
Juan Carlos Gutiérrez Colosía , segundo de cinco hermanos fruto del matrimonio formado por José María Gutiérrez Sánchez de Cos y María Loreto Colosía Molleda, nació en la calle Federico Rubio , entre Conde de Osborne y Cañas, en el año de 1945. Le precedía en el nacimiento, su hermano José María y le seguían tras el propio Juan Carlos, Alfonso (+), Jorge y Elisa María. Su abuelo fue José Gutiérrez Dosal, fundador de la firma en el siglo XIX, que compró a Claudio López Brú, segundo Marqués de Comillas, a principios del siglo XX. Está casado desde 1986 con la mallorquina Carmen Pou Riutort y tienen dos hijas: Carmen y Carlota.

Eriqueta de las Bodegas de las Viñas 'Pollero Alto', etiquetadas como 'antes Marqués de Comillas' y 'sucesores de Marqués de Comillas'. En una aparece la ciudad de El Puerto y en la otra la denominación del marco: Jerez. En ambas se destaca el año de su fundación: 1837.
Su infancia transcurre en la calle Pozuelo, jugando en unas calles aún no tan transitadas. Estudió en el Colegio de las Carmelitas, --se acuerda de la Hermana Natividad--, en la calle Luna, con la señorita Paca y con 9 años ingresó en el Colegio de la Pescadería, con Miguel Cea Quiroga como director y los profesores Ciro Morata y Antonio de la Torre, entre otros. Luego estaría interno varios años en el Colegio de Nuestra Señora de los Reyes, en Bonzanza (Sanlúcar), dirigido por los hermanos Maristas. Rebelde, decide escaparse del colegio con 14 años, en desacuerdo con los métodos disciplinarios del centro, al terminar el 4º de bachillerato, con lo que se inscribe una nota negra en el libro escolar, lo que le impide acceder a otro centro. Ahí terminan sus estudios reglados --que no su ansia de formarse y conocer, algo que hace de forma autodidacta-- y empieza a trabajar en el que ha sido y es su mundo: la bodega. (En la imagen, José Gutiérrez Dosal).
Estamos en 1960. Así, empieza de obrero en la bodega, donde aprendió e hizo de todo. Su maestro: su padre. Allí empujaba botas, trasegaba el vino a jarra, lo rociaba, venenciaba, arrumbaba a mano... En 1966 muere su padre y con 20 años se ve con la responsabilidad de sacar adelante el negocio vinatero. (En la imagen, José Gutiérrez Sánchez de Cos).
Una empresa nada fácil, en un mercado en crisis permanente, que ha vivido todo tipo de vicisitudes. Eran almacenista de vinos y, cuando dejan de comprarle las grandes bodegas, (Williams & Humbert, Osborne y González Byass), alla por la década de los noventa del siglo pasado, las alternativas estaban claras: había que cerrar o salir al mercado.
Y con ese empeño, esa nueva experiencia. Salir a la exportación. Instalan un sistema de embotellado, con nuevas tecnologías lo que supuso grandes inversiones en un momento en el que el mercado de nuestros vinos estaba en recesión. (En la etiqueta que aparece a la izquierda, Amontillado Marqués de Comillas, fundado en 1837. Al segundo marqués compró Gutiérrez Dosal la bodega de la actual firma Gutiérrez Colosía).
Juan Carlos empieza a viajar. Para su sorpresa, cuando en el marco de Jerez muchos pensaban que el vino se vendía solo, había que hacer grandes esfuerzos para colocarlo en un mercado cada vez más competitivo y difícil. En Holanda recibe al principio el rechazo de los importadores. En Alemania, dadas las políticas efectuados por algunos exportadores que habían dejado en muy mal lugar los vinos del marco, desconfiaban. (En la etiqueta ide la izquierda, Fino Toneles, de su abuelo, José Gutiérrez Dosal).
Pero Juan Carlos no se desanima, creía en lo que hacía y en la bondad de sus productos y vuelve a la Feria de Dusseldorf, a los 'show rooms' de Holanda... a fuerza de voluntad no había quien le ganase. Años más tarde, en Vinoble (Jerez) tendría que luchar contra competidores de la zona, que no le admiten, pero sus productos se acaban posicionando en los mercados de exportación. (A la izquierda, botella de Pedro Ximénez de Gutiérrez Colosía).
En 1995 la Guía Peñín considera los vinos de Gutiérrez Colosía entre los mejores de España, e igualmente son recomendados por la Guía Gourmet.
En 1998 unos exportadores ingleses prueban sus vinos en las bodegas y empiezan a venirle los primeros contratos para el extranjero. Se diseñan nuevas etiquetas de vinos e incluso cambia el tipo de botella. Los productos embotellados por Gutiérrez Colosía, además del vino en rama y el vinagre a granel, tienen una estrecha relación, por su nomenclatura, con El Puerto:
LOS VINOS
Fino Campo de Guía. Recordatorio de la zona de ensanche bodeguero del mismo nombre.
Oloroso Sangre y Trabajadero. En 1982 compró a la desaparecida firma de Cuvillo 300 vasijas con continente y contendio de dicho preciado caldo, usado tradicionalmente en los Astileros de Puerto Real de Navantia, para la botadura de los buques salidos de dicha factoría.
Cream Mari Pepa. De una solera de la desaparecida bodega de Merello Gómez, que sale al mundo a través de ferias que se celebran fuera de España.
A partir de 1999 sus productos ya se pueden encontrar en Alemania, Bélgica, Inglaterra. Además en Suiza, Austria, Italia, Holanda, Irlanda, EE.UU., Japón, Brasil, Canadá,... No cabe duda que sus vinos son conocidos más fuera de El Puerto que dentro de nuestro territorio, paseando el nombre de nuestra Ciudad por el universo mundo.
En el 2000, el Amontilado Colosía obtiene el Tercer Gran Premio otorgado por los Paradores de Turismo de España, dependientes del Ministerio de Turismo, Transporte y Comunciaciones.

Sala de Catas y muestras a principio del siglo XX.

Sala de Catas en la actualidad.
EL BRANDY EL CANO
En 2004 Juan Carlos se decide a embotellar una pequeña solera de brandy procedente del primer tercio del siglo XX, cuando su abuelo, José Gutiérrez Dosal, guardó parte de las existencias tras la Guerra Civil que destruyó muchas de las activos de la firrma. Así bautiza este brandy como ' Juan Sebastián El Cano', calificado por el Consejo Regulador como Solera Gran Reserva, la máxima categoría dentro de esta bebida espirituosa, como homenaje al buque escuela español estrechamente ligado a la Bahía de Cádiz. En las bodegas del buque viajan, durante los periodos de instrucción botellas de dicho brandy para atender los compromisos durante sus escalas. (En la imagen de la izquierda, cachón de botas, firmadas por los Comandantes que ha tenido el 'Juan Sebastián Elcano')
Es un producto del que sólo se embotellan 1500 botellas al año con el objeto de que siga manteniendo la calidad que le dan las soleras de cerca de un siglo.
En 2007 la Revista Sommelier, de Alemania califica el fino y manzanilla de Gutiérrez Colosía como número 1 para maridajes.
En 2008 el Palo Cortado Colosía, recibe una nueva distinción, obtieniendo una puntuación de 95 sobre 100 por parte de la Guía Gourmet.
En 2009 la Copa Jerez, campeonato instituido por el Consejo Regulador del Jerez, la gana un chef holandés con vinos de Gutiérrez Colosía.
En 2010 Neuhaus, numero uno en pralinés de lujo desde 1991 en Bélgica, elaborados siempre de forma artesanal, ha elegido como complemento a sus productos al Oloroso de Gutierrez Colosia, dentro de una serie llamada The "Sommelier" collection en la que el Sommelier Maxim de Muynck, elegido sommelier del año 2009 por la prestigiosa Gault Millau, propone una combinación entre el Oloroso de Gutiérrez Colosía y bombones de la colección de Neuhaus.

La bodega, lindando con el río Guadalete, cuando pertenecía a la firma de Sancho Hermanos.

La bodega y el Palacio de Cumbrehermosa, al fondo, a la derecha, a la izquierda la Fábrica de Gas Lebón.
LA BODEGA CATEDRAL
Desde 1837, se encuentran en la desembocadura, del río Guadalete las bodegas de la firma de Gutiérrez Colosía, que fueron adquila única existente junto al río: los vientos secos de Levante y húmedos de Poniente provenientes del Atlántico regulan la humedad ambiental manteniendo las condiciones óptimas para los vinos, aportando la temperatura perfecta para la crianza biológica de los vinos finos bajo el velo “en flor”, que son levaduras o microorganismos que se reproducen en la superficie del vino y que le dan ese sabor tan característico a nuestros finos.

La Bodega, rotulada entonces como 'De la Viña del Pollero Alto', en la calle Aurora.

La Bodega, en los años setenta. Apreciamos construcciones de los pisos militares, a su espalda.

La Bodega en la actualidad. A la derecha, la Piscina Municipal cubierta.

Vista aéra de la bodega, antes de la urbanizacion de sus alrrededores. El Vapor, al fondo.
La primera 'nave catedral', que es como se conoce a este tipo de bodegas tan grandes y ampulosas, fue construida en 1837 y se conserva prácticamente igual que entonces. Pasó por varios propietarios (Marqués de Comillas, Sancho, Domecq, ...) hasta que a principios del siglo xx la mitad de aquella bodega conocida como del 'Pollero Alto' la compró el abuelo de Juan Carlos.

Derrumbe del Palacio del Marqués de Cumbrehermosa. Daba a las calles Aurora, Valdés y Bajamar. En la imagen, por la calle Aurora, a continuación podemos ver las actuales bodegas de Colosía. Sobre este solar se construirían después unas modernas bodegas que hoy continúan en pié, pero sin uso vinatero.

Las bodegas que se construyeron en el lugar donde estaba Cumbrehermosa, vistas desde la Avda. de la Bajamar, esquina con Valdés.
En 1969, la familia Gutiérrez-Colosía adquiere las ruinas del Palacio del Marqués de Cumbrehermosa. Juan Carlos recuerda como vió derrumbarse una parte de aquelo edificio y su posterior demolición por cuestiones de seguridad. Eran otros tiempos... En su lugar hicieron construir dos cascos bodegueros más, a principio de la década de los sesenta del siglo pasado que, en la actualidad, están fuera de producción.
Juan Carlos Gutiérrez Colosía, amante de El Puerto, sus cosas y su historia; enamorado de la hoy y siempre difícil profesión de bodeguero, ilusionado por posicionar sus productos en el mundo (en estos días salen para el estado de Virginia (EE.UU.) unas botas de las bodegas Colosía), emprendedor, sigue buscando mercados, ofreciendo catas en origen y destino. En breve estarán en Barcelona; en agosto en Dinamarca, haciendo una degustación con el importador a almacenistas, restauradores y sommeliers; en octubre en Bélgica, y en invierno continuarán asistiendo a ferias y catas abriendo y consolidando mercados internacionales, ayudado por la nueva generación, los Gutiérrez Pou (Carmen y Carlota, en la imagen de la izquierda) y por su incansable esposa y compañera, Carmen Pou Riutort.



Me emociono de pensar en esos pocos años que pasé en el Puerto --entre 1954 y 1964--, pero que tengo grabados en mi memoria como si fuesen ayer y, aunque no tengo buena memoría para los nombres, si recuerdo mi niñez en La Placilla. Jugando todos los días, con mis amigas, Mª Jesús, Milagros, Paqui, Nati, con las que pasé parte de mi infancía, hasta que tuvimos que regresar a Zaragoza. Hasta allí llevó todos nuestros enseres Agustín Vela Mariscal. Esta familia para nosotros fue, pues eso: nuestra familia; nosotras pasábamos mucho tiempo en su casa jugando, muchos domingos cuando hacía malo jugabamos a la lotería, en aquella habitación que daba a la Placilla y se veía mi casa. (Esperanza y su hermana gemela Carmen, en el patio de su casa en la calle Santa María).



Mi vecina Soledad con su hermana Milagritos inválida y a la que tenía siempre limpia y guapa, como los chorros de oro, la peinaba siempre con su caracolillo en el flequillo, que parecía una princesa; Soledad sacrificó su vida por su hermana, para cuidarla; me acuerdo que en la planta baja de la casa, creo que se montó una de las primeras emisoras de radio de El Puerto, que la llevaba Carmelo Ciria, un chico muy guapo, que le decía a mi madre, "--Pilar yo me casaré con su Esperancita". Y ponía la canción de Esperanza que no recuerdo el cantante; la ponía todos los días, era un chico mayor que yo, eso lo recuerdo con mucho cariño. (Foto de familia numerosa).
Mi padre era ajustador montador de gruas, y estuvo de capataz montando, la Punta de San Felipe, con la empresa Oliden, con la moto iba y venía a Cádiz, por eso cuando lo destinaron fuera, mi padre el pobre iba y venía de Almazan (Soria) cada 15 días, en la moto, fuese invierno o verano, estuvimos así bastante tiempo, y al caer mis abuelos enfermos, ya decidieron venir a Zaragoza capital, el día 30 de octubre de 1964, que fué el mayor disgusto de mi vida, allí dejaba mi niñez, mis amigas que tanto quería, mi amiga Mª Jesús y yó solo hacíamos que llorar, porque nos queremos mucho, pués allí fuí muy feliz, ahora tambien lo soy gracias a Dios. (En la imagen, Felipe Lacarta, abajo a la izquierda de la grua).
A principios del siglo XX la fotografía comercial creció con rapidez y las mejoras del blanco y negro abrieron camino a todos aquellos que carecían del tiempo y la habilidad para los tan complicados procedimientos del siglo anterior. En 1907 se pusieron a disposición del público general los primeros materiales comerciales de película en color unas placas de cristal llamadas Autochromes Lumière en recuerdo a sus creadores, los franceses Auguste y Louis Lumière, siendo peculiar en esta época que las fotografías en color se tomaban con cámaras de tres exposiciones. (En la imagen de la izquierda, Justino Castsroverde, en 1920).
Fallecido su padre y pese a su vocación universitaria de farmacia, le llevaron a trabajar a Cádiz como aprendiz en el estudio fotográfico de José Reymundo "con el que estableció no sólo una relación laboral, sino una vinculación personal y afectiva, que perduró hasta el fallecimiento del maestro en 1950".
El profesor Garófano encuadra a Castroverde en la denominada corriente pictoralista de la fotografía, aquella de pretensiones artísticas que surge como reacción a la fotografía de aficionados, considerada vulgar, reivindicando los valores propios de aquella para la realización de obras de arte en plena igualdad con otras disciplinas artísticas como la pintura, la escultura o la arquitectura. Los fotógrafos del pictorialismo se definen como fotógrafos y artistas en la línea de las teorías del romanticismo propias del siglo XIX, destacando la sensibilidad e inspiración de los autores y otorgando un papel secundario a los conocimientos técnicos.







El otro día por ejemplo, agarré y cogí la calle Ganado, viniendo de Cielo y recordé que antes en la carnicería de Manolo Ortega, hubo una frutería, que en la taberna "Los Maeras Chico", tuve la oportunidad de conocer a Manolo del Pino "El Niño del Matadero", (a la izquierda de la imagen) me lo presentó mi padre, me gustaba salir con él; que en la Sastrería de Vera, hubo una tienda que se llamaba "Sempere, Mercería, Calzados", este inmueble igual que la Taberna "El Refugio", pertenecen a Muebles Palomino, y ahí me detuve en hacer la inspección de la calle y de forma consciente empecé a recordar lo que fue este establecimiento.
La taberna estaba dirigida por Rafael Gómez Cordero, Rafael era hijo del cabo de guardias de campo Ceferino Gómez, tristemente fallecido el el cortijo Pozolozano. Rafael tenía que yo sepa tres hermanos más Ceferino (padre del que fue alcalde de El Puerto Rafael Gómez Ojeda, a la izquierda de la imagen) víctima de la guerra incivil, no entiendo, como un hombre tiene que matar a otros hombre, cuando el hombre se muere sólo sin necesidad que nadie le mate; Pepe capataz de la bodega de Velarde y Luis que no conocía, conozco a su viuda Luisita Morales Augusto, mujer con un humor y una vitalidad envidiable.
Luis Ballesteros Hidalgo, íntimo amigo de mi padre, agente Judicial del Juzgado de 1ª Instancia e Instrucción, socio del Real Madrid, se carteaba con Don Santiago Benabeu, gran aficionado a las óperas de Pucinim, Rosini y Verdi. Antonio Carmona, oficial del Juzgado Municipal. José Gómez de Requena, propietario de varias panaderías. Me contaba mi padre, que este señor cuando tenía que limpiar los hornos de leña por dentro, esperaba unos días que se enfriaran algo y después se forraba el cuerpo con sacos de arpillera vacíos y se metía dentro del horno a limpiarlos, ¡que valor! José Gómez Cordero, capataz de bodegas Velarde. Cecilio González, casado con Dª Pura la matrona. El maestro Suano, relojero empleado de Relojería Díaz, persona seria y formal, educado que cuando se encontraba a gusto, le daba por cantar por malagueñas y recitar a Don Ramón de Campoamor. Suano casi siempre iba acompañado de su hijo, relojero también. La familia Loliti, grandes aficionados al flamenco con su padre al frente. Los hermanos Flor Pedregal, empleados de Telefónica. Bancalero, empleado de Renfe
El billarín que como les dije anteriormente, estaba en el salón, era una de las mesas más difíciles de jugar, por lo estrecha que era; pero bueno cuanto más cargado de vino estuviera el personal, mejor se jugaba. (A la izquierda de la imagen, contador de billar).
Eduardo Javier Ríos Reyes es un portuense nacido en San Pedro de Alcántara (Málaga) en marzo de 1976. Fotógrafo profesional con más de 10 años de experiencia en el sector y experto en fotografía digital de alta calidad, es Director Gerente de Foto Planet, especializado en fotografías aéreas tomadas por un zeppelin, hinchables publicitarios de helio y fotografía digital de alta calidad, entre otros tratamientos de la imagen. Casado, está en posesión del título de Ingeniero Técnico en Explotaciones Forestales, expedido por la Universidad de Huelva. Tiene su oficina en el Centro de Lanzamiento Económico situado en el Polígono Industrial Las Salinas.
El proyecto, que tiene su sede en el Polígono Las Salinas y expone alguno de sus trabajos en su web,
Por el momento, la mayor parte de su clientela son empresas de Andalucía occidental, si bien proporciona cobertura nacional gracias a la red Anefad, una entidad formada por 20 profesionales de la fotografía aérea que en caso de recibir demandas de clientes de provincias lejanas los comparten a cambio de una comisión.











A su jubilación pasó a manos de su yerno, Francisco Gómez Mateos, auxiliado por su mujer, Isabel Real Sánchez y la hermana de ésta, Francisca, hermana de Pepe ‘el de la Draga’. Al fallecer Francisco, el establecimiento pasa a ser regentado --no solo la cocina-- directamente por su viuda, Isabel Real, quien continúa gestionándolo en la actualidad. (A la izquierda, el desaparecido Francisco Gómez Mateos).



Con anterioridad en 1779, en la plaza existían dos tiendas de montañeses, propias de Francisco Ruiz de Oreña y Juan de la Torre, y en 1804, dos tabernas --acaso en los mismos locales-- de Pedro Gómez Quijano, en donde también se freía pescado».
En la actualidad dicho establecimiento, al que es asidua en sus estancias en El Puerto la eurovisiva 





El doctor Medinilla propuso la plaza de toros, por su ventilación y aislamiento de la población. Después se pensó en el edificio de Santo Domingo que había quedado vacío al trasladarse el ayuntamiento a la nueva sede en la actual plaza de Isaac Peral. También se barajó la posibilidad de instalarlos en las antiguas dependencias del colegio de la Aurora, en calle San Sebastián pero la rehabilitación resultaba excesivamente costosa. Finalmente, mediado octubre de 1898, se decidió fuera el recinto anexo a la penitenciaría de La Victoria, lugar cercano a la estación de ferrocarril y lo suficientemente alejado del casco urbano el sitio donde atender a los repatriados enfermos y el recinto donde debían pasar la cuarentena aquellos soldados sospechosos de estar incubando la enfermedad. (En la imagen, una ambulancia antigua, en un carro cubierto, tirado por un semoviente).




Dado que el archivo de la Cruz Roja Local es prácticamente inexistente por un periodo que abarca entre que fuera desmilitarizada, --hará aproximadamente 25 años-- y su fundación, invitamos a los lectores de Gente de El Puerto que tengan algún tipo de documento, fotografía, recorte de prensa, insignias, recuerdos, bonos, etc… nos lo hagan llegar (original o copia) para la creación de un fondo documental de dicha institución benéfica, que será entregado a la misma para su catalogación y archivo. La Cruz Roja cuenta en El Puerto con más de 100 años de existencia.