713. DESAPARICIÓN DEL VARADERO DE PASTRANA.
18 07 2010
Varadero de Pastrana. Zona del Corribolo, llamada así por la pista de bolos que existió con anterioridad. (Foto: Muñoz Bela).
Entre los puentes del ferrocarril y el de San Alejandro, en la ribera del río, había un varadero que se llamaba Varadero de los Hermanos Pastrana. Ahí estuvo hasta hace unos años. Al frente se econtraba Antonio Pastrana y trabjaban con él sus hermanos. Hacían todos los trabajos de los carpinteros de ribera y el calafateado de los barcos. Era también un lugar de llegada de barcas que daba entidad a la fachada de los soportales situada frente al puente. El ir y venir de los barcos, la presencia de los marineros y de los carpinteros de ribera formaba una estampa costumbrista inmortalizada por muchos pintores, entre ellos Juan Lara.
El Varadero desapareció en la década de los años 80 del siglo pasado, porque los barcos que se construyeron a partir de los 70 en Alicante: Calpe, Villajoyosa, fueron de mayor calado que los de la flota local construida por los Pastrana a mediados del siglo pasado. Iniciados los años 70, prácticamente la mayoría de la flota, salvo las unidades pequeñas, realizaban las reparaciones de mantenimiento en los mismos astilleros de construcción una vez al año, o bien en Cádiz ya que tenían mayores infraestructuras.

El puente visto desde el desaparecido Varadero de Pastrana.
La desaparición del Varadero de Pastrana se debió a los altos costes que suponía continuar. Eran otros tiempos y ni el lugar de ubicación próximo al Puente de San Alejandro y tampoco el tonelaje de la flota modernizada que impedía varar hacía posible su continuidad. Muy buenos carpinteros de ribera y excelente personal el del varadero, como José Marroquín Roldan, Javier Benitez Barco, la familia Pastrana…
Cuando el varadero de Pastrana daba las boqueadas surgió el del Guadalete que todavía subsiste y se encuentra en la Avenida Bajamar próximo al Club Náutico, donde reparan en la actualidad la escasa flota, apenas 14 unidades, de las 132 de barcos base que teníamos a mediados de los años 70.
La perdida de los caladeros de Marruecos, la falta de vocaciones marineras por la dureza del trabajo en la mar y los altos costes han propiciado que a la fecha el puerto pesquero esté aún resistiendo gracias a un centenar de buena gente de la mar, rederos, pescadores y armadores, todos unidos en familia, tratando de mantener viva la esperanza de un sector, que si no se remedia, quedará desolado, abandonado a su suerte..
(En la imagen, instalaciones del Varadero Guadalete, en las proximidades del Club Náutico. Foto: Carlos Pumar Algaba).

Entrada al recinto pesquero, próxima a la antigua Lonja de Pescado, frente al antiguo Bar Guadalete. De izquierda a derecha, Pilar Lacarta Lagunas, con dos de sus hijos, a continuación, Antonio y Luis Pastrana Moreno, Maite, mujer de Gonzalo Lacarta e hijo, –el primero no aparece en la foto al ser su autor–, otro hijo de Pilar, Carmen y Esperanza Lacarta Lagunas, de vacaciones por El Puerto. Año 1977: lo atestiguan los pantalones de campana, tan a la moda de entonces. (Foto: Gonzalo Lacarta).
En cuanto a Antonio y Luis Pastrana Moreno –en la foto superior–, las cosas son bien distintas. Efectivamente, su familia estuvo relacionada con el sector de la pesca. Además del varadero que dirigían el padre y el tío de Antonio y Luis, fueron armadores de barcos pesqueros de arrastre. Antonio trabajaba en el Varadero como carpintero de ribera. Luis, como perito industrial, tuvo también contactos con el varadero. Si bien, estuvo mas ligado al taller de mecánica de su padrino, Eduardo Merino que estaba situado junto al bar La Lucha y próximo al muelle pesquero. El taller lo heredó Luis.

El Varadero, cuando estaba en todo su apogeo.

Una vista actual en el espacio que ocupó el desaparecido Varadero de Pastrana (Foto: Carlos Pumar Algaba).
Luis Pastrana Moreno, si ha estado hasta hace escasas fechas relacionado con los barcos, en cuanto a la mecánica y reparaciones. Su hermano Antonio trabajó con el hasta hace unos años. Pero el trabajo cada día iba a menos y abandonó, emprendiendo con un pariente, ya jubilado, Benítez, una pequeña carpintería que creo que aún sigue trabajando en ella.
En fin. Hoy las cosas no son como las que eran. Aquellos años de esplendor, terminaron. (Texto: Antonio Carbonell López).
EL VARADERO, VISTO POR JUAN LARA.



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La iniciativa del cortejo marítimo partió del Ayuntamiento encabezado por el Alcalde Eduardo Ruiz-Golluri, (en la imagen de la izquierda) quien promovió los festejos durante su mandato. Fue un emprendedor alcalde que truncó su inquieta trayectoria con la llegada de la Segunda República. Entre otros eventos ideó la denominada Fiesta del Vino en el Parque de la Victoria, una de las precursoras de nuestra actual Feria de Primavera. El turismo estival, demasiado elitista entonces, se convertía en uno de los mimos del gobierno local más por prestigio que como una fuente de ingresos de primer orden. Aunque algunos empresarios y políticos visionarios comenzaron a sospechar de las posibilidades del sector.









Nani jugaba en las calles Cantarería, Ganado y Zarza; y en la Plaza Peral y en el patio de la casa de su abuela paterna, Rosario, donde estaba la fragua del ‘Chico de la Herrería’, al final de la calle de la Arena, por el Ejido de San Juan; allí pelaban burros y les hacían decoraciones en el pelo.
En 1976, de adolescente, con un grupo de amigos entre los que se encontraban Juan José López Amador y José Antonio Bedoya, hacen una petición a Manuel Martínez Alfonso, a la sazón alcalde de la Ciudad, informándole de que tienen material que había recogido en superficie en diversos lugares de interés arqueológico, con la idea de que se cree un Museo. Por aquel entonces estaba de moda en España el programa de televisión ‘Misión Rescate’, que fomentaba entre la juventud la recuperación de piezas y materiales de interés histórico y arqueológico, concienciándoles en la conservación del patrimonio. Pero la respuesta que recibieron por parte de la primera autoridad municipal fue muy inquietante: «–Y es que se presentó en casa la brigadilla de la Guardia Civil, a ver que era lo que habíamos recogido, dándose la circunstancia de que yo no me encontraba allí en aquel momento».
LAS PIEZAS, VISTAS Y NO VISTAS.
COMISIÓN DE ARTE DE LA PRIORAL.




Manuel Vázquez León, al que la marinería que faena en el Golfo de Cádiz conoce por el apelativo cariñoso de Manolo ‘el Gallego’, apodo que hace honor a la tierra que le vio nacer: Galicia. Manolo nace el día 22 de mayo de 1.925 en Portosin (distrito de Noya, y Parroquia de San Sadurniño de Goyanes, anexa de San Martín de Miñortos, Ría de Noya y Muros, perteneciente al ayuntamiento de Porto do Son, en La Coruña), hijo de Manuel Vázquez Lado y Pilar León García. Tuvo una infancia triste ya que a los tres años murió su madre, cuando se encontraba a bordo de un pesquero faenando en la mar. Su madre era marinera.
Todavía conservamos en nuestra memoria el recorrido que realizaba Ramona, desde la plaza del Polvorista hasta su casa, conocida como de La Gaviota, en la avenida de la Bajamar, llevando colocado en la cabeza un cubo de zinc lleno de agua potable y sin tocarlo con las manos. Esto sucedía a finales de los años 50 y principio de los 60 del siglo pasado. (Manolo, en una fotografía de 1954).





José Grado Hidalgo nació en Sanlúcar de Barrameda el 2 de marzo de 1938, hijo de José Grado Romero y Antonia Hidalgo Luque, siendo el tercero de cinco hermanos, Magdalena, Manolín, José, María y Antonio. Con tan solo dos años, su familia se traslada a El Puerto, viviendo en la calle Palacios, 37.

CUARTO DE REDES.




Manuel Soriano Gómez nació en la Casa de la Aduana, el 28 de agosto de 1931, hijo de Manuel Soriano Martín y Carmen Gómez Mesegué. Estudió en el Colegio del Carmen y en el de Cárdenas, en la calle Luna, frente al desaparecido Teatro Principal.
En 1950 se casa con Rosario Valiente Moreno, naciendo un año más tarde su primer hijo de los catorce que tiene. Vivió unos años en la Casa de Roque Aguado, en la Plaza del Polvorista, hasta que consiguió una vivienda en la conocida como Barriada de la Playa, donde nacerían ocho de sus hijos. Los tres más pequeños, durante la etapa en la que nuestra Ciudad no tuvo clínica, nacerían en Cádiz. En la actualidad tiene hasta un bisnieto. Es una familia, aparte de las más numerosas, de las más antiguas, pues ya va por la sexta generación en El Puerto. Tenía pocas aficiones, todo el tiempo lo dedicaba al trabajo para sacar adelante a tantos hijos; solo jugaba de vez en cuando a las cartas en el Bar de las Cadenas o iba con sus hijos a coger espárragos al campo, o a mariscar almejas los domingos. (En la imagen de la izquierda, Manolo con su novia, –la que sería su mujer– Rosario Valiente Moreno, en 1948).
























































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