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Jaime Arias y Blas Hervías, los empresarios creadores de la ginebra Ocean Gin.

Pretende ser una ginebra que recuerde al mar y por eso su nombre es “ocean gin” que traducido resulta más o menos la ginebra del océano. Para que esa sensación no esté tan sólo en el nombre entre los once aromas, botánicos se le llama en el argot de las ginebras, que lleva la bebida está la salicornia, una planta que crece junto a los esteros y que también se conoce con el nombre de “espárrago de mar” por su similitud en el sabor y en la forma con los espárragos.

Entre los demás aromas que lleva la ginebra están también la canela, la hierba luisa, la naranja, el limón o la lima. El proceso de producción y de gestación de este producto ha estado completamente en manos gaditanas.

Así desde la salicornia, que procede de los esteros de la zona de la Bahía de Cádiz hasta en la destilación que también se ha llevado a cabo en un alambique artesanal de la provincia,  han intervenido empresas de la zona, al igual que las dos firmas que capitanean el proyecto.

La atractiva botella con la que saldrá a la venta la ginebra con salicornia. /Foto:  Pesonetomarketing

El lanzamiento de “Ocean Ginn” es un proyecto conjunto de la empresa  Pesonetomarketing, del experto en marketing Jaime Arias Hormaechea y Blanc Gatronomy, del empresario Blas Hervías, especializada en la creación de productos de lujo. La primera de las firmas está afincada en El Puerto de Santa María, y la segunda en Puerto Real, en el polígono de Tres Caminos.

Ambas firmas llevan ya varios meses desarrollando el producto. Pesonetomarketing se ha ocupado del desarrollo de toda la presentación del producto para lo que ha elegido una botella de color negro con letras serigrafiadas en color oro. Esta innovadora empresa portuense (ver aquí página web) está especializada en el desarrollo de la presentación de productos.

La salicornia es una planta que crece junto a los esteros y que también se conoce con el nombre de “espárrago de mar” por su similitud en el sabor y en la forma con los espárragos, se utiliza en la elaboración de esta nueva ginebra. /Foto: Pepe Monforte.

Por su parte Blanc Gastronomy se ha ocupado de la composición del producto en sí y ahora se encargará también de la comercialización. La empresa comenzó a trabajar en 2010, en principio dedicada a la elaboración de “caviar blanco” un producto basado en los huevos de caracol. Luego la firma ha ido evolucionando hasta especializarse en la comercialización de productos de lujo como esta ginebra que van a comenzar a vender ahora. En principio su precio de venta será de 24,75 euros y en los próximos días podrá adquirise ya a través de la página web de blanc gastronomy. (Texto: Pepe Monforte).

La Peña ‘el Tirolés’ reunida en la terraza del antiguo Kiosko de Murga, en el Parque Calderón, hoy de Romerijo. Al fondo podemos ver el edificio de soportales que existía antes de la construcción de la actual sede central de Mariscos Romerijo.

De izquierda a derecha, Daniel Otero Rascón, Jaime Gutiérrez Perea, José Galán Venegas, Juan López Durán, Juan Monge Reinado y Manuel Albert Alonso. /Foto: Colección V.G.L.

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A mediodía del pasado lunes 28 de mayo fallecía e los 89 años el ‘decano’ de la hostelería porteña, Vicente Sordo Díaz (ver nótula núm. 014 en GdP), propietario hasta la fecha del Bar Vicente, también conocido como ‘Los Pepes’ o, con anterioridad ‘El Rubio’ o ‘Las Mellizas’. Nacido en Camijanes (Cantabria), llegó a El Puerto con 15 años siendo un claro ejemplo de montañés afincado y emprendedor en nuestra Ciudad. Casado con Ascensión Gómez Recalde (de otra afamada familia cántabra, dedicada a los negocios de la alimentación) de la que era viudo, fue padre de Ciony, Lola y Vicente. Precisamente sus hijo y nieto  --los dos del mismo nombre que el desaparecido Vicente-- siguen al frente del negocio.

El pasado sábado 26 de mayo, cuando las rosas y  geranios de encaje declinan en su exuberante belleza primaveral, tras sublimar su esencia en un suspiro, sentí la necesidad de escribir unas notas premonitorias. Estuve sentado  ante un velador que sirve de puente entre la puerta de entrada y la ventana del Bar Vicente. No es un velador más, porque los demás no tienen una tapa de mármol veteado de sesenta por sesenta, de color café con leche, ni se asientan sobre un soporte de madera en palillería torneada y dos reposapiés, uno frente al otro, para acoger a un contertulio dispuesto a oír la voz de la experiencia además de la sabiduría.

Tres Vicente Sordo, tres.

El lado que da a la puerta de salida, es el que hasta hace muy poco estaba siempre reservado para el Patriarca. A la altura de su cabeza, un manifiesto que resalta los valores de la especie humana como objetivo y un banderín de enganche para el que sienta en su corazón los valores que destaca. Allí permanecía durante los últimos años la matriosca mayor, como centinela alerta para dar la bienvenida al que llegaba y el adiós al que partía. Casi siempre en silencio. Solo una sonrisa bondadosa sobre su rostro venerable. Dispuesto a contar si se le pedía. Pacientemente callado mientras escuchaba. Complacido, recreaba su vista sobre las otras matrioscas, sus dos Vicentes y sus fieles colaboradores que siguen acumulando trienios.

Nunca un gesto de desaprobación. Tampoco había motivos. Había sabido esculpir en el sistema límbico de su saga, las letras de oro de sus éxitos como persona y como profesional. Me tomé una copa. Me sirvió como siempre Vicente II. Pregunté por su padre y si mantenía aún la ilusión de ver por TV las corridas de toros. Sonriendo con un gesto de amargura y brillo en los ojos, me confesó que su padre ya estaba intimando con los querubines, que le había entregado los anillos suyo  y de su esposa mostrándomelos ensartados en una cadena colgada de su cuello. Sentí tristeza, pero también la admiración al comprobar la capacidad de abnegación ante el ineluctable hecho natural de la vida y su consecuencia final. El lunes 29 se consumó la crónica que me avanzó desde nuestro afecto mutuo Vicente II. Se rompió el cascarón de la matriosca y dejó huérfanos a los Vicentes y a tantos como recordaremos su patriarcal figura que ya va camino de las estrellas. (Texto: Alberto Boutellier Caparrós). (Fotos: Bar Vicente).

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Estas imágenes tienen en común el Bar Santa María y el fotógrafo de la época ‘Cuellar’, a principio de la década de los setenta del siglo pasado, (ver nótula núm. 399 en GdP).  Es muy difícil que cualquiera de entonces no tuviera alguna foto hecha por él, y en la palmera, que estaba junto a una heladería de Camy, deberían de haber puesto una placa en homenaje a este peculiar fotógrafo. Fueron muchos los portuenses, y los que no lo eran, que dejaron su imagen ahí.

En la imagen uno de los hermanos Sánchez, Francisco Áspera Jiménez del grupo Chiqui Fly Travel Nirvana (ver nótula núm. 677 en GdP), Angelín Lozano y Méndez, entre otros.

En las imágenes  estamos entre otros Paco Guerra, que en paz descanse, Mary Carmen, de la que en la actualidad soy viudo y Ángel Lozano, actual propietario del establecimiento. Y ‘Cuellar’ , en el bar Santa María, era de la familia. Corría el año 1974 o 75. Paco Guerra y yo estábamos haciendo el servicio militar, en  el Arsenal de la Carraca (San Fernando). Angelín Lozano se fue unos meses mas tarde a El Aaiún, aún colonia española. Allí vivió la Marcha Verde. Paco Guerra y yo, arrestados en La Carraca, cargábamos municiones y víveres en los barcos que salían para allí. A los tres nos cogió la muerte de Franco en la mili. Y ahora, cada uno, recordamos aquellos desde distintos lugares de España y el mundo, los mas en El Puerto, otros ya tristemente desaparecidos. / En la imagen de la izquierda, el desaparecido Paco Guerra.

Reunión en el Bar Santa María.

Los hermanos José y Ángel Lozano, segundo y cuarto, de izquierda a derecha.

Durante un tiempo, este bar se convirtió en el punto de reunión de aquellos  que despertábamos a otra forma de vivir la vida, algunos incluido el ‘porro’. Era conocido en Cadiz, Jerez, Sevilla y hasta de Madrid venían buscando el bar y su ambiente. Fuimos acogidos, en principio, muy bien, ya que la madre de Angelín tenía unas cualidades humanas extraordinarias, hasta que empezamos a perjudicar la imagen del bar y la caja registradora. Ninguno teníamos un duro y estuvimos a punto de cargarnos el medio de vida de la familia.  El testigo pasó al Kiosko de Luis, pero esa es… otra historia.


El fallecido Paco Guerra, Ángel Lozano, Manolo 'el Casca', de la barriada de la playa y José Antonio Zambrano.

TIERRA MAR Y VINO.
La auténtica revolución social de Los Radar´s tuvo lugar años mas tarde, en la inolvidable caseta de feroa de Crevillet ‘Tierra, Mar y Vino’, que se convirtió en un lugar estable. Se esperaba con impaciencia al domingo y una vez allí, comenzaban a surgir todo tipo de emociones y experiencias que hacían unirse con mas fuerza a los jóvenes emergentes. Marcó época. Allí nacía, cada domingo, la experiencia, el amor y... los niños, ya que teníamos el pinar enfrente. (Texto: José Antonio Zambrano. Fotos: Cuellar, de la colección de J.A.Z.).

El 7 de abril de 1962 hace 50 años, se inauguraba el Motel Meliá Caballo Blanco, situado en el entonces Coto de Valdelagrana, hoy urbanización del mismo nombre que permanece cerrado desde el año 2005. Las autoridades primero tardaron en dar la renovada licencia --compatibilizando una galería comercial con los alojamientos-- y cuando ésta llegó, fueron los bancos los que, en plena crisis, no apoyaron la operación de reconstrucción, a cargo de la firma Hogarsur y otro socio gaditano.

El obispo  de Cádiz, Tomás Gutiérrez y el alcalde Luis Portillo, durante la inauguración del hotel.

El entonces obispo de la diócesis gaditana a la que pertenece Valdelagrana, Tomás Gutiérrez, procedió a la bendición de las instalaciones hoteleras, junto al alcalde de la Ciudad, Luis Portillo Ruiz y otras autoridades civiles y militares de El Puerto y la provincia, siendo recibidos por el presidente del consejo de administración de la propiedad, José Meliá, leyéndose en el acto unas cuartillas enviadas para la ocasión por el escritor gaditano José María Pemán. En el accionariado participaba también bodegas Caballero y José Guerrero Misa.

La piscina del hotel, entre pinares, contaba con cafetería y era escenario de importantes acontecimientos de los veranos portuenses. Hasta la aparición del Casino Bahía de Cádiz, cualquier acontecimiento de nivel en la Bahía se celebraba en El Caballo Blanco.

El establecimiento contaba con cincuenta habitaciones con baño privado y teléfono, siendo su director Jerónimo Tavira. Los mas modernos adelantos para un hotel de cuatro estrellas los tenía El Caballo Blanco: baño privado, teléfono, aire acondicionado, piscina iluminada y una zona acotada, entonces, en la playa. La celebración finalizó por la noche con una fiesta flamenca.

Vidriera con escudo de El Puerto que todavía existe en el inmueble.

El establecimiento pionero, moderno de este sector en nuestra ciudad, en la que solo había fondas,  pensiones y hostales hasta esas fechas, fue un navarro: Jose Luis Kurt Muñagorri (ver nótula núm. 897 en GdP), quien construyó y dirigió un hotel “sur la mer”, a pie de playa, el Hotel Fuentebravía, ampliado posteriormente con el nombre de ‘Parador Fuentebravía’.  También hay que anotar en su haber e iniciativa la creación junto con otros portuenses, del Centro de Iniciativas Turisticas, precursor del Patronato Municipal de Turismo que vería la luz en 1984.  Pronto siguieron, escalonadamente, nuevos centros de alojamientos: Motel Caballo Blanco, “El Cangrejo Rojo” –después Club Mediterráneo- y ya avanzados los setenta el Hotel Puertobahía, también en Valdelagrana.

Remozadas instalaciones para congresos en el Motel.

En la década de los ochenta experimentaría una profunda reforma y modernización, siendo director del establecimiento Juan Luis Ortega Rosillo y Director General Adjunto de Hoteles Meliá el porteño Ignacio Gago García (ver nótula 081 en GdP), recibiendo en 1986 el Premio a la Promoción Turística del Ayuntamiento de El Puerto de Santa María.

En la década comprendida entre 1950-1960 se organizaban espectáculos de Variedades -Varietés- y festivales cantantes noveles, además de obras de teatro y bailes en dicho espacio, algo que se añora hoy en esa misma plaza y otros parques de El Puerto.


En la imagen aparecen Manuel Rodríguez Ceballos (hermano de Paco) quien tenía la concesión de instalar un bar en dicha plaza. La fotografía está tomada en 1958 en el mes de agosto. Aparecen, además de Manuel Rodríguez, su hijo Manuel Rodríguez Lores y Pepe, hijo del conocido industrial propietario del establecimiento de ‘Los Dos Pepes’ de la Placilla.

En aquellos bailes la orquesta la componían Miguel Leveque, Pepichi Nogués, Quijano, Benítez y Pedro Pablo como vocalista. Por cierto que este grupo tocaba, al ritmo de salsa, el cuento de Caperucita Roja. También cantaba Luis Aranda con ‘Su cara bonita’, los bailes de los ‘Loliti’, la orquestan de doña Virginia Hernández al piano con su hijo Ramón Zarco al violín, las poesías de Manolo Astorga, Bononato en lo lírico y todo ello perfectamente organizado por Manolo Carillo. (Ver nótula núm. 076 en Gente del Puerto).

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José Torres Higuera 'el Chico', nace en la calle Federico Rubio el 19 de febrero de 1930, tiene pues 82 años. Hijo de Vicente y Amalia, gaditano y jerezana respectivamente, es el único hijo que sobrevive del matrimonio: María, Amalia, Antonio, Vicente, Manuela y José. Luego la familia se iría a vivir al número 3 de la calle San Francisco y 38 de Santa Lucía.

1930.
En el censo de 1.930 la Ciudad tenía 19.714 habitantes de hecho 19.847 habitantes de derecho y 4.468 hogares. Se produce relevo de alcaldes, siendo elegido el 26 de febrero José Luis de la Cuesta Aldaz y el 18 de marzo, Eduardo Ruiz Golluri. Ese año nacen, también, José Luis Mediana Gutiérrez, 'Peligro', conocido dependiente de la tienda de la calle Cruces 'Casa del Curita' y Juan Carreto Aparicio, canónigo magistral que fue de la Colegial de Jerez.

Trabajadero de bodega, haciendo botas para los vinos del marco. /Foto: Rasero

CARPINTERÍA Y TONELERÍA.
José estudiará en una 'amiga' o 'miga' de la calle San Bartolomé esquina con calle Los Bolos y, hasta los siete años en el colegio de conocido como Bellas Artes, ubicado en el actual Instituto Santo Domingo. Pronto dejará de trabajar, empezando como ayudante de carpintero en una obra que se realizaba en su propia casa. Mas adelante, José trabajará en los talleres de carpintería bodeguera que los hermanos Adolfo y Manuel Pallares tenían, respectivamente, en un bodegón de la Plaza de Toros y en la calle de Los Moros, donde ayudará a sus hermanos que producían en dichos trabajaderos. De allí pasará a la tonelería de Rafael Lores quien, debido a la escasez de madera se tuvo que dedicar a hacer cajas para empaquetar las botellas de vinos para diversas firmas bodegueras locales.

Trabajadero de bodega, preparando cajas para brandies de Osborne.

ASERRADORA CASTRO MERELLO.
Con 17 años entrará a trabajar como carpintero en Bodegas Terry hasta que se marcha al Servicio Militar con 19. Lo destinan a las Comandancias de Marina y Cádiz y El Puerto donde se hará cargo de la carpintería de dichas instalaciones. A la vuelta, no consigue volver a Terry y entrará a formar parte de la plantilla de la Aserradora de Miguel Castro Merello --donde era aparcero con Nicolás Terry Galarza-- situada en la calle Valdés donde hoy se encuentra el supermercado ALDI. Allí convivían otras dos empresas que Castro Merello tenía a medias, en esta ocasión con Fernando T. de Terry Galarza: Metalúrgica Portuense --dedicada a fabricar cierres de latas para las botellas-- y un lavadero de botellas para las bodegas. Eran pues, tres industrias auxiliares del sector vinícola porteño. Pero la crisis asomaba las orejas y ya no era productivo hacer cajas de madera. Aparece el cartón y Castro Merello no entra en ese negocio, empezando a hacer un ajuste de plantilla y saliendo de allí nuestro protagonista que era, prácticamente, el encargado de la Aserradora.

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Almudena Sainz de la Maza Ybarra vive en Morón, (Sevilla), aunque estos últimos años reside en El Puerto de Santa María, por su oficio:  ha trabajado hasta la semana pasada como Relaciones Públicas e Institucionales en Bodegas Caballero. Hija de Leopoldo Sanz de la Maza y Falcó, Conde de la Maza y primer alcalde democrático con UCD, y de Victoria Ybarra, también alcaldesa de Morón por Alianza Popular quien lo sucedió en el cargo, es la cuarta de siete hermanos de ese matrimonio tan singular, del que falta su padre, fallecido en 2002: Leopoldo, Cristina, Victoria, Almudena, Ignacio, Silvia y Micaela. Es prima hermana de la concejal popular Patricia Ybarra Lalor.

ECONOMÍA AGRARIA.
Almudena, persona campechana como sus progenitores, es licenciada en Economía Agraria por la Universidad de Readiwg (Inglaterra), ha trabajado en Bruselas en una Consultoria/Lobby especializado en informacion y legislación relacionada con agricultura y sector de alimentación: Bureau Europeen de Recherches. Desde 2006 hasta hace escasas fechas ha prestado sus servicios profesionales en el Grupo Bodegas Caballero.

Atendiendo a periodistas en el Castillo de San Marcos.

«De El Puerto tengo un hermoso recuerdo cuando venía, hace muchos años, a las Chocitas, en Vistahermosa. Y como no soy playera, bajaba cuando la playa estaba solitaria a disfrutar del horizonte de la Bahía. Era muy temeraria. Todavía hoy me acerco a mirar ese horizonte marítimo que, por su amplitud, me atrae mucho».

Recibiendo un azulejo de la Peña Taurina Florense.

DEL CAVIAR A LA GANADERÍA.
Además Almudena representa comercialmente una factoría de caviar y dirige junto a sus hermanos la ganadería de reses bravas Herederos del Conde de la Maza, así como el Cortijo de Arenales en Morón. «Por cruzar el puente me puse a la muerte», es la leyenda que figura en el escudo de armas de su familia. ¿se encuentra Vd. a las puertas de algo en el sector de la vitivinicultura?, responde Almudena: «--Es un sector que ni está de moda ni está pasando por su mejor momento. Igual que el mundo del toro».

DE LA EXPO’92 A EMBAJADORA EN IRÁN.
Fue durante la Expo’92 celebrada en Sevilla hace 20 años, en la que estuvo a cargo del personal de RRPP del pabellón de la Energía, cuando se dio cuenta de que tenía don de gentes. Almudena es una superviviente de la Expo donde se inició en el mundo de las relaciones humanas enfocadas al de los negocios.

Estuvo casada con un diplomático y fue la embajadora consorte de Irán, representando a España, por la vía de un matrimonio que no continúa. En Teheran Almudena tuvo que ver y vivir la injusticia del mundo islámico con la mujer, a la que se resistía siempre que podía. Y llevó el flamenco de España al Teatro Imperial de Teherán.

...continúa leyendo "1.360. ALMUDENA S. DE LA MAZA YBARRA. Ganadera de Reses Bravas."

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En 1971, Manuel Álvarez abrió al público como bar el Tabernón de Merello, en la calle Santa Lucía, casi esquina con la calle Federico Rubio, cuya cercanía con la Plaza de Toros, influyó en fisonomía y su propia historia; con anterioridad había sido Despacho de Vinos.

Manuel Álvarez sascando vino de la bota. /Foto: Colección Vicente González Lechuga.

En el Tabernón, recuerdo de otros tiempos, se conservaban algunos carteles amarillentos y ennegrecidos por el tiempo y los vapores alcohólicos que emanaban de las botas. También una colección de programas de mano de las corridas, que con el paso del tiempo cogieron el cuerpo de aquellas soleras. Manuel le tenía una especial estima al cartel anunciador de la corrida en la que el diestro local José Luis Galloso (con nótula núm. 368 en GdP), recibió la alternativa de manos de Antonio Bienvenida y Palomo Linares, el 18 de julio de 1971.

Manuel Álvarez recordaba cuando «los días que había corrida de toros se cerraba y engalanaba la calle Santa Lucía, desde la plaza de la Iglesia hasta la plaza de Elías Ahuja, transformándose en un paseo peatonal por el que pasaban los aficionados camino del coso». Y en ese paseo muchos se paraban y tomaban una ‘morenita’ antes de entrar a ver la corrida.

El tabernón de Merello, en su etapa final. /Foto: Colección Antonio Gutiérrez Ruiz - Asoc. Cultural Puertoguía.

Entre las anécdota Álvarez recordaba que, «en cierta ocasión Juan Bernal, matador que era entonces peón de cuadrilla, se entretuvo más de la cuenta en el Tabernón. Llevaba una maletita y me preguntó si había algún sitio donde pudiera cambiarse. Yo me quedé un poco extrañado, pero acto seguido el mozo sacó un traje de luces de la maleta y me dijo que le ayudase a vestirse, después se puso una chaqueta y un pantalón vaquero sobre el traje y salió corriendo para la Plaza». Era costumbre que, al finalizar el festejo, los diestros, camino de la Pensión en la que se hospedaban y cambiaban --habitualmente el Hostal Loreto o el Hotel España-- cogían por la calle Santa Lucía, saliendo la clientela a aplaudirles y obsequiarles con una botella de vino o a silbarles, según estuviera la faena.

Manuel Álvarez despachando desde el mostrador que daba al local.

Apenas quedan tabernas y bodegones en El Puerto: Obregón y las Siete Esquinas se reconvirtieron de Despacho de Vinos a tabernas. Iniciativas nuevas como ‘La Media Chica’ en la calle Alquiladores o ‘El Bodegon’ en calle Pagador, vienen a recordarnos que lo que fue El Puerto de otros tiempos donde las Bodegas y el Vino jugaban un papel preponderante, junto a la pesca, en la economía de la Ciudad.

El establecimiento, cerrado, en una imagen tomada en la actualidad. /Foto: Adrián Morillo González.

Carlos Benjumeda escribía en Diario de Cádiz en 1992: «Los Despachos de Vino en El Puerto se han ido perdiendo. Los cambios en los hábitos de consumo de la  población, sobre todo en los jóvenes, que han sustituido el vino por el licor, han afectado a la pervivencia de estas tasquitas. No obstante se conservan algunas, en las cuales se puede encontrar el sabor típico de antaño, adherido a la solera de sus botas, los clásicos arcos bodegueros, las vigas ennegrecidas por el vapor del alcohol, y los viejos recuerdos taurinos». Para Enrique Pérez Fernández, en su libro de Tabernas y Bares con Solera publicado en 1999, escribía: «No podemos sino dejar patente nuestra pena y rabia --sabemos que compartidas por muchos portuenses-- por la pérdida de este emblemático bodegón. Aquí, como en casi todo este cochino mundo, sigue primando, y va a más, sólo el dinero; no el valor intrínseco de las cosas y de las gentes. Los yanquis hubiesen conservado el bodegón de Merello como ore en paño. Aquí lo tiramos»·.

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El Jueves Santo del pasado año terminó prácticamente la Semana Santa en nuestra ciudad, y digo que terminó con el atisbo de salida  del paso de Cristo de de la Hermandad de la Humildad y Paciencia, que  rápidamente tuvo que refugiarse en la Prioral. [Este año 2012 ni siquiera ha llegado a salir]. Es una pena que por causa de la lluvia, las ilusiones del colectivo de esta hermandad se hayan visto truncadas por la inclemencia del tiempo, mala suerte y paciencia, amigos. /Foto: Yolanda Rodríguez Gómez.

La lluvia suele ser el talón de Aquiles de la Semana Santa, es una pena que no concluyera de forma feliz con las once cofradías por las calles, haciendo el recorrido previsto. La inversión humana y económica del Ayuntamiento, hermandades, hosteleros, colectivos que de alguna forma viven de las hermandades, además de las personas que disfrutan del turismo religioso,  se han visto mermadas considerablemente.

Se no fue el Jueves Santo sin más historia; porque para más “INRI” este día tan señalado en El Puerto,  solo tenemos una cofradía. Evidentemente este acontecimiento no deja de ser coyuntural; y aparte de lamentarnos de la dichosa lluvia, que podía haber llegado en otro momento; es una oportunidad que se nos presenta a los que tenemos que decir algo al respecto.

LOS SAGRARIOS.
El Jueves Santo es otros tiempos procesionaban dos cofradías, La Humildad y el Cristo del Amor, además templos y conventos permanecían abiertos todo el día, hasta una hora prudencial por la tarde, existía la costumbre de visitar los Sagrarios. Solían ir las parejas de novios, o matrimonios o grupos de señoras o señoritas, ellos con el clásico traje gris marengo, camisa blanca y corbata a juego y ellas siempre elegantes, no con ropa de Zara, Mango, etc.;  sino de Moresco, Rendón, Lerdo, Arturo, Julio Cristóbal, Muro, etc.
Iban también parejas o grupos de chicas vestidas de mantilla (igual que las que van en la Vera-Cruz), Recuerdo con agrado a  Mercedes Romero Maure, mi prima Antoñita y Paquita Pantoja, las hijas de Rafael el de las Salinas, etc. /Capilla de la Virgen de los Milagros.

EL ITINERARIO.
Había gente por todas partes, usted  por ejemplo le decía a su novio/a, amigo/a: “Oye fulanito/a, ¿Vamos a visitar los Sagrarios ?”, y hacía el recorrido siguiente: Residencia de Ancianos (Plaza de Toros), Iglesia de San Francisco, Convento de la Concepción, Colegio Carmelitas y Colegio de Esclavas, si no,  podía escoger otro itinerario que es el siguiente: Prioral, Asilo de Huerfanas (calle Cielo), San Joaquín, convento de las RR MM Capuchinas,  convento del Espiritu Santo, hasta la Iglesia del Hospital de San Juan de Dios. Se pasaba la tarde paseando de un Sagrario a otro, lloviese o no; cansado pero feliz, eso sí, señora o señorita terminaba usted la tarde sentada en algunos de los bares del centro tomándose un chocolate calentito con una buena torrija para mojar, con Dios manda en estas fechas y disimuladamente se quitaba usted los zapatos y se frotaba los pies enfundados en medias de cristal, ¡que alivio! /En la imagen capilla del Sagrario de la Iglesia Mayor Prioral.

...continúa leyendo "1.343. EL JUEVES SANTO DEL 2011."

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En la imagen, de izquierda a derecha, Manuel Valero, Agustín Merello Reynolds y José Luis Palomo. /Foto: Fito Carreto.

Jose Luis Palomo Abadía, conocido como Luis o Palomo, nació en Bornos el 6 de Abril de 1930 pero a los dos años sus padres  --oriundos de Villamartin por parte de padre y de Bornos por parte de madre-- decidieron instalarse en El Puerto de Santa Maria. Era el menor de dieciocho hermanos, de los cuales sólo sobrevivieron once, quedando actualmente con vida su hermana Rosario de 93 años. Quienes le conocían destacaban de José Luis su gran sentido de humor, su calidad humana y el respeto hacia los demás.

Su madre, Lola, que se quedó ciega después del parto de su último hijo, regentaba la panadería que había en la calle Cielos frente a la iglesia de San Joaquín y su padre, Manuel, tenía en la calle Durango esquina calle Cruces una carpintería donde hacía y arreglaba las ruedas de los carruajes y aperos de labranza. /En la imagen de la izquierda, un joven José Luis Palomo Abadía.

En el año 1935, sus padres compraron una casa en número 23 de la Calle San Sebastián,, casa que se comunicaba interiormente hasta la calle Durango, por la cual se podía acceder a la carpintería. En la calle San Sebastián han vivido la familia Palomo hasta el año 2004, fecha en la que se vendió la finca porque solo quedaba su viuda y su hermana, siendo una casa demasiado grande para ambas. Esta casa es muy conocida porque durante muchos años en el piso superior estuvo el colegio de San Ignacio, dirigido por Don Juan Diaz Rodríguez, conocido como don Juan’el Cojo’, ver nótula núm. 0138 en GdP.

TABERNA CASA PALOMO.
Jose Luis Palomo era cojo de la pierna derecha, lo que no le impedía hacer una vida normal,muchos le recuerdan como jugador de fútbol, como portero y su gran afición al ciclismo. Después de estudiar bachillerato, entró a trabajar en Dragados y posteriormente en Correos, pero siempre  había querido tener su propio negocio por lo que cuando su padre cerró la carpintería le compró el solar de la calle Durango 22 y puso el Despacho de Vinos al que llamó Casa Palomo.  Esto fue el 2 de junio de 1959. En 1989 remodeló la tasca, sacándole la piedra a los arcos y aseguró la techumbre, siendo la antigua fragua de forja del antiguo taller paterno el almacén del establecimiento, que nunca quiso incorporar como saloncito. Si bien nunca destacó por el ambiente taurino, en Casa Palomo se encontraba un cartel de 1898 que anunciaba las faenas en la Maestranza de Sevilla de Mazzantini, Guerrita, Bombita y Parrao.

...continúa leyendo "1.334. JOSÉ LUIS PALOMO ABADÍA. Taberna Casa Palomo."

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Francisco Javier Merello Gaztelu nació en El Puerto el 23 de noviembre de 1928, único hijo del matrimonio formado por Francisco Javier Merello Docavo y Dolores Gaztelu Tirado. Siendo sus abuelos paternos Eduardo Merello Alberti y Ramona Docavo Alberti. Los fundadores de la saga familiar de este apellido fueron Julio Vicente Merello Cherisola, natural de Génova y Catalina Alberti Ravina, gaditana, que se casan en El Puerto en 1839 y aquí se instalan, dedicándose al negocio vinícola. Han sido estudiados por el investigador Antonio Gutiérrez Ruiz y podemos ver dicha genealogía explicada en la nótula núm. 688. Los Merello, los Aberti y El Puerto, en GdP.

Desde muy joven, nuestro protagonista encaminó sus pasos por el mundo de la publicidad y las relaciones públicas, estudiando Comercio. Estaba en posesión del titulo de Publicidad. Trabajó para las Bodegas Osborne, fue colaborador de Diario de Cádiz y gestor en El Puerto de la Hoja del Lunes. Su compañía, Survallas Merello Española de Publicidad desarrolló campañas integrales de publicidad exterior en los ámbitos local, regional y nacional.

Enamorado de su ‘Gran Puerto de Santa María’, de su familia, alguna vez se permitía disfrutar de su afición: la cacería. Era una persona de fuertes convicciones religiosas, que practicaba con el ejemplo. Quienes le conocieron afirman que, en cierta ocasión estando de compras en Sevilla y recién adquirido un abrigo en El Corte Inglés, lo regaló a un mendigo que se cruzó por su camino. Y en esto llegó la política, de la que llegó a afirmar que “me costaba dinero”.

Inauguración de la Oficina de Turismo de Valdelagrana y de la Inmobiliaria Costa de la Luz, en el mismo y actual edificio de Turismo en el Paseo Marítimo. De izquierda a derecha, Javier Merello, Fernando T. de Terry alcalde, Jua Luis Perles Giner, Nicomedes Santos Luis, comisario de policía, y Ramón González Montaño, párroco del Carmen y San Marcos. 19 de abril de 1973. /Foto: Rafa. Archivo Municipal.

CONCEJAL EN 1971.
Fue concejal desde el 7 de febrero de 1971 con Fernando Terry Galarza (ver nótula núm. 749 en GdP) como alcalde, elegido como tal concejal (en elecciones indirectas) en representación del tercio de entidades económicas, culturales y profesionales. Fue designado entonces con el alcalde para las competencias de Propaganda, Playas y Turismo y con el cuarto teniente de alcalde (Manuel Rebollo) para las de Transportes Urbanos, Paradas de Taxis y Tráfico. Fue uno de los fundadores de ‘Navidad con Amor’ un programa múltiple y variado de solidaridad y ocio navideño.

De izquierda a derecha, el oficial mayor Federico Aguirre, el secretario Jaime Fernández Criado, y los concejales, Manuel Martínez Alfonso, Eligido Pastor Nimo, Pedro Prado quien fuera director del Banco de Andalucía, Juan Ponce, Javier Merello Gaztelu y Carlos del Poyo Navas. Parte de la Corporación Municipal bajo mazas, durant el Corpus de 1974 al paso de la procesión por la plaza de Isaac Peral.

...continúa leyendo "1.331. FRANCISCO JAVIER MERELLO GAZTELU. Alcalde de El Puerto entre 1977-78."

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El cocinero Joaquín Ramirez Romo, que fuera más de dos décadas jefe del cocina del Hotel Monasterio, abre restaurante propio en El Puerto de Santa María. Se llamará Los Rescoldos y estará especializado en carnes de vaca a la brasa

El cocinero comenzó en la hostelería con tan sólo 12 años en El Oasis, cuando este local era a la vez discoteca y restaurante. De allí recuerda con especial cariño a Leoncio, un cocinero que venía de Marruecos y le enseñó las primeras claves de la cocina. Luego ha pasado por lo mejorcito de la hostelería portuense como El Resbaladero, el Club El Buzo o el Hotel Playa de la Luz de Rota, aunque el grueso de su carrera, 22 años, ha sido en el Hotel Monasterio donde estuvo desde su inauguración.

La idea de Ramirez es también organizar jornadas gastronómicas y catas en torno a la carne un producto que considera que tiene muchas posibilidades y aún está poco desarrollado en la provincia. Fue uno de los pioneros en meter toques innovadores en su cocina y a lo largo de sus 22 años en el Hotel Monasterio, tuvo oportunidad de dirigir algunas de las comidas más importantes y multitudinarias que se han ofrecido en la provincia.

La crisis le hizo dejar el hotel de lujo de El Puerto de Santa María, perteneciente a la empresa Jale y con graves problemas económicos y aventurarse a poner negocio propio: “Era una espinita que tenía clavada. La de haber estado tantos años en el sector y no haber puesto en marcha mi propio negocio. Fijaté que a mis 53 años lo voy a hacer y además de la manera más bonita que podía soñar, junto a mis dos hijos, Daniel y Joaquín“.

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Antonio Márquez Mateos, nació en una familia de nueve hermanos, fruto del matrimonio formado por Antonio Márquez y Rosario Mateos. Estudió en el Colegio del Polvorista y pronto empezó a trabajar como camarero, primero en el Cangrejo Rojo (luego Club Mediterráneo y Acuarius), Hotel Caballo Blanco y en el Hotel Fuenterrabía. Hace 37 años, fue llamado por José Ramón Perles Giner--un innovador de la hostelería local-- junto con Juan Franco del Valle y Antonio Villar Garay para llevar adelante el proyecto de Milord, en la esquina de las calles Larga y Santo Domingo, que con el tiempo pasaría a manos de sus empleados como copropietarios del negocio. Negocio que dejaría más adelante Antonio Villar para dedicarse a un trabajo menos pensionado que la hostelería. Juntos, los tres, innovaron manteniendo la esencia de Milord, abriendo una sucursal durante un tiempo en Valdelagrana y colaborando y asesorando con y para la hostelería local. El periodista Francisco Lambea (ver nótula núm. 124 en GdP) escribe de nuestro protagonista:

«La historia de las ciudades no es sólo, con serlo, un compendio de efemérides más o menos reveladoras, una sucesión de edificaciones, de estadísticas especialmente alegres o luctuosas: la historia de las ciudades es, también, una serie de magnitudes de difícil o imposible cuantificación, inaprensibles para las páginas de los libros, como la idiosincrasia de sus habitantes, su traducción en el aliento del día a día.

Antonio Márquez se ha jubilado tras casi medio siglo de actividad hostelera, tras mostrar durante décadas su capacidad, profesional y humana (en la hostelería viene a ser lo mismo) en variados establecimientos, siendo el más significativo el pub Milord, en la calle Larga, donde han transcurrido sus últimos 37 años de oficio, que, detrás de una barra, es, de algún modo, como decir de vida. Quiero hablar de ello porque los periodistas solemos incurrir en el vicio de no conferir la categoría de noticia a cosas que son más importantes que otras que sí se imprimen bajo el amparo inercial de los titulares, y porque para eso dispongo de un espacio que viene a revelársele a uno como un espejo, y ante el que es conveniente, por tanto, sentirse cómodo.

El gremio de la hostelería es un gremio especial, el de personas que suelen laborar bastante más tiempo que la media de trabajadores de otros sectores, y que suelen hacerlo con el continuado compromiso de agradar a los demás. Le deseo lo mejor a Antonio Márquez y me alegro de que disfrute de una jubilación tan sumamente merecida. Confío en que seguiremos teniendo la ocasión de conversar, ahora al otro lado del mostrador de Milord, o en otras ubicaciones, recordando viejos tiempos y disfrutando los presentes, que es la mejor forma de confeccionar los futuros. De cuando en cuando, conforme pueda, se nos unirá Juan Franco, su compañero en la cafetería tantos años, con una complicidad societaria cuya extensión es muy difícil de alcanzar en estos tiempos, en los que amistad y negocio no siempre coinciden. Los únicos que deben temer este cambio vital de Antonio son los pescados que merodean la playa de La Puntilla: su condición de víctimas se acrecienta por momentos. (Texto: Francisco Lambea Bornay).

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Rafael Bernal Cobos, que ahora regenta el establecimiento, junto al cocinero José Manuel Romero Ramírez y el camarero Paco Albaiceta González. En la cocina también está, aunque no sale en la foto, Antonio Rodríguez Cobos.

Antonio Rodríguez Collantes ‘el Piqui’, abrió el Bar La Muralla en la barriada Guadebro, calle Tomás Cólogan Osborne, 6. Corría el año 1977. En la actualidad regenta el establecimiento su yerno, Rafael Bernal Cobos, junto a su hija, Marta Rodríguez Caraballo.

Los aficionados al pescado fresco acuden principalmente los fines de semana buscando las especialidades del Bar La Muralla, que suele tener piezas de doradas y lubinas salvajes, además de urtas y otros pescados. Se pueden degustar tanto fritos como a la plancha o en tartera. Además tiene chocos, puntillitas y coquinas tanto de El Puerto como de Huelva, aunque de éstas no hay siempre. Cuando es temporada también cuentan con galeras de coral. Rafael Bernal resalta que «todo el pescado que traemos es fresco». Además, otra de las especialidades famosas de la casa es el rabo de toro.

Coquinas de El Puerto a la marinera, el famoso molusco bivalbo que le da el gentilicio costumbrista de 'coquineros' a los portuenses o porteños.

El bar La Muralla es el típico bar de barrio de estética funcional con amplia barra y salón comedor, compartiendo la misma estancia. Fuera, una amplia terraza. En todos los espacios se puede comer, tanto de tapa como de raciones o platos. Sirven también desayunos. (Texto y fotos: Pepe Monforte).

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