamente con el PSOE y el PSA.

Cuadro 'El Cuarto Estado', de Giuseppe Pellizza da Volpedo

SPAIN IS DIFERENT.
Cuando en el mundo se celebraba el 1º de Mayo como Fiesta del Trabajo, en España, los prohombres del régimen también deciden celebrar ésta. Si bien, en vez de denominarla 1º de Mayo le ponen el nombre de San José Artesano, por aquello del nacional-catolicismo. La fiesta del 1º de Mayo lo es en conmemoración de los trabajadores de Chicago. Trabajadores asesinados por el capitalismo por pedir mejoras en sus condiciones laborales: 8 horas para el trabajo; 8 horas para su instrucción y ocio y 8 ocho horas para el descanso.

Manifestación del Primero de Mayo en Madrid, de obreros de Hispano,  a principios del siglo XX.

ANTECEDENTES EN EL PUERTO.
En los últimos años de la década de los cincuenta y primeros de los sesenta, resurgen los primeros conatos de la lucha antifranquista en El Puerto. Se decide simultanear la lucha desde la legalidad del régimen con la extralegal, es decir, copar el sindicato vertical para socavarlo desde dentro.

Elecciones Sindicales. Año 1966. /Archivo: Fundación Largo Caballero.

En 1963 se celebran Elecciones Sindicales, resultando elegidos en la mayoría de las secciones sindicales los componentes de las incipientes CC.OO.: la vid, construcción, el metal, hostelería, banca, artes gráficas, viticultura, servicios, vidrio y cerámica. En 1964, por primera vez después de la Guerra Civil, se celebra esta fiesta con una manifestación, que se repetiría los años 65 y 66, donde ya se vivieron  las primeras represiones policiales y detenciones.

Elecciones para Jurado de Empresa. /Archivo: Fundación 1º de Mayo.

DETENCIÓN DE ANTONIO ÁLVAREZ.
En 1967, durante el mes de marzo, con motivo de las negociaciones del Convenio de la Vid, hubo en Jerez una manifestación del sector, a consecuencia de la cual detienen a Antonio Álvarez. El Sector de la Vid y otros gremios hacen Huelga General. La represión no se hace esperar y en Bodegas Osborne despiden a Manolo Vela, Manolo Luque y a Bernal. Se producen nuevas manifestaciones de mujeres, concentración ante la Policía, entrevista con la condesa de Osborne, manifestación ante la casa de Joaquín Osborne y nueva concentración ante la comisaría hasta que se consigue la libertad de Antonio Álvarez, que es readmitido sin problemas en Bodegas Caballero, donde trabajaba. /En la imagen de la izquierda, Antonio Álvarez Herrera.

En 1968 muere Manolo Vela, cuyo féretro llevamos a hombros en manifestación hasta el cementerio con una corona de flores que decía: ‘El Mundo del Trabajo No te Olvida’, (hay que tener en cuenta la época y la prohibición que había a cualquier manifestación, por menos te condenaban a cinco años de cárcel). Posteriormente, en la lapida se le puso: ‘El Mundo Obrero No Te Olvida’.

Portada de 'Mundo Obrero', órgano de comunicación del Comité Central del Partido Comunista de España.

En Agosto de ese mismo año se produjeron detenciones en Chiclana donde facilitan los nombres de Antonio Álvarez y Federico Iglesias a los que vuelven a detener.  Esta detención duró apenas tres días, los mismos que fueron de lucha pacífica en la calle: manifestaciones, concentración ante la Policía y encierro en la Iglesia de San Joaquín hasta conseguir la libertad de ambos.

EL PUERTO, REFERENTE.
El clima de lucha y compromiso por la libertad que ejercía El Puerto, se irradiaba hacía otros lugares y éramos el punto de mira de otros pueblos por saber conjugar la pelea legal con la extralegal. Pero es que, también, las fuerzas represivas hacían su trabajo y estábamos en constante vigilancia. Entonces se decía que junto a San Jose de la Rinconada (Sevilla) y Tarrasa (Barcelona), El Puerto era una de las Zonas de Libertad.

30 DE ABRIL.
En 1969, el 1º de Mayo conseguimos legalizar la concentración de los trabajadores en las Dunas de San Antón. Para ello, se hizo una manifestación el 30 de Abril desde la sede del sindicato vertical en la calle Micaela Aramburu hasta el Ayuntamiento, donde se haría entrega de un documento al alcalde, Juan Melgarejo Osborne, con nótula núm. 890 en GdP, con las peticiones de los trabajadores. Hubo más de una carga de la Guardia Civil y a punto estuvo de ocurrir una desgracia. /En la imagen de la izquierda, Juan Melgarejo Osborne.

El alcalde se puso  en contacto con el Gobernador Civil, Julio Rico de Sanz y éste accedió a la petición de los manifestantes. El escándalo que se formó, las fuerzas represivas, los caciques y los capitalistas no se lo podían creer, pero nosotros celebramos la Fiesta y no pasó nada. Nos habíamos comprometidos con el gobernador y los trabajadores cumplen su palabra. /En la imagen de la izquierda, el gobernador civil, Julio Rico de Sanz

NOMBRES PARA LA HISTORIA.
Relación de nombres de algunas de las personas que hicieron posible la libertad de la que hoy disfrutamos. Que me perdonen los que no se vean reflejados, es que es casi imposible acodarse de todos.

De izquierda a derecha, Pepe Marroquín 'el Bloque', Antonio Álvarez Herrera, Pepe Marco y Esteban Caamaño Bernal.

Aldana, José;  Almirante, Pepe; Álvarez, José; Álvarez Herrera, Antonio; Álvarez Herrera, Pedro; Artola Beuzón, Paco; Bernal; Bueno, Pepe; Barcia, Antonio;  Borrajo, Paco; Camacho, Antonio; Cárdenas, Antonio; Ciria del Pino, Carmelo; Chico; Conejo, Agustín; Cumbreras, Juan; Escudero, Rafael; Espinar Galán, Jesús; Espinar Galán, Manolo (que aparece en la fotografía de la izquierda); Fernández, Manolo; Franco, Juan; Gallardo, Joaquín; Gallardo, Santiago; García Caballero, José María (el Carnicero); Gatica, Luis; Gatica, Paco; Gómez Ojeda, Rafael (Ceferino); González, Andrés; González, Joaquín; González, Sebastián; González Delgado, Juan Antonio; Guilloto, Fernando; Gutiérrrez de Celis, Francisco (Paco ‘el de las Flores’); Gutiérrez Ponce, Pepe (Pepito Alberti, que aparece en la segunda fotografía de la izquierda); Herrera, Benito; Iglesias, Federico; Jaramillo, Luis; Jiménez, Pepe; Luque, Manolo; Malete; Marcos, José; Marroquín Gómez, José I y II; Marroquín Travieso, Pepe (el Bloque); Mendoza, Miguel; Molina, Juan Ramón; Muñoz Benítez, Miguel; Noni; Núñez, Manolo; Ortega, Antonio; Palma, Pascual; Pecho, Antonio; Pellicer Bohórquez, Pepe; Perea España, José María; Portilla, Ismael; Rivero, Rafael; Revuelta, José Manuel; Romero, Paco;  Sánchez Alonso, José Luis (Selu); Sánchez, Antonio; Sánchez, Paco; Sanchez Cortéz, Manolo; Sendra; Serrano, Pepe; Tey, Paco; Vela, Manolo.

De izquierda a derecha, Miguel, Manuel Espinar Galán, Santiago Gallardo, Pepe Marroquín y agachado José Marco, de excursión al Valle de los Caídos (Madrid), durante unas jornadas sindicales en los años sesenta del siglo pasado.

Veteranos ugetistas que al no existir este sindicato colaboraban con CC.OO., entre otros: Cruz, Joselito; Guillén, Rafael; López, Paco. Sector de la Iglesia militando en USO, entre otros: Caamaño Bernal, Esteban; Fernández Cortabarría, María Ángeles; Gálvez, Isidoro (que aparece en la fotografía de la izquierda); Gálvez, Manolo; Rincón Noya, Luis; Rodicio, Rafael. (Texto: Miguel Marroquín Travieso).

DOMINGO DE QUASIMODO.
El primer domingo después de Semana Santa, Pascua de Resurrección, se conoce bajo el nombre de “Domingo de Quasimodo”.

Este Domingo se llama de Quasimodo por las primeras palabras de la Antífona de Entrada, o “In Albis”, («Quasi modo géniti infántes, allelúja») porque los neófitos de la Iglesia acababan de dejar sus blancas túnicas. La Iglesia compara a sus hijos con los niños recién nacidos .

Antífona Ad Introitum.  1 Petri 2, 2 Quasi modo géniti infántes, allelúja: rationábile, sine dolo lac concupíscite, allelúja, allelúja, allelúja. Ps. 80, 2. Exsultáte Deo, adjutóri nostro: jubiláte Deo Jacob. V. Glória Patri. Antífona de Entrada. Como niños recién nacidos, aleluya, ansiad la leche espiritual, y sin mezcla. Aleluya, aleluya, aleluya. Ps. Regocijaos alabando a Dios, nuestro protector: cantad al Dios de Jacob. V. Gloria al Padre.

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El termómetro no sube de los 12º y son las 10 de la mañana de finales de enero. Las gaviotas residentes en la lonja de la margen izquierda del río, con probable esclerosis en sus arterias por el escaso batir de sus  alas en busca de alimentos, graznan constantemente con esos gritos lastimosos, que más bien parecen los quejidos aflamencados de una soleá  o de un  martinete. Paso por delante de La Taberna La Gaviota, habitualmente llena de clientes hasta la puerta, donde suele haber algún pescador que en  una cestilla expone a la venta un exiguo ranchillo de peces arrancados con eterna paciencia a la bahía. Hoy no hay nadie y me extraña.

Las mesas de La Gaviota, atiborradas con clientes jugando al dominó.

Vuelvo sobre mis pasos y entro en el bar. Confieso que es la primera vez que la visito en 36 años. Es un pequeño bar de no más de treinta metros cuadrados para clientes y unos veinte de trastienda. Cuatro mesas ocupadas por cuatro pescadores cada una, en dos se juega al dominó, en las otras a las cartas, donde se dirime quien será el pagano del café o simplemente la honrilla del vencedor. Enfrente un mostrador, y a su espalda varias docenas de trofeos adornan las estanterías que no sé si proceden de torneos de estas timbas o de otro tipo de concurso.

En la imagen, José Camacho.

LOS 80 AÑOS DE JOSÉ CAMACHO.
La única mesa sin jugadores está ocupada por un parroquiano que parece ajeno al resto de clientes. «--Buenos días, --le digo--, ¿Puedo sentarme?» «--Naturalmente que sí». Me presento, y le digo que me ha llamado la atención este santuario, refugio de viejos pescadores que apuran el último tramo de su vida entre fichas, cartas, chanzas y que les permite pasar el tiempo en el único reducto posible donde olvidar las penurias de sus indignas pensiones. «--Pues yo me llamo José Camacho. Tengo 82 años». José, está tocado con una gorra de visera de color piel de ratón, camiseta, camisa y chaqueta. Un aspecto sereno, saludable y hasta venerable.

El techo de la taberna, con cuatro ventiladores de aspa.

LA TABERNA POR DENTRO.
Mientras lo saludo paseo mi vista por el resto del local. Un remedo de artesonado mudéjar, huérfano de decoración, donde unas vigas negras son entrelazadas por listones a juego, lucen en su techo como único adorno; de él penden cuatro ventiladores de cuatro aspas, probablemente de los primitivos S&P de mediados del siglo XX, al contrario de sus paredes donde no queda un centímetro sin ocupar. Estas, en su parte superior, a las que están adosados unos arcos de medio punto, sirven de marco para unas pinturas  que representan un paisaje del río Guadalete y al fondo El Resbaladero; en el paramento de enfrente, otra pintura  con rederos en plena faena de reparación y un pesquero amarrado al muelle.

Pintura en la pared donde se ve una antigua representación del río Guadalete, sin los bloques de la Plaza de la Pescadería. Cuadros de especies marinas, relojes, platos, fotos antiguas completan la decoración del paramento.

Debajo, y sobre el techo de los urinarios, reposan desde tiempo lejano unas  enormes botellas de cinco litros de Veterano, Caballero y Anís  del Mono, cuyos golletes están tocados por una gorra de guardia urbano, con esas  cuadrículas de los librillos de papel de fumar Jean, una gorra de plato de algún marino de graduación, y un sombrero de paja que le dan un aire de museo; este marco se remata por la custodia que de ellos hacen sendas escafandras de buzo en un cobre obscurecido por el tiempo.

En primer término, los urinarios donde hasta hace poco estaban las botellas de cinco litros de diversos destilados. Al fondo, el fresco pintado en la pared, con el oficio de cordelero y redero y un salvavidas del 'San Telmo'.

CORDELERO.
José Camacho continúa contándome cómo empezó a trabajar a los catorce años y se jubiló con setenta; cincuenta y seis largos años trabajando en tierra, como cordelero, haciendo  malletas (ver nótula núm. 321 de GdP) para las redes; hoy ‘disfruta’ una pensión de 575 euros. Recuerda como no hace muchos años, en El Puerto amarraban ciento setenta barcos, dos docenas faenaban en ‘el moro’ y el resto pasaban hasta cuarenta días en la mar. Hoy apenas veinte, tratan de sobrevivir en las esquilmadas aguas que median entre Cádiz y Ayamonte, en la frontera con Portugal. «--José, y ¿qué piensa de las pateras?». «--Pues, en las fatiguitas que tienen que estar pasando esas criaturas pa venir a ahogarse aquí, yo no sé la forma de vivir que tienen por ahí, pero cuando vienen, es porque deben estar pasándolo mu mal».

Las paredes no dejan espacio para el vacío, en una especie de 'horror vacui' de un barroco marinero.

EL NAUFRAGIO DE VICENTE.
Al lado está Vicente, ochenta y un años, viudo, cuenta como se embarcó con dieciséis años y pasó más de  diez faenando en el Caribe. Muchas noches de mala mar. Náufrago en dos ocasiones. Cuando me va a contar qué se piensa mientras  se está en el agua a la espera de rescate, unas voces en la mesa colindante celebran alguna jugada que atrae más el interés de Vicente, y decido dejar para otro día oír de viva voz, qué pasa por la cabeza de un  náufrago mientras está en esa situación.

Patio de la casa de la Taberna, vista desde el interior a la calle.

TABERNA, PENSIÓN Y CASA DE TRATO.
Alguien me contó que la taberna tiene como tal, más de ochenta años de antigüedad. En un tiempo fue prostíbulo, dedicando la planta alta a pensión por horas, como mucho, una noche; abajo la taberna donde se alegraban las pajarillas los parroquianos, al amor del coñac y del anís propios de la época, sin desdeñar los ocasionales güisquis  y ginebras.

ENTRE ‘EL CHIGÜI’ Y ‘EL PRINGUE’.
Por cierto que, tomando café con mi amigo Salvador Cortés ‘el Chigüi’, --con nótula núm. 307 en GdP en la imagen de la izquierda-- me contó cómo, con posterioridad a la actividad de comercio carnal, allí se alojó su amigo y compañero de trabajo en VIPA (Vidrieras Palma), ‘El Pringue’, simpático personaje, y que debía este mote a su exagerada afición a los cocidos  con generosa ‘pringá’. En sus años mozos,  ‘El Pringue’, aficionado a la pesca, pedía a los pescadores de caña le permitieran acompañarles, aunque solo fuera ‘para darle sombra al botijo’ y mantener el agua fresquita. ‘El Pringue’  andaba siempre ofreciendo su ayuda a todo el mundo para agenciarse unas perrillas, hasta  que logró entrar en VIPA donde trabajó como palero y después en alguna otra función. Tras las duras jornadas de trabajo, los operarios solían ducharse, más en verano que en invierno. El agua que se utilizaba era fría y al remitir el verano, los más proclives a una higiene diaria, tuvieron que ingeniárselas para lograr agua caliente, y aquí surgió el talento de “El Chigüi”. El horno cuyas temperaturas alcanzaban los 1500º en su interior, irradiaban a una determinada altura setenta u ochenta, justo contra la pared a cuya espalda se hallaban  las duchas. Solo tuvo que elevar las tuberías a ese nivel, para disponer de un sistema de calefacción que permitió a todos disfrutar de gratificante placer. Aquí estaba “El Pringue”, quien no se sabe si por sus enormes atracones de pringá o por su genética, pese a su baja estatura, desarrolló unos enormes atributos sexuales y se jactaba ante sus compañeros desnudos de tales proporciones. No solo presumía de ello, sino que les amenazaba para que no se agacharan a coger el jabón porque corrían evidente riesgo.

El acceso a la casa de la Taberna de la Gaviota, no tiene puerta de la calle, accediéndose directamente al patio donde existe un taller de imprenta y viviendas.

EL MUELLE.
La taberna estaba atiborrada. Busqué como en anteriores ocasiones a Juan Diego, joven patrón que atesora “millones” de anécdotas, como él dice, de su vida en la mar, pero tampoco estaba. Me fui hacia la balaustrada del Guadalete, iniciando un paseo de unos cien metros que separan la taberna del muelle. Mientras camino observo cómo está bajando la marea y deja al desnudo los bloques de protección, que cubiertos con un musgo de verde intenso, son fuente de alimentación de bogas y cangrejos.

Vista del río Guadalete, desde el Edificio Vistalegre. (Foto: Vicente González Lechuga).

‘EL CACHORRO’.
Próximos al embarcadero y sentados en un banco, dos hombres mantienen una animada charla. Me siento al lado de ellos y después de saludarles me presento. Para mi suerte, uno de ellos  es un pescador jubilado: José Mª, 'el Cachorro' natural de Lepe,  78 años, barba de dos días, rala, con zonas menos pobladas que en otras; aprecio una piel escasa de arrugas y de tono sonrosado que desmentiría sus más de cuarenta y cinco años  como marinero; conserva gran parte de un cabello entrecano. Mirada franca en ojos gastados, uno de ellos un tanto enrojecido y tal vez producto de incipiente conjuntivitis, deja ver en su lagrimal una pequeña legaña.

Solo he tenido que preguntarle por la bolsa de pescado situada a sus pies, cuando me enseña su contenido; varios salmonetes de buen tamaño y unas pescadillas; de inmediato, una  catarata de información sobre la procedencia de la bolsa. «--Esta mañana a las siete, ya estaba ayudando a los pescadores en la descarga y haciéndoles “mandaos”, ¿sabe  usté?…». Y continuó con su historia mientras yo observaba un nervioso movimiento de manos acariciándose ora una, ora la otra, que no sabría si atribuirlo a un tic, consecuencia de  los muchos años de jalar de redes, maromas y malletas y que me recuerda aquella escena de la película “Tiempos modernos”, en la que su protagonista, Charlot, trabajaba en una cadena de montaje; toda la jornada en monótona y rutinaria acción de apretar tornillos con ambas manos, derivaban en el regreso a su domicilio, en un acto reflejo del que no podía prescindir en un repetitivo gesto de sus  manos… (Texto y fotos: Alberto Boutellier Caparrós).

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Ana Delgado Ramos nació hace 77 años, en 1934. Eran cuatro hermanos.  Estudió interna en un colegio en Cádiz, junto al Hospital de Mora: había que quitar una boca que alimentar en plena posguerra. Su padre trabajó en Jerez, en una bodega, cuyo nombre no recuerda. 31 alcaldes ha tenido El Puerto desde que nació nuestra protagonista: 6 durante el Frente Popular; 19 durante la Rebelión Militar, la Dictadura y el Postfranquismo y 6 durante el actual periodo democrático.

1934
El año del nacimiento de Ana, nacen también Juan Muñoz Aparicio, jefe de taquillas de la Plaza de Toros y Luis Caballero Florido, presidente de honor de Bodegas Luis Caballero. El Ayuntamiento estuvo presidido por tres alcaldes, desde junio del año anterior hasta marzo, por Francisco Cossi Ochoa; de marzo a Octubre, por Francisco Tomeu Navarro y, desde octubre hasta enero de 1936 por José Luis Macías Caro, padre de Luis Macías Rubio.

Hipólito Sancho (en la imagen de la izquierda) publica «La Iglesia Prioral del Puerto de Santa María y Antón Martín Calafate». Pedro Muñoz Seca estrena «Mi chica», «¡No hay no!», «La Eme», «El Escándalo» y «El Ex». Alberti publicará, ese año, ‘Bazar de la Providencia’ y ‘La farsa de los Reyes Magos, dos farsas revolucionarias’ y funda junto a su esposa, María Teresa León, la revista revolucionaria ‘Octubre’ e iniciará una gira por diversos países americanos.  La vía pecuaria ‘Colada del Cementerio’ fue deslindada y amojonada los días 14 y 15 de marzo de 1934. El Maestro Dueñas es destinado a hacer el servicio militar en El Puerto. Agrupaciones carnavalescas de El Puerto participan en el Carnaval de Isla Cristina (Huelva).

La primera pata concedida como trofeo taurino fue entregada en 1934 a Vicente Barrera Cambra (en la imagen de la izquierda) que cortó, además dos orejas y rabo y toreó junto a Rafael ‘el Gallo’ y Juan Belmonte. El Teatro Principal, cerró sus puertas durante la Semana Santa, reabriéndolas el sábado de Gloria, con la película ‘Melodías de Arrabal’, en la que intervenía Carlos Gardel junto a Imperio Argentina. El Ayuntamiento, creemos que en el último trimestre del año, acordó que fueran días festivos locales, las festividades religiosas del Corpus, la Virgen del Carmen y la Virgen de los Milagros.  Se crea el ‘Pósito Marítimo y de Pescadores’, siendo su primer presidente José Poquet Cabrera, entidad antecesora de la Cofradía de Pescadores.

Una antigua imagen del Mercado Municipal realizado con el material de derribo del Convento de los Descalzos (actual Plaza de Isaac Peral).

MERCADO DE ABASTOS.
Ana lleva 56 años vendiendo camarones en la Plaza, en el entorno del Mercado de Abastos, desde los 20 años. Y continúa a sus 76 porque, ya sin paga desde los 70 años al no tener hijos dependientes, no alcanza con la jubilación de su marido: Joaquín Lara Pino (80 años), con quien tuvo 8 hijos «--y dos abortos», se apresura a precisar, además de 9 nietos y 3 bisnietos. Joaquín trabajó en muchos sitios: estuvo embarcado, emigrante en Alemania, al principio de las obras en la Base Naval de Rota, en el campo...

Camarones vivos y saltando

Los camarones que vende, vivos y saltando antes en un canasto, hoy en una moderno recipiente de polímero azul, los cogía antes Joaquín, su marido. Hoy, dada su elevada edad, son sus hijos los que surten a Ana de la materia prima y se los paga, «--Ellos también tienen que dar de comer a sus familias», añade.

Ana, el pasado Miércoles Santo, en plena faena de venta.

Y en la plaza, esta menuda mujer aún tiene voz para lanzar su pregón: «--¡Venga niño: camaroncito vivo!». Paga al ayuntamiento según los días que tenga el mes, que viene a ser una media de cincuenta euros mensuales. Y vende con dos medidas diferente de cristal, la cantidad estipulada, para tortillas, para cocerlos e incluso para cebo vivo para los pescadores, ofreciendo a quien se lo pide, recetas de como cocinarlos.

Hace un mes, un matrimonio americano le pidió permiso para que su hija pequeña se fotografiara con Ana, avisándola de que aquella imagen se colgaría en una de las paredes de su restaurante, a su regreso tras las vacaciones. Y ahí sigue Ana, en la Plaza, en invierno y en verano --sufriendo corrientes de frío y golpes de calor-- recordándonos con su presencia que antiguas formas de subsistencia siguen vigente en pleno siglo XXI. (Texto: José María Morillo).

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El campanario de la Iglesia Mayor Prioral.

Imagen de principio de siglo del Campanario de la Prioral

Si traigo hoy a las campanas entre mis personajes, es porque todas tienen un nombre. Yo encontré una vez en una librería de viejo, y lo compré, un raro opusculillo del XVIII que recoge el ritual para la bendición de las campanas, que es como ponerle nombre o bautizarlas. Las campanas tienen nombre y lengua.

LA MATRACA.

Hoy es Domingo de Gloria --Regina Coeli, laetare, ¡Alleluia!-- y me han venido a la memoria, no las campanas, sino la matraca que, desde el Jueves Santo hasta el Sábado de Gloria, hoy Domingo de Gloria, se tocaba en la espadaña de la Prioral y de todas las iglesias importantes del orbe cristiano. Desgraciadamente, estos conservables aparatos han ido desapareciendo de los campanarios por la incuria de la gente, de los curas mal informados, de los arquitectos sin preparación... como en el caso de El Puerto. /En la Catedral de Santiago de Compostela han inaugurado estos días una monumental matraca (en la imagen) fiel reproducción de la anterios existente, que se encontraba en lamentable estado. La matraca está compuesta por cuatro cajas de resonancia rectangulares, colocadas en cruz. Cada una de las cajas presenta una lengüeta que, al rotar sobre un eje con forma de rueda mordisco, las golpea y hace sonar al unísono. Los brazos de la cruz miden algo más de dos metros y medio.

Y yo echo de menos la monumental matraca del campanario en los días que han pasado, ahora que en la Catedral de Santiago de Compostela han inaugurado una monumental matraca, casi tan grande como la que recuerdo en el campanario de la Prioral.

Desmontaje de las Campanas de la Prioral en 1989. En la imagen, el párroco, Julio Juez Ahedo.

Desmontaje de las Campanas.

Lo mismo que echo de menos a aquellos campaneros de El Puerto que daban a cada toque el punto preciso y adecuado con lo que todo el mundo sabía qué era lo que se estaba cociendo y qué anunciaban: la media, (primer toque), el cuarto (segundo toque), la Misa (tercer toque); a muerto, entierro, funeral, a gloria; a  fuego, alarma; la salida del Viático para un enfermo; el Ángelus, la oración, las Ánimas, la salida de una procesión, su entrada, las treinta y tres campanadas --la edad de Cristo-- con que se abría la Puerta del Sol para salir el Nazareno...

A la derecha, uno de los campaniles del Coro de la Iglesia Mayor.

Anoche las campanas de la espadaña de la Prioral y los campaniles de la reja del coro sonaron a Gloria, anunciando la Resurrección --Quia surréxit Dominus vere, ¡Alleluia!. Y estoy seguro de que en todas las páginas web del Vaticano y de todas las Diócesis, con sus respectivos enlaces en las más humildes  hermandades, cofradías, órdenes religiosas e institutos de vida consagrada, habrá saltado la noticia. Porque en internet, se sabe al momento todo lo que ocurre.

El campanario de la Prioral, sin las campanas, durante la restauración de finales de la década de los ochenta del siglo pasado.

Imagen de la reparación de las cubiertas de la Iglesia Mayor, a finales de la década de los ochenta del siglo pasado, hace 20 años.

LOS NOMBRES.

Pero yo me quedo en lo más cercano, en lo más doméstico, en lo de toda la vida de Dios: en las campanas, con su nombre --San Miguel, San Pedro, San Cristóbal... y su lengua, su badajo, aunque, ahora, no las muevan con bramantes y sogas, a mano, volteadas o  amartilladas, sino dándoles corriente con un interruptor, programadas.

Manolo Girón, a la sazón sacristán de la Prioral, con la campana 'San Pedro' desmontada en el patio trasero del templo  y dos operarios, el 30 de marzo de 1989.

La verdad es que quien primero lo supo, sin campanas, ni teléfonos móviles, ni Internet, fue María de Magdala, y se lo dijo un humilde jardinero. Que no hay nada como tener interés por saber y estar al tanto de la noticia, a pie de obra. ¡Felices Pascuas! (Texto: Luis Suárez Ávila).

Una imagen actual del Campanario, visto desde la calle San Sebastián. (Foto: Utrera/Trigueros).

LA SOLEDAD DESFILÓ A PESAR DEL MAL TIEMPO EXISTENTE.
Los romanos de la Humildad escoltaron la Urna.

Lo desapacible del día, lloviendo a intervalos de tiempo con gran intensidad, hizo temer por la salida de la única procesión prevista: la de la Soledad. Afortunadamente para todas las personas que esperaban ese momento, y para los que habían trabajado durante las últimas semanas organizando el desfile, a la hora señalada el cielo estaba despejado, llenándose la plaza de la iglesia de un público ansioso de presenciar la salida, con un ojo en el cielo y otro en el atrio de la iglesia, donde los guardias municipales que iniciaban el cortejo esperaban la confIrmación del hermano mayor para comenzar el desfile. Las esbeltas banderolas, -nuestros genuinos guiones- de Humildad y Soledad tremolaron en la húmeda tarde-noche y los niños del orfanato iniciaron la carrera portando velas encendidas, seguidos de penitentes con túnicas y caperuzas moradas. Estandartes de las diferentes congregaciones religiosas antecedían al pequeño y sobrio paso de la Cruz y después de otra hilera de nazarenos, la Cruz Parroquial de primera clase, con manga negra, ciriales, clero y cantores, así como cuatro acólitos «que no cesan de turificar» precedían al paso con la urna «cuajado de flores naturales.»

Daban escolta una sección de romanos, con lanzas y rodelas. Seguían mas nazarenos, estos con túnicas y capirotes negros y en el centro «palio guiado por penitentes, trompeteros y banderín del Senado y Pueblo Romano» y los miembros de la junta de gobierno, seguidos de numerosas señoras con cirios encendidos, formando filas, precediendo al paso de palio de la Soledad, al que daban escolta cuatro números de la Guardia Civil, tras el que fIgura un cura de la iglesia Mayor ofIciando de Preste, relevado, según la costumbre, al pasar la procesión a la altura del convento de las MM. Capuchinas, en la calle Larga. Cerraba el cortejo la comisión municipal presidida por el alcalde, Luis Portillo, guardia municipal y la banda de música. Dieron las once cuando terminó el tradicional sermón de la recogida, con el paso de la Soledad frente al púlpito, en el interior de la iglesia, a cargo del sacerdote D. Juan Luis Cózar. (Texto: Antonio Gutiérrez Ruiz, del libro  agotado "Tradiciones religiosas de El Puerto de Santa María").

LOS ARMAOS DE EL PUERTO.
Desde el siglo XIX las crónicas hablan de la centuria romana que acompañaba a la hermandad de la Humildad y Paciencia, que con irregular trayectoria procesionaba intermitentemente en la Semana Santa de El Puerto. Hasta 1947 procesionó con esta cofradía (entonces residente en la Prioral) los romanos que formaban una banda de cornetas y tambores dirigida por Torriguera. En la foto aparecen varios componentes, en el claustro de San Agustín, desaparecido monasterio y patio del clausurado colegio, cuya imagen se encuentra en los archivos de la hermandad, que sufrió especialmente con el saqueo angloholandés de 1702. Paco González Luque está ultimando el libro que se editará con estos 400 años de la Humildad F.A.G.

4

Las agujas del frío de la madrugada las recuerdo clavadas en mi cara infantil, sorprendido, medio despierto de un sueño-vela, inquieto, expectante, ilusionado, cuando salíamos mi padre, mis hermanos y yo, calle San Juan abajo, para la Prioral a eso de la una de la noche del Jueves al Viernes Santo. Mi padre vestía la túnica de nazareno, del Señor, y , nosotros, las dalmáticas de acólitos. /El autor de la nótula, revestido de acólito, en la época que recrea.

Recién peinados, con fijador ‘Lucky’, revestidos de nuestras albas de encaje, planchadas y rizadas por las Madres Capuchinas y, encima, las dalmáticas moradas, con su cuello y su fiador, oliendo a alcanfor, que se mezclaba con el amargo humo de la retama, del horno de pan vecino, con la humedad de la rociada, con el frío, atravesábamos la puerta del Taller. Allí nos esperaba el Arcipreste del Partido, el Cura Propio de la Prioral, el Dr. Don Antonio Cía Moreno, con su sotana, su bonete de borla roja y su larga boquilla liada de 'papel de oficio' del Juzgado que le proporcionaba su sobrino Antonio Carmona, desde que el médico le dijo una vez que se retirara del tabaco.

«--Ya está aquí la Comunidad de Venerables Granujas», decía el Cura, señalándonos a los que vestíamos dalmáticas. Nos habíamos estrenado en salir en el Nazareno, la Venerable, Ilustre y Antigua Hermandad y Cofradía de Nazarenos de Nuestro Padre Jesús Nazareno, Santa Cruz en Jerusalén, María Santísima de los Dolores, San Juan Evangelista, Orden Tercera de Servitas y Cofradía de Ánimas de San Nicolás de Tolentino, a la imagen y semejanza de la ‘Madre y Maestra’ de Sevilla. La Cofradía se fundó en el siglo XVII, en el convento del Sr. San Agustín, donde tuvo capilla propia, con camarín, un buen retablo, y muchas arañas de cristal que lo iluminaban. El Nazareno, con eso de venerarse en el Barrio de Guía, fue erigido en Protector de las Galeras Reales de España, que tenían su base e invernadero en el frontero río Guadalete desde tiempo inmemorial. /En la imagen, Antonio Cía Moreno, párroco de la Prioral en aquella época.

Aquel era el primer trasnoche de nuestras vidas y todo nos sabía a nuevo, nos sorprendía, nos sobrecogía y nos ilusionaba. Allí, con túnicas nazarenas -del Señor o de la Virgen-, las caras que habíamos conocido en el "desayuno del Nazareno", que se daba en mi casa, no bien acabada la misa de Comunión del Quinario y antes de la Función Principal: Don Francisco Quijano Rosende, Don Antonio de la Torre, José Ríos Santaorosia, Don  José Bononato, Carlos Zamora, 'Poniqui', Antonio González Rivera, Stenterello Rosario Ventura, Fernando Arjona, Eustasio Torrecillas, mis tíos José Moresco y Diego Muñoz, Lorenzo Boragno, Domínguez, Piñero, Rafael, Miguele Forte, Jesús Rodríguez Neto, José Muñoz Carrera, Tato y Paquito Quijano, Arturo Garrido, Paco Blandino y casi para de contar.

Los nietos del autor de la nótula y un nieto de Serafín Álvarez-Campana, de monaguillos, en la procesión de la Patrona.

A la salida procesional, la salvaban, las ‘representaciones’ multicolores, con sus guiones, sus estandartes, sus varas.... y  las mujeres, en tan gran número, que ‘en manada’ como se decía, ocupaban más de un centenar de metros lineales. Le daba cierto toque de ancestral manifestación barroco-religiosa la presencia del ‘Tío de las Cadenas’, y el ‘Tuerto del Resbaladero’ con la cruz al hombro, y Milagros Góngora Caballero, vestida de túnica y antifaz, la única mujer a la se le permitió ceñir el hábito nazareno porque tenía una promesa de ir detrás del Cristo pidiéndole por la salud de su hija Manuela.

Cuando Antonio Bernal Ortega, Antoñito ‘el Sacristán’ se dirigía a la Puerta del Perdón de la Iglesia y tomaba la soga de la campana grande, todo el mundo callaba. Treinta y tres veces sonaba el badajo sobre el bronce. Eran las treinta tres campanadas, por los treinta y tres años de la vida de Cristo. Silencio. Y se hacía un silencio sepulcral. Se abría la Puerta del Sol. La gente se esperaba reverente y callada en la plaza y por la calle Palacios abajo. Se acababa de recoger, en la Capilla de la Aurora la Humildad y Paciencia. Los mismos cargadores que la habían llevado, llevaban ahora los dos pasos de ‘El Silencio’. Yo no sé cómo esos hombres tenían cuerpo para tanto.  Los guiones flameaban por la plaza, las ‘representaciones’ salían tras sus estandartes. Luego, un pequeño número de penitentes nazarenos con la túnica y la capa de lana virgen blanca y los vivos, la botonadura, el cíngulo y el antifaz, morados. En rojo, sobre el hombro de las capas, a la izquierda, campeaba el Corazón de María traspasado por las siete espadas y, dentro de él, la Cruz quíntuple de Jerusalén. El estandarte bordado que hiceron en Valencia, en ‘Casa Garín’, y, por fin, el paso del Cristo. /A la izquierda, Antonio Bernal Ortega, Antoñito 'el Sacristán'.

Luis, Jesús y Juan Suárez Ávila, de pequeños, revestidos para acompañar al Nazareno.

Delante, inquietos, los acólitos de las dalmáticas moradas. Guiándolo, el hermano Luis Suárez Rodríguez, con túnica y antifaz y, debajo, la cuadrilla de los ‘Paquis’: ‘El Niño Chico’, ‘Tarugo’, ‘Panete’ y Gatica, de pateros. Las órdenes, escuetas, casi rumoreadas, sin que se percibieran, sino por ‘los de abajo’: (¿Prevenidos?; ¡Los delante a la derecha los de detrás a la izquierda!, o viceversa y ¡Fondo!). Tan sólo el llamador de hierro rompía aquel silencio. Con paso corto, arrastrando las alpargatas, sin mecido, hacia delante, el Nazareno de Pedro Roldán, con su túnica de terciopelo rojo, que le hiciera doña Cruz Hernández con las cortinas del salón de su casa-bien-venida-a-menos, y su rica Cruz de laca oriental barroca, hacía su aparición, entre los cuatro candelabros con veintiocho parabrisas con sus velones, sobre el ‘paso’, de caoba y cedro, que encargara el hermano Juan Avila y tallara José Ovando Merino.

La Guardia Civil, de gala, con correajes amarillos, y tricornios de fieltro, galoneado de castillos y leones, se incorporaba, escoltando el paso, con los fusiles a la funerala.  Detrás, la figura, escueta y alta, impresionante, del ‘Tío de las cadenas’, un vendedor ambulante de caramelos, que por promesa se ataba a los tobillos unas gruesas cadenas de cinco metros de longitud, ‘ida y vuelta’, que iba arrastrando desde que salía hasta que entraba la procesión. Y el ‘Tuerto del Resbaladero’ y ‘Saldiguera’ y Milagros Góngora Caballero, y multitud de mujeres.

De pronto, en el recogimiento de la noche, cortaba la saeta. ‘Silencio, pueblo cristiano…’ Era Pellicer, o Laynez, o ‘el Azotea’, o Arana, o Juanito Arjona, o Milagritos Forte, o Esperanza López, o Matiola, o Gatica... Cada vez que hacía ‘fondo’ el paso del Cristo, cada vez, una saeta. Era inevitable.  Una saeta, o dos, o tres. Calle Palacios abajo, Vergel, Plaza de las Galeras, calle Luna. Mi padre procuraba ordenar ‘fondo’ al pasar el paso en la esquina con la calle Misericordia y, entre los visillos del balcón, aparecía la silueta de la cara de su madre, mi abuela María de los Ángeles. Y mi padre miraba hacia arriba y se complacía de poder complacerla.

Calle Larga, a la derecha... El escueto paso de palio, con sus diez varales, de la Virgen de Ovando, confortada por el San Juan de Pedro Roldán, firmado tres veces, requiere detenerse en él. Lo primero, por el atuendo de sus imágenes: la Virgen vestía la saya y el manto de tisú de oro que le regaló don Francisco Quijano, el esposo de la camarista, Doña Luisa Aquino y Arnosa, la diadema de plata dorada que diseñó y regaló mi tío Juan Avila. Iba radiante, con el rostrillo de encaje, salpicado de joyas, y, en su mano derecha un pañuelo bordado. El San Juan, que vestía mi madre, llevaba una túnica que había sido del Cristo, y un mantolín que se le hizo del traje de una novia judía-sefardita de Marruecos. Se tocaba la impresionante cabeza de Roldán, con un nimbo de plata barroco que todos los años se le pedía a las monjas Comendadoras del Espíritu Santo. /En la imagen de la izquierda, María Santísima de los Dolores.

El palio, sin ser rico, era elegante. Morado, de terciopelo, estaba bordado en oro con motivos vegetales, cartelas con símbolos de la pasión y, en el fondo, al centro, el escudo de la Hermandad. Los respiraderos fueron obra del maestro Arjona, en lo que a carpintería se refiere, y, de mi padre, las excelentes cartelas pintadas con escenas de la calle de la Amargura. Pero al paso, por lo reducido, le decían ‘la caja de cerillos’. Ahora, que lucía, con la cera ardiendo y los gladiolos y los alhelíes blancos, entresacados con papaver, como el mejor paso de Sevilla.

Lo mandaba el hermano Don Antonio de la Torre González, a quien se conocía, pese a estar su rostro tapado, por cierta berruguita negra con  pedúnculo que tenía en el párpado derecho, junto a la nariz, que le salía por uno de los ojos del antifaz nazareno, y , por la tos, (Ején, ején) que tenía, de vez en cuando, como un tíc nervioso.

Detrás del paso, de preste, siempre iba Don Antonio Lobo, de capa morada, con bonete. Este sacerdote se prestaba humildemente a todos estos menesteres enojosos y cansinos, y estaba presente de celebrante o de capero en todos los entierros y capellanías, porque, aunque suspendidas las licencias para confesar, tenía que ingeniárselas para sacar adelante a su prole clandestina y sacrílega. Murió santamente, como había vivido, aunque esclavo de su fogosidad juvenil y de la carne débil --o dura, según la parte--, en el Hospital de Venerables Sacerdotes de Sevilla.

Dejamos al Cristo enfilando la calle Larga, a la derecha. Y bien larga que se hacía, porque la procesión llegaba hasta la Plaza de los Jazmines y volvía por la calle Cielos, Vicario y a su templo. Serían las siete de la mañana cuando el Nazareno entraba por la Plaza de la Iglesia, abarrotada de fieles, porque infieles es que no los había en aquellos años, o, por lo menos, no se manifestaban como tales.

El paso del Cristo entrando en la Prioral por la Puerta del Sol.

Nada de palmas, ni de vítores. Un respeto religioso presidía todo el cortejo. Y el ambiente. Silencio. El paso del Cristo daría la vuelta sobre el empedrado de la Iglesia. Con las maniguetas, casi daba en las columnas. Pero no las rozaba. Fondo y para dentro. Acaso una saeta o dos. Silencio. Mujeres; penitentes de la Virgen. A la altura de la casa de don Francisco Muñoz Seca se apreciaba la luz de la cera del paso de palio. Silencio.

Cuando la Virgen con San Juan, daban la vuelta sobre el empedrado y entraban por la Puerta del Sol, las dos pesadas hojas se cerraban. La procesión había terminado. Y el silencio seguía. El Alcalde dictaba todos los años un bando ordenando la suspensión de los espectáculos, la prohibición de la circulación rodada, el cierre de los bares... Silencio. Era ya Viernes Santo y el silencio se estrenó a las doce de la noche, una hora antes de salir por las puertas de la Prioral ‘El Silencio’. (Texto: Luis Suárez Ávila).

El Domingo de Ramos de 1877, recibió El Puerto de Santa María la visita de Alfonso XII (1857-1885). El joven monarca de 19 años llegó a la estación a las 10:30 de la mañana desde Cádiz. Lo que sigue es una crónica del acontecimiento acaecido el 25 de marzo de 1877, a través de lo publicado entonces por los periódicos El Comercio y Diario de Cádiz. /En la imagen de la izquierda, Alfonso Francisco Fernando Pío Juan de María de la Concepción Gregorio Pelayo de Borbón y Borbón que reinó, tras la restauración borbónica hasta su muerte prematura con 27 años, víctima de la tuberculosis,  como Alfonso XII entre 1874-1885, con el sobrenombre de ‘el Pacificador’.

El rey entró en la Bahía a bordo de la fragata Vitoria de la escuadra real, el 22 de marzo de 1877. Un mes antes había salido por tren desde Madrid  para embarcarse en Cartagena, recalando la flota en Alicante, Valencia, Tarragona,  Barcelona, Islas Baleares, Almería, Málaga y Cádiz.

La fragata Vitoria, botada en 1865. tenía 90 metros de eslora, que funcionaba a carbón con una dotación de 600 hombres. Tenía 30 cañones lisos de 68 libras (20 cms.) y coraza de planchas de hierro de unos dos metros bajo la flotación hasta la altura de la cubierta alta.

Ante la llegada del monarca, en sesión celebrada el 19 de marzo en las Casas Consistoriales de la calle Santo Domingo (actual Instituto de E.S), había acordado el Ayuntamiento librar "diez mil pesetas para sufragar los gastos que se originen", así como distribuir 500 hogazas de pan para que "las clases más necesitadas participen del júbilo de que se halla poseída la Municipalidad por tan fausto acontecimiento". La Corporación promete asimismo un rancho extraordinario a los presos y a los enfermos del hospital. De igual modo, se socorre a los conventos y al Asilo de Huérfanas con 40 pesetas cada uno. La comisión que organizó la recepción del rey la formaban los concejales de la Comisión de Fiestas, Sres. García Encinas, Barra y Carrera, a la que se agregan los ediles de la Portilla, García Alonso y Pacheco, y como vecinos colaboradores Manuel Rodríguez, Roldán, Carlos Cuvillo, Joaquín Rodríguez Guerra, Juan de Benito y Manuel Pico.

Estación de Ferrocarril en el último tercio del siglo XIX.

Aquella mañana, D. Alfonso descendió del tren en El Puerto con uniforme de capitán General del Ejercito. Le acompañaban, entre otras personalidades, el Presidente del Consejo de Ministros (D. Antonio Cánovas del Castillo), el ministro de Estado (D. Manuel Silvela), el Capitán General de Andalucía, los Gobernadores Civil y Militar de la provincia  y el Sr. de la Viesca, alcalde de Cádiz. En la engalanada estación esperaban el Excmo. Ayuntamiento en pleno bajo mazas, el diputado provincial D. Francisco Nicolau y numerosos vecinos. Le da la bienvenida en nombre de los aproximadamente 22.000 habitantes del municipio, el alcalde accidental D. José de Pazos, que lo era por renuncia del titular  Sr. Gil de Partearroyo, Marqués del Castillo de San Felipe.

Así describía Diario de Cádiz (26-3-1877) las primeras etapas de la visita: "Su Majestad entró en El Puerto en un hermoso carruaje con cuatro caballos castaños, dirigiéndose la comitiva por la plaza de los Jazmines a la C/ Larga, donde había un bonito arco de triunfo; siguió por la C/ de Luna a la Iglesia Mayor Prioral, donde se entonó el "Te-Deum", visitando S. M. a la patrona de la ciudad Ntra. Sra. de los Milagros. Después, siguiendo el camino de la C/ de Palacio, pasando por otro arco construido con vasijería de los envases de vino, que se hallaba colocado entre las calles de San Bartolomé y de Moros. Muchos edificios particulares de la población se hallaban engalanados, distinguiéndose también el Casino, la casa de la Compañía de aguas y el Club de regatas." Los arcos mencionados habían sido diseñados por el maestro mayor de obras, D. Miguel Palacios. El Casino aludido podría ser "El Primitivo" o el "Casino Nuevo", ambos en la C/ Luna. La "Compañía de Abastecimiento de Aguas a Cádlz" tenía sus oficinas en la C/ Larga n° 74, siendo Ingeniero de la misma D. Arturo Wright, quien, además, presidía el "Club de Regatas".

"Pero lo más notable" -escribe El Comercio (27-3-1877)- "era la animación del pueblo, el panorama que formaban tantas mujeres hermosas, ocupando apiñadamente los balcones, agitando con Indecible entusiasmo sus pañuelos, cubriendo de flores y palomas el carruaje del Rey".

El episodio central de la jornada lo constituyó sin duda la visita que hizo Alfonso XII a las bodegas del filántropo gaditano y diputado a Cortes D. José Moreno de Mora Vitón (1825-1908), situadas en la C/ de los Moros (actual bodega 'Mora' de Osborne): "El regio viajero visitó la bodega del Sr. Mora, enterándose minuciosamente de cuanto atañe a la industria vinícola, y haciendo al dueño de la casa preguntas muy oportunas referentes a ella." (Diario de Cádiz)

Bodegas Osborne, en calle Fernán Caballero, a la derecha el actual Teatro Municipal Muñoz Seca se atisba en la esquina.

Recibió el Sr. Moreno de Mora a D. Alfonso a la entrada de la bodega, dirigiéndole breves palabras y terminando con tres vivas al rey, repetidos por los trabajadores. Comienza la visita por la "Bodega Vieja", de vinos añejos, y de allí va a la de "San José", donde inspecciona los lagares, calderas y útiles de vendimia. Después de examinar los jardines y el almijar donde se asolean las uvas, recorre S.M. la tonelería, en cuyo centro había "un primoroso templete de elegantes proporciones que se había formado con duelas, ordenadas de manera que producían una ilusión completa." (El Comercio) Pasó por último Alfonso XII al salón de muestras y al escritorio, firmando en el álbum de visitas de la Casa.

Finalizada la visita, el rey "se dignó aceptar el almuerzo que le fue ofrecido por el Sr. Moreno de Mora en el elegante comedor de su elegantísima casa [C/ de los Moros, 7], y honró a la distinguida esposa de nuestro diputado [Dña. Micaela Aramburu] llevándola del brazo a la mesa y sentándola a su derecha. Sentábanse a la mesa unas 30 personas más, habiendo tenido el Sr. Moreno de Mora la delicada consideración de permanecer de pie atendiendo respetuosa y dignamente a S. M." (El Comercio).

Patio central del Colegio San Luis Gonzaga.

Antes de dejar El Puerto, estuvo Alfonso XII "algunos momentos" en el colegio de San Luis Gonzaga. Allí sería cumplimentado por el rector, P. José María Vélez. La visita del monarca al internado jesuita, aunque breve, prueba el prestigio de un centro docente reabierto sólo un año y medio antes, habiendo sido suprimida la Compañía de Jesús durante la Revolución de 1868. En el curso 1876-77 había en el colegio 184 alumnos (54 externos y 130 internos). Es posible que D. Alfonso hubiese podido saludar ese día al alumno Salvador Bermúdez de Castro O'Lawlor, que llegaría a ministro de Estado durante el reinado de Alfonso XIII.

Se trató de una estancia de unas 4 horas, opinando Diario de Cádiz que "Su Majestad y la regia comitiva abandonaron la ciudad del Guadalete muy satisfechos del recibimiento que habían tenido". Tras visitar Jerez, Sevilla, Granada y Córdoba, llegó finalmente D. Alfonso a Madrid el 5 de abril de 1877. (Texto: Bernardo Rodríguez Caparrini).