
Miguel González Díaz nació en la calle Cantarería en 1938, hijo de Antonio y de Josefa, es el tercero de cuatro hermanos. Estudió en el Colegio de La Pescadería y en el de la Calle Luna. El servicio militar los hizo en la Base Aérea de La Parra, en Jerez en 1958. Es aficionado a la cacería, ha tirado a perdices, conejos, codornices, zorzales, tórtolas, liebre, según las fechas.

La calle Cantarería en los años cuarenta del siglo pasado.

Miguel, de niño, posando en el Colegio de La Pescadería. Curso 1950/51
El año de su nacimiento, 1938, lo es también, del bailarín ruso Rudolf Nureyev y de la actriz prematuramente fallecida Natalie Wood. Es el año en el que los porteños del Puerto de Santa María de los Buenos Aires (Argentina) inauguran el estadio de fútbol del River Plate; en EEUU, la transmisión por radio de “La Guerra de los Mundos” provoca el pánico en varias ciudades. Se estrena una de las pocas películas durante la contienda: “La Casta Susana”, Alemania e Italia aceptan la propuesta británica sobre la retirada de voluntarios en nuestra conflagración, mientras en Alemania Hitler se autoproclama Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas. El gobierno rebelde de España firma el decreto fundacional de la ONCE. Ladislao Biró Pearl S. Buck gana el Premio Nobel de Literatura y Ladislao Biró inventa el bolígrafo.

Foto de recuerdo de su paso por el Aeródromo de la Parra, cuando efectuó el Servicio Militar en 1958.
ESPUMOSOS VALDELAGRANA.
Su padre, Antonio González Atienza empezó el negocio de los Espumosos Valdelagrana en la calle Nevería, en el tramo comprendido entre Luna y Palacios. Sobre los años cincuenta del siglo pasado, le compró la empresa a Maximino Sordo y luego se instala en la calle Jesús Cautivo, número 2. Allí el padre, los cuatro hermanos y un buen número de trabajadores --hasta ocho llegó a tener-- se dedicaron a la fabricación y distribución de los refrescos carbonatados "Espumosos Valdelagrana" y el Agua de Seltz, o dicho de otro modo, los sifones. En gaseosas de sabores eran líderes, en El Puerto por encima de La Casera, su gran competidor que solo fabricaba gaseosa blanca. Así tenían gaseosa de colores, o de sabores, por mejor decir: Naranja, Limón, Cola, Plátano y Menta. También pusieron de moda la gaseosa de Fresa, algo que vieron por la zona de Levante y que trajeron como novedad a El Puerto. La Ciudad ya había conocido otras fábricas de refrescos con anterioridad, la de Tosar, a principios del siglo XX con nótula propia número 63, y luego la de Guillermo Rivas, autorizada para envasar las naranjadas y limonadas: Zeppelin, con nótula propia número 315 en Gente del Puerto.
LA FABRICACIÓN.
En la primera etapa de la fábrica casi todo se hacía a mano: lavar las botellas en unas grandes pilas con un guisopo, relleno de las botellas con máquinas de cuatro brazos... Pero Miguel modernizó la empresa contratando un moderno tren de embotellado y otras máquinas que automatizaron el proceso de fabricación y ampliaron la capacidad de producción de Espumosos Valdelagrana. La nueva fábrica estaba compuesta por una máquina saturadora que mezclaba el agua con el anhídrico carbónico para llenar los sifones y gaseosas, a 10 atmósferas (10 atm) de presión. Luego el tren de embotellado tenía una máquina lavadora de 36 botellas; a continuación se depositaba el jarabe del refresco correspondiente (naranja, cola, etc.) y seguidamente una máquina con ocho brazos llenaba las botellas con agua carbónica. La presión que se le metía a los sifones era tal que de ahí inventaron la redecilla de plástico que lo envolvían: si reventaba una botella, por simpatía, podían reventar otras 15 o 2o, con el consiguiente riesgo para el trabajador y la pérdida consiguiente de los envases que no eran precisamente baratos. Trabajaban día y noche. De noche lavaban y rellenaban las botellas y de día hacían el reparto en seis motocarros de la marca 'Isocarro'.

Miguel González, en el interior de Caza y Pesca, uno de los negocios familiares.
LOS ISOCARROS Y EL REPARTO.
España empieza a despertar y a cambiar la tracción animal por el motor de explosión, para el transporte de mercancías. A principios de la década de los cincuenta del siglo pasado, en 1951, se funda en España la Iso Motor Italia, S.A. tras alcanzar un acuerdo con la compañía italiana Iso SpA para fabricar motos y triciclos a motor bajo licencia dentro de nuestro país. Fueron especialmente célebre los motocarros del que deriva el nombre comercial de isocarro, que posteriormente denominó de forma genérica los triciclos a motor empleados en el transporte en España, muchos de ellos híbridos artesanales entre una moto y un eje rígido trasero adaptando algún vehículo en desuso de cuatro ruedas. Eran la flotilla de vehículos más usada en aquella España de posguerra que se vino a usar con modelos más sofisticados, pero isocarros al fin y al cabo, hasta bien entrada la transición política en nuestro país. Tras Vespa y Lambretta, una vez más la tecnología del motor italiana se aliaba con la industria española.

De izquierda a derecha, con una motocarro de reparto, Gabriel del Hotel Loreto, Miguel González y Antonio Gutiérrez, quien estaría 4o años en la empresa.

Uno de los hermanos de Miguel, Manolo González, con uno de los 'isocarros' de reparto en los pinares de La Puntilla; también distribuían una marca de cerveza.
El reparto era duro en las playas de El Puerto. A pleno sol, con la carga a tope y sin descansar. En La Puntilla había que dejar los motocarros muy lejos de los bares y transportar las mercancías a pulso, ante la falta de carreteras de acceso directo a la zona de casetas y bares. Llegaron incluso a contratar a las reatas de burros que los arrieros llevaban de vacío para buscar arena a la playa y así aliviar el esfuerzo de los repartidaroes. En Valdelagrana era similar la problemática, con el agravante de que había que buscar las mareas bajas --a veces de madrugada-- para con la aréna húmeda y mas compacta llevar el género. Las botellas de gaseosa iban en cajas de madera de 10 unidades y las de sifón en cajas de alambre de 6 unidades.

Burros cargando arena en las dunas de la Playa de La Puntilla.

La desaparecida Fábrica de Hielo, en esta margen del río Guadalete.
EL DEPÓSITO Y VENTA DE HIELO.
En la fábrica de gaseosos se vendía también hielo, que elaboraba industrialmente la Fábrica de Hielo situada en el muelle pesquero y que surtía a los barcos que iban a hacer su faena por los caladeros del Atlántico. Pero en el Depósito de la calle Jesús Cautivo lo vendían en trozos a los clientes para las neveras de playa, y también distribuían barras enteras por los bares de playa, a donde no llegaba la energía eléctrica y por tanto las neveras tenían que ser, forzosamente, de hielo. Un buen día de verano llegaban a vender 18.000 kilos de hielo, unas 600 barras a 30 kilos cada una.
La distribución de hielo fue, precisamente el argumento que le valió a Espumosos Valdelagrana para hacer que la venta de sus productos fuera masiva. Y es que, al suministrarles el hielo a los chiringuitos de playa era condición obligatoria que estos adquirieran, también, los productos de la empresa porteña, frente a la feroz competencia de la gaseosa La Casera, cuya fábrica para esta zona de Andalucía se econtraba en Jerez, a la altura de Cuatro Caminos. Corría el año 1955 y, recuerda Miguel, que un tal Jorge, directivo de La Casera en Jerez, llegó a afirmar, en referencia a la marca Espumosos Valdelagrana que "--Llenar las botellas de refrescos de colores, era cosa de pobres", poca vista acabó teniendo el fino directivo.
EL PRINCIPIO DEL FIN DE LOS ESPUMOSOS.
En octubre de 1973 fallece el padre de Miguel, Antonio González Atienza, y cada hermano se dedicará a regentar, ya de forma individual, cada uno de los negocios familiares. Así, Antonio llevará 'Caza y Pesca'; Manolo una tienda de muebles existente en la calle Vicario; Pepe una tienda de electrodoméstico que existía en la calle Ganado junto a una barbería, frente a la Antigua de Rueda y Miguel que continuará con la explotación de Espumosos Valdelagrana y que ya había impulsado con anterioridad en vida de su padre. La fábrica de la calle Jesús Cautivo permanecería abierta durante dos años más hasta que, en 1975 --cuando en nuestro país empieza la transición política-- cierra sus puertas por las razones que vamos a conocer. (En la imagen, Antonio González Atienza).
Los costos de producción y distribución eran superiores a los precios que se pagaban por los productos y la fábrica dejó de ser rentable. Se pagaban dos pesetas por un sifón y cuando intentó subirlo a cuatro pesetas para ajustar los costos y beneficios, no tuvo la acogida esperada. Otros productos de multinacionales, implantados a nivel nacional, acabarían ocupando su espacio, con ofertas mas interesantes para los negocios de hostelería y con ellos ya no pudo competir, lo que le abocó al cierre. Conseguiría vender la lavadora automática de botellas a una empresa de Torre Donjimeno y el resto del tren de embotellado --que estaba prácticamente nuevo con apenas ocho años de uso-- a una fábrica de refrescos de Sevilla. (En la imagen, 'Caza y Pesca' en la calle Ganado, uno de los negocios familiares de la familia González, que vendía radios y televisores. Precisamente Miguel colocó la primera antena de TV que se instaló en El Puerto, en el Bar Puente de Manolo Muñoz, en el año 1957).

DISTRIBUCIONES GONZÁLEZ.
Pero Miguel no se para y, con 37 años se mete en el mundo de la distribución de productos de terceros, algo que ya conocía puesto que con anterioridad al cierre de Espumosos Valdelagrana ya había representado y distribuido algunos mercancías para la hostelería. Absorbe los 8 trabajadores que tenía e instala en el Polígono Industrial Salinas de San José, Distribuciones González, un nuevo negocio a lo grande, contando con nuevas furgonetas de reparto y representando a Tinto Savin, Leche La Merced luego Puleva, Café Saimaza, Zumos Fruco, Tortas Inés Rosales, pastelería industrial, los vinagres Cala de Jerez y Gari, de Chiclana, los vinos Viña Cruz y Monte Viña, ... Distribuciones González estaría funcionando 26 años, hasta el año 2001.
Los caminos de gaseosa La Casera y de Miguel se volvieron a encontrar, ofreciéndoles éstos que les distribuyera sus productos en El Puerto, ya con caseras de distintos sabores... Como los márgenes comerciales que le proponían no le parecieron ajustados a la realidad, Miguel le volvió la espalda a La Casera, en esta ocasión como distribuidor, después de haber sido durante muchos años competidor directo, una especie de lucha entre David y Goliath.
Distribuciones González convivía con otras distribuidoras existentes en la localidad pero los tiempos siguen cambiando y, con la llegada de los Cash & Carry, con el nuevo concepto de acopio de mercancía su empresa deja de ser competitiva. Miguel describe el mundo de la empresa como un barco en alta mar en el que, una vez enrolado, no te puedes bajar porque te ahogas. (En la imagen, un cuadro hiperealista de Undabeytia: 'Pues nos vamos').
Para colmo una enfermedad hoy felizmente superada, le obliga a prejubilarse con 63 años, lo que le obliga también a cerrar el negocio de la Distribución. Hoy vive felizmente retirado del mundo de los negocios, disfrutando de su familia en los Altos del Berbén.
Su hija Lucía González Pérez, vinculada al asociacionismo comercial desde hace ocho años, ha sido nombrada recientemente Gerente de la flamante asociación que aglutina a las existentes en El Puerto para dinamizar el comercio, bajo la denominación de Centro Comercial Abierto-Centro Histórico de El Puerto de Santa María, que pretende hacer de el centro porteño un centro del comercio tradicional con las ventajas que ello supone y con las mejoras que aportan las grandes superficies. (En la imagen, Lucía González, Gerente del Centro Comercial Abierto).









RECETA PARA PREPARAR CHURROS.
Telesforo del Castillo Muñoz es un porteño nacido en Cantabria. Un jándalo. En plena juventud marchó a Filipinas junto con su hermano, dejando atrás su casa natal, en la aldea de La Serna, del Valle de Iguña, partido judicial de Torrelavega (Santander) donde había nacido en 1843. Ambos hermanos se iniciaron en los negocios en Manila, trabajando asociados. Unos años después, pensando en formar una familia, compró su parte del negocio al hermano, independizándose totalmente. Cuando dispuso de un pequeño caudal, que el mismo declara ascendía a 125.000 pesetas, se desplazó a su lejana patria y más concretamente a El Puerto de Santa María para contraer matrimonio con una joven de dicha localidad, Sofía Díaz Macías, (Declara poseer este capital, que aporta al matrimonio, indicando asimismo que la dote de su esposa se limitó “a los regalos de bodas y su ajuar, en el que se incluían algunas alhajas de corto valor” en el texto del testamento que realizó en El Puerto con fecha 28 de junio de 1897). hija de Manuel Díaz Obregón, también de origen montañés, nacido en Helguera, provincia de Santander, (Posiblemente fuese hijo de Manuel Díaz Quinamo, montañés que explotaba a comienzos del siglos XIX una venta o taberna situada en la entrada de la población, cerca del Camino Real, en la confluencia de las calles Larga y Cielos, asociado con Manuel Obregón, su cuñado. Debieron acuñar una pequeña fortuna durante el periodo de ocupación de la ciudad por las tropas francesas, alojadas buena parte de ellas en los convento de la Victoria y Espiritu Santo, ambos a un tiro de piedra de la taberna), y de Sofía Macias, familia de clase media, dedicada al comercio, avecindada en El Puerto, donde habían nacido sus hijos. Creemos que tenía su establecimiento en calle Ganado nº 12 y el domicilio en la casa número 52 moderno de calle Larga, sede actual del Partido Comunista de Andalucía. (En la imagen superior, vivienda en La Serna, Valle de Iguña, Torrelavega, Cantabria.

Con fecha 28-6-1877 dicta nuevas disposiciones testamentarias que revocan las realizadas meses antes en Filipinas. Una vez integrado, se dedica con paciencia y vista comercial a emplear su capital, preferentemente, en la adquisición de inmuebles para su explotación en alquiler, garantizándose de esa forma unos ingresos estables, una suculenta renta. Paralelamente, más por distracción que por negocios monta en los bajos de la casa arrendada, en donde existe actualmente una peña flamenca, una pequeña bodega, criando con esmero diversos caldos. Sus herederos se repartieron 160 arrobas de Manzanilla, a razón de 7,50 pesetas/arroba; 67 arrobas de Vino Fino, a 12,50; 93 arrobas de vino moscatel y dulce a 10 pesetas, 40 arrobas de Pedro Ximenez, valoradas cada una de ellas en cinco duros y 5 arrobas de vinagre, a diez reales la arroba, así como diversos utensilios: jarras, gradillas, mangueras, bomba de trasiego, venencias, botas y barriles, incluidos todos ellos en el apartado 84 del inventario de sus bienes bajo el epígrafe: “Vinos, vasijas y enseres de bodega.” (En la imagen, 10 céntimos de peso, acuñado en Manila).
Las primeras compras de inmuebles, realizadas en 1877, la hace por lotes, adquiriendo dos parejas de casas. A don Tomás Osborne y Böhl le compra una casa en calle Larga nº 57 (Anteriormente esta casa había sido propiedad del Convento Madre de Dios de Jerez, siendo adquirida por Tomás Osborne en los años de la desamortización de los bienes clericales, trasladándose a vivir a ella. Sus herederos la vendieron a Manuel Urquinaona que residió en el piso alto o principal con su familia, arrendando el bajo a la familia Pastor Nimo, según datos que tomamos de los padrones municipales de 1916). Otra en calle Descalzos, 15. Las otras dos casas, una en calle Nevería, 24 y otra en Santo Domingo, 9, esquina a Nevería, ambas propias de la Testamentaría de doña Elvira Viaña, (Dama perteneciente a la aristocracia local, hija de José Enrique Viaña Fernández, Diputado del Común y uno de los más importantes cosecheros y exportadores de vinos, aceite y aguardiente de fines del XVIII) adquiriendo un quinto inmueble, situado en pleno centro, la casa nº 52 de calle Luna que compra a doña Maria Antonia Lagier. En años posteriores incrementó su patrimonio con casas en calle San Bartolomé, 25, comprada a Luis Pérez Sánchez en 1880, Jesús de los Milagros, 14, a Manuel Ruiz Quintana, en 1883 y, finalmente, la casa de Descalzos nº 12 a los hermanos Martínez Picard, en 1884. (En la fotografía, señorita luciendo un mantón de Manila).
En la Revista Portuense del 15 de marzo de 1899 se inserta la tópica croniquilla social del sepelio que reproducimos parcialmente: “Ayer, a las cuatro y media de la tarde, fue conducido al Cementerio Católico el cadáver del Sr. Don Telesforo del Castillo y Muñoz. Formaban la fúnebre comitiva los ancianos del Asilo de San José, Hermandad de Milagros, y el clero parroquial, siguiendo tras este el cadáver llevado a hombros por trabajadores de la Casa en magnífica caja sobre la cual destacábase dos hermosas coronas en las cuales leíanse las siguientes dedicatorias: “Recuerdo de sus hijos” y “Recuerdo de sus hijos Diego y Rafaela”. El cadáver fue sacado de la casa mortuoria por sus hijos políticos y su sobrino don José Gutiérrez Díaz. De la caja pendían cuatro anchas cintas que llevaban varios individuos de la familia, rodeando el féretro cuatro hermanitas de los pobres. El acompañamiento formábanlo numerosísimas y escogidas personas… Presidía el duelo el Sr. Arcipreste y los señores Gonzalez y Verdejo y Muñoz Bustillo, hijos políticos del finado. Al llegar al cementerio el cadáver fue colocado en un catafalco mientras el clero parroquial cantó el Responso.”
Roberto Romero Laffitte nace, de forma accidental, en Sevilla en 1940, pero es porteño de donde se siente, donde vive y donde disfruta de la vida.
CONSERVAS SUR.


Alejandro se encuentra con que tiene la marca, tiene los locales y ya está, por lo que tendrá que crear nuevas infraestructuras para poner en marcha de nuevo Conservas Sur. Así, alquila una fábrica en Barbate, la dota del equipamiento necesario y al ser un puerto de mar receptor del género que necesita, empieza a fabricar conservas de pescado. En El Puerto quedarían las fábricas de vegetales y salsas y el almacén distribuidor de la firma. El marqués de Arco Hermoso se desplazaba a Sevilla y participaba en las subastas de las naranjas agrias de las calles, plazas, paseos y las del Alcázar sevillano.
LOS TRABAJADORES DE LA CONSERVERA.



Así, con la llegada de los barcos de caballas, todas las mujeres acudían para su limpieza y preparación, durante todo el tiempo que fuera preciso para ello, al ser el pescado un producto muy perecedero. Una vez limpias y cocidas las caballas, las operarias estibadoras las arreglaban y las iban colocando en las latas de conservas. Para realizar este trabajo se requería un aprendizaje con anterioridad. Se tenía en cuenta la destreza y rapidez en la práctica de la estiba. La mayoría de las veces se trabajaba “por cuenta”, es decir, según el número de “bandejas” de latas de conservas llenas, así se cobraba. Acelerando el ritmo de trabajo, podían ganar más dinero.”
Se daba la circunstancia de que para recibir en buen estado las fresas con las que se preparaban las mermeladas, había que extremar las precauciones de conservación y transportes. Un caro con 200 canjilones de noria de barro, llenos de fresas pequeñas (3 kilos aproximadamente ), cerrados con hojas de higuera con un atadillo de palma, viajaban toda la noche, --desde el campo hasta la fábrica-- entre las seis de la tarde hasta las ocho de la mañana, para resistir de la mejor manera posible el calor.



La cocina mundana de los tiempos romanos era muy limitada en productos y recetas. La clase alta era la que podía permitirse delicatessen excéntricas como mamas de cerda, marmotas de los ríos galos y flamencos del Nilo. Todo ello, claro, especiado con garum gaditano.















Guillermo Rivas Ramírez (1900-1962) nació en nuestra Ciudad, quedando huérfano desde muy joven, con nueve años, siendo reclamado por dos tías que vivían en La Habana (Cuba) donde tenían plantaciones de caña de azúcar. Allí permaneció hasta que, insuflado de patriotismo, quiso hacer el servicio militar en España. Hasta su regreso a nuestro país se preparó en contabilidad, mecanografía, taquigrafía, pues tenía claro que con formación era como se podía salir adelante en la vida y, consiguientemente, en el mundo de la empresa y los negocios. (En la fotografía de la izquierda, Guillermo Rivas, con el uniforme de sargento de Regulares, durante el servicio militar, en 1921).




CASAMIENTO Y UNA FAMILIA LARGA Y NUMEROSA.
(Continuación).



Estas disposiciones testamentarias destruían la estructura societaria, al formar parte de los bienes la importante participación en la misma del testador, salvo que los herederos y el otro socio llegasen a un acuerdo para continuar, determinando las respectivas participaciones, entente que no se produjo, mas bien todo lo contrario, originándose diversas discusiones y falta de acuerdo entre los afectados, de tal forma que uno de los primeros pasos que debían darse para establecer el importe real de los bienes del fallecido, como era la disolución de la sociedad, no se produjo hasta año y medio después. (En la imagen de la izquierda, esquela de Adolfo Tosar Martínez. Colección de CGS).
LA FAMILIA EMPARENTA CON...



Eugenio Pedregal Valenzuela, conocido emprendedor local, era Perito industrial. Siendo muy joven, recién terminados sus estudios, tras una etapa en el Banco Hispano Americano, Eugenio se fue a trabajar a Barcelona, ciudad en la que pasó muchos años y conoció a la que sería su mujer, María Antonia Viou Pradas, con quien tuvo dos hijas, Eva y Esther. En la Ciudad Condal trabajo un tiempo en empresas como Campsa, antes de regresar a El Puerto, donde comenzó trabajando en el negocio familiar, Muebles Pedregal, y realizando proyectos para numerosas empresas como perito industrial. Fue uno de los socios fundadores del céntrico Hotel Los Cántaros en el año 1984, todo un referente para el sector turístico porteño que animó a la instalación de otros establecimientos hoteleros en el centro de la ciudad. Persona inquieta y comprometida con El Puerto, formó parte de numerosas asociaciones y colectivos, ocupando cargos destacados en las directivas de la Asociación de Comerciantes del Centro (Acocen), la Asociación de Empresarios de El Puerto (AE) de la que fue su vicepresidente, y la Comunidad de Propietarios de Vistahermosa. Nos dejaba el 23 de octubre del pasado año 2008. (En la imagen, superior Eugenio Pedregal en una fotografía tomada poco antes de su fallecimiento. En la inferior, la fachada del Hotel Los Cántaros, en la Plaza de la Cárcel).
INTERESES RESIDUALES.
A Eugenio le podía El Puerto. Y le podía más el desinterés de los responsables políticos de la Ciudad cuando, a su juicio, dejaban escapar oportunidades para nuestra población, sea cual fuera el motivo o el color político. Era un luchador para la ciudad que lo vio nacer, y ahí andaba entre asociaciones empresariales, escribiendo cartas, entrevistándose con quien procediera para ayudar a empujar la locomotora de El Puerto. En esas, en esos ‘intereses residuales’ andaba Eugenio. Dejándonos un buen recuerdo, un buen sabor en la boca de las palabras, unos buenos sentimientos en la memoria de nuestros Puerto. (En la fotografía pequeña, Eugenio con poco más de 20 años, cuando trabajaba en el Banco Hispano Americano).

Aurelio Sánchez Martín, familia de los Balcon, de quién ‘Ojito', con el genio, el arte y la gracia que le caracterizaba decía: ‘La niña de don Camilo’, en clara alusión a Tere, la hija de un Coronel del Ejercito llamado don Camilo que vivía al final de la calle Larga, próximo al Paseo de la Victoria, muy apuesta y muy formal. Es que Aurelio, el mismo lo reconoce, para sus amigos, Domingo, ‘Ojito’, Enrique, Paquito Gallardo... era muy ‘formalito’. Por otrto lado, dicen que 'la ocasión la pintan calva'. Cuando así ocurría y no vamos a dar mas pistas, 'Ojito' le decía a su hermana Rosario en su casa de la calle de la Arena: "-Venga, date una vueltecita; tu a la calle que hoy me toca a mi…"


Domingo Rosado Ramírez, aventurero y buscavidas cantaba cuplés y se acoplaba a cualquier reunión gastando todo cuanta ganaba entre sus amistades. Era una persona generosa. Mimaba mucho a los jugadores del Racing Club Portuense, y tenía predilección por alguno de ellos a los que consideraba su protector, allá por los años sesenta. Falleció a la edad de 75 años, una mañana de diciembre de 2006, en la Plaza del Polvorista cerca de su casa, conocida como la Casa de los Naranjos en la calle Aurora, cuando se dirigía a su trabajo, en la Plaza de Abastos, Bar Vicente, donde tenia instalado su puesto. Durante algunos días, después de su fallecimiento, clientes y amigos depositaron flores en el lugar donde estaba ubicado el puesto de hortalizas y verduras. A la izquierda, podemos leer el epitafio recordatorio que se pudo contemplar a las puertas del Bar Vicente el 26 de diciembre de 2006. (Foto Colección Carlos Pumar Algaba).

Manuel Gutiérrez Morillo, Manolito ‘el Cochino’, sin duda alguna uno de los mejores pescaderos (para muchos el mejor) que ha dado El Puerto. En el mundo del pescado sus facultades innatas y, sobre todo, su generosidad han hecho posible que como porteño sea muy querido y conocido allende nuestras fronteras. El apodo le viene por su bisabuelo, pescadero también como su abuelo y Gabriel, su padre. Su bisabuelo enfermo de viruela quedó con las secuelas de la misma dejandole unas marcas características sobre la superficie de la piel. Los pescaderos se sorprendieron y, claro, el cachondeíto de la tierra: “--Está más feo que un cochino.” Nació en la Calle Pozuelo, frente a la desaparecida Sala Pozuelo y se crió con su madre y sus hermanos, a quienes ayudó todo cuanto pudo, circunstancias adversas, ocurre en las mejores familias, hicieron que la figura de su tío Manolo, hermano de su padre, fuera determinante en el devenir de Manolito ‘el Cochino’. La generosidad de la que siempre ha hecho gala es fruto del trato y el cariño de su tío que fuera quién le abriera las puertas al negocio del pescado. (En la fotografía, Manolito ‘el Cochino’ cuando comenzó en el puesto de pescados en la Plaza de Abastos. Puesto que compraría a su tío Manolo y al padre de Pepe Romerijo a finales de los años 50 del siglo pasado).




La afinidad y amistad que compartía con Pepe Romero Zarazaga, Pepe Romerijo, con nótula propia en Gente del Puerto 13, sería el aldabonazo para contribuir en la década de los años 70 y 80 a que la sinergia de ambos sectores, el extractivo pesquero y el comercial, fuera, sin ningún género de duda, el de mayor esplendor y, como consecuencia, uno de los pilares básicos de la economía porteña. Cabe recordar a Pepito Roselló, Pepe ‘El Chofer’, padre de Jaime Gutiérrez Perea, concejal que fuera de IP; Juan Crespo Rodríguez, ‘Mosco’, Ángel Alonso Alejo, José Agarrado Macias, Juan Hernández Navarro, Miguel Roselló Bertomeu, José González García, la familia Soriano Gómez, ‘Abuja’, Quini Roselló, José Manuel Moy, Miguel Moy, Joselin y además Luis Fernández Chulian, Fali Alonso Gómez, Manolo Ariza, Miguel Payares, José ‘Plaza, ’Fermín Romero Díaz, ‘Abuelita… y toda la marinería, sin excepción de ningún tipo. Merece capitulo aparte la figura de José Antonio Español Caparrós, Ingeniero Director de la Junta de Obras de Puerto, muy particular y controvertido personaje, con el que se entendió a las mil maravillas. (En la fotografia con Pepe Romero Zarazaga).




1939 los 14 alumnos presentados, aprobando todos ellos, entre los que recuerda a Eduardo Zamorano Lechuga, Antonio Aragón Astorga o a los hermanos Molleda. (En la fotografía de la izquierda, Roque en el año 1949).






