Habitantes y Gente de El Puerto de Santa María » 2009 » Septiembre

420. SALVADOR CORTÉS, “EL CHIGÜI” Y EL BURRO “LIVIANO”.

30 09 2009

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En los años 50 yo tenía ocho o nueve años y mi abuelo tres burros y un arriero llamado el Paquiro, el cual llevaba los burros a la playa para cargarlos de arena, la cual se vendía a la calería. Todas las semanas mi abuelo le vendía unos cuantos metros cúbicos de arena y la calería la vendía para la construcción. Yo aprovechaba todas las coyunturas posibles para irme a la playa con los burros y el Paquiro.
De los tres burros que iban a la playa el de delante se llamaba Liviano, era el más listo, el más ligerillo, el más vivaracho y el más apuesto, ¡lo que sabía Liviano!. Lo que me quería a mi y yo a él. Cuando veníamos de la playa cargados de arena yo me ponía delante de él y este dejaba caer sus hocicos sobre mi hombro, a la altura de mi oreja, para que yo escuchara sus resoplidos y entre los dos les marcábamos el paso a los demás.? A la ida para la playa, Liviano iba descargado y sin peso, pero como yo lo quería tanto, cogido del bozal le llevaba andando. Pero cuando llevábamos un buen trecho yo me cansaba y entonces le decía a Paquiro que me montase en el lomo de Liviano. Cuando Liviano sentía que yo estaba sentado sobre él se le cambiaban los andares. Del paso monótono y cansino pasaba a un braceo chulesco y altanero, engallaba el pescuezo, estiraba las orejas y levantaba el rabo para tirarse dos pedos trompeteros y a renglón seguido sonaba la voz del Paquiro: «–¡Liviano, con las pamplinas!». Estos actos estaban marcados como un reloj. Montarme yo, los dos pedos de Liviano y la voz del Paquiro. Estábamos tan acostumbrados a esta trilogía que una vez me monté sin llamar a nadie, sonaron los pedos de Liviano y al no escuchar la voz del Paquiro, los dos volvimos la cabeza extrañados buscando al arriero y él venía distraído con el último burro.
Un día por el callejón estrechito de Jesús Cautivo, íbamos mi abuelo y yo camino a casa, él iba hablando fuerte y no sé si lo hacía para que yo me enterara o estaba pensando en voz alta: «–A Liviano voy a tener que venderlo. El señorito Don Juan se ha enamorado de él y se lo voy a tener que vender. Le he dicho que no lo vendo y él me ha contestado que le ponga precio, que me lo puede pagar como un borrico, como un potro o como un pura sangre inglés. Así es que no voy a tener mas remedio que vendérselo. Aunque por otro lado estoy contento porque sé que estará en buenas manos, Don Juan le cuidará como es costumbre en él».
A los dos o tres días por la mañana me dijo mi abuelo que me arreglara para ir al trato con Liviano. Yo mas que arreglarme me peiné el flequillo, y los dos juntos nos fuimos para la posada de la fruta que está enfrente de mi casa, junto a la barbería y la tienda Rueda.

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Parroquianos en la tienda de Rueda, con nótula propia en Gente del Puerto núm. 308.

Sacamos a Liviano de la cuadra y nos pusimos en la puerta de la tienda Rueda donde nos estaba esperando Don Juan. Los dos hombres se saludan, charlan, miran el borrico y se meten dentro de la tienda, se beben una chiquita (copa de vino) y salen para ver el borrico. Don Juan se acerca al cuello, lo palmea y le toca el pelo. Mi abuelo se queda en los cuartos traseros acariciándole la culata. Don Juan dice un precio y mi abuelo otro. Los dos hombres se meten en la tienda y otra chiquita. Al rato salen los dos más contentos y sonrientes. Don Juan para la cara del burro y mi abuelo para la culata. Don Juan le abre la boca a Liviano y le mira los dientes. Como ha quedado contento con lo que ha visto le da una palmadita en el cuello. Mi abuelo sin moverse de la culata no hace mas que acariciarle los cuartos traseros y tiene su explicación.

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Arrieros con sus burros en la Playa de La Puntilla.

Todos los meses viene a El Puerto un pelador de borricos y los pela a todos menos a Liviano. A este lo pela mi abuelo, él tiene unas tijerillas de pelar muy buenas por lo suave que es para adaptarse a lo que él quiere. Mi abuelo después de pelar a Liviano se esmera en hacerle unos dibujos arabescos en la culata, imitando a los mosaicos de la fábrica Pitman de Sevilla, formando unos cuadrados y círculos concéntricos los cuales dan vistosidad y es pura artesanía, de lo cual él se siente muy ufano.? Don Juan dejó de mirarle la boca y los dientes a Liviano y se fue junto a mi abuelo, los dos miraron los dibujos arabescos y hablaron de dinero. uno sube a más lo que ofrece y el otro baja a menos lo que pide, acercándose los dos al precio deseado.? «–¡Pero mire usted Don Juan, si es dócil y obediente como un perro faldero!», dijo esto mi abuelo dándole una palmada en los cuartos traseros levantándole el jopo y metiéndole la mano por los corbejones para tocarle la barriga.?Yo tenía la mano puesta en los hocicos de Liviano y cuando vi la operación de mi abuelo levantándole el rabo, me eché a temblar pensando: aquí se acabó el trato. Liviano se pegará sus dos pedos trompeteros y se quedará solo, de aquí nos vamos a tener que ir los tres. Pero no, Liviano era andaluz y filósofo como Séneca, así que adormeció su instinto burriquil para fortalecer su postura ferial.
Los dos hombres quedaron contentos. Subieron la oferta y bajaron el precio para llegar al acuerdo. Cuando el precio y la oferta coincidieron, los dos hombres alargaron el brazo y se estrecharon la mano, el trato estaba cerrado. Ese apretón de manos es un cheque al portador, vale más y es más serio que la firma del Banco de España, la honra de los dos hombres está sellada en sus manos.? Don Juan recoge el burro, mi abuelo y yo en la puerta de Rueda vemos como los dos se van alejando. Mi abuelo feliz por el precio alcanzado. Don Juan contento por la joya comprada.

salvadorcortes_chigui_2_puertosantamariaPero el más feliz es Liviano, pavoneándose como una bailarina de cabaret. Camina en busca de nuevas aventuras, con el cambio de vida alcanzará nuevos horizontes.? Cuando se han alejado un trecho, Don Juan se para y le dice a mi abuelo: “–Diego …”. Mi abuelo le responde. En ese momento vuelve la cabeza Liviano y me mira, yo le miro a él y los dos salimos llorando. (Textos: Salvador Cortés  Nuñez “El Chigüi). Nótula propia núm 307. en Gente del Puerto.



419. LALO TEJADA PELUFFO. Una anécdota.

29 09 2009

lalotetejadapeluffo_puertosantamariaLalo Tejada era entrañable. Lalo Tejada Peluffo, amiga de mi madre desde el colegio, hermana mayor de José Luis y madre de mi amigo de la niñez y de toda la vida, Juan Luis Bermúdez Tejada, –emulando a mi padre, que a nosotros y a nuestros amigos, los domingos, nos ponía a hacer comentarios de texto–, quiso aumentar nuestros conocimientos de francés. Y, en su casa de la “Granja de San Javier” y, luego, en la calle Cervantes, 1, nos daba clase. En el Colegio de San Estanislao, donde estábamos, el profesor de francés era Don Áureo Sanz Hernangil, al que Lalo le tenía cierta manía, porque, sostenía que Don Áureo tenía la pronunciación “du Midi”, vamos, “del Sur”, que era incorrecta; que había que tener la pronunciación de las personas distinguidas de París. Lalo, empeñada en que hasta respiráramos en francés, nos regaló a José Mari García Máiquez, a su hijo y a mí, unos misales de Lefebre, en latín-francés. El mío, lo conservo.?De los comentarios de texto que nos ponía mi padre recuerdo que, un día, leyó unos versos del Poema del Mío Cid entre los que estaban estos:

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Estas palabras dichas, la tienda es cogida.
Mío Çid e sus conpañas cavalgan tan aina.
La cara de su caballo tornó a Santa María,
Alçó su mano diestra, la cara se santigua.

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En la imagen, Lalote Bermúdez Tejada y Lalo Tejada Peluffo, hija y madre, respectivamente.

Mi padre había explicado los versos en castellano moderno para que los comprendiéramos. Pero, de pronto, se masticó la tragedia: “Lalote,  (hija de Lalo Tejada) –le preguntó mi padre– “¿–quién se santigua?”” Y Lalote le respondió: “–El caballo”. Mi padre perdió los papeles: “–Lalote, hija, ¿tú has visto alguna vez a un caballo santiguarse?” Y Lalote, por no dar su brazo a torcer, dijo: “–Don Luis, en la Granja de mi abuelo Félix, El Pili (el guarda) tiene un caballo que levanta las manos y, además, se arrodilla, porque es muy devoto”. Aquello terminó como la comedia de Ubrique.: “ –¡¡¡Lalo, Lalo, mira lo que dice tu hija…!!!” Pero Lalo, para colmo, le dijo que era verdad, que El Pili, en la Granja, tenía un caballo que levantaba las manos haciendo el paso español y que lo había enseñado a arrodillarse. (Textos: Luis Suárez Ávila).



418. VICTOR MARTÍNEZ GUERRA. El Boticario benefactor.

28 09 2009

victormartinezguerra_c_puertosantamariaVíctor Manuel Martínez Guerra nace en Benalup-Casas Viejas, en 1954, el 2 de noviembre, aunque lleva más de la mitad de su vida en El Puerto: desde 1978. Hijo de José Martínez Becerra, extremeño destinado en Benalup como médico durante más de 40 años y de Manuela Guerra, es el quinto de cinco hermanos: Maripe, Joaquín, Francisco José y Manuel Jesús. Estudió en la Escuela Púlblica, recibiendo en casa clases particulares de su progenitor. Estudia por libre el bachiller en Medina y en Cádiz, y el superior en los Institutos Claret de Sevilla y San Felipe Neri, en Cádiz. Aunque quiso estudiar Medicina, su padre no lo dejó por lo que, siguiendo otros antecedentes familiares estudia Farmacia, primero en Cádiz y los cuatro años restantes en Granada, obteniendo la licenciatura en 1977. El Centro e Salud de su ciudad natal, lleva el nombre de su progenitor. Nuestro boticario ha sido Rey Mago de El Puerto en la Cabalgata de SS. MM. los Reyes de 1992. habiendo estado muy vinculado con el Racing Club Portuense del que fue, durante mucho tiempo, su Relaciones Públicas. De lo que no le gusta hablar, pero es algo que se sabe, es de su intensa labor benefactora que hace para con diversas familias de la localidad, a las que atiende sus necesidades más perentorias.

Víctor Manuel, que presume de haberse llevado bien con todos los alcaldes de la Ciudad, con los que ha tenido relación por su cargo de Farmacéutico Titular de El Puerto durante 11 años, nos confiesa que mantiene una relación de amistad con su paisano, el actual presidente de la Diputación de Cádiz, Francisco González Cabaña. Ha sido pregonero de la Semana Cultural de su ciudad natal, Benalup. Además era íntimo del desaparecido político socialista, Alfonso Perales, a quien recientemente se le ha dedicado una Fundación para perpetuar su memoria.

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Instantánea tomada en el vomitorio del Estadio José del Cuvillo. Aparecen, entre aficionados y directivos de la entidad rojiblanca, de izquierda a derecha, Manuel Gómez Barrera, Manolin el del bar “La Lucha”; el pequeño, Antonio Miranda Alonso; Antonio Miranda García, por detras Francisco Ferrer Palacios; Bartolome Dominguez Sánchez; Víctor Martinez Guerra; el chiquillo, hijo de Bartolome Dominguez; Antonio Carbonell López; El ayudante de “Chicharito”, “Pimpollo”; Joaquin Roso Morro; Manuel Gutierrez Morillo, Manolito “El Cochino”; su hijo, Manuel Gutierrez Castro.  10 junio 1982. (Fotografía Rafael Pérez ‘Rafa’. Colección ACL).

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De izquierda a derecha, Luis García Áspera, del Asador de Castilla; el diestro José Luis Galloso, el cantaor Rancapino; Juan Lara Izquierdo, el pintor de la luz; Pansequito y Paco Betoldo, en un homenaje que Victor -sentado- ofreció a los artistas de El Puerto.

Recuerda Victor que, en plena juventud, ya era un emprendedor organizando una empresa de distribución que le proporcionó interesantes beneficios con apenas 20 años. Hace las milicias universitarias con 23 años en el Hospital de San Carlos de San Fernando, precisamente en el Laboratorio, con el Director-Coronel Médico Carrero, padre de uno de los integrantes del grupo Costus, con nótula 340 en Gente del Puerto. Carrero tenía su Laboratorio de Análisis Clínicos frente al Parque Calderón, junto a la Naviera Portillo, donde hoy se encuentra la Oficina del Usuario de la Seguridad Social.

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La familia de Victor, su mujer Serafina Pulido, sus hijos Victor y María y el propio boticario en un crucero por el Mediterráneo en el año 2002.

FARMACIA Y LABORATORIOS EN EL PUERTO.

Terminado el Servicio Militar abre la Oficina de Farmacia en el número 35 de la calle Valdés, botica que ha ido ampliando y mejorando, con multitud de adelantos técnicos. Tres años mas tarde, en 1981 es nombrado Farmacéutico Titular (lo que antes era el Inspector Municipal Farmacéutico), desempeñando dicho cargo hasta 1992 en el que, desbordado de trabajo con otras ocupaciones del mundo de la salud y la sanidad, presenta su dimisión. En 1986, especializado en Análisis Clínicos, abre su primer Laboratorio en la calle Alquiladores trasladándose dos años más tarde a la calle Larga. En 1997 lo complementa con un Laboratorio de Salud Pública, uno de los primero en la provincia tanto por ser pionero, por los medios que cuenta, como por el volumen de trabajo. En dicho laboratorio se analizan aguas y alimentos y se asesora a empresas. En el año 2005 abandona la gestión de los laboratorios de análisis.  Podemos añadir que, hablando de Aguas, ha prestado sus servicios, en régimen de colaborador especial, con la Diputación de Cádiz en los análisis de agua de los acuíferos porteños.

COSTAOESTECLÍNICA Y RIESGOS LABORALES.

Adaptándose a la legislación laboral que se promulga en España, en 1992 entra como socio accionista de la primera empresa del sector en España para la prevención de riesgos laborales: CPR. Y otra aventura empresarial le estimula: junto con Francisco Zalba adquiere la Clínica Costa Oeste, en la que trabajan en la actualidad más de 40 especialistas médicos, atendiendo a pacientes en general y concertados con compañías sanitarias aseguradoras.

Nuestro farmacéutico fue nombrado Vocal del Centro de Análisis Clínico Oficial (COF), dinamizando y promocionando cursos formativos y consolidando las relaciones con las Mutuas de Seguros.

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Inauguración de Radio Puerto FM, en septiembre de 1999.

RADIO PUERTO, FM.

En 1999 funda junto con Manuel Borne –y con la ayuda de algunos colaboradores– la sociedad Radio Puerto Fenicia Menestea, sociedad que gestionaría Radio Puerto F.M., emisora de corte local que informa de la vida de la Ciudad en sus diferentes facetas, con programas informativos, de entretenimiento, culturales y deportivos. Un hito de esta empresa es la creación de los Premios Taurinos “Paco Flores”, en homenaje al restaurador local desaparecido, propietario del Restaurante Casa Flores.

premiopacoflores_puertosantamariaPREMIOS TAURINO “PACO FLORES”

El pasado enero, José María Dolls Samper, para el arte Manzanares, y Fernando Domecq Argüeso, en representación de “Ganadería Marqués de Domecq, recogieron los trofeos taurinos instituidos por Radio Puerto en memoria del recordado hostelero y aficionado portuense Francisco Flores Herrera, en mérito a la mejor faena y al mejor toro del abono taurino portuense 2008. La entrega se verificó en el curso de un espléndido almuerzo celebrado en el restaurante “La Viña” del Hotel Bodega Real, del Grupo Flores, enmarcándose el acto en el décimo aniversario de la emisora portuense organizadora del evento. Precisamente fueron los responsables del programa taurino d Radio Puerto, Manuel Herrera y Álvaro González, los presentadores del acto de entrega, al que no asistió Pepín Liria, acreedor del premio al detalle para el recuerdo, quedando igualmente sin entregar el premio al mejor novillero ya que el jurado de este trofeo acordó dejarlo desierto. (En la imagen Víctor Martínez Guerra, consejero delegado de Radio Puerto, Enrique Moresco y Pepe Flores, con los premiados).



417. ANA BENÍTEZ. Bondad y dulzura.

27 09 2009


anabenitez_obispojerez_puertosantamariaAna Benítez vino al mundo en un ya lejano 17 de Abril de 1918 en la cercana ciudad de Arcos de la Frontera. Su niñez se vio afectada por las difíciles circunstancias que atravesaba la convulsa España de aquella época, marcada por la decadencia general del país y por la guerra colonial en el Norte de África que desembocaron en la dictadura de Primo de Rivera en al año 1923. A pesar de ello siempre recordaba con dulzura en su paso por el colegio a Dña. María su adorada maestra y sus clases de geografía en las que les hizo aprender todos los ríos y afluentes de España y que ya anciana seguía recordando sin falta. También recordaba los cuentos y canciones del colegio como “Tarara Andino/ hermoso pescado/ pequeño vecino” y también “El aire libre es mi elemento/ y lo respiro con fruición”. La temprana muerte de su padre cuando sólo tenía 11 años la obligó a vivir 3 años en Sevilla con una tía de la que siempre guardó un excelente recuerdo y después con 14 años seguir la senda que antes habían seguido sus hermanas Antonia y María y venir a trabajar a El Puerto de Santa María en el servicio de los Condes de Osborne en su finca El Pinar. (En la imagen, Ana Benítez en su domicilio, recibiendo la visita del que fuera Obispo de Jerez-Asidonia, Juan del Río).

anabenitez_puertosantamariaFue entonces cuando ya se hizo hija adoptiva de El Puerto, aunque nunca renunció a su origen arcense. Durante esos primeros años conoció a José Antonio Gómez Sánchez, el hijo de Antonio el guarda y jardinero de la finca, más conocido en El Puerto por Antonio “el de la tartana”, porque utilizaba este vehículo para hacer en El Puerto algunos de los recados de la casa. Ana y José Antonio pronto congeniaron y se hicieron novios a la usanza de la época, pero la guerra civil en la que José Antonio participó como combatiente y cayó herido y una segunda movilización militar de la que fue objeto los separó temporalmente y les hizo retrasar su boda hasta el año 1949, el 20 de marzo. Tras una brevísima luna de miel en Sevilla, se fueron a vivir al nº 28 de la calle Palacios, junto a la farmacia de Viqueira y del Dr. Luis Bootello, frente al almacén de Leveque (más tarde La Montaña) y la librería Muñoz y por supuesto justo al lado de su hermana María que vivía en el nº 30. En esa casa nacieron sus 7 hijos que llenaron y alegraron sus vidas, aunque exigiendo a Ana y José  Antonio una dedicación absoluta para sacarlos adelante y darles a todos una buena educación y los estudios que cada uno eligieron: José Antonio formó parte, entre otras asociaciones, de la APA del Colegio de las Esclavas, con nótula propia en Gente del Puerto. (En la fotografía, Ana Gómez, el 1 de octubre de 1938).


joseantoniogomez_puertosantamariaPara ello, su marido José Antonio trabajó duramente en la bodega de Osborne donde llegó a ser capataz general de bodega. Ana y María Benítez eran hermanas inseparables e hicieron una puerta de comunicación interna entre sus casas para verse más fácilmente. María Benítez, muy reconocida en su época como cocinera y repostera, tuvo dos hijas, Carmen y Josefina, y ayudaban a Ana en todo lo que podía en el diario cuidado de la numerosa prole que también se afanaba en ayudar a la Tía María en la cocina porque siempre se podía rebañar algún cacharro Cuando pasado el tiempo las circunstancias económicas fueron mejorando y les permitieron comprarse una casa en propiedad, las dos se fueron a vivir juntas con sus familias a la zona conocida en El Puerto como de la Avenida, en la calle Colibrí. (En la fotografía, José Antonio Gómez, el 24 de marzo de 1939).


Dos cualidades adornaban el carácter de Ana por encima de otras: su profundo sentido religioso unido a una bondad natural admirable y su carácter afable. Su religiosidad la llevó a gala toda su vida. Cuando los hijos eran pequeños y su marido se iba a trabajar temprano ella aprovechaba para ir a misa de 7 al Hospital y después comprar el pan recién hecho en la panadería de Maruja de la calle Nevería para dar el desayuno a los hijos. Vivió su religiosidad dedicándose con pasión a su familia y su sueño hubiera sido tener algún hijo religioso. Por eso, ella siempre recordaba con regocijo como cuado un hijo quería evitar una regañina le preguntaba: “–Mamá, ¿tu quieres que yo sea cura?”. Hasta tal punto llevaba su sentido religioso y ético de la vida que repetía frecuentemente “–Las mentiras no son lícitas ni aún en caso de necesidad”.


los_gomez_puntilla_puertosantamariaPor su carácter afable nadie le recuerda una mala cara ni una mala respuesta, siempre tenía una palabra agradable para todo el que encontraba y al que podía ayudar siempre lo hacía. Cuando veía a alguien preocupado y callado siempre preguntaba “–¿Qué te traes entre manos?” para entablar conversación e intentar aligerar su carga. Su religiosidad también le ayudó a sobrellevar la pérdida en triste accidente de su hijo varón mayor José Antonio en el año 1983. (En la fotografía, tomada entre las playas de La Puntilla y La Colorá, los hijos de Ana y José Antonio: , Milagros, Paco, José Antonio (+), Juan y Trini Gómez Benítez).


Esta religiosidad y bondad natural la llevaba a sentir un profundo cariño por los animales porque como ella decía “también son de Dios” y por eso cantaba con frecuencia la canción popular:


“Antonio Divino Antonio,

suplícale al Dios inmenso

que por su gracia divina

alumbre mi entendimiento”

refiriéndose al milagro que San Antonio de Padua hizo siendo niño con los animales. Aunque el canto no era una de sus virtudes, como relataban sus hijos cuando los iba a dormir cantándoles “Ya se murió el burro que acarreaba el vinagre” pues le pedían que los durmiera la tía María que sí que cantaba muy bien.

Los7magnificos_puertosantamariaCuando sus dedicaciones se lo fueron permitiendo se incorporó al Camino Neocatecumenal en la parroquia de El Carmen y San Marcos para vivir más de cerca su gran vocación. Y cuando su salud empezó a quebrantarse y a ver disminuida su movilidad veía en la televisión todas las misas de todas las cadenas y recibía diariamente la comunión. Sus últimos años de vejez fueron de paz y plenitud, en compañía diaria con su hija Milagros, y rodeada en todo momento de sus hijos Francisco, Juan, Trini, Ana María e Inma, así como sus sobrinas, nueras, yernos y sus 13 nietos y 3 bisnietos. Cuando se encontraba rodeada de ellos era cuando más feliz se mostraba y si no venían con toda la asiduidad que ella querría alguna vez se le oyó quejarse de forma exagerada “–Apenas venís a verme”. (En la imagen, ‘los siete magníficos’ hijos de Ana y José Antonio: Paco, José Antonio, Milagros, Inmaculada, Ana, Trini y Juan Gómez Benítez, tomada en la década de los sesenta del siglo pasado).


anabenitez_bodaPara completar su compromiso con su ciudad adoptiva y terminar su estancia en este mundo, con 91 años,  no pudo elegir mejor día que el de la patrona de El Puerto de Santa María, el día de  la Virgen de los Milagros del año 2009. Para los creyentes, a partir de ese momento se encuentra intercediendo ante el Todopoderoso por sus paisanos de Arcos y El Puerto. (En la fotografía, Ana y José Antonio el 20 de marzo de 1949, día de su boda).



416. DIEGO HERMOSILLA. El torero de la calle Valdés.

26 09 2009

diegohermosilla_puertosantamariaEl torero de la calle Valdés se ha hecho profesional en los ruedos navarros. Mañana domingo la afición de El Puerto cuenta ya con un nuevo profesional, Diego Hermosilla, un novillero de 26 años, portuense de pura cepa de la calle Valdés. Un torero víctima de la falta de oportunidades para los novilleros de nuestro rincón, que ha tenido que forjarse en Navarra y que se presentó en la Plaza Real con la ilusión de que su nombre llegue muy lejos con la vitola de un triunfo entre sus paisanos.

“Debuté en Chipiona sin caballos en 1995, alternando con Alejandro Morilla” recuerda, “me apunté en la escuela de Jerez y estuve allí tres años pero como no había oportunidades, me apunté a un Bolsín Taurino en Navarra”. Le fue bien, “tuve suerte, pasé a la final en Tudela y gané el certamen”.
El director de la escuela taurina de Tudela vio madera en aquel chaval que tuvo que irse de una tierra de toreros para encontrar oportunidades a mil kilómetros: “me propuso el apoderamiento y allí me quedé tres temporadas, sumé 27 novilladas sin caballos triunfando en todas, la única que se me resistió fue Tafalla”.

Hermosilla se fue haciendo un nombre en las plazas del Reino de Navarra: “debuté con caballos en Navas de San Juan el 28 de julio de 2007, corté una oreja y di la vuelta al ruedo con una novillada de Apolinar Soriano”.

Sumó su quinta novillada en su Plaza Real en la que ha toreado tres veces sin caballos. Ha participado en tres ocasiones en el certamen “El Puerto busca un torero” y fue una vez finalista, precisamente con el también portuense Alejandro Morilla.

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Ganado del Reyno de Navarra.


Diego Hermosilla volvió al coso portuense, presentándose con caballos ante sus paisanos, tras una seria preparación preparación campera con El Juli, en su finca de Cintruénigo, “Santa Lucía”: “mantengo mucha ilusión y ganas de que vean mi manera de torear, despacio y encajando los riñones, a lo clásico, cuando embiste la novillada, triunfemos y que el público se lo pase bien”. Hay que estar muy atentos a Hermosilla. (Textos: Francisco Orgambides).



415. LA RONDALLA DE 1961 EN EL TEATRO PRINCIPAL.

25 09 2009

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Teatro principal, año 1961. Grupo de jóvenes entre trece y 16 años que formaban una Rondalla y que, ese año, participaron en el Festival Benéfico que por Navidad se celebraba en el Teatro. Actuaron Los Radar’s, el Grupo de Teatro Bellas Artes, los noveles de la época. Aparecen Juan Arjona, a la derecha, que era la voz principal; y entre otros Joaquín Albert, Juan, Koky, Antonio Pérez, dos desconocidos, Manuel García Merlo, Diego García Merlo, desconocido, Poullet. El de la pandereta es, en la actualidad, un arquitecto que trabaja en Jerez. La Rondalla funcionó entre 1959-1962 y, aparte de dar serenatas a las muchachas amigas, participaban en actos benéficos como el de la fotografía. (Foto Rafa. Colección F.R.T.)



414. EUGENIO ESPINOSA. El Guiso más respetado.

24 09 2009

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De derecha a izquierda, Eugenio Espinosa Romero y Eugenio Espinosa Palacios, tercera y segunda generación de hostelería marinera.

Eugenio Espinosa mantiene intacta en su restaurante Guadalete la receta de los fideos con lenguado que creara su padre en los años 50 y que se ha convertido en un plato típico de El Puerto En el libro gastronomía y cocina gaditana de Carlos Spínola, la biblia de la cocina gaditana, el plato de los fideos con lenguado aparece como uno de los característicos de la cocina de El Puerto de Santa María y si se teclea en el imprescindible Google el nombre del guiso aparece como un plato tradicional de la cocina andaluza.

Lo cierto es que los fideos con lenguado de Eugenio Espinosa Palacios, o Eugenio Guadalete, como se le conoce en El Puerto se han convertido ya en un plato histórico y característico de esta ciudad. Hoy en día el guiso, servido en plato hondo, y con fideos humeantes que esconden debajo un filete de lenguado de los de verdad, se sigue sirviendo intacto como lo creara Eugenio Espinosa Morales, padre del actual cocinero del establecimiento y abuelo de lenguado_puertosantamariasu gerente y miembro ya de la tercera generación de los Espinosa.

Eugenio Espinosa Romero, 40 años y responsable de que todo funcione bien en el restaurante para que todavía brille más la cocina de su padre, señala que para lograr que el guiso salga a la perfección escogemos “lenguados de los que aquí se conocen como tipo soldao” y que son los más apreciados en el mercado porque son más gordos que otras especies y tienen más sabor. Habitualmente se pescan en las aguas de Cádiz y especialmente en la zona de Conil.

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Vitrina del restaurante Casa Eugenio Guadalete.

No cabe duda de que los Espinosa tienen verdadera devoción por el pescado. En la vitrina expositora se acumulan bogavantes, cigalas, quisquillas, pargos, bocinegros, urtas y róbalos de buen tamaño y capturados en las costas de Cádiz. Los acaban de traer y su aspecto es inmejorable.

eugenioespinosamorales_puertosantamariaLa experiencia de la familia con la mar es larga. Eugenio Espinosa Morales era un chiquillo cuando se enroló en un barco de pesca de El Puerto de Santa María junto a su tío. Este ejercía de cocinero en el pesquero y fue enseñando a Eugenio los secretos de la cocina del pescado. Al poco el joven Eugenio se hizo cargo de la cocina del barco y aprendió a guisar la raya (un pescado que es fácil encontrar en bares del centro de El Puerto) al pimentón, el rape con pan frito, las papas con chocos y, sobre todo, los fideos con caballas. (En la imagen, Eugenio Espinosa Morales, el fundador de la saga de hosteleros).

Eugenio decidió dejar el barco pero no el contacto con el mar y se fue a trabajar como cocinero al desaparecido Bar Sucino en la avenida Micaela Aramburu y de allí a su primer negocio propio, La Primera y última donde ya se da a conocer por sus guisos marineros que ejercía en este local de la calle Aurora. El todavía joven cocinero quiere acercarse más al mar y coge otro establecimiento El Nuevo Bar y ya más tarde en 1953, el 13 de noviembre de 1953, como recuerda con total exactitud su hijo, abre el restaurante Guadalete, situado a pocos metros del río y donde destacó por su cocina marinera.

eugenioespinosas_joven_puertosantamariaEugenio, el actual cocinero de Eugenio Guadalete, el nombre actual del restaurante y situado a doscientos metros escasos del anterior local, recuerda perfectamente la fecha porque por entonces tenía 13 años y se incorporaba ya al negocio de la familia. Este cocinero, alto y delgado, vestido de negro y con el nombre del establecimiento grabado en rojo sobre su chaquetilla, saca de su cartera la foto de aquel día que no olvidará jamás. Vestía para la ocasión el mejor traje de camarero, con chaquetilla blanca, corbata negra y pantalón a juego, en la imagen adjunta de la izquierda. Ahora, a sus 68 años, sigue conservando la ilusión y sigue dirigiendo las cocinas del Guadalete.

Y es que los trece años tienen mucho de alegría para la familia porque también fue a esa edad cuando el actual gerente, Eugenio Espinosa Romero, que ha cumplido los 40, se incorporó al restaurante.

Fue en el Guadalete donde Eugenio abuelo creó el plato de los fideos con lenguado. La idea del cocinero era hacer un plato “más fino”, aunque sin dejar su carácter marinero. Hasta entonces preparaba el mismo guiso con caballas. Ahora decidió cambiar el pescado azul por una de las estrellas de los mares de la provincia de Cádiz y sustituyó el caldo de esta humilde especie por un sublime caldo de pescado y mariscos donde se cuecen los fideos que formarán parte del guiso.

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Eugenio con los Marqueses de Arcohermoso, padres de Alejandro Romero Laffite, con nótula propia núm. 333 en Gente de El Puerto, en la que se habla ampliamente sobre Conservas Sur.

Los dos responsables actuales del restaurante coinciden en que se ha mantenido intacta la receta del abuelo, que enseñó a Eugenio sus conocimientos de cocina. Las claves del plato están en la calidad del pescado, cocido en caldo y luego desespinado para meterlo en el guiso de fideos, y el líquido, el fumet, dicho en lenguaje de cocineros, en el que se hacen la pasta, una mezcla de verduras con los caparazones de mariscos y espinas de pescados de roca que cuecen a fuego lento hasta obtener el sabor deseado por los cocineros de Eugenio Guadalete.
Eso y un refrito de verduras de lo más simple son los ingredientes de este plato. Reconocen que el guiso se ha hecho famoso y que llegó a probarlo en Puerto Sherry el propio padre del Rey Don Juan Carlos, que quedó prendado del guiso marinero. Anualmente los fideos con lenguado viajan también a la feria del Corpus de Granada donde un centenar de amigos de la peña Los 9 lo tienen como plato fijo que les cocina allí mismo Eugenio. “Un año les cambie el plato y se quejaron y me dijeron que no lo cambiara nunca más y así lo hago” resalta el cocinero.

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Espinosa Romero con Simón, el eficaz colaborador del comedor, detrás de un centro de frutas.

El nuevo restaurante Guadalete, el Eugenio Guadalete, también situado a pocos metros del agua, se puso en marcha en junio de 2008, hace pocos meses. Tiene capacidad para ochenta comensales y los fines de semana es dificil encontrar sitio. Los fideos, dada su popularidad, también pueden tomarse en la barra y el plato no resulta nada caro ya que no llega a los diez euros. Sustitutía a la Casa de Extremadura, donde cocinaba la familia, en el mismo local, desde que dejaran de regentar el antiguo Guadalete, cerrado después de que lo explotara una empresa de Sevilla. Ahora, los Espinosa, han recuperado su fama en la elaboración de guisos marineros que se alternan con algunas nuevas creaciones como un paté de ortiguillas o la última creación de Eugenio Espinosa Palacios unos lomos de pargo rellenos de carabineros y cubiertos por una salsa de chipirones en su tinta. Más pan pa mojá.

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La Duquesa de Alba estuve el pasado verano en el Restaurante Casa Eugenio Guadalete, degustando los platos de nuestro protagonista, por recomendación de nuestro paisano y Premio a la Promoción Turística de El Puerto, Tomás Terry Merello.

GUISOS DE PLATO HONDO
Un amigo periodista afirma que cada vez que acude a este restaurante de El Puerto el camarero le pregunta que va a tomar de primero. El responde que fideos con lenguado, ¿y de segundo?, insiste el camarero…fideos con lenguado, responde.

Eugenio Espinosa y su hijo coinciden en que no es el único que lo hace. Qué muchos repiten “y reconocemos que también hay gente que no les gusta porque no les gusta el sabor a marisco”. Los Espinosa son defensores de los guisos de toda la vida, de los guisos marineros, cuyos secretos conocen a la perfección. De la cocina salen a diario chocos con papas, sin orégano, dice Eugenio padre, que es partidario de respetar al máximo los sabores del pescado. También tienen fama los arroces con bogavantes, que han incorporado al nuevo restaurante Guadalete y los chocos en su tinta. La mayoría de las fórmulas se mantienen intactas desde que fueran creadas por el abuelo de los Espinosa. De todos modos, poco a poco, salen nuevos guisos como una corvina en amarillo con papas y chicharos. La cuchara en el restaurante se hace casi obligatoria.

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FIDEOS CON LENGUADO DE CASA EUGENIO GUADALETE
Ingredientes para 4 personas:

  • 250 gramos de fideos del 4 de pastas Gallo.
  • 2 lenguados de unos 300 gramos cada uno, preferiblemente del tipo “soldao”.
  • 1 tomate maduro.
  • Medio pimiento verde.
  • Media cebolla.
  • 1 diente de ajo.
  • 1 decilitro de aceite de oliva virgen extra.
  • 1 copa de vino blanco de la Tierra de Cádiz.
  • Caldo de pescado (preferiblemente realizado con verduras, mariscos y espinas de pescado de roca).
  • Sal.
  • Agua.

lenguadoconfideos_puertosantamariaElaboración:
Hacer un refrito picando finamente el tomate, pelado, el medio pimiento verde, media cebolla y el ajo. Cuando la verdura esté dorada incorporar el vino y dejar cocer un poco. Pasar por la batidora y reservar.

Se pone agua a hervir con sal en un cazo que tenga el tamaño suficiente para introducir los dos lenguados enteros, esvicerados, pero conservando su piel. Meter el pescado y cocer, teniendo cuidado de que no se seque la carne y quede jugosa. Sacar el pescado del agua, dejar enfriar y sacar los filetes de lenguado limpios con la piel y eliminando la cabeza y las espinas que aprovecharemos para el caldo. Reservar los filetes.

Preparamos un caldo de pescado con caparazones y cabezas de marisco y espinas de pescado de roca al que añadiremos algunas verduras como puerros y zanahorias y un pequeño chorro de aceite. Dejamos reducir el caldo para que tenga más sabor. Salamos y sacamos la cantidad suficiente para que cuezan los fideos. Una vez que estos están tiernos incorporamos el sofrito y mezclamos los ingredientes. Se ponen entonces los filetes en el fondo de cada plato hondo donde se vaya a servir y cubrimos con los fideos con la salsa, que debe de quedar con una textura de salsa espesa. Servir caliente. (Textos: Pepe Monforte).