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josemariacruzgarcia_puertosantamariaJosé María Cruz García, ‘el Chico’, escribió en abril de 1993, además de los recuerdos de su infancia, los tristes memorias del inicio de la Guerra Civil, vividos por un adolescente con apenas 12 años.

Nacido el 1 de mayo de 1924, ‘El Chico’, que falleció el pasado 27 de enero de 2010, estuvo casado con María Aurora de los Milagros Vélez Hidalgo, con la que tuvo seis hijos: José María, Manolo, Gregorio, Milagros, Mercedes y Francisco. Hizo el servicio militar en Sidi Ifni (Marruecos español). Estuvo emigrado en Alemania. Trabajó toda su vida con maquinaria pesada, iniciándose en la construcción de la Base Naval de Rota. Trabajaría en la construcción de carreteras y autopistas por toda España con Dragados y Construcciones, así como en obras de pantanos en Cáceres y Badajoz. Cuando se jubiló estaba de capataz en las tristemente célebres Minas de Aznalcollar. Trajo a El Puerto la delegación de la Compañía de Seguros Norte Hispana, consiguiendo, gracias a la importante cartera de clientes que creó, abrir oficina en nuestra Ciudad.

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Rodeado de hijos y nietos, en uno de sus úlitmos cumpleaños, en el año 2006

Este es su relato realizado durante un curso impartido en el Hogar del Pensionista. La transcripción del mismo es de Manuel Paz Muñoz.

josemariacruzgarcia_ninio_puertosantamariaLA CASA DONDE NACÍ.
«Yo, José María Cruz García, nací en El Puerto de Santa María el 1 de Mayo de 1924, en la calle Santo Domingo, casa núm.3, segundo piso. Allí vivía mi abuela Dolores, con su hijo José que era viudo y su hija Lola, hermana de Jochele. Al quedarse viudo mi tío se fue a vivir con su tía Ana. En éste piso también vivía mi tío Manolo Silva y mi tía María que estaban solteros. Mis padres y yo teníamos dos habitaciones en éste piso que era muy grande, dos dormitorios, que daban a la calle Santo Domingo, y otra habitación interior con una ventana que daba al Horno de Rascón, En la actualidad (1993) es un despacho de electrodomésticos. Este piso tenía una especie de sala o recibidor, un comedor y la cocina que era inmensa de grande; no tenía cuarto de baño como hoy, sólo un retrete; tampoco luz eléctrica. Estamos hablando de los años 1928 o 29, que son lo más lejano de mis recuerdos de infancia que puedo recordar, de niño, con cinco o seis años. De quien no tengo recuerdos es de mi padre en mi casa, sólo se que mi madre se separó de él. A mi me dijeron, un poco más mayor, que mi padre desatendió sus obligaciones como padre y esposo  de mi madre.

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EL TRABAJO, LAS CALLES.
Recuerdo algo de la Fábrica de Conservas Sur que estaba en la Calle Comedias, donde trabajaban mi madre, mis tías, mi prima Lola y mi tío José, así como Manolo Silva, que lo hacía en el denominado Molino, donde fabricaban los envases de lata para las conservas. Éramos pobres, pero trabajadores, y gracias a ello teníamos para vivir humildemente. Por esos tiempos no había lujos como ahora. La mayoría de las casas eran de vecinos sin agua corriente ni luz eléctrica; un retrete comunitario es decir para todos los que allí vivían. Con esto quiero decir que nosotros teníamos un piso para la familia y vivíamos mejor que mucha gente. Recuerdo que, al caer la noche, por la calle no se veía ni un alma. Tampoco el alumbrado de las calles invitaba a pasear de noche. Nada más había un cine: el del Teatro Principal; y tampoco todo el mundo tenía para sacar la entrada. Esos tiempos eran malos.

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Milagros García, madre de nuestro protagonista y su abuela, Dolores.

EL INGLÉS McKINLEY.
Cuando tenía edad escolar, con seis o siete años, estaba en la Escuela de Encarnación, en la calle Alquiladores. Era una mujer soltera que, no sé por que circunstancia, vivía con su hermano y dos hijos de éste --Mercedes y Eduardo--. Él trabajaba en casa de Don José de la Cuesta; era una especie de mayordomo y venía mucho a la escuela. También pasaba por allí un inglés grande y alto, que se llamaba Mckinley y cuando entraba en la escuela los niños echábamos a correr y a temblar porque, “si éramos malos” nos decían los mayores “llamarían  a Mckinley, que era más grueso que el pan”. Y así las madres asustaban a los niños con el inglés. En la plaza del Castillo solíamos jugar los chiquillos, bien a la pelota o a la piola. Era el centro de reunión de los críos. Una plaza de terrizo con árboles los cuales nos servían de portería. Allí jugué hasta los trece o catorce años, hasta que empecé a trabajar.

Jose-María-Cruz-García-y-su-madre-MaríaLA FONDA DE LA ESPADA.
En la esquina de Santo Domingo con Larga se encontraba el almacén de ultramarinos de Manolito ‘el Loco’, que creo era pariente de mi padre porque, Joaquina , hermana de ‘el Loco’ siempre les decía a mi tía Pepa y a mi padre ‘primo’. Por las noches, mi tía María y mi prima Laja liaban el pimentón, el azúcar y la harina para los clientes de por la mañana ya que, entonces, no se vendían los productos envasados sino en papeles al peso. Donde actualmente está la cafetería Milord estaba la fonda de ‘La Espada’. Allí comí varias veces con mi padre cuando ya estaba separado. Por cierto, Matilde que era la hija, cocinaba un arroz con habichuelas riquísimo --todavía me acuerdo--. La cena valía un real. (Con su madre, Milagros García, en una fotografía de la época).

DIEGO NIÑO CON CHANCA.
De la calle Santo Domingo mi madre se fue a la calle Diego Niño esquina con Chanca que era de la familia del ‘Vivo’. Ya aquí vivíamos con Rafael, un hombre viudo que se junto con mi madre. Allí viví hasta el año 1934 en el que ella falleció en Cádiz en el Hospital de Mora. Recuerdo que bajé al sótano, donde se encontraba de cuerpo presente y me dijeron que tuvo problemas con una operación.

De verdad, en aquella época vivíamos muy bien. No tuve quejas de este hombre ya que conmigo se portó muy bien y con mi madre, también. Yo los veía felices, y eso a mi me daba alegría, a mi no me faltaba de nada estaba en un buen colegio. No nos faltaba la comida que, en esas fechas, estaba escasa. Se empezaron a ver los movimientos del Frente Popular, las huelgas, los despidos, … Cerraron la Fábrica de Conservas Sur donde trabajaba mucha gente y también la empresa que hacia los envases.

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Con su primo 'Ochele' vestido con ropa del batallón infantil y José María, de marinero.

Al morir mi madre yo tenía 10 años. Entonces, mi abuela Dolores que vivía en la Calle Nevería, frente a Muebles Pedregal, me llevó con ella. Allí vivían su hijo José padre de Jochele, su hija Lola, mi tío Manolo Silva, que pertenecía al Sindicato comunista y que ‘a posteriori’ en el año 1936 en el que se declaró la Guerra Civil fue fusilado por los Falangistas. Al padre de mi tía se lo llevaron al Frente y ya no volvió. Su hija Milagritos no conoció a su padre: la crió mi tía Ana. La madre de Milagritos, que murió en 1941, a causa de una epidemia a causa de la cual murieron mucha gente, al faltar alimentos y medicinas. Y es que, durante tres años, los campos no produjeron nada: ni se sembró ni se trabajó en los campos. Fué una época de hambre y muertes.

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José María Cruz, a la izquierda, de aprendiz en la Tonelería Lores.

APRENDIZ DE TONELERO.
Yo con doce años y no teniendo nada para subsistir, me puse a trabajar de tonelero, llevándole las duelas a los que labraban las maderas para las botas. Allí ganaba un real al día, es decir seis reales de lunes a sábado. Yo, que me críe como un niño bien para la época,  me vi, de la noche a la mañana, al más bajo nivel. Todo lo que pasó era para olvidarlo.

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Miembros de una Compañía del Tercio de Regulares.

EL GOLPE DE ESTADO EN EL PUERTO.
Una tarde, el 18 de Julio de 1936, se declaró la Guerra Civil. Franco dió un golpe de estado y se levantó contra el Gobierno de la República presidido por Don Manuel Azaña. Yo estaba en la plaza del Polvorista recogiendo agua en una tinaja en la fuente pública. Estaba en la esquina del Cuartel que se derrumbó para construir lo que hoy son pisos de empleados de Osborne. Allí cogíamos el agua para uso doméstico, ya que no todo el mundo tenía grifo en su casa, ni baño, ni muchas cosas que hoy tenemos. La vida era muy dura, en fin, como digo yo estaba en la fuente, y por el río entró un barco con una Compañía del Tercio de Regulares, quienes tomaron El Puerto en un periquete. No hubo nadie que le hiciera frente. Desembarcaron en el muelle del Vapor, cogieron la calle Luna arriba, calle Larga y plaza de Isaac Peral donde tomaron el Ayuntamiento. En los calabozos había gente detenida, de derechas, que fueron puestas en libertad.

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Las tropas italianas, acuarteladas en la Plaza del Polvorista, recibiendo un homenaje en El Puerto. La instantánea el 1 de octubre de 1938 en la Plaza de Isaac Peral. (Foto: Sánchez Pérez).

LOS FUSILAMIENTOS.
Todos salieron armados con su correspondiente pistolas. Aquella misma noche empezaron a detener a todos los que pertenecían a algún partido de izquierdas y empezaron los fusilamientos. Era horrible.  De noche se sentían los tiros de los que fusilaban en la tapia del Cementerio. ¿Por qué? Ellos no hicieron nada, solo tener unas ideas diferentes, es decir ser de izquierdas. Dieron instrucciones los sublevados a las órdenes de los franquistas de quitar de en medio a todos los socialistas, comunistas o republicanos.

sieteesquinas_puertosantamariaMi maestro, Don Ángel Madrigal también fue fusilado y casi todos los maestros nacionales:  la mayoría pertenecían a la República. Como aquellas fechas eran muy malas, como ya digo, mi tío José el padre de Jochele ya no podía trabajar estaba enfermo de los pulmones, mi tía ya no tenía trabajo en la Fábrica de Conservas y mi tío Manolo también se quedó parado así que no podíamos pagar la casa y nos echaron a la calle.

PALIZAS Y FUSILAMIENTO DE MI TÍO.
Nos fuimos a una casa en las Siete Esquinas (en la imagen de la izquierda). Allí fue la catástrofe: murió mi tío José de una paliza que le dieron los falangistas para que dijera donde estaba escondido su hermano Manolo 'el Silva'. Y él de verdad que no lo sabía; eso no lo sabía nadie nada más que mi tía Ana que lo tenía en su casa detrás de un armario. Pero un día de los muchos que registraron la casa, se salió del escondite y se fue a la azotea donde un vecino simpatizante del régimen franquista lo vio subir las escaleras y se lo dijo a Zamacola que era el Jefe de la Falange.

Manolo-'el-Silva'Subieron a la azotea y vieron un cordel por donde se echó a la casa de junto y allí lo detuvieron. Le dieron una paliza brutal y de inmediato fue fusilado: el único pecado que cometió fue ser del Sindicato. (En la imagen de la izquierda, Manolo 'el Silva').

HAMBRE Y MISERIA.
Aquellos fueron unos años muy duros y más para los que olíamos a izquierdas. A mi, con doce años, cuando iba por la calle --aquellos que yo creí que eran mis amigos porque jugaban conmigo-- me llamaban 'rojo'. Pasamos mucha hambre y miseria, los muebles los quemamos para no pasar frío. No teníamos nada de nada, ni dinero ni comida.

En ése trágico verano del 36 estaba de vacaciones escolares. Mi maestro, D. Angel Madrigal, un buen hombre y mejor persona --yo lo apreciaba-- se esmeraba mucho con sus alumnos para que aprendieran, era muy cariñoso con todos, pero el Movimiento acabó con él y con todos los maestros que eran republicanos. Aquel gobierno fue resultante de una votación democrática y constitucional, pero los militares franquistas se alzaron en armas con los falangistas y declararon la guerra a la República: empezaron los fusilamientos, los Moros tomaron El Puerto y se hicieron dueños del Puerto. Entraron como Dios por su Casa no pegaron tiros ni nadie les hizo frente ni le pusieron resistencia, después fueron fusilados todo aquellos que eran de izquierdas o sindicalistas.

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Los niños y los falangistas, en una festividad del Corpus Christi, en la Plaza de España.

EL PENAL DEL PUERTO.
El Penal del Puerto estaba lleno de presos políticos. Había hombres de todos los pueblos de la provincia y fuera de la provincia. De este Penal, por las noches, salían los camiones cargados de personas y bien eran fusilados o desaparecían sin saberse nada más de
ellos.

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En el Penal del Puerto, todos obligados a levantar el brazo.

Hubo un hombre al que todas las noches lo nombraban y al rato de subirse en el camión lo volvían a bajar y le decían «--Tu te quedas para mañana, hoy a ti no te toca». Así varias veces hasta que Zamacola le dijo: «--Enrique, más vale que te vayas voluntario al frente porque tu propio hermano quiere fusilarte».

fernando_zamacola_puertosantamariaMi pregunta es la siguiente: ¿que sangre tiene un hermano que por tener ideas diferentes quiera matar a su propio hermano? Este hombre se va  a ‘Los Leones de Rota’ [centuria falangista a cuyo frente se encontraba Fernando Zamacola Abrisqueta, cantero bronquista de procedencia gallega, afincado en El Puerto, con antecedentes según la policía, de atracador por robo a mano armada, arrestado en El Puerto por borrachera, escándalo público y estafa, que dió bandazos entre la CNT y los partidos de la derecha y cuyo hermano Domingo ostentó la jefatura de la Falange en El Puerto, muriendo en el frente de batalla, según el historiador Fernando Romero] al frente y tuvo la fatalidad de caer prisionero de los rojos siendo llevado a un Campo de Concentración donde reconoce su tendencia de izquierda de la UGT, y se alista con el bando de Izquierda siendo ésta vez detenido por la Falange y llevado nuevamente a otro Campo de Trabajo Forzados estando el resto de la guerra trabajando de sol a sol hasta que finalizó ésta. (En la imagen, Fernando Zamacola, en un retrato realizado por Julio Pérez Palacios).

Cuando Franco venía al Puerto a visitar a la Viuda de Terry, éste al ser sindicalista era detenido o encerrado en su casa hasta que el dictador se iba de la localidad, por miedo a que Enrique lo matara o provocara algún tipo de movida dentro de la Bodega.

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Otra visión del Penal del Puerto antiguo: Eucaliptos y edificiaciones delante del Monasterio de la Victoria, donde vivían los funcionarios de prisiones, hoy desaparecidas en la explanada de la Estación de Renfe.

Del Penal del Puerto se escribe poco y fueron muchos los que no se saben donde están y a algún sitio fueron a parar sin juzgar, sin juicio ni abogado que los defendiera. Pienso que fueron fusilados y exterminados así porque sí, porque eran de Izquierdas. Franco se sublevó contra la República: un gobierno democrático elegido por el pueblo en unas votaciones libres. Por éste motivo Franco fue un dictador.

Ya tengo poco tiempo para escribir más. Pero estaría escribiendo todo lo que me quede de vida de aquella situación. La paciencia es la virtud de los viejos. El honor es la base principal de una familia: aquella que lo pierda no lo recupera jamás».

José María Cruz Garcia, ‘el Chico’.
abril 1993.

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Manto de Castillos y Leones. (Foto: J.M.M. 2010).

Este año la Patrona, Titular y Alcaldesa Perpetua de este Gran Puerto, la Santísima Virgen de los Milagros, ha sido vestida con el manto real de castillos y leones, tal cual el de Alfonso X El Sabio con aparece en el códice de las Cantigas. Es un homenaje a la Virgen y al piadoso introductor de la devoción fundacional de esta Ciudad. Es el manto de la polémica. Es el manto que se estrenó, en 1991, frente a la prohibición y la rabieta del entonces Obispo de Asidonia-Jerez. Es el manto del LXXV aniversario de la Coronación Canónica de esta imagen. Es el manto diseñado por mi mujer y por mí, con la sana idea de homenajear a la Virgen en ese aniversario, pero sin que costara mucho porque no lo había.

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Miniatura de Cantigas de Santa María de Alfonso X, 1248 h. Biblioteca de El Escorial. El rey luce un manto de castillos y leones.

La Archicofradía y Esclavitud lo tenía aprobado desde mucho antes. Así es que, encargada la tela a los mejores sederos del Reino de Valencia, los hermanos Miralles, nos encontramos con que el Obispo decidió prohibirlo. Ese propio año, la Virgen de la Merced de Jerez estrenaba con el beneplácito del Obispo un costoso manto bordado. Pero más que nada el Obispo, en nuestro caso, se opuso porque el Alcalde acordó que el Ayuntamiento se haría cargo del costo del manto. Y Alcalde y Obispo estuvieron a "la tuya sobre la mía". La cosa saltó a la prensa y a los demás medios. Y se armó.

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Este año, por segunda vez consecutiva, la Corporación Municipal ha asistido bajo mazas en la procesión de la Patrona. Previa y posteriormente desfilaron en la Procesión Cívica, esto es, la corporación municipal bajo mazas trasladándose desde un edificio del Ayuntamiento --el Centro Alfonso X  'el Sabio'-- hasta el lugar de la procesión religiosa. En la imagen, la corporación, constituida como Procesión Cívica, saliendo de la Prioral al finalizar los actos religiosos. Iban precedidos por dos guardias de gala, maceros con el uniforme tradicional de castillos y leones, --en esta ocasión no iban los clarineros--, cerrando el cortejo tras la Corporación, dos guardias de gala, el Jefe de la Policía Local y el Comisario de Policía. (Foto: J.M.M.)

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El paso de la Patrona, a su paso por la calle Palacios, frente al antiguo Hospital Municipal.

La Peña "Los Bolaos" capitaneó un movimiento popular y se organizó una fiesta en la Plaza de Toros para recaudar fondos para el manto. Y se recaudaron. LLegó la tela, magníficamente tejida en los telares de los Miralles y gustó a unos y no gustó tanto a otros. Hubo que explicar el sentido historicista del diseño: de cómo la Virgen de los Reyes tiene un manto de castillos y leones; de cómo la Virgen de Monserrat de Sevilla, también... El caso es que en casa de Antonio Sánchez Cortés se había terminado de confeccionar el manto. Pero el principal escollo era "saltarse a la torera" a la autoridad eclesiástica y lograr ponérselo a la imagen de la Señora.

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Imagen de 1908 de la Fábrica de Tejidos de Seda de los Miralles, en el camino de Burjasot (Valencia). Esta saga se inició hace algo más de un siglo en Alcoy, con un tejedor que hilaba y tintaba. Los Miralles exportan tapicería lujosa, contando con operarios especializados en telares manuales que hicieron las históricas sedas valencianas, introducidas antaño en Europa destacando su filatura, colorido y estampación.

antoniosanchezcortes_puertosantamariaGracias al Papa Alejandro VI, que impulsó la exportación a Italia, ya que ennobleció con damascos, brocados y tisúes su residencia, mantiendo el gusto de realzar con ornamentos la pomposidad de las ceremonias.

Con ocasión de la Misa de Ofrendas, el pueblo soberano organizó un Rosario cantado desde la casa de Antonio Sánchez Cortés (en la imagen de la izquierda) y portaron, en una servilla de mimbre, un gran centro de flores. Debajo de las flores iba, perfectamente doblado, el manto. En el ofertorio de la Misa, varios miembros de "Los Bolaos", llevaron al altar el centro de flores --y el manto-- y quedó la cosa así. Ante la actitud del Obispo, la Esclavitud de la Virgen quiso estar a la obediencia, aunque contrariada. Pero de madrugada, del 7 al 8 de septiembre de 1991, la Virgen fue despojada, "milagrosa" y clandestinamente, del manto de los "Panaderos" que vestía y amaneció con el de castillos y leones. Y nadie se movió.

mantocastillosyleonesSolamente el Obispo se negó a venir a decir la Misa de 8, que la concelebraron muchos sacerdotes portuenses. Sin embargo, vino el Arzobispo Metropolitano a la Función y todos aplaudieron el gesto popular de obsequiar en su aniversario a la Patrona. Un trozo de tela del manto expuesto en una Exposición Internacional de Gremios consiguió, para los Miralles, la Medalla de Oro y, desde entonces, los Miralles se han hecho devotísimos de la Patrona y la han colmado de regalos. Quede escrito. (Texto: Luis Suárez Ávila).

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De izquierda a derecha, Mario Peluffo Rojas, teniente de alcalde de Policía Local, Carlos Humberto Varela Hervias, hijo del pintor, Antonio Alvarez Herrera alcalde de la ciudad, Gloria Varela Hervás, Antonio Muñoz Cuenca, concejal de Cultura, Francisco Arníz Sanz coorganizador de los actos con el Ayuntamiento, detrás Manuel Espinar Galán, Manuel Rodríguez, el secretario del Ayuntamiento, Jaime Fernández Criado y Federico Aguirre, Oficial Mayor de la municipalidad. Entre éstos, el secretario particular del alcalde, Juan Martín Vélez y un guardia y vecinos desconocidos. Descubrimiento de la placa en la casa donde nació Eulogio Varela, en la calle Alquiladores.

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Eulogio Varela  Sartorio, pintor y escritor.

En 1980, con motivo del XXV aniversario de la muerte del pintor y escritor porteño Eulogio Varela Sartorio, la corporación municipal, a través de la Fundación Municipal de Cultura de la época, organizó una serie de actos en homenaje al ilustre hijo de El Puerto, nacido en 1868 y fallecido en 1955.

En la sección de Bellas Artes del Museo Municipal podemos encontrar algunas de sus pinturas, con temas tradicionales como "El baile" o "El estudio de Berruguete", como su colección de "ex libris" y dibujos modernistas, de cuyo estilo es digno representante en sus ilustraciones, grabados y acuarelas. Fue profesor en la Escuela de Artes y Oficios de Madrid y dejó escritas algunas obras, entre otras: La letra y su teoría constructiva o Tratado de Perspectiva.

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De izquierda a derecha, Manuel Moreno Romero, concejal de Coalición Popular, niños desconocidos, Francisco M. Arniz, quien además escribió un libro sobre Varela que sirvió de catálogo a la Exposición que se celebró en el Castillo de San Marcos, con el título ‘Homenaje  a Eulogio Varela (1868-1955) Con movitov del XXV Aniversario de su muerte’. Vemos también, a la derecha de la imagen, al profesor Enrique Bartolomé. (Fotos: Colección F.M.A.S.)

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Quiero hablar de una de las calles del barrio alto, la calle en que viví mi niñez y mi juventud en los años 50 del siglo pasado. Me refiero concretamente a la calle Cardenal Almaraz en el pasado, nombre que le viene de Don Enrique Almaraz Santos, hijo adoptivo de El Puerto de Santa María, y de otras ciudades españolas, me refiero a la calle Zarza. (En la imagen, el Cardenal Almaraz, que fue Cardenal de Sevilla, diócesis a la que perteneció El Puerto. En 1916 coronó a la Virgen de los Milagros. También fue, Arzobispo de Toledo y Primado de España).

MARGARITO.
Casi todas las calles del barrio alto de entonces, eran de cantos rodados (chinos) desiguales,  bien colocados y asentados sobre tierra, quedando la parte más plana a cara vista, las aceras eran de losas de Tarifa, bien canteadas y asentadas sobre mortero bastardo de cal; las fachadas casi todas estaban blanqueadas con cal apagada,  los zócalos eran pintados igualmente con el clásico amarillo de El Puerto, que se compraba en las calerías con esta nombre, los pinceles y brochas que eran utilizados para este fin eran fabricados por Margarito, esquilador profesional muy acreditado por la cabaña caballar, mular y asnar de El Puerto, dejaba a todo sus componentes en perfecto estado de revista, Margarito vivió junto a su mujer Jerónima en la Calle Espelete; rejas salientes de hierro forjado y azoteas visitables, que al reflejo de la luz solar de medio día lastimaban los ojos.

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La calle Cantarería, donde se aprecian perfectamente los chinos de la calzada y las aceras de losas de Tarifa. A la derecha un borrico, con los serones de esparto, posiblemente esquilado por Margarito. A fondo, el campario de la Prioral.

ROSARIO STENTERELLO.
La perspectiva que ofrecía todo este paisaje con el azul del cielo más limpio que se pueden ustedes imaginar, era increíblemente bonito. Casi todas las casas  eran de una sola planta, algunas tenían la puerta del zaguán en forma de postigo, para que las bestias pudiesen entrar con serones incluidos. El tráfico era escaso, casi inexistente, junto a nuestra casa vivía  un taxista Luis Carreto que tenía el clásico Ford, que había que ponerlo en marcha a manivela, pero ¡oiga!, arrancaba a la primera.

carboneriaUna vez al  año más o menos, Rosario Stenterello, industrial carbonero, oriundo de Italia recibía de no sé donde un camión de carbón en su almacén que estaba junto al bazar de Paca la del Inglés y lo mismo en la carbonería de Manolo que estaba en una finca, frente al núm. 25, propiedad de Mauricio León, creo que hoy la utilizan como garaje, entonces en vez de gasolineras había carbonerías. Rosario Stenterello y su mujer Milagros tuvieron, una carbonería en la calle Ganado, justo en el sitio que está la galería de arte de Rafael Fenoy, sin embargo el almacén de carbón estuvo  en calle Zarza.

LA BRIGADA DE LOS GALLEGOS
Para la descarga del carbón se utilizaban una brigada de hombres que le decían "los gallegos", tenían su cuartel general en la taberna "Antigua de Rueda", eran seis o siete hombres fornidos,  puro músculo; el jefe se llamaba Carrasco, hacían este tipo de trabajo, descargaban o cargaban harina, trigo, una maquinaria pesada, o costaleros en Semana Santa, o lo que fuese.

ZARZA, UNA CALLE LLENA DE COMERCIOS.
El resto de trafico, que pudiese haber podía ser el reparto del almacén de coloniales de José Velarde Diaz-Munio. Para este menester El Sr. Velarde tenía dos repartidores,  los hermanos Diego  y  Curri que diligentemente en un triciclo repartían las mercancías propias de  alimentación .

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Calle Zarza, al fondo la calle San Juan. (Foto: Rafa. Colección C.P.O.)

Debemos tener en cuenta que en aquellas fechas en esta calle, en el tramo comprendido, desde calle de San Juan a calle Rosa, "el tejido empresarial" era el siguiente: diez tiendas de alimentación, una lechería, dos barberías, cinco tabernas, un zapataro remendón llamado Marroquin, una carbonería, la fragua de Canales,  un taller de calderería y además una familia, apodados los Vinagres, que tenía un rebaño de cabras, las cuales ordeñaban en plena calle, vendiendo la leche a cualquier persona que la solicitara, leche  rica de cabra,  espumosa, calentita,  nutritiva,  y sin bautizar, un lujo. Al final de 1.959 se instaló en el nº 25 un taller de imprenta.

ARTESANOS Y VENDEDORES AMBULANTES.
Además, los vecinos éramos visitados por artesanos y vendedores que venían ofreciendo sus servicios y mercancías. Casi todos venían a bordo de burros de Lucena, bien  herrados y aparejados. Algunos traían, por ejemplo, --recuerdo el pregón--: «--Los arneros, las zarandas, tapaeras e lata, María», otros cargados con redores de esparto, utilizados como alfombras: «--Hay reondeles», algunos venían cargados de botijos, cántaros de Lebrija, lebrillos, macetas, etc.

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La carbonería que existía en el Palacio de Purullena en la calle Cruces. Los carros, como los de la imagen también tirados a mano, eran imprescindibles para el transporte de mercancías.

plato_con_lanasVenían también lañadores que arreglaban los lebrillos y cántaros rotos, era uno de los trabajos que más me gustaban: estos artesanos cogían un lebrillo que se utilizaba como pila de lavar roto, unían las piezas y haciéndole unos taladros en ambas piezas rotas, le colocaban unas lañas en forma de U que previamente habían puesto al rojo en un anafre; una vez colocadas se enfriaban estas y las piezas quedaban perfectamente unidas y el lebrillo una vez lleno de agua no salía gota alguna.

Afiladores con su clásica flauta de pan y pregón que todos conocemos, arregladores de paraguas; vendedores y vendedoras de géneros; vendedoras de colonias; diteros  cargados de grandes cestos de mimbre llenos de cachivaches; el ciego Cadenas pregonando: «--Cincuenta iguales»; el Miji con su carro de helados: «--Rico mantecado helado al corte, el polo helado»; el Picha con  su pregón «--Higo a chica, higo a chica»; Serafín con su carro de pescado: «--Llevo la caballa, gooorda... vamo a la caballa»; el Guarigua vendiendo cemitas, etc.

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Todo esta algarabía  y trasiego gente arriba y abajo, daba un colorido especial a pesar de las carencias de aquellos años, había una vida en la calle importante, desde el amanecer, gente fuera de casa, cada uno a su quehacer, hombres al trabajo, señoras a sus labores, niños al colegio, los ociosos de siempre con manos en los bolsillos, esperando el porvenir, o algún que otro trabajo que no llegaba, cualquiera sabe.

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Útiles para el juego de la billarda.

JUEGOS EN LA CALLE.
Las calles de entonces, eran nuestros campos de deportes, podíamos jugar a todo, a los bolindres, al fútbol, al mocho y la billarda, en algunos trozos de acera lo suficientemente plana se podía jugar al trompo en la modalidad de robaguita; al salto en bua, a la palmá, a las guerrillas, y a un sinfín de juegos inocentes que entonces se estilaban.

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El escudo de la Orden de los Mínimos en la vivienda número 69 de la calle Zarza, en remodelación, con la inscripción ‘CHARITAS’ en un sol. (Foto: Alfredo García Portillo).

Había un arriero que vivía en calle Espelete, casi a la esquina con Zarza apodado Mojamé, que llegaba a comer a medio día a su casa y dejaba la recua de burros sueltos, los animales se ponían a mordisquear las hierbas, que nacían  entre el suelo enchinado comiendo y comiendo se alejaban sesenta o setenta metros, cuando salía  Mojamé de su casa  y  no veía a las animales donde los dejó, con vara de acebuche en mano, empezaba a soltar una jerga de improperios, que solo Dios y él entendían y por lo vistos los burros también, ya que volvían con las orejas gachas al lugar de origen.

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La calle Zarza, esquina con Rueda, 'tomada' por los peculiares ocupas de la Barriada José Antoniio.

Por la tarde, cuando el Sol se iba marchando a otros lugares, se regaba las calles y las chicas casaderas se sentaban en sillas de anea, y se ponían a hacer las famosas mallas de Terry, con nótula 149 en GdP. De vez en cuando algún que otro rondador de turno con el pelo peinado con exceso de brillantina y pañuelo colgado el el bolsillo de atrás, contoneándose como torero de postín, hacía su habitual ronda a la morena de sus sueños. Más tarde casi oscureciendo, un ejército de golondrinas, vencejos y panarrias , recorrían la calle desede San Juan a Espíritu Santo, atiborrándose de los mosquitos que llegaban de la cercana marisma. Más tarde, todo era silencio, después algún  que otro gallo, se encargaba de anunciar el alba y otro día. (Texto: Francisco Bollullos Estepa).

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Estimado Sr Suárez,
He dado con esta página por casualidad, buscando información sobre mi familia y, al leer su artículo, ¿Portuenses?, me he quedado sorprendida de la exactitud con la que retrata a los paracaidistas que aparecen por nuestra ciudad. Y si me lo permite, me gustaría aportar un nuevo grupo: portuenses emigrados. Ahí me incluyo.

Nací, me crié, me casé y tuve a mis hijos en esa nuestra ciudad. Por cuestiones laborales, mi marido y yo tuvimos que marcharnos. De esto hace diecisiete años. No encontrábamos trabajo, y la oportunidad se nos dio fuera. Como  tantos y tantos amigos, compañeros y familiares.

Al leer su artículo, me pregunto si tanto paracaidista que ha pasado por nuestra ciudad, con su política pucherona y de pelotazo, no habrá causado que los propios portuenses hayamos tenido que marcharnos de nuestro querido Puerto, porque ahí nunca encontrábamos oportunidades.

Yo vi muchos casos de paracaidistas que pasaban por delante nuestra, como pensando que nosotros somos tontos de remate porque somos pacíficos y simpáticos (¿o no?), pisándonos el trabajo, diciéndonos que no éramos profesionales y demás paparruchas que tantas y tantas veces nos han contado ya. Veo que no soy la única que se ha dado cuenta de que dar tanto poder a tanto personajillo es un reverendo error.

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Playa de la Muralla.

Cuando voy a mi pueblo (para mí siempre será mi pueblo), la alegría me embarga al ver las primeras luces de Valdelagrana... pero acto seguido, se me caen dos lagrimones "como garbanzos", que diríamos por allá. ¿Que ha pasado con nuestros pinares? ¿Qué fue del Camino del Aguila? ¿Y la playa de la Muralla, que le pasó? ¿Y las chocitas de la Calita?¿Y la Huerta, donde comprábamos cigarrillos y bebidas los jóvenes? ¿Y donde se va la gente ahora cuando quiere comerse la tortilla en el campo? ¿Los niños del Puerto ahora que hacen?

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Monumento a Muñoz Seca en la Plaza de Isaac Peral.

Ya no juegan en las calles. Qué pena de Plaza Peral, con ese rinconcito dedicado a Don Pedro Muñoz Seca (otro ilustre portuense, que parece que a veces se olvida)... todo lleno de graffitis y medio en ruinas...

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El desaparecido Tabernón de Merello, en la calle Santa Lucía.

Que pena de tantas y tantas tasquitas que han tenido que cerrar porque la gente iba a chiringuitos como "Costa Casta", que encima de cobrarnos un dineral por un cubata (permítame el lenguaje coloquial) de garrafón, dejaban sin negocio a medio pueblo y se lo llevaban calentito para Madrid, dejaban la plaza del Castillo hecha un asco, a los vecinos (amigos de toda la vida) sordos, ... y encima, el nombrecito... insulto indirecto directísimo a las chicas portuenses, entre las cuales me incluyo. Que sepan que hemos sido castas porque en realidad, los paracaidistas no nos han interesado nunca... bueno, para novietes de verano, jaaaajajjaaja... y nos hemos casado con portuenses, que bien nos dijeron nuestras madres que de los de fuera, ni la hora... a ver si se piensan que somos bobas... anda yaaaaaaaa!

Disculpe este pequeño exhabrupto, pero la ocasión la pintan calva para mi pequeña queja, que llega con veinte años de retraso. Gracias por leerme, y enhorabuena por su artículo. (Texto: Mila Sánchez Matabuena).

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miera_fachada_puertosantamariaNo son pocos los paseantes por el tramo inicial de la calle Larga, muchos de ellos veraneantes alojados en los hoteles cercanos, que se quedan mirando con perplejidad el montículo de tubos y jirones de redes que sepultan la fachada de la casa número 11 de esa calle. Lleva años así. Tanto tiempo y con tan gran deterioro que es bastante probable que cuando desmonten el andamiaje, todo se venga abajo. Total, para lo que queda: muros agrietados, el estucado de la fachada deshecho, sin techumbre y los majestuosos bluendes cascarillados. El bello jardín de antaño hecho un erial y todo el material noble y artístico que contuvo durante dos siglos, vigas de caoba incluidas, liquidados por el último propietario antes de vender el inmueble.

Pero esta casa merece un respeto. Por su enclave, dentro del casco histórico. Por sus propietarios y moradores anteriores al último que la depredó y por el valor  de su continente, mejor dicho del recuerdo de lo que contuvo. Forma parte del patrimonio colectivo de todos los portuenses, aunque autoridades y organismos defensores del patrimonio no se enteren o miren para otro lado.

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Perspectiva del patio y distribuidor de la finca. Al fondo, la galería acristalada de acceso al jardín. A sendos lados del arco trilobulado dos esbeltos macetones sobre pedestales de mármol y sobre ellos una muestra de la amplia colección de pinturas que decoran toda la casa. Presiden la fotografía tres estatuas de mármol blanco, sobre pedestales del mismo material integrantes de un conjunto que representaba las cuatro estaciones. (Todos estos elemento están incluidos en el inventario de bienes de la testamentaría de Julian Urruela, documento fechado en 1848). (Foto: 20 de enero de 1972).

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Arco trilobulado similar al de la Mansión de los Miera, que se encuentra en la Casa de Roque Aguado.

hipolitosanchomayi_b_puertosantamariaEl historiador local Hipólito Sancho la incluye en la treintena de casas citadas en sus “Notas sobre los edificios más salientes de El Puerto de Santa María” publicada en el número  11 de la  Revista de Historia de El Puerto, bautizándola como “Casa de Winthuissen”, refiriéndola así: “Magnífica y bien trazada fachada rococó, patio de atrevidísimas arcadas sobre pilares prismáticos de mármol análogos bastardeado de la casa de Aguado; la planta alta solo es aparente. La edificó Manuel de Mieras a quien pertenecía en 17(¿) y pasó después a la familia Winthuissen” Sin ánimo de enmendarle la plana a Don Hipólito no logro entender como conociendo quien labró el edificio no la cita como Casa de Miera –Manuel de Miera figura en el censo de hidalgos de la localidad de 1775- y le asigna el apellido de alguien que, si bien vivió durante algunos años en la casa, nunca fue propietario de la misma, pues era de su familia política, los Urruela Barreda.

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Detalle de la puerta de acceso que se puede divisar entre los andamiajes.

La casa debió edificarse en el último tercio del s. XVIII. En mis notas y apuntes figura un hijo del constructor, José Joaquín Miera, dedicado al comercio con ultramar, viviendo en ella con su familia –mujer y 4 hijos- una amplia parentela –cuñados, sobrinos, primos…- y 8 personas de servicio en la última década de ese mismo siglo. Poco después, debieron trasladarse a Cádiz, único puerto habilitado para los negocios que ejercía, residiendo en la casa cortas temporadas, dejando a su cuidado y mantenimiento  a  un  empleado de su confianza. Lo confirma el censo de 1808, en el que figuran inscritos en ella solamente Jacinto González, de color negro y Ramón Villa, soldado de marina, posiblemente huésped de las familia.

mariscal_claude_victor_perrin_puertosantamariaDiversos autores la señalan como alojamiento particular del Mariscal Victor durante el asedio de Cádiz en la Guerra de la Independencia (1810-1811) periodo durante el cual se instaló en el palacio del marqués de Villarreal de Purullena  el cuartel general del ejército imperial y las iglesias del Espíritu Santo y Monasterio de la Victoria fueron habilitadas como caballerizas de sus escuadrones. (Imagen de la izquierda, el Mariscal Claude Victor Perrin).

En la siguiente ocupación francesa, la de 1823, debió ser el jefe del denominado Ejercito de la Fé, contingente de tropas españolas que precedieron a los “Cien mil hijos de San Luis”, el teniente coronel Luis Fernández de Córdoba el que se alojase en ella y, quedó tan gratamente impresionado y satisfecho de su estancia que la compró a la familia Miera, que por esta época habían perdido el esplendor de años atrás con el giro desfavorables de los negocios.

tte_gral_luisfernandezcordoba_puertosantamariaEl siguiente propietario del que puedo darles noticia es Julián José Urruela,  rico indiano asentado en Cádiz, oriundo de Guatemala. Invirtió parte de su fortuna en adquirir grandes parcelas en el Campo de Guía, iniciándose en el negocio de la vinatería adquiriendo viñas y bodegas en calle Victoria y Espiritu Santo..Finalizando el primer tercio del XIX, rebasados ampliamente los cuarenta años se trasladó con toda su familia de Cádiz a El Puerto,  instalándose en la casa que estamos relatando con su esposa, Pastora Barreda Ortiz de Zarate y sus hijos: José Ramón, que casaría con Emilia Terry Gil; Rita, que casó con Francisco Javier González; Fernando, que falleció párvulo; Rosa, que casó con Justino García Polavieja; Luis, que casó con Carolina Colón e Inés que casó con Juan Winthuysen Martínez-Baños. (A la izquierda grabado del Teniente General, Luis Fernández de Córdoba (1797-1840). Madrid. Museo Romántico.

Esta saga familiar poseerá la casa siglo y medio. El fundador de la misma, Julian Urruela, falleció el 15 de agosto de 1845, cundo estaba gestionado el proyecto de construcción de una nueva bodega en lo que hoy son las de Gutierrez Colosía. Dejaba un importante patrimonio a su familia, aparte la casa, sus muebles y menajes, entre los que no faltaba la plata labrada, -un termómetro de la época para medir el nivel económico de las familias- desde dos docenas de cubiertos hasta las tenacillas para coger los turrones de azúcar, pasando por candelabros, bateas, escribanía, jarrones y un largo etcétera de utensilios domésticos de tan noble metal. El Inmueble se valoró en 580.620 Reales de Vellón. Sus bodegas contenían 36.000 arrobas de vino con un valor superior, igualmente, al medio millón de reales. Las dos viñas, una grande de 60 aranzadas y otra pequeña, de 14, en las que existían siete lagares con sus aparejos se tasaron en una cifra cercana a los 600.000 Rv.

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Mediado el siglo XIX, era la Viuda de Urruela la propietaria y en las siguientes décadas, en periodos irregulares, habitarían junto con ella y los hijos solteros las familias Urruela Terry, Winthuysen Urruela y Garcia Polavieja. A su fallecimiento en el reparto de la testamentaría, será su hija Rita Urruela Barreda con la que por entonces vivía en la casa de Larga, esquina a Chanca (actual oficina de Recaudación) la poseedora del inmueble quien, a su vez, lo transmite  (donándolo, cediéndolo o vendiéndolo) a su hija Amalia Gonzalez Urruela, casada con Ramón Jiménez Varela, otro importante y emprendedor empresario vinatero local.

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Gran grieta en uno de los paredones laterales y apuntalamiento con vigas de hierro.

mansiondelosmiera_bluende_puertosantamaria(A la izquierda, imagen de un bluende, hoy ya maltrecho, de la Mansión de los Miera).

En realidad esta  familia  la ocupaba ya desde 1871 y continuaron viviendo en ella hasta el fallecimiento de ambos –ella hace este año un siglo, y él en 1911- compartiéndola con su primogénito y heredero del inmueble, Ramón Jiménez González y su esposa, Eugenia Guernica Siloniz. Posteriormente, una hija de ambos, Concepción González Guernica, casada con el militar de Marina, Camilo González, sería la heredera y el único hijo varón de dicho matrimonio el último propietario descendiente de los Urruela Barreda. (Textos: Antonio Gutiérrez. A.C.PUERTOGUIA).

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De izquierda a derecha, José María Ruiz, Lucio Lasanta, Domingo Marcos y Eladio Gutiérrez, los cuatro socios fundadores de Eco del Puerto.

En el año 1975, cuatro comerciantes del gremio de la alimentación, residentes en Jerez, tres montañeses de Bostronizo (Cantabria),  Eladio Gutiérrez, José María  Ruiz y Domingo Marcos, junto con el soriano Lucio Lasanta, decidieron crear una sociedad mercantil e instalar una fórmula novedosa en tiendas de alimentación, que aún no estaba lo suficientemente arraigada en nuestra Ciudad: crear un Supermercado en El Puerto. Un negocio algo peculiar que se inició como un Economato, donde los clientes pagaban una cuota mensual por un carnet familiar, con el cual tenían el acceso a la tienda, al que incluso se sumaron una serie de empresas, que lo ofrecían a sus empleados como acuerdo de convenio laboral. Aquellos poseedores del carnet de socio disfrutaban de unos precios mucho más asequibles en comparación con los del mercado, con los de las tiendas tradicionales y demás autoservicios existentes en la Ciudad.

La iniciativa la copiaron del Eco Jerez, donde los hermanos Muñoz lo habían instaurado dos años antes. De ahí vino el nombre de Eco del Puerto.

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Fotografía de la plantilla y propietarios de Eco del Puerto. Inauguración del establecimiento en 1976.

En noviembre de 1975, el mismo mes en el, que muere el dictador Francisco Franco, se adentran en esta aventura empresarial, alquilando primero un local en la calle Los Toreros 6, perteneciente a José Lara (Peyma), durante un año aproximadamente. Transcurrido ese tiempo adquieren una finca enfrente, que tenía unas oficinas y naves de construcción, a José Acaso a donde trasladan el negocio. Actualmente es el aparcamiento, almacén y bar del Supermercado.

Pasa el tiempo y el nuevo local que habían adquirido se quedaba pequeño, por lo que deciden comprar el solar contiguo –con una calle de por medio-- a Castro, donde edifican la actual sala de ventas, que consta de planta baja (1800 mts2) y entreplanta  (450 mts2).

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Vista aérea de la zona, con el aparcamiento y la actual sala de ventas.

Uno de los socios, el sorinao Lucio Lasanta decide abandonar la sociedad mercantil en el año 1988, vendiendo su parte a los tres que continúan, que la siguieron gestionando desde entonces y hasta el año 1993.

Eco del Puerto estaba compuesto de varias secciones:  alimentación y droguería, además de fruta y verdura, carnicería, charcutería y bazar, tejidos y zapatería en la entreplanta. Fuera de la sala de ventas se encontraba la pescadería gestionada por Cuevas. Entre la sala de ventas y las diferentes secciones, llegaron a trabajar en esta empresa, más de 80 personas. De hecho en los años 80 del siglo pasado, había 13 cajas de salida para los clientes.

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Plantilla profesional del que sería el nuevo Eco del Puerto

En marzo de 1993 deciden dejar la gestión directa y, siendo un establecimiento de mediana superficie, dedicado a la alimentación suficientemente consolidado, lo arriendan a la empresa Cobreros, de Sevilla, que años después sería absorbida por la Holandesa Ahold, dueña de Supersol. En la actualidad Eco del Puerto sigue arrendado a Dinosol Supermercados, con la marca Supersol, que es el nombre con el cual sigue llamándose en la actualidad, aunque para orgullo de quienes fundaron aquel negocio, la gente del Puerto sigue llamándolo ‘el Eco’ o ‘Ecopuerto’.

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Fachada del nuevo Eco del Puerto, actual Supersol.

A modo de resumen, esta es la historia comercial del Eco del Puerto, de estos tres “chicucos”  montañeses, de estos jándalos emprendedores que llegaron desde su Bostronizo natal, allá por el año 1954. Se aventuraron, como tantos otros, a viajar a Cádiz, buscando nuevos horizontes. Eladio, sin cumplir los 13 años a Cádiz, Domingo, con 15 años, también a Cádiz, José María, con 14 años a Chiclana, y Lucio que llevaba ya tiempo en la provincia. Los cuatro terminaron teniendo sus propios negocios de alimentación en Jerez, desde donde apostaron, arriesgaron y, con mucha ilusión triunfaron en El Puerto, para fundar aquel popular Eco del Puerto.

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Y los personajes que recuerdo, se me hacen interminables, tratare de recordarlos todos. A los que nombré con  anterioridad, el Beau Brummel de la Playa, el hermano de Antoñito Ortega, fijata al viento, andares de torero, elegancia del tres cuartos, y sus primas María Luisa y Manolita, las niñas de las maquinas Alfa.

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Playa de Fuenterrabía. Portada del folleto del verano de 1962.

A María Luisa se le ve aun por Fuenterrabía, tras un montón de años despachándonos cintas y tiras bordadas en Velasco en Sevilla con su marido tristemente fallecido; y Manolita que era un encanto, mona, mona, mona, que iban al Canal a cruzarlo; y Miguelito Rodríguez, haciendo de guardaespaldas por si los padres venían. También recuerdo a Clarita Chamorro que se casó con Felipe Sanz, el cual trabajo mucho allá por el Norte y Madrid. Me dicen que posteriormente fue comisario en El Puerto, pero yo creo que ya venia cansado y agotado del trabajo que sostuvo, falleciendo posteriormente muy joven y creo que a Clarita, siempre se le quedo carita de tristeza del sufrimiento que ella también sostuvo.

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El vapor saliendo a la Bahía, junto a La Puntilla, con el espigón aún sin construir.

Los Merchante también fueron familias con raigambre y categoría en La Puntilla, tanto una como otra ya que había dos ramas, la de Manolo Merchante y demás hermanos y la de su primo Juanele «--¿A ti quien te gustaba Celia o Ana María?», con otra tropa de hermanos… La de Manolo, madre cristiana y con porte, al cargo de tantos hijos, entre ellas Carmen que vivió un gran amor con Miguele Forte, que la quiso mucho también. Por aquel entonces ya se configuraba una pandilla de mayores, con los amoríos de Jacinto Cossi y Marisa Muñoz, madrileña, que felizmente terminó en boda, marchándose a Madrid  a vivir, creo. La hermana de Juanlu Bermúdez y su hermana Lalote, la de la Granja, que decidieron irse a vivir a Madrid, que buenas gentes, ¿alguien sabe e ellos?. Todo lo grande que eran, eran así de grandes, de buenos. También andaban con los mayores, mi hermana Juanita, la cual ya no vive, en reunión las Merchantes y Milagrito Jiménez, la mujer de José Antonio Osborne, que a consecuencia de ese idilio cada dos por tres se iban a visitar la bodega Osborne.

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Limpieza en las playas en 1970.

Y los mayores, mayores… encabezados por orden de casetas, iban desde la caseta de los Ortega y las Máquinas Alfa, las de Encarna y Agustín de Córdoba con su suegra y sus hijos: Ángel, que se hizo salesiano, Pepe, Carmen, Agustinito, etc. Pasillo por medio y a continuación la de Doña Boni, con sus sobrinos los Repiso, mi madre María Pepa, la caseta de Severo, funcionario del penal, caseta a la que venían su cuñada, que era campeona de natación de Sevilla, con su marido Práctico del Puerto de Sevilla al que, según decían, le habían ofrecido terminar la película de Tyrone --Tairon para los amigos-- Power, cuando se murió en el rodaje en España de la película de ‘Orgullo y Prejuicio' ¿era esta?.

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En los setenta ya empezaban a aparcar mejor en las playas.

La de Don Gil Gómez Bajuelo, director de ABC y cronista de Toros y Deportes, junto con su mujer y cuñada,  también andaban por allí sin faltar un año. Manolo, el bañista,  lo primero que hacia era ponerle su toldo en la orilla… y Los Rodríguez, Don Miguel, padre de Miguel, José María y Milagrito, que nadaba tela de bien, su caseta era blanca y amarilla a rayas transversales; la caseta de María, que era una muñeca y su hermana Sioni que se fue a America con su marido, la de los Cossi, donde estaba la hermana de Jacinto,  Matildina creo que madre de la que fue Directora de Medios de Comunicación de la Junta, Tily Santiago; y la caseta de los Fombuena que estaba mas pegada al Bar Priñaca, donde el bueno de Manolo Fombuena se empeñó, un año, en que nos preparásemos el ingreso en Magisterio, obligándome a estudiar por las mañanas en la caseta, hasta que me harté y me fui con la reunión que teníamos.

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El Parque Calderón, a la izquierda los soportales y al fondo el Convento del Espíritu Santo.

Y pasamos de la playa al Parque Calderón, tarde-noche donde nos encontrábamos, todos los jóvenes de La Puntilla, nombrados al encuentro de las niñas que nos gustaban, Celia, Ana María, Eli,  Mery, etc.. Largos paseos, creo, hicimos kilómetros de acompañamientos, solo eso. Y venga a hablar, hablar y de vez en cuando a fardar un poco de niki rojo con chaleco azul, tipo Dúo Dinámico a ver quien impactaba mas a las niñas. Se decantaban ciertas posiciones, pero nunca llegaron a confirmarse. ¡Que diferencia con hoy!. En diez minutos se arregla todo. Empezábamos a fumar, ¿te acuerdas Juanele que íbamos a una tienda de Ultramarinos, donde había un mariquita, que con solo vernos nos ponía muy baratito un paquete de Pallmall largo?. De aquellas reuniones no salió nada, solo recuerdos, que hoy empiezan a cristalizar en otra amistad nostálgica, pero llena de encanto

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El guardia de la porra en la Plaza de las Galeras Reales sobre 1960.

Y como espectáculo deportivo junto al Parque, en la Plaza de las Galeras, el habitual Torneo de Baloncesto entre la Bazan, El Puerto y los niños de Rufo; eran estos falangistas cuyo entrenador era Rufo, jóvenes y bajitos pero sabiendo jugar tela. Por parte de El Puerto, estaban los Casado, --a la memoria se me vienenn los recuerdos de Milagritos y su hermana que se metió a monja, ambas fallecidas--, reforzando el equipo los Rodríguez, Miguelito y José María. ¡No fardaban ná los dos hermanos, con eso de que jugaban en el Natación de Sevilla!

Eran importantes estos partidos, nos jugábamos el honor ante la Bazan, que jugaba de amarillo y los niños de Rufo, que llegaban a la cancha en formación, tal cual Falange, prietas las filas, flechas marciales, … con el resto del campamento de Batalla del Salado como hinchada. Siempre ganaba El Puerto. Y hasta aquí llega este largo relato. Seguiremos desgranando recuerdos, antes de que la memoria nos falle. (Texto: José Luis Calle).

(*) No se sabe a ciencia cierta si, por el contrario, es un porteño en Sevilla.

Otras nótulas de la Serie de 'LA PUNTILLA' por José Luis Calle.

719. MI PLAYA YA NO ES MI PLAYA: LA PUNTILLA. Memorias de un sevillano en El Puerto (*)
725. MI PLAYA, SIEMPRE MI PLAYA: LA PUNTILLA. (II). Memorias de un sevillano en El Puerto.
733. GENTES DE LA PUNTILLA (III). Memorias de un sevillano en El Puerto.

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María Teresa y Maribel de los Santos. En primer término Pepe Estévez.

Hay oficios que marcan el destino de una familia, si bien en nuestro tiempo esta fidelidad profesional no resulta tan frecuente como antaño. La persistencia familiar en un mismo oficio parece una cosa del pasado, algo que ya no se lleva. Incluso en lugares pequeños y en sociedades cerradas es difícil ya encontrar a más de dos generaciones dedicadas a un mismo trabajo heredado, despachando en un mismo comercio.

Las joyas siempre han estado muy presentes en la historia del ser humano. La joyería, como oficio tradicional, ha tenido un papel clave en la cultura de las civilizaciones, aportando piezas de gran valor emotivo y cultural a las personas. El ser humano ha utilizado la joyería desde su misma toma de conciencia como individuo diferenciado, sea como amuleto, signo de poder o recordatorio.

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La Joyería Santos, en el cruce de Luna con Nevería. (Ilustración: María Lizaso).

Merodeando entre el tiempo pasado y las cuatro esquinas de la calle Nevería en su cruce con Luna, no puede uno dejar de imaginar lo que El Puerto fue en el primer tercio del siglo XX, el siglo de la nueva edad de oro de las letras españolas.

Ajeno aún a las grandes superficies comerciales y rodeado por la tradición secular del trato a diario y cercano con los parroquianos del lugar y de allende las fronteras de la Sierra de San Cristóbal, el roteño de nacimiento y portuense de adopción Juan Luis de los Santos decide abrir negocio de joyería en la entonces calle Sagasta (hoy Ganado) allá por el año 1925. Había aprendido el oficio con un tío suyo residente en El Puerto a donde llegó nuestro protagonista procedente de la Villa de Rota para completar sus estudios en el colegio de los Jesuitas.

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La mesa de operaciones de la joyería

Mientras Juan Luis se afanaba en el oficio de la joyería y la compostura, ese mismo año nuestro paisano Rafael Alberti ganaba el Premio Nacional de Literatura con su obra Marinero en tierra y empezaba a colaborar en la Revista Occidente; el historiador Hipólito Sancho centraba sus investigaciones históricas en El Puerto de Santa María y ejercía como alcalde de la ciudad Alfonso Sancho y Mateos propietario de la Bodega A&A. Sancho fue el primer presidente de la Academia de Bellas Artes y precursor del dragado y encauzamiento del río Guadalete.

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Fachada de la Joyería Santos. A la izquierda Nevería, a la derecha Luna.

Pasados los años Juan Luis decide trasladar la actividad a su actual ubicación, lugar que ocupaba la Taberna de Juan de Dios, frente por frente del edificio de teléfonos que más tarde pasaría a ser la Cafetería Trevi. En la esquina contraria se encontraba la tienda de ultramarinos La Argentina fundada a principios de siglo por el cántabro Eugenio López Díaz-Terán, que arribó por El Puerto procedente del núcleo rural llamado Barriopalacios, cercano a Torrelavega, como chicuco de otra tienda de montañeses.

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María Teresa y Maribel de los Santos, las hijas del fundador.

La Joyería Santos, negocio tradicional y familiar, ve incrementada su plantilla cuando en el año 1957 entra a formar parte de la misma con 12 años el aprendiz Pepe Estévez, que de la mano del maestro joyero De los Santos y sus hijas, ha sido y sigue siendo un pilar fundamental en el devenir diario de tan prestigioso establecimiento.

joyerisasantos_rotulo_puertosantamariaEn el año 1979 se emprende la remodelación de la joyería con el aspecto que presenta en la actualidad. Desgraciadamente su mentor tuvo poco tiempo para disfrutar del nuevo aspecto que presentaba aquél proyecto de vida que lideró 54 años atrás, ya que falleció escasamente un año después de su reinauguración. Sus hijas María Teresa y Maribel junto con Pepe Estévez han mantenido durante todos estos años el glamour que sólo unos privilegiados pueden imprimir a la labor iniciada por su mentor y maestro.

El 31 de julio de 2010,  la Joyería Santos después de 85 años de vivencias acumuladas, de repartir su sello de identidad a todo aquél que quiso regalar una perla, un zafiro o un colgante de lapislázuli, dejó de existir para los portuenses por aquello de las generaciones perdidas. La calle Luna ya no será lo mismo. (Texto y Fotos: Manolo Morillo).

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firma_quico_sanchez_puertosantamariaEl fotógrafo Francisco Sánchez Pérez, Quico, realizó una serie de placas sobre El Puerto de tamaño apaisado, especialmente del río Guadalete y su entorno. Hoy traemos aquí cinco instantáneas para disfrute de los lectores de Gente del Puerto. Su firma, a la izquierda de este texto, solía impresionar en blanco, las imágenes.

Más información de Quico Sánchez, pulsando en su nótula núm. 144 en Gente del Puerto.

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La Plaza de Isaac Peral, a la izquierda el edificio donde estuvo la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Cádiz, parada de taxis y parada de coches de caballos, al fondo el Ayuntamiento, a la derecha la Fábrica de la Luz, hoy sede de la Caja Inmaculada.

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Pérgola del Parque Calderón. A la izquierda, la desaparecida Casa Palacio donde hoy se encuentra Romerijo. Las palmeras tienen un tamaño modesto.

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Comienzo del Parque Calderón, desde la Plaza de las Galeras Reales, a la derecha podemos ver el depósito de agua que fue demolido a principio de la década de los sesenta del siglo pasado. El tinglado que aparece detrás es el actual bar de copas, ‘Las Cristaleras’ que fue proyectado en 1989 como Oficina de Turismo, algo que nunca vio la luz.

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Parque Calderón, frente a Romerijo, a la izquierda se pueden ver los edificios donde se encuentran ‘Nuevo Echate Payá’, y los restaurantes Los Portales y Casa Flores.

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Panorámica del río Guadalete desde la Otra Banda. En primer término el pesquero San Francisco de Asís,  a motor. Detrás el Adriano I y, a la izquierda varios pesqueros propulsados a vela, amarrados al cantil del muelle.

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En la esquina de las calles Luna y Misericordia, donde hoy se encuentra la Cervecería El Puerto, se encontraba una sombrerería gestionada por Chamorro --hermano del practicante del mismo apellido, cuya hija Clarita se casaría con Felipe Sanz, Comisario de Policía que fue de El Puerto y sobrino a su vez de otro Comisario Local, Aureo Sanz Hernán Gil, profesor además del Colegio de la Pescadería--. Ambos hermanos, el sombrerero y el practicante, tuvieron muchos hijos.

El lema de la sombrerería era: «Para gorras y gorros, Casa Chamorro». Chamorro el sombrerero, marchó a la Argentina y allí vivió hasta su muerte.

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Rafael Tardío Alonso nace a las 12 de la noche en el número 117 de la calle Larga, el 22 de septiembre de 1929. Era el año de la Exposición Universal de Sevilla y, ese año, el Vapor Cádiz hacía explosión en el muelle de pasajeros de El Puerto. Fue el año, también, del crack de la bolsa de Wall Street, en Nueva York. Hijo del porteño  Rafael Tardío Vázquez y de Matilde Alonso Mesa, vecina de Jerez, en la Cuesta del Palenque, antes Cuesta de Reventón de Quintos.

rafaeltardio_ninio_puertosantamariaRafael, reconocido pintor, ha escrito varios libros y es miembro de la Real Asociación de Caballeros del Monasterio de Yuste. (Cáceres). Es constituyente de la Asociación de Amigos de la Cartuja de Jerez. Fundador de la Asociación Cultural Portuense 'Medusa'. Fundador y presidente de 'Alcanatif', Asociación para la Defensa del Patrimonio Histórico de El Puerto. Ha pintado los carteles de Feria de El Puerto en 1955 y 1990, así como el del homenaje de El Puerto a Alberti en 1982. Es Socio de Honor de la Academia de BBAA de Santa Cecilia. Hoy, 9 de agosto, se rotula un parque con su nombre en la Costa Noroeste, en las inmediaciones del Centro Comercial Vistahermosa.

(En la imagen de la izquierda, Rafael con apenas cuatro años).

rafaeltardiovazquez_puertosantamariaEL COSARIO DE TARDÍO.
Su padre, Rafael Tardío Vázquez, en la imagen de la izquierda,  se hizo cargo del Cosario familiar los Tardío, --un cosario era una especie de Agencia de Transportes entre los pueblos--. Una publicidad de la Revista Portuense de 1929, año del nacimiento de nuestro protagonista decía:

Cosario Rafael Tardío, hijo y sucesor de Julio Tardío.
Esta es la Casa más antigua , de mayor confianza y que cobra los portes más baratos. Recogida de encargos a domicilio y entrega rápida a sus destinatarios. Salidas para Cádiz: tren corto a la 8 y 27; autobús de las 9 y vapor a la hora que fije su salida. Salidas para Jerez y Sevilla: trenes correo a las 7 y 55 y ómnibus de las 9 y 40. Horas de Oficina: de 7,30 de la mañana a las 10,30 de la noche.

CARRERA DE COMERCIO.
Rafael, al que en casa llamaban Falele, viviría en su infancia juegos en la calle Larga, una calle escasa de tráfico en aquellas fechas. Recibió la Primera Comunión en plena Guerra Civil, en la Iglesia Mayor, en 1938. Estudió   Comercio por libre, recibiendo clases particulares de Antonio de la Torre en la calle Cielos núm. 65, junto a su hijo, Manolo de la Torre González, Luis Macías y otros. Se examinaban en la Escuela de Comercio de Jerez, cursando Rafael los cinco años de la carrera en tres. Obtendría matrícula de honor en las asignaturas de Economía Política y Derecho.

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Rafael Tardío, José Luis Tejada y Carlos Scat, mediados los 40 del siglo pasado.

AMIGO DE JOSÉ LUIS TEJADA.
Fue muy amigo de José Luis Tejada, desde su juventud. Perteneció a la Acción Católica --era el consiliario el párroco de San Joaquín, Don Luis Bellido Salguero, durante muchos años después párroco de San Dionisio en Jerez--, conocido como el Padre Bicicleta: iba de un lado a otro con rápidez, y además en bicicleta. Formaría parte también de los Luises.

rafaeltardio_en_sevillaRafael ya sentía inclinación y afición por la pintura, asistiendo a las clases que impartía Juan Lara Izquierdo en la Academia de Bellas Artes, donde se formó. Está en posesión de la licenciatura de Bellas Artes, especialidad en Pintura. (A la izquierda, Rafael Tardío con su primo Julio Tardío de la Peña, paseando por Sevilla en 1947).

LA MILI Y EL TRABAJO.
En 1949, con 20 años se incorpora como voluntario al Ejército del Aire, cumpliendo el servicio militar en la jerezana Base de la Parra. Su padre fallecería al año siguiente, lo que motivaría una licencia militar anticipada, incorporándose junto a su hermana María Angeles al negocio familiar que habría de cerrar en 1952, frente a la competencia de las grandes compañías de transportes que contaban con grandes vehículos propios. Rafael entraría a trabajar entonces en Bodegas Osborne. En 1956, dado su dominio del idioma inglés, entró a trabajar en la Base Naval de Rota, donde desempeñaría gran parte de su vida laboral, en el Comptroller Department, donde destacaría por la innovación de unos sistemas de trabajo ejemplares, jubilándose en 1993.

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En 1959, durante su boda, en la Iglesia Mayor, con María Isabel Zuasti.

LA FAMILIA.
En  1959 se casa con la jerezana de origen vasco, Maribel Zuasti Toajas, que vivía junto a su familia en la calle Palacios, con la que tendrá cuatro hijos: María Isabel, Rafael el conocido comunicador, Juan y Vicente. Tienen dos nietas de su hijo Rafael: Celia y Patricia  Recién casados se fueron a vivir a la calle Santa Lucía, pero conocerían otros domicilios familiares en El Puerto: la calle Cruces 88, Vicario, 21, frente a la sacristía de la Prioral y un piso en las Torres Fermesa en el Camino --hoy Paseo-- de los Enamorados, que da a la Plaza de la Noria, donde vive en la actualidad. Su comunión con la pintura y la escritura la realiza en el estudio que posee en Valdelagrana.

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Con Alberti, firmando ejemplares del libro del poeta que ilustró nuestro protagonista: "Del Mar de Cádiz" editado por la desaparecida Fundación Municipal de Cultura en 1982.

delmardecadiz_puertosantamariaMEDUSA
En 1961, junto al amigo de su adolescencia, el poeta José Luis Tejada; Manuel Martínez Alfonso, catedrático de Literatura y posteriormente Alcalde de El Puerto y Antonio García Amador, Domingo Roa, Antonio Pérez, Francisco Muñoz y otros fundan la Asociación Cultural Portuense Medusa, con nótula núm. 181 en Gente del Puerto.

(En la imagen de la izquierda, portada del libro 'Del Mar de Cádiz' que ilustró Rafael Tardío, sobre una selección de poemas de Rafael Alberti, realizada por su amigo José Luis Tejada en 1981).

ALCANATIF
Muy preocupado por nuestro patrimonio histórico, Rafael Tardío fue elegido en1981 presidente de Alcanatif, Asociación para la Protección del Patrimonio Histórico Artístico de El Puerto, impulsada por el entonces concejal de cultura, el andalucista Antonio Muñoz Cuenca, con nótula núm. 069 en Gente del Puerto.

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Rafael señaló en su día que «al cabo de una año de tentativas abortadas por los obstáculos políticos creados por la corporación municipal, desactivó el grupo despreciando los opuestos intereses políticos del Ayuntamiento de la época». (En la imagen de la izquierda, la Guía Histórico Artística editada en 1983 por Alcanatif y el Ayuntamiento).

VIAJERO.
Por placer o por trabajo, Rafael ha recorrido medio mundo. Con motivo de sus funciones en la Base de Rota viajó a Atenas, Londres Nápoles, Roma, Sigonella (Sicilia), Bahrein (Golfo Pérsico), Norfolk (Virginia), Jacksonville (Florida), Mechanisburg y Filadelfia (Pensylvania). Ha recorrido infinidad de veces España y Portugal por placer, Fremont (California), Charlotte (Carolina del Norte), Italia, Marruecos, Egipto, Turquía, Israel, …

cartusia_defensionis_1998LIBROS.
Su primera obra literaria fue publicada en 1998: el libro titulado ‘Cartusia Defensionis’, sobre la vida de los cartujos, ilustrado profusamente con 37 cuadros a plumilla, técnica en la que es un virtuoso, habiendo sido reeditado. En el año 2000, por encargo de los hermanos de la Orden de San Juan de Dios de Jerez, escribe una biografía novelada de San Juan Grande ‘Así en la tierra como en el cielo’.  En 2006, la Sociedad de Nuevos Autores publica, publica su nuevo libro en colaboración con Pedro García Martos ‘Atrum Vulnus’, de mas de 600 páginas y escrita en castellano antiguo. Su último libro, en 2008, una edición exclusiva para la Familia Tardío ‘Una historia de ocho siglos. Genealogía del apellido Tardío en la provincia de Cádiz’. (En la imagen de la izquierda, portada del libro 'Cartusia Defensionis').

LA PINTURA.
«Su pintura ha sido siempre figurativa y realista: paisajes, escenas costumbristas y figuras. Trata técnicas diversas, como óleo, acuarela, tempera, pastel, dibujos a plumilla en negro e iluminadas en color, carbón, sanguina y otras técnicas mixtas para ilustración. De todas ellas, destaca en el óleo y la plumilla.

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Durante la Exposición Inaugural de la Casa de la Cultura, el 4 de julio de 1975, acompañado por Manuel Martínez Alfonso. (Foto: Rafa. Archivo Municipal).

En óleo ha realizado numerosos cuadros de paisajes y composiciones de estilo figurativo, así como cuadros de realismo fantástico de estilo surrealista e hiperrealista. En sus plumillas dedica una especial preferencia por los paisajes andaluces, principalmente locales, rústicos y urbanos, y en los últimos años, por los temas religiosos, donde con creciente y tenaz porfía ejecuta dibujos muy detallados, al estilo de los grabados clásicos. Esta última faceta de su producción es la más difundida. Existen obras suyas en el Excmo. Ayuntamiento y el Museo Municipal del Puerto de Santa María, en la Casa de la Cultura de San Fernando, Diputación Provincial de Cádiz, Cámara de la Propiedad Urbana de Sevilla, en varios centros oficiales de Andalucía, así como en el Monasterio de Yuste (Cuacos, Cáceres) y en diversas colecciones privadas en España, Estados Unidos, Inglaterra, Italia, Grecia y Japón.» (W).

rafaeltardio_1983_puertosantamariaTRAYECTORIA EN LA PINTURA.
Entre agosto de 1965 hasta julio de 1966 fue ilustrador del bisemanario "La Voz de la Bahía", periódico editado en El Puerto e impreso en los talleres de Jerez Industrial. Colaboraría, además,  en varias otras publicaciones de ámbito local y provincial.
El año 1971 el grupo norteamericano ‘Tarlinco’ que editó su colección "Reflexions of Spain" de temas locales, reproducidos en litografías a color para su difusión en EEUU.
Será en durante el año 1981 cuando ilustra sendos volúmenes: "Del Mar de Cádiz", de Rafael Alberti, editado en El Puerto, y "Ciudad Pasajera" del poeta José Félix Olalla, editado en Barcelona.
El año 1983 ilustra la contraportada de la "Guía Histórico-Artística de El Puerto de Santa María”, de Olga Lozano y Mercedes García Pazos, editado por el Ayuntamiento de El Puerto.
Durante el año 1984 crea la colección "Rincones Portuenses”, edición limitada de cien copias numeradas y firmadas de doce plumillas dedicadas nuestra Ciudad; otra colección titulada "Imágenes del Puerto", con litografías en color de tres cuadros; y una edición limitada para Bodegas Terry, sobre temas bodegueros, que se encuentra en algunos establecimientos de hostelería. (En la imagen de la izquierda, una plumilla con acuarela, de 1983, sobre el río Guadalete y el Parque).

En el año 1985 crea una serie de 31 cuadros al carbón, plumilla y acuarela sobre temas marroquíes.

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Colón en el Puerto, a las puertas del Castillo. (Rafael Tardío).

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Juan de la Cosa y su primer mapa mundi. (Rafael Tardío).

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Los nobles en la Prioral.

EL PUERTO Y EL DESCUBRIMIENTO.
El año de la Exposición Universal de Sevilla, en 1992, con motivo del V Centenario del Descubrimiento de América editó unas carpetas tituladas "El Puerto de Santa María y el Descubrimiento de América" conteniendo tres litografías de sendos cuadros ejecutados a plumilla y acuarela, para resaltar la importante participación de El Puerto, con la colaboración municipal. Asimismo realizó la portada del libro "El Almirante Valdivieso, su palacio y el Puerto de Santa María en el siglo XVII".

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En 1998 presentó en el Claustro de Santo Domingo, de Jerez de la Frontera, una exposición de 37 cuadros realizados a plumilla, titulada Cartusia Defensionis.

EXPOSICIÓN ANTOLÓGICA.
En 2004 se organizó en nuestra Ciudad una muestra antológica de su pintura con el título ‘Rafael Tardío: 50 años de Pintura’. Hasta entonces y durante esos años ha realizado  34  exposiciones individuales y participado en 16  colectivas en El Puerto, Cádiz, Jerez de la Frontera, San Fernando, Rota, Arcos de la Frontera, Algeciras, y fuera de Cádiz: Madrid, Barcelona, Santander, Elda (Alicante) y Sevilla, habiendo obtenido diferentes premios a lo largo de su trayectoria pictórica. Ha recibido encargos de diversas entidades, tales como Osborne y Cia., Bodegas Terry, Romerijo, diversas entidades bancarias, el Hospital Universitario "Marqués de Valdecilla", de Santander, el Hospital de La Paz, Madrid, y colecciones particulares. En la actualidad, Rafael se encuentra retirado en su estudio de Valdelagrana, donde pinta de forma casual y continúa con  su faceta literaria.

PARQUE RAFAEL TARDÍO ALONSO.

Hoy nueve de agosto de 2o1o, se ha inaugurado el Parque Rafael Tardío Alonso, un precioso jardín repleto de arbolado, en el entorno del Soto de Vistahermosa. El ayuntamiento de la Ciudad reconoce así, una trayectoria dedicada a la pintura, a los rincones portuenses y a reivindicar el nombre de su ciudad natal.

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Javier Maldonado tuvo una intervención durante el acto, así como homenajeado y alcalde. Manolo Morillo, en nombre de Enrique Bartolomé, leía este texto instantes antes de descubrir el monolito que lleva el nombre del humanista Rafael.

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"La razón sólo tiene un camino: el sentido común.
Es para mí un orgullo y una enorme alegría abrir el acto de inauguración de este parque, por lo mucho que tiene de emoción, de satisfacción y de justicia.
Los portuenses que por motivos diversos hemos permanecido alejados de nuestra ciudad por períodos prolongados de tiempo, valoramos con mayor pulcritud los mimbres sobre los que descansa la identidad y la idiosincrasia de El Puerto.
Hombres y mujeres han ido aportando a la sociedad portuense sus maneras y sus sensibilidades a través de la peculiar y genuina historia local, para que hoy podamos decir sin equivocarnos qué somos y qué significamos.
Cuando escribo estas líneas me encuentro triste por no poder acompañaros familia Tardío, aunque plenamente satisfecho porque con la inauguración de este parque la ciudad de El Puerto hace justicia con un hombre de bien. Con un ser humano por encima de todas las cosas, que ha sabido llevar a sus manifestaciones artísticas los sabores y los sinsabores de una ciudad como la nuestra.
Admiro a Rafael Tardío Alonso no sólo por su aportación cultural y artística, sino por su profunda pasión al trabajo.
Me unen a él multitud de hilos conductores. He vivido con sus hijos experiencias inolvidables y compartido metas e ilusiones.
No voy a enumerar en estas líneas el amplio currículo de Rafael. Los portuenses sabemos de sobra lo que aporta con cada pincelada y lo que significa la plasmación de aquello que a veces pasa desapercibido para la mayoría.
Rafael Tardío ha sabido leer con precisión y maestría aquella cara, a veces oculta de la vida, cargada de sensibilidad, que tanto marca el devenir de un pueblo.
Nuestro homenajeado contribuye con un legado difícil de igualar, donde las generaciones de jóvenes portuenses ávidos por expresar lo que sienten y lo que viven, encontrarán sin duda un material didáctico más que suficiente para avanzar por un camino honorable y solidario.
Rafael ha sido profeta en su tierra, la que le vio nacer hace ya algunos años. Y hoy El Puerto entero le devuelve sólo una parte de lo mucho que ha dado.

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Como es él, callado y prudente, sabrá paladear cuando deambule por este parque, las consecuencias de un trabajo bien hecho, de una labor escrupulosamente realizada.
Ante la imposibilidad de estar ahí con ustedes Rafael y familia, me sumo con todas las fuerzas de mis entrañas a este merecido, sentido y justo homenaje en la seguridad de que El Puerto hace justicia con un hombre honesto y cabal por encima de cualquier otra consideración. El tiempo, como dijera José Luis Borges, es el mejor antologista, o el único tal vez, como en el caso que hoy nos ocupa, que sabrá dar la verdadera dimensión de la vida y obra de Rafael Tardío Alonso. Enhorabuena y un fuerte abrazo desde la montaña palentina en una tarde de agosto.".
(Fotos inauguración del Parque: Jorge Roa).